domingo, 8 de febrero de 2015

Camboya, las maravillas ocultas de Angkor



CRUCE DE FRONTERAS RUMBO A CAMBOYA

Nos despedimos de Tailandia no sin antes darnos un buen masaje. Alex se dio uno de pies y espalda y el mío un masaje tailandés. Como la vez anterior llevaba el cuerpo molido y me dolía cada músculo que me estiraba, pero la mujer hacía los movimientos con tanta delicadeza que hasta ella misma decía de vez en cuando “beautiful”. La verdad es todo un arte ver cómo ejercen la fuerza necesaria a través de sus pies, brazos, manos, tan elegante y a la vez tan doloroso para el que lo recibe.
El cruce de la frontera entre Tailandia y Camboya fue muy cómodo, comparado con el de Myanmar-Tailandia. 

El autobús parecía una delegación de las Naciones Unidas. Salvo tres o cuatro tailandeses, el resto éramos todos extranjeros. Las chicas de delante eran americanas; la pareja de al lado, chinos; los de detrás, un portugués y un malayo; y las de detrás de la derecha una pareja de japonesas que estaban aprendiendo español para trabajar de guías.

Al llegar a la frontera nos dieron una acreditación para controlar a los pasajeros del bus y bajamos a hacer el papeleo. Ya en el lado de Camboya vimos muestras de la corrupción que suele acompañar a estas zonas. Gente que pasaba directamente sin hacer fila previo pago; para algunos debía ser el camino diario de ir al casino y volver; pedir dinero de más porque sí, etc. Ya habíamos leído sobre ello y sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, así que poco podíamos hacer.

Lado de Tailandia

Lado de Camboya.
Cruzamos la frontera sin problemas y el bus nos llevó hasta Siem Reap, donde se encuentran los maravillosos templos de Angkor. Al llegar nos quedamos asombrados de lo que vimos. No esperaba encontrar tanto lujo: grandes hoteles, tienda de iphone6, Lexus por todos los lados… Por suerte,  la amplia oferta en alojamiento de todas las categorías y restaurantes con comida de todo tipo, hacen que la ciudad sea un lugar cómodo para pasar los días que dedicamos a ver los templos Angkor.

Angkor
Según dice la UNESCO, Angkor es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Asia Sudoriental. Se extiende por unos 400 km2, cubiertos en gran parte por la selva, y encierra los admirables vestigios de las distintas capitales del Imperio Jémer, que estuvo en su apogeo entre los siglos IX y XIV.
En su interior alberga más de 900 monumentos y por ello compramos una entrada de 3 días para disfrutar y apreciar al máximo la belleza del lugar. Yo tenía muchas ganas de visitar el lugar y me quedé maravillada. Me impresionó más que el Taj Mahal.




El primer día contratamos un tuc-tuc con el señor Ngem, para visitar los monumentos más alejados; los dos días siguientes lo hicimos en bici. Madrugábamos para evitar el calor del mediodía, pero al final las visitas se alargaban a 9 y 10 horas, así que acabamos agotados pero satisfechos. Pero el camino era todo llano y el paseo entre templo y templo resultaba muy agradable.







Las tardes las dedicamos a descansar y a visitar el Night Market, repleto de bares y pubs para entretener a la multitud de turistas que visitan el lugar.  También aprovechamos a trazar la ruta que seguiríamos en los próximos meses y después de mil cábalas, por fin compramos los billetes de avión para los dos próximos destinos.

Comida
Nos sorprendió gratamente la comida camboyana y como somos animales de costumbres, una vez que encontramos un sitio donde nos tratan bien y es acorde a nuestro presupuesto, solemos repetir y nos repartirnos entre dos o tres lugares más. 
Noodles camboyanos.

Bocadillo camboyano.

Me quedo con la Angkor, más rica.

Esta vez tuvimos la suerte de encontrar un puesto ambulante de sushi al lado de nuestro hotel!. Otra delicia del lugar son los batidos de frutas y cafés helados que vienen muy bien para apaciguar el calor que tenemos por aquí. Normalmente en las comidas, también te ponen un vaso de hielo picado para que te eches té (esto también era habitual en Myanmar, pero allí el té se tomaba caliente). Casi siempre es té de jazmín y cuando lo tomo me viene a la mente mi querida Frédérique. Cuando vuelva tomaremos muchos tés juntas.  Y los deliciosos bocatas camboyanos, los noddles camboyanos y la cerveza!! También abundan los sitios de barbacoas que me recuerdan a mi hermano y a mi cuñado, cuánto disfrutarían ahí!

La gran brecha entre ricos y pobres
Pero frente a la riqueza y buena salud de la que parece gozar la ciudad gracias a los templos de Angkor, hay otra cara más triste y que resulta más amarga por la brecha tan grande entre ricos y pobres. En Angkor vimos muchos, muchísimos niños vendiendo souvenirs; otros pidiendo; vimos cómo la policía se acercaba a unos de ellos y les pedía dinero y cómo cuando se fueron aparecieron otros niños que se habían escondido para evitar el pago de lo que fuera; vimos niños trabajando en la construcción; vimos cómo muchos niños trabajan en los bares ayudando a la familia desde primera hora de la mañana hasta última de la noche; les veíamos a la hora de cenar con cara de cansados y cómo, medio  dormidos, intentaban atraer clientes al restaurante. Pero lo peor que vimos, o más bien, vio Alex fue una escena que se produjo un día cenando en un bar. Estábamos cenando en uno de nuestros sitios habituales y Alex me comentó cómo dos chicas en la mesa de al lado habían pedido un montón de comida. Al final no pudieron con toda y se dejaron varios platos sin terminar. Al rato llegó un niño de no más de 7 años acompañado de su hermana pequeña; llevaban un saco en el que recogían latas y plásticos e iban pidiendo dinero por las mesas, sin apenas oírles. Cuando llegaron a la mesa de las chicas, se quedaron mirando la comida y les pidieron si se podían comer lo que habían dejado. Yo estaba de espaldas y no les veía, pero Alex me describía cómo el niño se comía el plato de arroz con un hambre de varios días mientras le daba de comer también a su hermana. Todos los que allí estaban se quedaron asombrados de la situación. Vi como Alex se emocionaba ante lo que sucedía. Al final recibieron comida y dinero de todos nosotros, aunque no dejé de pensar con ello en el dicho de “pan para hoy, hambre para mañana.” Esto nos hizo reflexionar y mucho sobre cómo se vive en un mundo en el que unos malgastamos lo que otros no tienen, y sobre qué podemos hacer nosotros para contribuir lo menos posible a que esto ocurra. El viaje nos está enseñando a llevar una vida más frugal que nos hace valorar todo mucho más.

Siem Reap
El último día en Siem Reap lo dedicamos a visitar la ciudad que también tiene sus lugares de interés. Llegamos a un templo-escuela budista y nos encontramos con un montón de monjes haciendo fila a los que los fieles entregaban dinero como donativo. Los monjes a su vez entregaban parte de este dinero a los pobres que pedían allí. Todo el mundo iba muy arreglado y parecía que celebraban algo: una mujer acompañaba a un monje y juntos liberaban pajarillos de una jaula; la gente se concentraba junto a unas preciosas estatuas hechas con flores; las mujeres se mojaban la cabeza con las flores de loto a modo de bendición. Y nosotros nos dejamos llevar por sus costumbres e hicimos lo mismo. 







Después nos enteramos que se celebraba el día de Meak Bochea. Es una celebración budista importante que marca una reunión espontánea de 1.250 monjes a escuchar los sermones de Buda. La reunión se atribuye a cuatro milagros que ocurren nueve meses después de la iluminación de Buda, en el día de la luna llena durante el tercer mes lunar. En este encuentro milagroso Buda predicó un sermón seminal delineando los principios sobre los cuales, el budismo se fundamenta. Hoy se celebra con la recopilación de monjes en los templos y la oración de las escrituras budistas. Los camboyanos que van a rezar y ofrecer tributos de comida a los monjes. 

El lado oscuro de Phnom Penh
El trayecto en bus hasta la capital de Camboya fue uno de los más pesados hemos hecho. No por las 9 horas de trayecto, sino porque en la mayor parte del recorrido no había carretera. Está todo en construcción y el paisaje que se observa a través del cristal es el de poblados llenos de polvo rojo de la tierra y viviendo con lo básico. Está claro que la riqueza se concentra en los lugares turísticos.
Jugando con mi compañera de viaje.

Nos costó un poco sentirnos cómodos en Phnom Penh. Otra vez un gran contraste entre riqueza y pobreza. Nos costó encontrar sitios de confianza donde comer; aunque finalmente lo conseguimos, antes tuvimos que discutir en un par de ellos porque nos querían cobrar más de la cuenta. Y es que tener que regatear por la comida o que intenten timarte es algo que no me gusta nada. En India regateabas, pero la comida era sagrada. 


Bonito hotel, no es de los más lujosos pero me gustó.

También por las calles de la capital sufrimos el primer “accidente” de tráfico. A pesar de que aquí existen aceras y a veces bien grande, muchas veces están ocupadas por coches aparcados encima. De hecho está pintado para que ahí aparquen, así que nos vemos obligados a andar por la calzada. Una de esas veces, una moto golpea a Alex por la espalda y como Alex está hecho un torito, en lugar de caerse él, la moto pierde el equilibrio y se choca contra un autobús y sus tres ocupantes se quedan atrapadas en el suelo entre la moto y el bus. Pero allí parece que no pase nada. Nos acercamos, preguntamos y las tres chicas de la moto están un poco doloridas, pero el autobús ni se ha parado.

Advertencias de la guesthouse. Una pena lo de los niños.
Otro aspecto que no me gusta nada de la capital es el turismo sexual que aquí es mucho más que evidente. Si bien en Tailandia ya vimos algo, aquí el porcentaje de hombres occidentales solos en busca de compañía femenina es muy muy grande. Me fijo y los bares y todo hombres, hombres y más hombres. Algunos solos, otros ya se han formado su grupo de caza. En fin, entiendo que en ocasiones es un acuerdo previo, pero cuando la diferencia física es tan evidente sólo confío en  que la psicología femenina medie en ese encuentro. Porque como decía nuestra Elena de Myanmar, hay algunos que no sabrías ni por dónde comértelos.     



Pero Phnom Pehn también tiene sitios agradables como el paseo junto al río Tonle, donde puedes encontrarte a un grupo de gente bailando una coreografía al ritmo de música pop, un profesor de artes marciales enseñando a su alumno cómo manejar la espada, o acercarte hasta al night market a escuchar música en directo y cenar sentado en el suelo sobre unas esterillas un rico pad-thai y una parota con curri :)

Un poco de historia
Camboya tiene un pasado no muy lejano en el que sufrieron las barbaries del régimen de jemeres rojos y que se saldó con la muerte de un tercio de la población. El país quedó desolado y aún se está recuperando de este episodio devastador. Hace dos años, cuando Camboya estaba en nuestra lista de posibles países para visitar, leí el libro Se lo llevaron: recuerdos de una niña de Camboya, de una superviviente que contaba su experiencia vivida de niña y que hoy es activista por los derechos humanos. Su lectura me impresionó mucho, por eso me resultó muy triste e impactante la visita al Museo de los Crímenes Genocidas Tuol Sleng. Se trata de una escuela convertida en prisión donde torturaron y ejecutaron a miles de personas durante el régimen de los jemeres rojos. Sobre todo, por ver otro duro ejemplo de hasta dónde puede llegar la naturaleza humana en cuanto a crímenes y lo poco que le importa al resto del mundo cuando no hay intereses de por medio. 
Normas de seguridad de la prisión.

Fotos de los prisioneros.

Vista desde el interior de un edificio.

Nuestro paso por Camboya ha sido breve. Me hubiese gustado dedicarle más tiempo y conocer más a fondo este país que parece tiene mucho que contar, pero nuestro camino sigue y ya hoy estamos en tierras vietnamitas, descubriendo nuevos horizontes.

2 comentarios:

  1. me gusta nos vamos culturizando un poco,fotos bonitas.besos Marisa

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    Respuestas
    1. mi trabajo me cuesta lo de las fotos, para que luego no digas :) besicos.

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