miércoles, 1 de abril de 2015

La naturaleza increíble de Nueva Zelanda

Llevamos más de una semana en Nueva Zelanda, pero como conseguir wifi por este país es un poco complicado no sé cuándo podré publicar esta entrada. De cualquier modo, sea cuando sea, quiero hacer un resumen de los lugares visitados y describir en unas líneas la belleza de este país. Y por lo mismo, para no quitarle protagonismo a esa belleza, comentaré en una entrada aparte (si la conexión lo permite) mi particular visión de la sociedad neozelandesa, nuestra vida de campistas y cómo estamos viviendo la vuelta a la “civilización” como me dice Miriam, de quetequitenloviajao.   

El clima aquí es bastante variable, y más en estas fechas que comienza el otoño. En un mismo día puede estar nublado, llover, salir el sol, volverse a nublar, volver a llover…en fin, hay que estar preparado para todo. Los primeros días no acompañó mucho el tiempo y los días se despedían nublados y con lluvia. Aún así pudimos ver las estrellas en el lago Tekapo, uno de los lugares famosos por la gran cantidad de estrellas que se pueden ver. En la noche, tumbados en la furgoneta con el techo abierto pudimos contemplarlas. Aunque no serían las únicas que viésemos.

Lago Tekapo


Comenzamos nuestra andadura con la que será nuestra casa rodante durante 30 días. Es una furgoneta tipo monovolumen con zona de almacenaje convertible en cama, un hornillo, un pequeño fregadero y una nevera. Te das cuenta de lo poco que se necesita para vivir y de cómo poco a poco te adaptas a lo que tienes, sin echar en falta comodidades superfluas. Sin baño, eso sí, pero en este país baños públicos no faltan lo que facilita enormemente la vida del campista.

Nueva Zelanda tiene dos grandes islas, la norte y la sur, siendo esta última bastante más grande que la primera. Nosotros comenzamos la ruta por la isla sur, a la que dedicaremos aproximadamente 3 semanas y una a la isla norte, a la que se cruza en ferry.

El siguiente destino fue Moreaki, famoso por sus formaciones “esféricas” en la playa, con su propia leyendamaorí.



Los pueblos o ciudades suelen ser pequeños, a veces con tres o cuatro calles principales. Sin embargo el recorrido por carretera es una atracción más del viaje, contemplando sus paisajes. Te dan ganas de parar cada 5 minutos para hacer fotos. Los cientos de vacas y las miles de ovejas pastan impasibles a nuestro paso en las miles de hectáreas de campo verde, a los lados de la carretera.


Pingüinos en Oamaru.
En la ciudad de Dunedin se respira ambiente universitario. Las casas son muy bonitas, guardando la estética americana; muchas de ellas son de alquiler para universitarios.


Al día siguiente visitamos el centro, la estación de tren y el museo de la ciudad.




Creo que no doy la talla de neozelandesa de la época.
Llegamos hasta Bluff, el punto más al sur de la isla sur. El lugar que más lejos de casa vamos a estar en nuestra vida, a 19020km de Zaragoza.  El polo sur está tan solo a 4800km.


De camino a Te Anau, paramos en el tranquilo lago de Manapouri. Sorprende su agua cristalina, a través de la cual se puede ver perfectamente el fondo. Sin embargo, esta no es característica particular de este lago; todos los lagos de Nueva Zelanda son así.


Te Anau es conocido por su inmenso lago, y cuando digo inmenso me refiero a 344 km2. Es puerta de acceso para visitar el fiordo Milford Sound. Es nuestra intención, pero el tiempo no acompaña y la lluvia nos hace cambiar de planes y seguir hacia el siguiente destino, Queenstown.



La pequeña ciudad de Queenstown es conocida por ser el lugar ideal para practicar deportes de riesgo, tipo puenting, ala delta, y otros deportes acuáticos como ir en ese tiburón.

La ciudad tiene un ambiente montañero que recuerda a Jaca, Andorra y Canfranc. Los jardines alrededor del lago son perfectos para pasear, ir en bici e incluso practicar uno de sus su deportes favoritos, el frisbee. Tienen hasta un campo de frisbee, similar a los de golf pero con estos peculiares “frisbee hoyos”.




Es fin de semana y se ve bastante ambiente en la calle y en los bares, donde la gente se junta para ver la final de la copa de Criquet entre Nueva Zelanda y Australia. Todos los cafés, tiendas y bares, son bonitos, sin excepción.

Antes de llegar a Arrowtown, nos acercamos al río Shotover, aquí se descubrió oro hace cientos de años y atrajo a miles de personas entre ellos a chinos. 

Río Shotover
Asentamiento chino en Arrowtown.
En Arrowtown vemos el espacio dedicado en recuerdo al asentamiento chino. Nos gusta el tanto el recorrido como su historia, y una vez más nos sorprende el valor y la fuerza del pueblo chino.

Si los pueblos que hemos visto hasta ahora recuerdan a los de las películas americanas, el pueblo de Arrowtown es como estar en un decorado de cine, con los comercios tan perfectos que no parecen reales, sin embargo, lo son.

Por una carretera empinada se llega a Wanaka, donde pasaremos dos días para hacer un pequeño trekking por la mañana. El tiempo es muy bueno y de camino en la carretera paramos en los miradores a contemplar paisajes espectaculares. El sol brilla y hace que el azul del cielo y el verde del campo destaquen con más intensidad.


Wanaka es un lugar perfecto para tomarse un respiro. Con inmensas zonas verdes donde la gente se reúne a jugar al voleibol, sentarse en el césped a charlar, beber o a cenar en sus mesas junto al lago viendo el atardecer como hicimos nosotros.

Al día siguiente madrugamos y hacemos uno de los recorridos alrededor del lago, el Rocky Mountain. Sobra decir, que las vistas son impresionantes a cada paso. Como prueba, estas fotos.


Parece la península iberíca un poco gordita.






Y seguimos nuestro recorrido hacia arriba por la costa oeste. Próximo destino los glaciares de Fox y Franz Josehp.




2 comentarios:

  1. cada dia son mas bonitas las fotos.nosotros por Salou q hace un dia estupendo.un besoMarisa

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  2. Sí, la verdad que los paisajes aquí son espectaculares. Besos mamá :)

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