sábado, 12 de septiembre de 2015

Reflexión final del viaje, ojos de águila

El día 15 de octubre cogeremos desde Sao Paulo (Brasil) un avión de vuelta para España, donde pasaremos unos días antes de volver a ir a la India. Sin embargo, considero que ese día habremos puesto punto y aparte al gran viaje de nuestra vida.

Hablando con June, una chica de Bilbao con la que hemos visitado juntos Machu Picchu, me doy cuenta de que soy una fuente inagotable de anécdotas y experiencias acumuladas durante este viaje. Tenemos una extensa lista de países, de comidas, de ciudades y de fotos por nombrar, contar o ver. Sin embargo, no se resume a eso nuestro viaje.
En Machu Picchu.

Tampoco soy Bear Grills o Fran de la Jungla para narrar aquí un manual de supervivencia sobre nuestra adaptación al medio; cómo nuestro nivel de escrúpulos, de vergüenza y de sentido del ridículo han disminuido considerablemente, o cómo ha aumentado nuestra “cara dura” en diversas circunstancias, cómo me he quitado el miedo a hablar en inglés, o cómo hemos aprendido a valorar al máximo una ducha caliente, una cama, un paisaje o una comida.


¿Por qué esta reflexión? ¿Y por qué hoy, a más de un mes del final de viaje?

La respuesta a la pregunta dos es porque no quiero escribir una reflexión final cuando acabemos el viaje. Esos días estarán dedicados enteramente a la familia y a los amigos y no quiero andar con otro asunto pendiente en la cabeza.  Y porque ayer vimos Machu Picchu, que representa nuestro final de viaje. Al comienzo lo veíamos tan lejano y ayer, al contemplarlo maravillados dijimos “por fin”.

La respuesta a la pregunta uno quizás no sea tan clara, pero trataré de explicarlo.

Hace unos días estuvimos en casa de Julio, un chico peruano que nos sorprendió por la visión tan clara y tan perfecta del sentido de la vida. Mientras nos explicaba el proceso que sufrimos algunos viajeros, de romper con la rutina para vivir en un estado de constante cambio, de asombro y aprecio por la naturaleza y las pequeñas cosas y de ir creciendo espiritualmente durante el viaje, entendí que por fin había conseguido el propósito de mi viaje. Y que me podía dar por satisfecha en mi búsqueda.

Me he dado cuenta que desde hace un tiempo ya no vivo obsesionada pensando qué será de mi futuro, ni qué sentido tiene mi vida, sino que poco a poco, como el que va completando un puzzle, voy entendiendo que todo lo que ocurre es por algo; aunque al principio no lo comprenda, al cabo de un tiempo descubro que lo que aquel día me parecía incomprensible y no entendía por qué había pasado, ahora cobra sentido para mostrarme que era un paso necesario para llegar a un hecho importante. Soy más consciente de que las personas que se van cruzando en nuestro camino, de verdad nos han ido guiando y han supuesto verdaderos soportes en los que apoyarnos. Empiezo a entender que a veces no hay que luchar contra los elementos; y aunque me ozceque en ir a B, si todas las señales me indican que vaya a A y se cierran las puertas del camino hacia B, es mejor hacer caso y estar abierto a la posibilidad de caminar un poco a ciegas, esperando a lo inesperado.
Sólo deja que ocurra, en Nueva Zelanda.
A veces me siento como la protagonista de una película, viviendo cada escena presente, sin conocer el final pero consciente de que hay un guión marcado, aunque no definitivo porque está abierto a la improvisación de cada toma y a mi propia interpretación.

Ya no estoy perdida como en el ecuador del viaje, cuando hacía un balance personal. Ahora veo todo mucho más claro. He aumentado mi campo de visión y ahora percibo ciertos detalles, personas, hechos que cobran sentido aunque no pueda describir el origen. Sé de dónde viene la inspiración para componer una canción, escribir un libro y dibujar un cuadro de belleza indescriptible.

Cuando vi el final de la película de Wild, no entendía el significado. La protagonista había encontrado el rumbo de su vida, pero no decían cuál era ni por qué. Ahora sé interpretar que cada cual debe dar sentido a su vida y no hay que buscar una explicación ni lógica ni ilógica a cada hecho que nos ocurre. No debemos esperar tener claro todo nuestro futuro, porque se reescribe cada día. Pero al menos sé qué camino debo seguir. Hoy, todas las señales nos llevan a India, y allí iremos a pasar unos meses. No sabemos si será allí donde encontremos lo que buscamos, pero está claro que algo nos está llamando.
En Jaipur, India.

Hoy hago balance y sí, está claro que vuelvo a confiar en el ser humano. Y es más, he recibido tantas muestras de su generosidad que ya no me siento desencantada con la sociedad o con el mundo en que vivimos. Sé que sigue existiendo mucha pobreza, mucha violencia y muchas desigualdades, pero puesto que he tenido la suerte de no ser víctima de ello, trataré de mostrar al resto que otro mundo también existe y que es maravilloso. Aunque siendo consciente que puede cambiar de un día para otro, como cuando me dieron la noticia hace unos días que un amigo de la India, al que pensábamos volver visitar está en la cárcel porque ha matado a su hermano. Me quedo atónita y me doy cuenta que la vida no siempre es tan sencilla.   
En el templo del cielo, Pekín (China).

Concluyo que la decisión de hacer este viaje fue lo más grande que he hecho en mi vida. Porque no me sentía a gusto sabiendo que mis días eran predecibles al 90%. Y no digo con esto que la rutina sea mala, al contrario, pero puede acompañarse de ciertas dosis de incertidumbre que nos hagan esperar cada nuevo día con ilusión, como un nuevo reto. Hoy siento que he vivido la vida y que si me muriese hoy mismo estaría contenta de haberla disfrutado y haber hecho lo que me apetecía.  No tiene sentido hacer planes de futuro a muy largo plazo, cuando no sabes si ese futuro llegará. No tiene sentido vivir soñando cuando puedes vivir disfrutando, aquí y ahora. Haciendo realidad esos sueños y deseando otros nuevos.

No sigas a la mayoría, sigue el camino correcto.

Y me dice mi madre preocupada que piensa que nada será como antes. Probablemente no, porque tendré que aprender a convivir en la sociedad de antes con la mentalidad de ahora, pero sin el miedo de pensar que volveré a días monótonos y con el firme propósito de encontrar qué es lo que quiero que llene mi rutina, mi vocación, esa que convierta la rutina el mejor de los viajes.

Pero hay cosas que no cambian como el amor a la familia. Así que por eso no tienes que preocuparte mamá. Al contrario, ahora me siento mucho más agradecida por todo lo que tengo, lo que vivo y por la gente que comparte conmigo cada momento. Ahora me siento más feliz conmigo misma, he aprendido a dedicarme el tiempo que necesitaba, a pensar más en mí para sentirme bien y después poder pensar en los demás sin bloquearme.

Huaca del sol, Trujillo (Perú).
Un viaje de dos

Aunque sea yo, Rebeca, quien escribe en este blog, a veces personalmente, otras compartiendo los sentimientos mutuos de mi pareja, no podría cerrar esta reflexión sin hablar de mi eterno compañero Alex.

Sé que el viaje nos ha cambiado y afectado de maneras diferentes. Quizás a mí más profundamente, pero a Alex también le ha llevado a experimentar un cambio interior notable, sobre todo con respecto al resto del mundo. Pero además de eso, ha sido una gran prueba de convivencia de pareja.

Cuando pensé en el viaje, nunca imaginé que nuestra relación pudiese verse afectada. Pensaba que nos conocíamos demasiado para sorprendernos el uno al otro. Sin embargo, debido al cambio de escenario y los cambios internos hemos tenido que enfrentarnos a situaciones difíciles.

Hemos aprendido que la palabra secreto no es para siempre y que antes o después acaba perdiendo su significado para revelarnos la realidad. Hemos descubierto nuestros miedos, y hemos sentido el miedo a perdernos.

Alex ha tenido que aceptar que su Rebeca o su nueva Rebeca no es tan perfecta como él pensaba, y que por mucho tiempo que compartamos siempre tiene que quedar una parcela para nosotros mismos, para desarrollar nuestra propia identidad.  Yo he tenido que ver en su cara la decepción, la tristeza y la pena que le causaba, por sentirme libre y a veces inconsciente de las consecuencias.

Alex con un corazón así de grande, en Glaciar Franz Josehp , Nueva Zelanda.

Sin embargo yo he podido comprobar que Alex es una persona mucho más íntegra y leal de lo que pensaba y con un amor incondicional. Ha cumplido a rajatabla la advertencia de su padre de cuidarme hasta dar la vida (gracias a dios no ha tenido que darla). Le he visto reír de felicidad, sorprenderse por las muestras de “cariño” que recibía de otras muchachas, ha tenido que aprender a aceptar los piropos; a discutir, a pelear por lo que pensaba correcto; a desesperarse con resignación. Pero lo mejor ha sido verle como el auténtico Alex, cuando realmente hacía lo que quería.
Charlando al más puro estilo indio, en Madurai (India).
Un amigo que conocimos en el viaje me preguntó qué me enamoró de Alex, y le dije que su personalidad, el hacer lo que él quería sin importarle lo que el resto del mundo pensase o hiciese. Su autenticidad que le hacía único. Y eso es lo que más me sigue gustando de él.

La convivencia 24 horas al día ha sido más fácil de lo que pensábamos, aunque por momentos pensábamos que íbamos a tener que desconectar el cable que unía nuestros cerebros porque llegábamos a tal punto de compenetración que pensábamos lo mismo simultáneamente, rememorábamos un momento a la vez, acabábamos las frases del otro o adivinábamos lo que el otro iba decir antes de abrir la boca.
A pesar de las dificultades juntos hemos formado un gran equipo, y lo hemos comprobado cuando convivíamos con otras personas en total armonía.
  

 
Cartel el Vilcabamba, el valle de la longevidad en Ecuador.
Nos hemos sentido más amados que nunca, y quien diga que a los tres años de relación se acaba el amor, es porque nunca ha amado de verdad. Nosotros nos hemos amado de la manera más pura, de la manera más loca porque nos sentíamos totalmente libres.  Con nuestra propia versión de 50 sombras de Grey, que nunca leí, pero en lugar de andar imaginando preferimos experimentar nuestras 50 sombras de Alex. Hemos vivido tan intensamente que bien podría ser la interpretación de algunos de los episodios más tórridos de las novelas de Isabel Allende, descritos con tanto amor y tanta pasión.

Sé que a la vuelta tendremos que responder a preguntas como cuál es el país que más nos ha gustado o cuánto dinero os habéis gastado. Pero para mí lo más importante, la esencia del viaje es lo que describo aquí, haber vivido con tanta intensidad y cambiar mi campo de visión de 180º al de un águila de 340º.

Te quiero, ojos de águila.

En la playa de Kochi, India.

4 comentarios:

  1. Que bonito primaaaaa, me emociona leerte. Espero vernos los días que estés aqui y que nos contéis Muxas cosas. Aunque tu forma de ver las cosas haya cambiado se q con nosotros seguirás siendo la misma, estando como siempre ahí cuando te necesitamos. Aprovechar lo q os queda. Muchos besicos a los dos.

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    1. Muchas gracias prima. Claro que sí, tengo hueco reservado para vos y hablamos laaaargo y tendido :) Cuidaros mucho. Besicosss.

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  2. Me ha encantado. Reflejas perfectamente lo que supuso el viaje también para mí. ¡Qué ganas de veros y comentar todo esto!

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    1. Me Alegro mucho Miriam. Yo también tengo ganas de charlar con vosotros de todas estas cosas, tantas cosas! :) Ya queda poquito...

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