domingo, 7 de diciembre de 2014

Por la región de Rajastán

Estos días hemos visitado varias ciudades de la región del Rajastán. Es famosa por ser una de las regiones más bonitas de India, y merecedora de esa fama. Hasta los nombres de las ciudades tienen encanto: Jaipur,  Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur…Antes siempre que oía Jaipur lo asociaba con una colección de mesitas y sillas de la Maison du Monde que me encantaba. Ahora me acordaré de la ciudad rosa, con el Palacio de los Vientos, el fuerte Amber, sus hombres con turbantes coloridos y sus mujeres con colgantes enormes en su nariz. 

Jaipur

Jantar Mantar, observatorio astronómico de Jaipur.

De rosa, en la ciudad rosa.

Fuerte Amber.

Palacio de los vientos.
Jaipur es una ciudad muy bonita, con un enorme mercado y plagada de turistas. Por eso los vendedores te asaltan cada tres por tres con frases “hola, hola coca-cola, mira, mira cachemira”. Con el fin de actualizarse, Alex les enseña “de puta madre para arriba”. Les sonreímos y comienza la charla de dónde sois, a dónde vais, etc etc. Wajid habla bastante español y nos hace una sesión de fotos en la fachada del Palacio de los Vientos. Tiene 23 años y regenta  una tienda en frente del Palacio; Después de retratarnos desde todas las perspectivas posibles nos invita a su tienda y nos enseña unos  anillos preciosos. No compramos; no importa; los recoge sin ninguna insistencia y seguimos hablando, de España, del trabajo, de la edad que tenemos. Coge mi mano ¿otra lectura?, no, es para adivinar mi edad, 28 años. No está mal, jeje. Nos dice que nos cuidamos bien y que en India la mujer cuando se casa se engorda mucho. Qué gracioso, le digo que también puede ser por los embarazos. Y hablamos de niños (parece que el tema es universal). Estas pequeñas charlas nos hacen sentirnos bien y acompañados.

Casa de Jaisalmer.

Decoración a la entrada de las casas.

Fuerte de Jaisalmer.
Jaisalmer

El siguiente destino es Jaisalmer. Una de las ciudades más bonitas y mejor conservadas para mi gusto. Con sus casas cuidadas, decoradas con pinturas y restauradas, manteniendo la tradición. Para llegar aquí cogimos el primer bus nocturno. Para mí que me mareo fue una gran sorpresa porque me resultó hasta cómodo. Nos metimos en nuestra cápsula que recuerda a las de Japón y pudimos dormir bastante bien.
Cubículo del bus para dormir.

Por la mañana el bus hace una parada y sube un chico para avisarnos que llegaremos a nuestro destino en 1 hora. Nos ofrece un alojamiento muy barato y nos dice que su hermano nos estará esperando. Cuando llegamos a Jaisalmer y ponemos un pie en el suelo, nos rodean unas veinte personas ofreciéndonos alojamiento. Uno nos recibe con un cartel de “Welcome Alex” y el resto empiezan a llamar “Alex, Alex”, “come, come, here”. Yo, todavía con legañas en los ojos y medio dormida les indico con los brazos “wait, wait” para tranquilizarse un poco. Al final nos vamos con el primero que nos ofreció el alojamiento y resulta una buena opción. Por la tarde contratamos en una agencia el tour por el desierto.


Al día siguiente amacenemos en Jaisalmer y al salir a la calle todo el mundo nos saluda. “Good morning, how are you?, hi!”; los niños que se acercan a pedir fotos, a darnos la mano o hablar con nosotros. Así sí se empieza bien el día. Después de comer nos recoge un jeep junto a una joven pareja de francés y americana y una pareja india recién casados. Nos acercan hasta el desierto y cuando llegamos allí nos esperan cuatro personas que se encargan de preparar todo. Habíamos ido en camello en Túnez, pero cuando veo la altura de éstos me entra un poco de miedo. No llego a subirme y cuando estoy a medias el camello se levanta y me caigo de una altura de casi 2 m. Alex se asusta bastante pero debo de tener 7 vidas como los gatos y todo queda en un dolor de espalda y costado que aún arrastro, pero parece que nada grave. Después del susto, uno de los indios me coge en brazos y me sube al camello. Yo me sujeto con todas mis fuerzas y trato de moverme lo menos posible. Paramos en un poblado donde nos recibe una familia y un grupo de niños que no paran de pedirnos fotos y chocolatinas. No nos acordamos de comprar y lo único que llevamos son nuestras medicinas tibetanas. Continuamos un poco más hasta unas dunas. Allí “acampamos” y cenamos todos juntos, junto al fuego. Después la pareja india se vuelve al hotel. Nos quedamos a dormir sólo Maggie y su novio francés, que trabajan juntos en Silicon Valley, y nosotros junto a Majur y el resto de camelleros.

Con los niños en el desierto.

En la duna.

El equipo.


Pensaba que iba a ver las estrellas y me decepciona ver que la luz de luna no deja verlas. Sin embargo, horas más tardes nos despertamos y vemos todo el cielo lleno de estrellas. Me recuerda a McLeod. Cruza una estrella fugaz que se ve con toda claridad. Pero el dolor del golpe y el sueño me impiden observar con tranquilidad.

Por la mañana desayunamos las dos parejas y una cabra que se come mitad del desayuno de Maggie. La vuelta en camello resulta un trayecto muy agradable, observando la tranquilidad del desierto y aprovechando un rato para pensar.

Por la noche cogemos un tren de madrugada a Jodhpur. Al subirnos, sólo estamos una pareja joven de indios y nosotros en todo el vagón. El chico nos dice que va a hablar con el revisor para poder dormir en una clase superior pagando 50 rupias más. El revisor accede y la clase AC 3 me parece un hotel de 5 estrellas!

Johpur

Johpur es la ciudad azul del Rajastán. Muchas de sus casas están pintadas de este color y también me parece una ciudad muy bonita y tranquila para quedarse. Nuestro alojamiento en una guest house limpia, y con una familia muy amable hacen de nuestra estancia aún más agradable. Muchas casitas y alojamientos tienen un restaurante en la azotea donde se pueden ver unas bonitas vistas del fuerte.
La visita al fuerte de Johpur es una de las que más me han gustado, gracias a lo bien conservado que tienen todo y a la audioguía en español donde un hombre con voz aterciopelada te cuenta la historia del fuerte y de su Maharajá.
Fuerte de Jodhpur.

Jodhpur, la ciudad azul.


Me encantan sus turbantes.

Clock Tower.

Alex llora de la emoción por las tortillas de la Omelete shop.

Seguimos los consejos de Miriam y nos tomamos una omelete en la plaza, riquísima! Con una combinación de especias, queso y patata de muerte. Nos queda pendiente el lassi, que lleva fama de ser el mejor de todos pero lo pospongo para el siguiente destino.

Udaipur
Nuestra última visita en Rajastán es Udaipur, la ciudad más romántica del Rajastán. Llegamos aquí nuevamente en bus. A diferencia del tren donde suben muchos vendedores a pasear por sus pasillos, en el bus se acercan y se asoman por la ventana. En una parada un vendedor de samosas me grita desde abajo. Le indico con la cabeza que no quiero y me enseña una foto de unas piernas de una mujer y me dice que tengo “nice legs”. Me entra la risa por lo absurdo de la situación. El hombre con un cesto de samosas al hombro sosteniendo la foto y riendo. Y es que aquí si enseñas la espalda y la tripa no pasa nada, pero un trozo de pierna les llama la atención. También en el caso de Alex.


En Udaipur coincidimos con Iván y Antonio, unos andaluces majísimos que llegan a la vez que nosotros y nos unimos para buscar alojamiento. Iván tiene una tienda de deporte y lleva las mismas zapatillas que nosotros. Ha corrido la 101km de Ronda, ahí es nada. Y su mujer es terceraen el campeonato de triatlón de España.
Quedamos con ellos a cenar y nos llevan a un sitio donde comemos el mejor thali del viaje. Los chicos se ponen finos y yo no puedo pasar de los dos rotis, a pesar de la insistencia del dueño para que coma más. Lo pasamos genial con Antonio e Iván, no sólo nos reímos un montón con ellos, también charlamos de la vida y me gusta su manera de pensar.
Después nos vamos a tomar un special lassi. El primero del viaje tiene que ser especial :) Los chicos como llevan el estómago lleno de comida ni lo notan. Yo al rato noto los efectos y tengo que dejar para más adelante escribir en el blog.
Degustando el mejor thali con Iván y Antonio.

Esperando el lassi.

En Udaipur hablamos con tanta gente que en dos ocasiones, nos volvemos a encontrarnos con alguno de ellos y nos preguntan si nos acordamos de ellos. Es un lugar muy tranquilo, con bonitas vistas en el que me hubiera gustado pasar algún día más. Con tantas caras, tantas charlas y apretones de manos se nos olvidan. “Soy el del tuc-tuc de esta mañana con los niños”. El otro es Brawar, con el que charlamos bastante rato y nos da sus datos de contacto por si queremos montarnos un negocio a medias con él.

Niños al cole en tuc-tuc.


Ahora vamos bajando hacia el sur. Estamos en Ahmedabad, una ciudad que no estaba en la lista pero a la única que el tren nos permitía venir. El tren que nos trajo es con diferencia el más viejo de todos, hasta ahora. Nuestros compañeros de viaje alucinaban con nosotros y no paran de hablarnos en hindi. Para quedarme con ellos, saco mi estuche de lentillas y me las quito delante de ellos. Uno se pensaba que era para los oídos. Nos enseñan orgullosos su carné de trabajadores para el gobierno y me piden una foto con ellos y el teléfono; para qué? 
Nuestros compañeros de tren. Según la lista tienen 35, 38, 42 y 50 años. No sabría decir quién es quién.

La obsesión en este país por las fotos es exagerada. Y sus poses estudiadas frente a la cámara, muy graciosas. Nos hacen fotos a nosotros, a nosotros con ellos, a mí con ellos, a ellos, ahora así, ahora asá. Tenemos la cámara llena de fotos de gente india.

Posado 1.


Posado 2. El hombre de la derecha pasa caminando y se apunta a la foto.

Hoy por fin hemos puesto fecha a nuestra salida de India. El día 19 de diciembre volaremos a Kuala Lumpur y estaremos tres días que esperamos compartir con Diane y Joyce. Y el día 22 volaremos a Myanmar.
Me da mucha pena marcharme, pero quedan muchos países por conocer y tenemos que seguir adelante, no arraigarnos : )
Los primeros días en India pensaba que nunca volvería; ahora estoy deseando volver, antes de marcharnos. Es un país que nos ha aportado tanto en todos los sentidos que será difícil dejarlo.

2 comentarios:

  1. Opino lo mismo de Udaipur..Toda una experiencia las puestas de sol y el lago Pichicola! (si teneis tiempo visitad Khajuraho que es muy tranquilico tambien)Ah y no dejeis de probar las Pakoras(que son vegetales rebozados con harina de garbanzo)!!!Namaste,Yoli.

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    1. Gracias Yoli oir tus consejos. De comida india creo que hemos probado casi todo, Recuerdo los primeros días que elegíamos a dedo y ahora ya conocemos toda la carta. Me hubiese gustado pasar más tiempo en Udaipur, pero ahora ya bajamos hacia el sur, Ya nos queda poco por India :(.
      Namaste!

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