miércoles, 28 de enero de 2015

Segunda crónica de Myanmar


Nuestros en días en Myanmar llegaron a su fin y hace dos días cruzamos la frontera por tierra a Tailandia. Hoy estamos en Bangkok y en dos días cruzaremos a Camboya, pero antes de eso, vuelvo al punto en el que me quedé de Myanmar, por seguir un orden cronológico.

Reflexión d Myanmar

En Myanmar la conexión wifi todavía es regular, aunque ya disponible en muchos sitios, y no hemos podido publicar las crónicas del país. Así que con unos días de retraso llegan las últimas crónicas.

Ha sido un país un poco complicado para moverse, sobre todo si vas en plan mochilero y más aún controlando cada kyat como nosotros. Y eso que nosotros venimos muy aprendidos  y hemos conseguido descuentos en todos los hoteles, pero la oferta sigue siendo escasa y en temporada alta mucho hoteles están llenos, son muchos los turistas que llegan aquí sin importarles pagar un poco más por lo que sea y se está convirtiendo en un turismo más caro que los países vecinos.

Quizás sea porque estuvimos  malos y por los días de lluvia que nos impidieron hacer el trekking, pero se me queda un sabor un poco agridulce de Myanmar, un país muy bonito del que espera quizás un poco más. También influye que la comida no me gustó mucho y que no hemos tenido apenas contacto con los birmanos, salvo con Joe. Sin embargo, coincidimos con un chico de Cantabria y con Elena que hicieron amistad con gente de allí y su visión cambia totalmente. Es algo que eché en falta. 

Además es un país todavía bastante controlado por el gobierno en el que no puedes moverte con total libertad como viajero independiente. Al menos es lo que nosotros vivimos. Con el pago de tasas desproporcionadas para los turistas, con zonas a las que nos puedes acceder y que nos hicieron modificar nuestra ruta. No sé cómo evolucionará en unos años pero está creciendo muy rápido. Se ven muchos hoteles en construcción y si antes era difícil encontrar un cajero, ahora están por todas las partes, incluso dentro de los templos.

Moviéndonos por el país
Desde Hpa-an continuamos la ruta a Kalaw (cerca del lago Inle) en bus. Para llegar allí tuvimos que coger dos autobuses, con parada en Bago  y el trayecto nos ocupó un día entero. 
Aquí los autobuses son cómodos pero caros. Y no hay opción de restar un poco de comodidad por conseguirlo más barato. Es lo que hay y punto.
Además los birmanos no tienen el cuerpo muy preparado para viajar  y vomitan constantemente. En el primer trayecto más de cinco vomitaron, incluido el niño de delante de mí que me manchó la mochila y la zapatilla. Qué le vamos a hacer. Resignación.

En la parada en Bago visitamos el gran Buda y poco más. Un paseo y a esperar.

El segundo autobús nos dejó a las 3h de la mañana en Kalaw. Mala hora para esperar a que amaneciera. Pero allí estaba, en la parada del bus,  el señor Robin para hacer negocio. Nos ofreció alojamiento barato y accedimos. Robin es un sij que regenta un hotel en Kalaw y organiza trekkings. Vive con sus parientes con los que intuí que no se llevaba muy bien, pero con buenos genes indios son unos negociantes. Le pregunté a Robin y nos contó que su abuelo había ido a Birmania cuando la primera guerra mundial a trabajar en el ferrocarril y allí se quedaron. El mayor atractivo de Kalaw es hacer un trekking de 3 días hasta el lago Inle, recorriendo 55km y durmiendo con una familia birmana un día y otro en un monasterio. Teníamos muchas ganas de hacer el trekking, pero la lluvia no nos lo permitió.

Después de preguntar en varios sitios entramos a la agencia de otro sij que también estaba en nuestro hotel (obviamente familia de Robin, aunque él nos habló como si fuese un desconocido del otro). Coincidimos con un holandés que también estaba interesado en hacer el trekking y que nos contó que casi había perdido la vida en cuatro ocasiones. En una de ellas iba borracho y no se acordaba cómo fue. El tema prometía y yo ya pensaba que quizás el trekking sería la quinta ocasión. Después de negociar con el sij un buen precio y conseguir que se uniese al grupo un francés (además de dos suizos que ya estaban) nos fuimos contentos con ganas de empezar el trekking. Peeeero…por la tarde comenzó a llover, y llover y llover y no paró en toda la noche.
Al día siguiente se suspendió el trekking. Nos ofrecieron comenzarlo al día siguiente, pero seguía el mal tiempo y los caminos estarían mal; no queríamos perder un día más en un sitio que no tenía mucho que ofrecer a parte del trekking. 

Cambio de ruta
Decepcionados nos fuimos a la estación de tren para ir al lago Inle, a 38 km. Allí nos encontramos con Xu kim, una chica china de nuestra edad que llevaba meses viajando en una ruta inversa a la nuestra. Después pasaría  a India. Nos dijo que se iba a Mandalay, arriba del todo, y puesto que parecía que iba a seguir lloviendo, decidimos invertir el día en el trayecto  en tren en lugar de perderlo en el hotel viendo llover. Nos metimos en el cuerpo 7 horas en un tren y luego otras 5h en otro. Y por si fuera poco en clase ordinaria, eso sí por un módico precio de 0,6€ el primero y 0,90€ el segundo.  El tren es muy barato, pero muy malo. Añoré los trenes de India donde la sleeper class sería alto standing comparado con los de Myanmar. El asiento era una madera.
Con Xu-kim.
Viaje en tren con Xu-kim
 
El tren se movía a los lados como si fuésemos en un barco con muuucha marejada y de vez en cuando daba botes que nos hacía saltar a todos del asiento. Todo lo que uno se pueda imaginar de malo, pues peor. Inocente de mí llevaba un libro que sólo pude leer en las paradas que hacía, porque éstas  más largas que el trayecto que recorría. Era como visitar un mercado en tren. Las mujeres se acercaban a la ventana para vender coles, flores y otras verduras, tanaka, además de comida. Un espectáculo verlas llevando las cestas en equilibrio sobre sus cabezas.

Mujeres vendiendo flores en la parada del tren.
En un momento dado, el tren se paró y dio marcha atrás durante un buen rato. Para coger pasajeros? Cambiar de vía? No sabemos. El caso es que luego continuó hacia delante. Yo iba esquivando con cuidado los latigazos de las ramas y la vegetación que se adentraba en el vagón. Por el camino veía poblados que bien podrían ser escenario de Perdidos en la tribu. Sin luz, sin agua, casas muy sencillas, un vallado de madera, pero todo bastante organizado. Esa es la parte de Myanmar que no se ve, que no está accesible al turista y que sigue siendo muuuy pobre. Siempre me ha parecido un poco hipócrita cuando la gente dice “son pobres pero se les ve felices”. Tengo que reconocer que así lo sentí. Serán pobres en lo material, pero parecen felices en su día a día. Incluso los niños que trabajan. Pero esa es otra reflexión para más adelante. Me resultó curioso que no vimos pedir a nadie, salvo una persona.
Compañeros de viaje en el tren.

El viaje en tren también era un espectáculo. Nuestro vecino nos contó que era militar. Viajaba con las chicas de enfrente nuestro que llevaban a un niño de 1 y medio. No he visto a nadie tratar con más ternura a su bebé que esa madre que no tendría más de 20 años. Luego una viejecilla sacó un tubo, se puso el tapón en el dedo y le dio una calada a su purazo casero. Otra saboreaba su tentempié de huevos de codorniz cocidos y se relamía; de cuando en cuando se recolocaba las ropas donde escondía el dinero hasta que le vimos las tetas en un descuido.  Curioso observar a la gente. Y como no, un grupo de jóvenes cantaban. Cantan y cantan a todas horas en todos los lugares, bien, mal, desafinando, pero les encanta.

Llegamos a las 19h a Tazhi  y teníamos que esperar hasta las 2h al siguiente tren, o coger el tren de correos que era muuuy lento (era posible ir más lento). Así que nos fuimos a cenar Xi Kum, Alex y yo a un bar cercano. Allí nos apalancamos un rato y un grupo de birmanos con la camiseta de fútbol le pidieron una foto a Alex.

En la estación, la gente dormía en el suelo, recordándome a los indios; nosotros nos echamos sobre una especie de palé gigante. La estampa debía de ser graciosa. Xu kim en una silla tumbada, Alex echado con su cabeza en mis piernas y yo echada para atrás dormida con la boca abierta como un buzón. El revisor de la estación nos despertó al rato y nos invitó a una sala más caliente con sofás donde pudimos dormir calentitos hasta el siguiente tren.

Mandalay
Antes de lo previsto llegamos a Mandalay, con el cuerpo dolorido y dormidos. Como única referencia teníamos el hostal que nos dijo Elena, la española que conocimos en Yangon. Y empezamos a caminar..de camino preguntábamos precios y todos carísimos, 30$, 40$. Pero si no pagamos eso ni en Japón!! Qué locura. Xi-Kum tenía una amiga en un hostal pero necesitaba wifi para leer su mensaje con el nombre del hostal. Entramos en un hotel donde nos recibieron muy amables y nos mostraron un papel con las tarifas para locales (22$) y extranjeros (45$). Les dijimos que era muy caro para nosotros y tuvieron la amabilidad de ofrecernos asiento, darnos un café y utilizar la wifi (que no iba) durante un rato.
Finalmente pudimos leer el nombre del hostal, y acudir a la zona mochilera. Sólo tenían una habitación así que allí nos despedimos de Xi-kum y buscamos otro alojamiento cercano.
Cuando  tenemos un día duro de viaje y pienso en la paliza que nos damos, siempre veo a alguien a mi alrededor que aún hace más esfuerzo y ni se me ocurre quejarme. Esta vez fue Xi-kum. Viajaba sola, casi sin saber nada de inglés y allí estaba, manejándose sin problemas. Si algo estoy aprendiendo en este viaje es a ser más paciente y quejarme menos. Buena lección.

De café con Joe

Después de encontrar alojamiento salimos a desayunar y nos llamó Joe, un hombre que conduce un rishkaw. Nos preguntó dónde íbamos y nos dijo que nos llevaba a un buen sitio a desayunar si le invitábamos a un café. Hecho. Qué hombre más majo. Realmente el único birmano con el que hemos tenido más contacto y hemos podido charlar.
Alex  con Joe.

Porras birmanas.

Joe nos llevó a restaurante donde tomamos té indio, pancake de banana y dought sticks que son como las porras. Muy rico todo, aunque con exceso de aceite. Nos contó cómo estaba subiendo todo, cómo los que trabajaban para el gobierno, profesores veían su salario incrementar. En el bar había mucho niños sirviendo y nos explicó que vienen de zonas rurales, dos o tres hermanos que trabajan juntos y ayudan a la familia. Algunos muy jovencitos. Nos recomendó sitios para visitar, para comer.  

Por la tarde Alex me dio una alegría y le afeitaron la barba con una meticulosidad exquisita. Incluido un masaje de cabeza, cuello y espalda. Incluso me dieron un masaje a mí. Estos birmanos sí que saben!
Al volver nos vio Joe que casi no reconocía a Alex. Estaba cenando en un local indio y nos unimos a él. Comida india, parota!! Disfrutamos de su compañía y deseamos reencontrarnos con él para despedirnos. Pero ya no nos vimos.

Alrededores de Mandalay
En Mandalay dedicamos un día a ver los lugares de interés de la ciudad, con transporte local y al día siguiente alquilamos una moto y recorrimos los alrededores de Mandalay, las antiguas capitales del estado: Amarapura, Inwa y Sagaing.

 Vimos un templo que alberga el libro más grande del mundo escrito en piedra. Cada piedra !e guarda en un edificio blanco como los de la foto. Y cada página mide más o menos como yo!
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Página del libro.


Exterior del palacio de Mandalay.




Las distancias eran muy largas e incluso pinchamos.

Alex disfrutando de las vistas en el transporte local.
Esperando a que reparasen el pinchazo.


Pagoda sin terminar.


Al atardecer, visitamos el famoso puente de teka, el más largo del mundo según dicen.



De allí nos fuimos a Bagan, uno de los lugares que más me ha gustado del país junto con Hpa-an.
Continuará en la siguiente crónica.

2 comentarios:

  1. En unos días no os vamos a poder ver en las fotos! Seguro que echais de menos las comidicas de la Pili los domingos! Super chulis las fotos! Se os echa de menos! cuidaros mucho! millones de besos! ;)

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    1. Sí, la verdad que en Myanmar no hemos disfrutado mucho con la comida. Menos mal que ahora en Tailandia estamos reponiendo fuerzas. Besicos!!!

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