viernes, 13 de julio de 2012

De narices

Ha pasado un mes desde que volvimos de Japón y todavía seguimos recordando muchas anécdotas del viaje y momentos que vivimos. Para mantener aún más vivos nuestros recuerdos nos hemos empapado de literatura japonesa y ahora mismo tenemos en casa 6 libros de autores japoneses (uno de ellos regalo de cumpleaños, el resto de la biblioteca) y la película Lost in Traslation que yo todavía no he visto. Ahora puedo imaginarme con más exactitud los escenarios de las historias, parque de Yoyogui, los templos de Kyoto, los barrios de Tokyo o algunas costumbres japonesas como comer sus cajitas de bento, los carritos de comida del tren, los onsen, los izakayas... Aunque en algunas lecturas me queda un sabor un poco amargo por el suicidio y la vida tan turbulenta de algunos de sus autores que no puedo llegar a entender. En especial, Indigno de ser humano, de Osamu Dazai, cuyo protagonista Yozo vive momentos de confusión que recuerdan los  Rodion Raskolnikov en Crimen y Castigo, como relata él mismo.

Es curioso lo que una lectura te puede descubrir. Recuerdo que cuando leí en el viaje el libro de Sputnik, mi amor de Murakami contaba la protagonista que su padre era guapo y tenía una nariz bonita. No me hubiese fijado tan concretamente en la nariz de los japoneses si no hubiese leído esa apreciación, pero en los trayectos en metro sentada enfrente de tantos pasajeros aprovechaba para analizar sus narices. Por lo general la tienen chata y pequeña y a mí me parecían perfectas, pero por lo visto ellos, y en particular ellas, prefieren la nariz más occidental. Hasta diseñan pequeños artilugios para modificarla. Es más, en éste anuncio, hasta indican "be a Cleopatra's nose".


En cambio a Octavio Augusto no le gustó y hasta dijo de ella  “Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”. Esto tengo que comentarlo con los expertos en historia que son mi hermano y mi padre, devoradores de libros de historia.

Conclusión, nadie está conforme con lo que tiene. Lo feo aquí puede resultar bonito al otro lado del charco y viceversa.

Volviendo a temas más triviales, después de lo pesado que estuvo Arekusu con los okonomiyakis que casi llegué a hartar, ahora los echo de menos y he comprado los ingredientes necesarios para intentar hacer uno. No es tarea fácil pero ya que Arekusu es el experto en sushi y katsudon, yo quiero probar con el okonomiyaki. Veremos a ver. De momento dejo foto de un helado de sésamo negro que comimos en Kyoto, más atraídos por su color que por su sabor, que también era muy bueno.



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