Hoy es nuestro último día en
China, pero probablemente no será el último de nuestras vidas en este país.
China es mucha China y nos han quedado muchas cosas pendientes de descubrir y
de vivir. Sólo espero que para cuando volvamos, todavía guarden sus tradiciones y su esencia como pueblo y no se hayan esfumado entre la modernidad y el cemento.
Es una pena que cambiase el
régimen de visas para reducir de 2 a 1 mes la estancia permitida en este país
para españoles, porque bien a gusto nos habríamos quedado un mes más, o dos o
tres !! En nuestro caso coincidió que tuvimos varios problemas al inicio del
viaje que nos impidieron planearlo con tiempo y algún problema de salud. Así
que tuvimos que eliminar destinos para poder disfrutar un poco de las ciudades
y no pasar todo el tiempo en ruta.
Escuchando a nuestro cuerpo
Desde la ciudad de Lijiang tomamos
un bus para llegar a Qiaotou y de allí hacer excursión hasta la Tiger Leaping Gorge (garganta del salto del tigre). Hubiésemos querido madrugar más, pero la combinación de horarios tampoco nos lo
permitía. Así que nos plantamos allí a las 11h, con bastante calor y con demasiadas prisas por recorrerlo porque
el último bus de vuelta salía a las 18h. Empezamos a caminar ligeros y nos metimos en una zona en obras pensando que se
podría seguir por allí, y no. Tuvimos que volver sobre nuestros pasos y empezar
a subir la montaña a las 12h. A los pocos metros de subir me dio un bajón de
tensión que intentamos solventar con una manzana, una chocolatina, una galleta
y agua. El día que empecé en Nepal me pasó lo mismo y pude seguir adelante.
Unos metros más arriba un hombre nos observa, esperando a que siguiese la ruta
a lomos de su burro (bastante habitual por allí). Pero una tiene dignidad y
antes que hacerlo en burro preferí no hacerlo. Si no hay esfuerzo, no hay
recompensa.
Así que le hice caso al cuerpo (y
a Alex) y darle un respiro.
Continuamos nuestro camino hacia
Litang con parada en Shangri-La. Allí los rasgos de sus habitantes ya se veían
diferentes. A pesar de que la ciudad está sobreexplotada turísticamente (un
incendio en 2014 por un brasero de una extranjero les obligó a reconstruirla
gran parte), resultaba muy llamativo ver a sus mujeres con los gorros y los
trajes tradicionales de su etnia, combinados con zapatos modernos y móvil
última generación en mano.
| Shangri-La. |
Estábamos a 3200m de altura. En
las tiendas vendían botellines de oxígeno y veíamos cómo algunos chinos los
sustituían por su inseparable termo de té.
Desde Shangri-La cogeríamos un
autobús al día siguiente que tras 8 horas nos llevaría hasta una ciudad cercana
a Litang, pasando por una zona a 4300m. Pero nuevamente tuvimos que cambiar de
planes. Yo había cogido un catarro los días anteriores y se lo pegué a Alex. Estábamos
flojos y el mal de altura nos afectó bastante. Pasamos todo el día con dolor de
cabeza, naúseas, mareados y sin apenas dormir. Así no podíamos continuar.
Con nuestra peor cara fuimos a la
estación de bus y cambiamos los billetes para volver a Lijiang, y de allí un
avión hasta Chengdu.
Había oído hablar a Miriam y
Fernán , los chicos de Quetequitenloviajao, tanto sobre Litang, una ciudad
cercana a la región del Tíbet y Alex y yo teníamos tantas ganas de conocerlo
que fue una pena tener que descartarlo.
Quitándonos la espinita clavada
| En Chengdu. |
El mejor momento fue una parada
en uno de los templos, donde las monjas budistas se reunieron a rezar.
Escuchando un cántico monótono y relajado me permitieron meditar con facilidad.
Esta vez fue reconfortante para el alma :)
Leshan y nuevo cambio de planes
Nuestra siguiente parada fue el
Gran Buda de Leshan, el lugar turístico donde más aglomeraciones de chinos
hemos visto, pero mereció la pena la lucha cuerpo a cuerpo con los turistas
chinos para sentirnos pequeño (más todavía? Sí!) frente al gran buda. Maldije
el día en que se inventaron las cámaras digitales, los móviles con cámara
fotográfica y los palitos autoselfie, pero salimos con vida de allí.
Otra vez nos enfrentamos al
momento de decidir si tomar rumbo a un precioso parque natural que en fotos me recordaba
a Pamukkale, en Turquía (donde tampoco hemos estado y me gustaría) o ir
directamente a Xi’an. La visita nos
llevaría 3 días y significaba ir con prisas para el resto de ciudades. Al
final, decidimos descartarlo y dirigirnos directamente a Xi’an. Al comprar los
billetes, el vendedor muy gracioso, nos preguntó con el traductor de su
móvil si estábamos seguros. Se trataba
de un tren nocturno de 11h en asiento duro, aunque resultó cómodo porque
sobraban 400 asientos en esa clase y el oficial de tren nos indicó a todos que
podíamos cambiarnos de asiento. Así que dormimos echados entre tres asientos.
Los trenes de China nos han parecido un lujo y un ejemplo de organización y
limpieza.
Encuentro con los guerreros de terracota
Ver menos, pero disfrutarlo
más. Es lo que pudimos hacer en Xi’an. Pasear por el barrio musulmán llenos de
puestos de comida, ver las pagodas iluminadas, vivir la vida de barrio donde
teníamos el hotel y de los mejores sitios donde hemos comido.
Pero sin lugar a
dudas ver los guerreros de terracota fue una de las visitas que más nos gustó,
uno de los sitios que más ilusión le hacía a Alex y no nos defraudó. Ver de
cerca todas esas caras, sus expresiones, su historia…pero esta vez no era en un
documental ...esta vez era real, estaban allí, todos ordenados, en fila,
esperando a recobrar vida y cumplir órdenes.

| Ambiente en el barrio musulmán de Xi'an. |
Y aprovechando que lo teníamos
cerca fuimos a Hua san a hacer el sendero más peligroso del mundo, o eso dicen.
No podía defraudar a Alex otra vez. Usamos la cabeza (y las piernas) y fuimos
poco a poco, a un ritmo cómodo y seguros, subiendo la multitud de escalones.
Fue duro por la cantidad de escalones, pero estaba todo el recorrido protegido
y con cadenas para agarrarte. A nuestro lado veíamos gente de todo tipo: chicas
con vestidos, algunas con deportivas de plataformas, un chico (al que apodamos
walking dead por el ritmo que llevaba) que subía con vaqueros y botas tipo
martins…así que asequible es, todo depende del tiempo que quieras invertir en
él.
Llegamos al pico norte con tiempo y subimos hasta el pico sur, donde encuentra la zona más peligrosa. Es paso muy estrecho que hay que cruzar con arnés. Mientras esperábamos en la fila vimos cómo se acumulaba mucha gente y me dio miedo, así que nos volvimos. El esfuerzo de haber llegado hasta allí ya había merecido la pena.
Llegamos al pico norte con tiempo y subimos hasta el pico sur, donde encuentra la zona más peligrosa. Es paso muy estrecho que hay que cruzar con arnés. Mientras esperábamos en la fila vimos cómo se acumulaba mucha gente y me dio miedo, así que nos volvimos. El esfuerzo de haber llegado hasta allí ya había merecido la pena.
| La zona más peligrosa, que no pasamos. |
La tranquilidad de Beijing
Y terminábamos nuestro recorrido
en Beijing, posiblemente el lugar que más nos ha gustado de China, porque lo
tiene todo. Una pega, que el alojamiento es bastante caro si viajas con bajo
presupuesto.
Al llegar por la noche nos
sorprendió la tranquilidad de la ciudad. Nos dirigimos a la céntrica y
comercial zona de Wanfujing, plagada de centros comerciales y de tiendas
exclusivas que conviven con las de souvenirs, con una catedral católica en una
de sus plazas y grupos de gente bailando en la calle, entre otras cosas.
Siempre digo que el lujo asiático me parece mucho más fastuoso que el de
Europa. Y es que aquí si se trata de lujo, todo es a lo grande. Sin embargo,
sólo unos metros más adentro, puedes perderte en un intrincado conjunto de callejuelas que
conforman los Hutongs. Allí la vida es tranquila, obrera, de barrio.
Y aunque no dejamos de visitar los
lugares imprescindibles como la plaza de Tianamen, la ciudad prohibida, la gran
muralla china y el Templo del cielo (este último me encantó), es la vida a pie
de calle la que me llama la atención y más me sorprende.
| La gran muralla China. |
| Templo del cielo. |
![]() |
| Estiramiento increíble. |
Visitar un parque es otra
experiencia que me fascina. A primera hora de la tarde centenares de personas
se reúnen para jugar a las cartas (menuda afición tienen); un poco más tarde es
la hora del baile, bien o mal, pero el que quiere ahí se junta a bailar solo o
acompañado como mejor pueda; sorprenderte ver a un profesor de danza del
vientre; otros se juntan para hacer tai chi, otros gimnasia….y si de verdad te
quieres quedar con la boca abierta…. Lo mejor es ir a una zona con aparatos
para estiramientos donde personas que pasan los 70 años hacen gala de una
flexibilidad increíble.
Next stop
En fin, esta es sólo una crónica
muy, muy resumida de todo lo vivido en China, un gran pueblo que sabía nos iba
a fascinar. En este momento se entremezclan los sentimientos de pena por dejar
China y de una inmensa alegría por el siguiente destino. Ahora, mientras escribo, nos dirigimos en un tren bala a Qingdao,
donde cogeremos un avión a…Osaka!!! Con 7h de escala nocturna trataremos de
dormir un poco hasta coger el siguiente avión por la mañana a Sapporo!!
El 24 de mayo de 2012 comenzaba
nuestro primer viaje a Japón, que nos maravilló.
El 24 de mayo de 2015 volveremos
de nuevo a Japón, pero esta vez va a ser muchísimo más especial, esta vez vamos
a convivir con japoneses!! Estamos locos de contentos!!!!!!
(Actualizado: ya estamos en Sapporo). Ha sido llegar a Japón y recordar por qué nos gustaba tanto y qué diferentes son de los chinos.
(Actualizado: ya estamos en Sapporo). Ha sido llegar a Japón y recordar por qué nos gustaba tanto y qué diferentes son de los chinos.






Disfrutar mucho de Japón!!! No os preocupéis por Litang, os quedan por ver un montón de sitios igual de chulis!! Un abrazo
ResponderEliminarTe respondo un poco tarde Miriam. Sí, al final pudimos disfrutar mucho, mucho de Japón. Siempre es bueno que queden lugares especiales por visitar, así que Litang queda en la lista de pendientes! Otro abrazo.
Eliminar