jueves, 23 de octubre de 2014

Trekking Campo Base del Annapurna



Dos días antes de lo previsto volvemos a Kathmandú. Llegamos desde Pokhara tras un largo trayecto de 8 horas en bus para recorrer 200 km. Por suerte yo dormí casi todo el tiempo.

Ahora en la ciudad y atrapados más días de los esperados por  los inconvenientes que nos está causando el visado para India, recordamos con nostalgia el aire puro de las montañas y los días duros del trekking.

Hoy me arrepiento de que decidiésemos volver y de no haber llegado hasta el campo base del Annapurna, sobre todo por no haber podido cumplir el deseo de Alex, pero leyendo algunos relatos de personas que sufrieron la avalancha, reflexiono y pienso que lo hubiésemos pasado mal. Hago balance de lo vivido y no puedo estar más contenta de la experiencia. Esta es la crónica.

Llegada al punto de partida: Pokahara


El día 1 nos recogió Prakash en nuestro hotel, el que iba a ser nuestro porter, que resultó ser guía+porter y que acabó siendo nuestro guía+porter+amigo+ángel de la guarda. Sin duda gracias a él el disfrutamos mucho más del trekking.

Alex descansando con Prakash (Brocas para nosotros).


Ese día hicimos el trayecto de Kathmandú a Pokhara, población desde la que parten la mayoría de los trekking. No paró de llover en todo el día (también en las montañas) y se nos mojó casi toda la ropa que llevabámos en la mochila. Empezábamos desanimados. Alex y yo llevábamos mochila pequeña, además de 2 litros de agua cada uno que íbamos purificando con nuestro botecito de cloro; yo llevaba un saco térmico que alquilé y que nunca utilicé. Prakash llevaba su mochila y la mía grande donde llevábamos la ropa de Alex y mía. El resto se quedó esperando en el hotel de Pokhara con miedo a que al volver estuviese toda la ropa podrida.

Condiciones adversas versus esfuerzo


Desde luego no estábamos en nuestra mejor forma, pero confiaba en que nuestro cuerpo respondiese y nos aclimatásemos bien a la montaña. Y así lo hizo. El primer día comprendí, tras un bajón de azúcar,  que sin energía no puedes afrontar cada etapa, así que tratamos de comer bien siguiendo nuestra dieta vegetariana pero aportando toda la energía que consumíamos por completo. Puedo decir que en mi vida he sudado tanto, ni he subido tantas escaleras, ni las he vuelto a bajar y probablemente sea el mayor esfuerzo que he hecho.  El primer día cogí un catarro del que aún no me he desprendido; el tercer día tuve 37,9ºC  de fiebre y a los pocos días me vino la regla, por lo que mis condiciones no eran las mejores. Sin embargo, estoy orgullosa del esfuerzo realizado y de cómo me adapté, las piernas respondieron perfectamente y puedo decir que físicamente me encontré muy bien. Lo que más miedo me daba era la altura y no tuvimos problemas. Alex fue muy bien hasta los últimos días en los que tocó más bajadas que subidas y su rodilla se resintió. Claro que cualquier esfuerzo nuestro es minúsculo comparado con el que realizan porteadores, mujeres y hasta niños que en su día a día el único disponen como medio de transporte su propio cuerpo o la ayuda de un burro/pony. Son seres humanos adaptados a su medio y sus circunstancias y el esfuerzo físico es el pan de cada día, aunque quizás eso sea lo normal y seamos nosotros los que nos hemos debilitado rodeados de tantas comodidades.
También había tiempo para descansar.

Subir, bajar, subir, bajar


Caminábamos una media de 5 a 6 horas diarias y por la tarde descansábamos, así teníamos tiempo de sobra para recuperarnos. Caminar es sólo una manera de expresarlo, porque en realidad se trataba de subir y bajar miles de escaleras! Oí a un hombre turco decir que en todo el trekking al ABC (Annapurna Base Camp) había unas 50.000 escaleras y que muchas personas (sin contar la gente que vive allí) no subirían tantas escaleras en toda de su vida. Tenía razón en ambas afirmaciones. Yo empecé a contar escaleras y cuando llegué a 800 en menos de una hora, dejé de hacerlo y dedicar mis pensamientos a algo más interesante.
En un puente, al fondo Prakash y porteadores en chanclas, increíble.

Nayapul-Ulleri (1960m)


El día 2 comenzó nuestro trekking desde Nayapul, donde nos acercaron con un taxi. Como era más tranquilo, alargamos un poco más el recorrido después de comer para que al día siguiente fuese más llevadero. Esa tarde nos cruzamos con un español que nos contó la noticia de la avalancha. Nuestro guía empezó a hablar con otros guías y a extenderse la noticia. Muchos no sabían nada. Nos dijeron que habían muerto 3 personas y 200 desaparecidos.

Amanecer en Poon Hill


Al día siguiente subimos a 2874 m. Las vistas son espectaculares y desde la cama podemos ver toda la cordillera del Annapurna. Esa noche me pongo con fiebre, pero al día siguiente a las 4h subimos a Poon Hill (3.210m) a ver amanecer y no me lo quiero perder. Así que sigo todos los consejos que me da Prakash, tomo té al limón caliente, sopa de ajo, no me ducho (muy a mi pesar) y me da una medicina ayurveda para respirar mejor. Alex me cuida y a la mañana siguiente estoy mejor. Partimos en procesión con las lucecitas de nuestros frontales escaleras arriba a ver amanecer. Preciooooso! Está todo lleno de gente porque es temporada alta: muchos chinos, muchos americanos, alemanes y franceses. En los descansos entre escaleras y sobre todo en los comedores de los alojamientos cruzas historias con unos y con otros; de dónde vienes, a dónde vas, cuánto tiempo. A algunos les contamos nuestro viaje. A veces se dan situaciones tan subrrealistas como estar sentados en una mesa dos italianas, dos españoles y dos franceses hablando todos en inglés. Al final me animo y hablo un poquito francés con el señor que resulta ser de Perpignan y que también habla español. 



Guía-porteadores-turistas todos seres humanos


Muchos turistas van con porteadores y guías. Algunos con tanto peso que no sé de dónde sacan las fuerzas. Ajustan el peso en la cabeza y se lanzan a subir escaleras a veces en chancletas. Vemos algún niño dentro de un cesto como un paquete más y otra más comodona que hace el trekking en pony. Hay para todos los gustos y bolsillos.

Normalmente el guía nos acompaña, aunque luego comen y duermen aparte. Se encarga de que tengamos todo lo necesario. A veces roza casi el servilismo y eso no me gusta, pero parece que es su trabajo y se sienten en el deber de hacerlo. Prakash resulta ser un guía encantador. No sólo con nosotros sino con todos los viajeros. Habla con todo el mundo y siempre con una sonrisa en la cara. Tan pronto nos consigue un palo para el camino como unas cartas para jugar. Habla muy bien inglés porque estuvo trabajando en Dubai y sus 26 años le han dado para mucho. Es hindú y en los ratos libres que compartimos nos cuenta de su vida, de su familia, de sus costumbres. Nosotros de las nuestras. A veces nos despierta un poco antes porque tenemos que ver  “nice views!” (bonita vistas, por la mañana). Siempre alegre.


El accidente en el Annapurna es más grave de lo que pensamos


No dejamos de oír helicópteros y avionetas de rescate que sobrevuelan las montañas. Nos preocupamos. Nos dicen que hay 20 muertos y muchos desaparecidos. Yo pensaba que la noticia no llegaría a España, pero ante esa magnitud  seguro que sí; me preocupo porque sé que la familia estará preocupada. Valentina, una chica italiana que nos acompañaría el tramo final del trekking me dice que ha hablado con su marido y está muy preocupado. Ha salido en todos los medios. Aprovechamos que hay un sitio con internet y mandamos mensaje. Allí coincidimos con Cristina, una española que viaja con su pareja australiana y no se habían enterado de la noticia. Les dejamos que manden un mensaje desde nuestro ipad.



Corea

El día 4 llegamos a Tadapani (2630m). Es una pequeña aldea y se llena al completo. Un grupo de cinco chicos nepalís llegan tarde y tienen que irse hasta al siguiente pueblo en busca de alojamiento, que está a 1 hora. Por la tarde vemos en el comedor a un chico coreano en la esquina con todas sus cosas. Llegó tarde y amenazaba lluvia, así que los dueños de la guesthouse le dejan dormir en el comedor. Le llaman Corea, pero se llama Yun Hee Rack, tiene 34 años, es arquitecto y viaja solo. Nos enseña los proyectos que hace para mantener el patrimonio de su ciudad y nos deja impresionados con una estupa. Ha dejado el trabajo para viajar a India y Nepal, aunque luego vuelve a su ciudad porque quiere ahorrar para casarse al año que viene. En la primera buscaba espiritualidad. Hablamos del budismo, de Corea, de Japón, del modo de vida coreana, de la vida!! Nos define la India como un país donde a veces los sentidos se confunden. Una de las charlas más interesantes del viaje. Le invitamos a dormir en nuestra habitación porque nos sobra una cama, ante la preocupación de Prakash que le advierte que él nos tiene que proteger.  Muy majo el chico y muy agradecido con nosotros. Me dice que tenga cuidado con el catarro y con la altura y me da Diamox (un medicamento para el mal de altura), por si acaso. Él sigue su camino hacia el ABC. Le deseamos suerte.


Seguir o volver


El siguiente destino el Chomrung. Es un punto de inflexión pues desde ahí tenemos que decidir si seguimos al ABC, donde llegamos en dos días o volvemos. Prakash nos dice que hace mucho frío, hay mucha nieve y con mi catarro puedo pasarlo peor. Alex lleva la rodilla hinchada de acumular tantas bajadas. Tampoco llevamos un equipaje muy bueno, pues nuestras zapataillas aunque muy cómodas, no son goretex y la humedad está garantizada. Una americana nos cuenta que siguió hacia el ABC pero se volvió antes por las condiciones difíciles. Su guía sabía la noticia pero no le había contado nada y estaba disgustada. Siguen llegando noticias de que cada vez son más los desaparecidos y fallecidos y que en el ABC hace mucho frío, con nieve hasta la rodilla.

Muy a nuestro pesar, decidimos volver. Es una difícil decisión, porque después de todo el camino recorrido y estar tan cerca… pero somos afortunados de volver sanos y salvos. La avalancha ocurrió en un lugar al que van muchos excursionistas aficionados,  como podíamos haber sido nosotros de elegir un trekking más largo. Más tarde nos cruzamos con un madrileño y un uruguayo que llegaron al ABC pero con muchas dificultades.

Las italianas (madre e hija), con las que coincidimos en el alojamiento hace dos días también se vuelven, a pesar de que ellas hacen habitualmente trekking y van preparadas. Desde allí hacemos el trekking juntos aunque ellas se quedarán dos días más. Serán nuestras compañeras de cartas a las que les enseñamos jugar a la escoba (o escopa en italiano).




Final de etapa


Las dos etapas restantes hasta Landrup y Dhampus discurren entre paisajes más soleados, donde ya llega de vez en cuando algún coche. Alex puede disfrutar de un baño en aguas termales. 


La gente empieza a decorar las casas con flores y luces en la que es una de las fiestas más importantes del año, el Diwali. Los niños nos paran a mitad de camino y nos cantan una canción para echarle unas monedas. Con ese dinero comprarán dulces para las fiestas.


Es una fiesta que dura 5 días, aunque el día más importante es el 25, cuando se reúnen los hermanos para comer juntos.

El día 7, terminamos el trekking en Pokhara donde esta vez sí que luce el sol y podemos disfrutar de un trayecto en barca por su extenso lago. Está todo lleno de niños que vienen con el colegio para celebrar las fiestas.

Reflexión


Ha sido para ambos una experiencia muy bonita. Hemos podido disfrutar de las vistas, las estrellas, las montañas, los paisajes y de la gente. En definitiva, disfrutar del camino, como nos dijo Gema. Nos hemos transportado cincuenta años en el tiempo o más, para aprender a vivir con lo básico, apreciar el valor de lo sencillo: una ducha caliente, ropa limpia, una comida básica pero exquisita, un té caliente, la luz, la celulosa que tanto escasea por aquí! Hemos aprendido a ir al baño a lo indio, a exprimir toda la energía de una barrita de cereales, a escuchar a nuestro cuerpo, cuidarle y exigirle un poco más, a comprender lo que es el trabajo duro de verdad y a disfrutar de las cosas sencillas. Y puedo prometer que nunca más me quejaré cuando el ascensor no funcione y tenga que subir por las escaleras. 




Atrapados por la burocracia india y las fiestas alargamos unos días más nuestra estancia en Kathmandú. El ruido de los pitos y la contaminación nos aturde después de volver de tanta paz y tranquiladad, así que estamos pensando ir el fin de semana a un monasterio budista cercano. Os iremos contando.

4 comentarios:

  1. Siempre he dicho que viajar te aporta muchas cosas, pero te quita el privilegio de poder quejarte. ¡¡Me alegro de que lo hayáis disfrutado!! Por cierto, ¡happy Diwali!

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    1. Sabia reflexión Fernán.lo hemos disfrutado gracias a vosotros!! Happy Diwali!

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  2. Nos encanta leer vuestras historias! Darle un abrazo a Prakash de nuestra parte,estamos seguros que os ha dado muchos ánimos y muchos consejos! Os seguimos por las redes! y cuando estéis para veros nos avisáis! Muchos besicos.
    Alejandre Aguaviva.

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    1. Gracias familia.hemos aprendido mucho estos días.hoy creo que podremos conectar.os avisamos x whatsapp.besosss

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