miércoles, 10 de diciembre de 2014

Subrealismo en Ahmedabad

No pensaba dedicarle a Ahmedabad ni unas líneas, pero nos ocurrieron algunas cosas extrañas que merecen mención.
Llegamos a Ahmedabad de paso, porque no encontramos billetes de tren a Bombay y además el trayecto hubiese sido de 20h.
No esperábamos mucho de la ciudad, y las visitas que teníamos programadas nos desencantaron más. Empezamos con largo tour de madrugada en tuc-tuc para encontrar un hotel barato y decente. Cuesta un rato, pero al final lo conseguimos. Visitamos un templo jaimista que está en obras y un lago enorme (Kankaria lake) con un montón de atracciones, incluido zoo pero que no pudimos ver porque los lunes cierra.
Sin embargo India nunca deja de sorprendernos. Y si pensábamos que ya lo habíamos visto todo y éramos más indios que Gandhi, estábamos equivocados. 

Cuatro anécdotas subrealistas

UNA

La primera sorpresa del día fue presenciar una pelea de dos familias indias. No sabíamos qué pasaba, pero frente a un cajero empezaron a discutir un grupo de hombres y mujeres acaloradamente. De repente empiezan a zarandearse, a pegarse, a levantar los puños. Algunas mujeres intentan separar a los hombres. Una mujer bastante robusta tropieza y cae al suelo. Su compañero le ayuda a incorporarse para seguir gritando a sus contrarios. Alex y yo contemplamos la escena  alucinados. El resto de personas que pasa por allí también les presta atención, pero luego un hombre nos hace un gesto de “bah, no pasa nada”. No sé cómo acabaría el tema, pero la bronca fue monumental.

DOS
En el desayuno entramos a un café restaurante. Me llama la atención que en medio, entre las mesas, hay un tronco enorme de un árbol. Pienso que la normativa ambiental no les dejaría cortarlo, jeje. Leemos la extensa carta y pedimos. Observo a mi alrededor y empiezo a ver tumbas. No de manera figurada, de verdad. Están por todo el café distribuidas entre las mesas de los comensales. En realidad las mesas se sortean entre ellas. Incrédula lo consulto luego en google y es cierto.
El café se construyó en un cementerio musulmán donde descansan los familiares de un santo sufí del siglo XVI. Su dueño quiso respetar y mantener las tumbas, por eso cada mañana los camareros las limpian y les ponen flores.
Yo no me atreví a hacer fotos, pero ésta es una que se puede ver por internet junto a la noticia del café.
Tumbas en el café.


TRES

Por la tarde estamos en la habitación del hotel y Alex sale al pasillo. Un denso humo gris sube desde el piso de abajo y huele a quemado. Alex asustado me grita, “corre, vamos a salir que el hotel que se está quemando”. Sólo se me ocurre coger el ordenador y bajamos asustados a la planta de abajo donde está la recepción. Allí también hay mucho humo pero parecen tranquilos. Yo toso y Alex le intenta explicar al chico de recepción lo que ocurre. Suben arriba para que vea el humo, y mientras espero,  veo que abren una puerta a mi lado y el cuarto está literalmente en llamas. La cierran y siguen como si nada. Cuando baja Alex, descubrimos que para calentar el agua lo hacen con una fogata en el piso de abajo. No paaasa nada, parecen decirnos. Nosotros nos quedamos con cara de pardillos.


CUATRO

Por la noche, queremos ir a cenar a Manek chowk. Una zona donde se concentran multitud de chiringuitos para comer. Somos poco escrupulosos para comer y puedo decir que nuestro nivel de tolerancia con los puestos de comida es muy alto. A veces los que parecen más cutres son los que nos ofrecen la comida más sabrosa, jeje. Aunque lo que vemos en Ahmedabad sobrepasa nuestro nivel.

Para ilustrar el tema, entrada a una carnicería en Katmandú :)
Nos adentramos en una calle donde empiezo a notar un olor muy desagradable. Vemos “restaurantes” con las mesas en la calle y sus brasas para cocinar. Aquí son famosas unas brochetas de pollo adobado, que todo sea dicho, tienen buena pinta. Nosotros seguimos con nuestra dieta vegetariana, y con lo que vemos, nos reafirmamos en nuestro hábito. Entre restaurante y restaurante se distribuyen puestos de gallinas vivas, apiñadas en jaulas, con toda la mierda alrededor. El olor es nauseabundo. De verdad que he visto puestos de carne de revolverse las tripas, en Katmandú con restos de sangre fresca y plumas de despellejar al bicho, pero esta imagen me parece de lo más dantesco hasta ahora. 

Salimos escopeteados de allí, con pocas esperanzas de encontrar Manek chowk. Caminamos un poco más y llegamos al paaaaraaaííísoooo de la comida. Es domingo y hay muchísima gente. Los puestos itinerantes de comida se concentran alrededor de una plaza con mesas y sillas para sentarte. Nos comemos un sándwich al grill de cebolla y queso y una pizza. Y repetimos. Se me hace la boca agua de recordarlo :) De postre un helado artesano. Podríamos estar recorriendo cada puesto porque todos huele genial y cocinan sin parar, en cada puesto su especialidad. Por la mañana, es la zona de joyerías. Pero por la tarde a partir de las 20h y hasta la 1:30h la plaza se transforma y se llena del olor a comida deliciosa que borra de mi mente el callejón de las gallinas. Al día siguiente volvemos a las 19:30h y esperamos a que monten el puesto de Khrisna. El camarero que nos reconoce, nos prepara una mesa y el abuelete que se encarga de calentar el sándwich en una "sadwichera" de hierro fundido aviva el fuego a toda prisa. Resultado exquisito y buen sabor de boca antes de partir a Bombay.
Pizza con mogollón de queeeso.

Nuestro preferido. Sandwich al grill de queso y cebolla.

Maneck Chowk.

A parte de estas anécdotas, diré en favor de Ahmedabad que hemos podido pasear  tranquilos sin el agobio de los comerciantes. Es una ciudad muy poco turística y hasta regatear resulta sencillo. Nadie te da mal para venderte algo. Sólo los tuc.tucs se acercan a preguntarnos levantando la cabeza y si insistir.

Aquí la gente parece más tímida y humilde, y aún con todo, por la mañana, cuando dejamos el hotel a las 7:30 y emprendemos la primera caminata del día, las personas que duermen en la calle se despiertan sonriendo y nos saludan con un “hello”. 

También aquí coincidimos con una boda en la calle y se desata la locura. Todos los piden que les hagamos fotos y se ponen contentos al verse en el visor de la cámara. Y ya está, felices y a seguir bailando. Nos invitan a ir con ellos y se lo agradecemos, pero tenemos otros planes.


"Foto de mi nieta"

Foto, foto.

El novio posando.

Foto de mi niña la más guapa.


Otra curiosidad de la ciudad es que aquí hemos visto muchas motos con sidecar. Parecería normal si viésemos tres o cuatro, pero fueron muchos más. Algunos viejos y destartalados, alguno bien cuidado e incluso alguno en funcionamiento. También aquí Alex pudo hacerse foto (con permiso de su dueño) de una moto Royal Enfield que le han cautivado. Ésta, fabricada en Inglaterra.  
 
Alex en "su" Royal Enfield.

Ahmedabad, la ciudad de los sidecares.

Aprovechamos para comprar en un supermercado de un centro comercial; y para comprarme una caja de lentillas que me costó 42€ más barata que en España; y para arreglar la cremallera de la mochila de Alex. Para ello tuvimos que preguntar a varias personas hasta encontrar al  chico que se dedica específicamente a arreglar cremalleras. Sólo eso, pero lo hace con mucha destreza. Esto me encanta de India, siempre tienen solución para cualquier problema. Y hasta el hombrecillo del puestecillo más humilde tiene su tarjeta de trabajo para recomendarles. Como mola!

Así que al final la visita a Ahmedabad mereció la pena.

2 comentarios:

  1. Jajaa, muy bueno lo de los anécdotas!! Me quedo con la tres!! India nunca deja de sorprenderte!!!

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  2. Es verdad Miriam, llevamos aquí más de dos meses y todos los días descubrimos cosas nuevas.

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