No pensaba dedicarle a Ahmedabad ni unas líneas, pero nos ocurrieron algunas cosas extrañas que merecen mención.
Llegamos a Ahmedabad de paso, porque no encontramos billetes de tren a Bombay y además el trayecto hubiese sido de 20h.
Llegamos a Ahmedabad de paso, porque no encontramos billetes de tren a Bombay y además el trayecto hubiese sido de 20h.
No esperábamos mucho de la
ciudad, y las visitas que teníamos programadas nos desencantaron más. Empezamos
con largo tour de madrugada en tuc-tuc para encontrar un hotel barato y
decente. Cuesta un rato, pero al final lo conseguimos. Visitamos un templo
jaimista que está en obras y un lago enorme (Kankaria lake) con un montón de
atracciones, incluido zoo pero que no pudimos ver porque los lunes cierra.
Sin embargo India nunca deja de
sorprendernos. Y si pensábamos que ya lo habíamos visto todo y éramos más
indios que Gandhi, estábamos equivocados.
Cuatro anécdotas subrealistas
UNA
La primera sorpresa del día fue
presenciar una pelea de dos familias indias. No sabíamos qué pasaba, pero
frente a un cajero empezaron a discutir un grupo de hombres y mujeres
acaloradamente. De repente empiezan a zarandearse, a pegarse, a levantar los
puños. Algunas mujeres intentan separar a los hombres. Una mujer bastante
robusta tropieza y cae al suelo. Su compañero le ayuda a incorporarse para
seguir gritando a sus contrarios. Alex y yo contemplamos la escena alucinados. El resto de personas que pasa por
allí también les presta atención, pero luego un hombre nos hace un gesto de
“bah, no pasa nada”. No sé cómo acabaría el tema, pero la bronca fue
monumental.
DOS
En el desayuno entramos a un café
restaurante. Me llama la atención que en medio, entre las mesas, hay un tronco
enorme de un árbol. Pienso que la normativa ambiental no les dejaría cortarlo,
jeje. Leemos la extensa carta y pedimos. Observo a mi alrededor y empiezo a ver
tumbas. No de manera figurada, de verdad. Están por todo el café distribuidas
entre las mesas de los comensales. En realidad las mesas se sortean entre
ellas. Incrédula lo consulto luego en google y es cierto.
El café se construyó
en un cementerio musulmán donde descansan los familiares de un santo sufí del
siglo XVI. Su dueño quiso respetar y mantener las tumbas, por eso cada mañana
los camareros las limpian y les ponen flores.
Yo no me atreví a hacer fotos,
pero ésta es una que se puede ver por internet junto a la noticia del café.
![]() |
| Tumbas en el café. |
TRES
Por la tarde estamos en la
habitación del hotel y Alex sale al pasillo. Un denso humo gris sube desde el
piso de abajo y huele a quemado. Alex asustado me grita, “corre, vamos a salir
que el hotel que se está quemando”. Sólo se me ocurre coger el ordenador y
bajamos asustados a la planta de abajo donde está la recepción. Allí también
hay mucho humo pero parecen tranquilos. Yo toso y Alex le intenta explicar al
chico de recepción lo que ocurre. Suben arriba para que vea el humo, y mientras
espero, veo que abren una puerta a mi
lado y el cuarto está literalmente en llamas. La cierran y siguen como si nada.
Cuando baja Alex, descubrimos que para calentar el agua lo hacen con una fogata
en el piso de abajo. No paaasa nada, parecen decirnos. Nosotros nos quedamos
con cara de pardillos.
CUATRO
Por la noche, queremos ir a cenar
a Manek chowk. Una zona donde se concentran multitud de chiringuitos para
comer. Somos poco escrupulosos para comer y puedo decir que nuestro nivel de
tolerancia con los puestos de comida es muy alto. A veces los que parecen más
cutres son los que nos ofrecen la comida más sabrosa, jeje. Aunque lo que vemos
en Ahmedabad sobrepasa nuestro nivel.
| Para ilustrar el tema, entrada a una carnicería en Katmandú :) |
Nos adentramos en una calle donde
empiezo a notar un olor muy desagradable. Vemos “restaurantes” con las mesas en
la calle y sus brasas para cocinar. Aquí son famosas unas brochetas de pollo
adobado, que todo sea dicho, tienen buena pinta. Nosotros seguimos con nuestra
dieta vegetariana, y con lo que vemos, nos reafirmamos en nuestro hábito. Entre
restaurante y restaurante se distribuyen puestos de gallinas vivas, apiñadas en
jaulas, con toda la mierda alrededor. El olor es nauseabundo. De verdad que he
visto puestos de carne de revolverse las tripas, en Katmandú con restos de
sangre fresca y plumas de despellejar al bicho, pero esta imagen me parece de
lo más dantesco hasta ahora.
Salimos escopeteados de allí, con pocas esperanzas
de encontrar Manek chowk. Caminamos un poco más y llegamos al paaaaraaaííísoooo
de la comida. Es domingo y hay muchísima gente. Los puestos itinerantes de
comida se concentran alrededor de una plaza con mesas y sillas para sentarte.
Nos comemos un sándwich al grill de cebolla y queso y una pizza. Y repetimos.
Se me hace la boca agua de recordarlo :) De postre un helado artesano.
Podríamos estar recorriendo cada puesto porque todos huele genial y cocinan sin
parar, en cada puesto su especialidad. Por la mañana, es la zona de joyerías.
Pero por la tarde a partir de las 20h y hasta la 1:30h la plaza se transforma y
se llena del olor a comida deliciosa que borra de mi mente el callejón de las
gallinas. Al día siguiente volvemos a las 19:30h y esperamos a que monten el
puesto de Khrisna. El camarero que nos reconoce, nos prepara una mesa y el
abuelete que se encarga de calentar el sándwich en una "sadwichera" de hierro
fundido aviva el fuego a toda prisa. Resultado exquisito y buen sabor de boca
antes de partir a Bombay.
| Pizza con mogollón de queeeso. |
| Nuestro preferido. Sandwich al grill de queso y cebolla. |
| Maneck Chowk. |
A parte de estas anécdotas, diré en favor de
Ahmedabad que hemos podido pasear tranquilos sin el agobio de los comerciantes.
Es una ciudad muy poco turística y hasta regatear resulta sencillo. Nadie te da
mal para venderte algo. Sólo los tuc.tucs se acercan a preguntarnos levantando
la cabeza y si insistir.
Aquí la gente parece más tímida y
humilde, y aún con todo, por la mañana, cuando dejamos el hotel a las 7:30 y
emprendemos la primera caminata del día, las personas que duermen en la calle
se despiertan sonriendo y nos saludan con un “hello”.
También aquí coincidimos con una
boda en la calle y se desata la locura. Todos los piden que les hagamos fotos y
se ponen contentos al verse en el visor de la cámara. Y ya está, felices y a
seguir bailando. Nos invitan a ir con ellos y se lo agradecemos, pero tenemos
otros planes.
| "Foto de mi nieta" |
| Foto, foto. |
| El novio posando. |
| Foto de mi niña la más guapa. |
Otra curiosidad de la ciudad es
que aquí hemos visto muchas motos con sidecar. Parecería normal si viésemos
tres o cuatro, pero fueron muchos más. Algunos viejos y destartalados, alguno
bien cuidado e incluso alguno en funcionamiento. También aquí Alex pudo hacerse
foto (con permiso de su dueño) de una moto Royal Enfield que le han cautivado.
Ésta, fabricada en Inglaterra.
| Ahmedabad, la ciudad de los sidecares. |
Aprovechamos para comprar en un
supermercado de un centro comercial; y para comprarme una caja de lentillas que
me costó 42€ más barata que en España; y para arreglar la cremallera de la mochila
de Alex. Para ello tuvimos que preguntar a varias personas hasta encontrar al chico que se dedica específicamente a arreglar
cremalleras. Sólo eso, pero lo hace con mucha destreza. Esto me encanta de
India, siempre tienen solución para cualquier problema. Y hasta el hombrecillo
del puestecillo más humilde tiene su tarjeta de trabajo para recomendarles.
Como mola!
Así que al final la visita a Ahmedabad mereció la pena.

Jajaa, muy bueno lo de los anécdotas!! Me quedo con la tres!! India nunca deja de sorprenderte!!!
ResponderEliminarEs verdad Miriam, llevamos aquí más de dos meses y todos los días descubrimos cosas nuevas.
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