domingo, 24 de mayo de 2015

Hasta pronto, China

Hoy es nuestro último día en China, pero probablemente no será el último de nuestras vidas en este país. China es mucha China y nos han quedado muchas cosas pendientes de descubrir y de vivir. Sólo espero que para cuando volvamos, todavía guarden sus tradiciones y su esencia como pueblo y no se hayan esfumado entre la modernidad y el cemento.

Es una pena que cambiase el régimen de visas para reducir de 2 a 1 mes la estancia permitida en este país para españoles, porque bien a gusto nos habríamos quedado un mes más, o dos o tres !! En nuestro caso coincidió que tuvimos varios problemas al inicio del viaje que nos impidieron planearlo con tiempo y algún problema de salud. Así que tuvimos que eliminar destinos para poder disfrutar un poco de las ciudades y no pasar todo el tiempo en ruta.

Escuchando a nuestro cuerpo

Desde la ciudad de Lijiang tomamos un bus para llegar a Qiaotou y de allí hacer excursión hasta la Tiger Leaping Gorge (garganta del salto del tigre). Hubiésemos querido madrugar más, pero la combinación de horarios tampoco nos lo permitía. Así que nos plantamos allí a las 11h, con bastante calor  y con demasiadas prisas por recorrerlo porque el último bus de vuelta salía a las 18h. Empezamos a caminar ligeros y nos  metimos en una zona en obras pensando que se podría seguir por allí, y no. Tuvimos que volver sobre nuestros pasos y empezar a subir la montaña a las 12h. A los pocos metros de subir me dio un bajón de tensión que intentamos solventar con una manzana, una chocolatina, una galleta y agua. El día que empecé en Nepal me pasó lo mismo y pude seguir adelante. Unos metros más arriba un hombre nos observa, esperando a que siguiese la ruta a lomos de su burro (bastante habitual por allí). Pero una tiene dignidad y antes que hacerlo en burro preferí no hacerlo. Si no hay esfuerzo, no hay recompensa.

Así que le hice caso al cuerpo (y a Alex) y darle un respiro.
Continuamos nuestro camino hacia Litang con parada en Shangri-La. Allí los rasgos de sus habitantes ya se veían diferentes. A pesar de que la ciudad está sobreexplotada turísticamente (un incendio en 2014 por un brasero de una extranjero les obligó a reconstruirla gran parte), resultaba muy llamativo ver a sus mujeres con los gorros y los trajes tradicionales de su etnia, combinados con zapatos modernos y móvil última generación en mano.



Shangri-La.
Estábamos a 3200m de altura. En las tiendas vendían botellines de oxígeno y veíamos cómo algunos chinos los sustituían por su inseparable termo de té.
Desde Shangri-La cogeríamos un autobús al día siguiente que tras 8 horas nos llevaría hasta una ciudad cercana a Litang, pasando por una zona a 4300m. Pero nuevamente tuvimos que cambiar de planes. Yo había cogido un catarro los días anteriores y se lo pegué a Alex. Estábamos flojos y el mal de altura nos afectó bastante. Pasamos todo el día con dolor de cabeza, naúseas, mareados y sin apenas dormir. Así no podíamos continuar.

Con nuestra peor cara fuimos a la estación de bus y cambiamos los billetes para volver a Lijiang, y de allí un avión hasta Chengdu.

Había oído hablar a Miriam y Fernán , los chicos de Quetequitenloviajao, tanto sobre Litang, una ciudad cercana a la región del Tíbet y Alex y yo teníamos tantas ganas de conocerlo que fue una pena tener que descartarlo.

Quitándonos la espinita clavada

En Chengdu.
En Chengdu visitamos la ciudad y pudimos recuperar fuerzas, para el siguiente destino, el Monte Emei. Se trata de un monte sagrado con diversos monasterios en su interior, que se puede recorrer en autobús, cable-car, andando y si te sientes como un rey….en unas camillas tipo baldaquín real!
El recorrido fue asequible y nos sentimos un poco más fuertes.


Mercado tibetano de Chengdu.


















El mejor momento fue una parada en uno de los templos, donde las monjas budistas se reunieron a rezar. Escuchando un cántico monótono y relajado me permitieron meditar con facilidad. Esta vez fue reconfortante para el alma :)

Leshan y nuevo cambio de planes

Nuestra siguiente parada fue el Gran Buda de Leshan, el lugar turístico donde más aglomeraciones de chinos hemos visto, pero mereció la pena la lucha cuerpo a cuerpo con los turistas chinos para sentirnos pequeño (más todavía? Sí!) frente al gran buda. Maldije el día en que se inventaron las cámaras digitales, los móviles con cámara fotográfica y los palitos autoselfie, pero salimos con vida de allí.



Otra vez nos enfrentamos al momento de decidir si tomar rumbo a un precioso parque natural que en fotos me recordaba a Pamukkale, en Turquía (donde tampoco hemos estado y me gustaría) o ir directamente a Xi’an.  La visita nos llevaría 3 días y significaba ir con prisas para el resto de ciudades. Al final, decidimos descartarlo y dirigirnos directamente a Xi’an. Al comprar los billetes, el vendedor muy gracioso, nos preguntó con el traductor de su móvil  si estábamos seguros. Se trataba de un tren nocturno de 11h en asiento duro, aunque resultó cómodo porque sobraban 400 asientos en esa clase y el oficial de tren nos indicó a todos que podíamos cambiarnos de asiento. Así que dormimos echados entre tres asientos. Los trenes de China nos han parecido un lujo y un ejemplo de organización y limpieza.

Encuentro con los guerreros de terracota

Ver menos, pero disfrutarlo más. Es lo que pudimos hacer en Xi’an. Pasear por el barrio musulmán llenos de puestos de comida, ver las pagodas iluminadas, vivir la vida de barrio donde teníamos el hotel y de los mejores sitios donde hemos comido.
Ambiente en el barrio musulmán de Xi'an.




Pero sin lugar a dudas ver los guerreros de terracota fue una de las visitas que más nos gustó, uno de los sitios que más ilusión le hacía a Alex y no nos defraudó. Ver de cerca todas esas caras, sus expresiones, su historia…pero esta vez no era en un documental ...esta vez era real, estaban allí, todos ordenados, en fila, esperando a recobrar vida y cumplir órdenes.











Y aprovechando que lo teníamos cerca fuimos a Hua san a hacer el sendero más peligroso del mundo, o eso dicen. No podía defraudar a Alex otra vez. Usamos la cabeza (y las piernas) y fuimos poco a poco, a un ritmo cómodo y seguros, subiendo la multitud de escalones. Fue duro por la cantidad de escalones, pero estaba todo el recorrido protegido y con cadenas para agarrarte. A nuestro lado veíamos gente de todo tipo: chicas con vestidos, algunas con deportivas de plataformas, un chico (al que apodamos walking dead por el ritmo que llevaba) que subía con vaqueros y botas tipo martins…así que asequible es, todo depende del tiempo que quieras invertir en él.



Llegamos al pico norte con tiempo y subimos hasta el pico sur, donde encuentra la zona más peligrosa. Es paso muy estrecho  que hay que cruzar con arnés. Mientras esperábamos en la fila vimos cómo se acumulaba mucha gente y me dio miedo, así que nos volvimos. El esfuerzo de haber llegado hasta allí ya había merecido la pena.

La zona más peligrosa, que no pasamos.
La tranquilidad de Beijing

Y terminábamos nuestro recorrido en Beijing, posiblemente el lugar que más nos ha gustado de China, porque lo tiene todo. Una pega, que el alojamiento es bastante caro si viajas con bajo presupuesto.

Al llegar por la noche nos sorprendió la tranquilidad de la ciudad. Nos dirigimos a la céntrica y comercial zona de Wanfujing, plagada de centros comerciales y de tiendas exclusivas que conviven con las de souvenirs, con una catedral católica en una de sus plazas y grupos de gente bailando en la calle, entre otras cosas. Siempre digo que el lujo asiático me parece mucho más fastuoso que el de Europa. Y es que aquí si se trata de lujo, todo es a lo grande. Sin embargo, sólo unos metros más adentro, puedes perderte en un intrincado conjunto de callejuelas que conforman los Hutongs. Allí la vida es tranquila, obrera, de barrio.



Y aunque no dejamos de visitar los lugares imprescindibles como la plaza de Tianamen, la ciudad prohibida, la gran muralla china y el Templo del cielo (este último me encantó), es la vida a pie de calle la que me llama la atención y más me sorprende.
La gran muralla China.



Templo del cielo.


Estiramiento increíble.
Nuestro hotel estaba en la entrada de un Hutong. Si salíamos a la derecha nos topábamos con toda la modernidad y consumismo que ofrece Wanfujing. Si girábamos a la izquierda nos adentrábamos en el hutong donde discurren las viviendas de una planta o dos, con pequeños locales comerciales, de oficios, donde una anciana cortas las verduras o pela los ojos, mientras charla con su vecina.
Visitar un parque es otra experiencia que me fascina. A primera hora de la tarde centenares de personas se reúnen para jugar a las cartas (menuda afición tienen); un poco más tarde es la hora del baile, bien o mal, pero el que quiere ahí se junta a bailar solo o acompañado como mejor pueda; sorprenderte ver a un profesor de danza del vientre; otros se juntan para hacer tai chi, otros gimnasia….y si de verdad te quieres quedar con la boca abierta…. Lo mejor es ir a una zona con aparatos para estiramientos donde personas que pasan los 70 años hacen gala de una flexibilidad increíble.

Profesor de danza del vientre.

Baile en la calle.

Next stop

En fin, esta es sólo una crónica muy, muy resumida de todo lo vivido en China, un gran pueblo que sabía nos iba a fascinar. En este momento se entremezclan los sentimientos de pena por dejar China y de una inmensa alegría por el siguiente destino.  Ahora, mientras escribo, nos dirigimos en un tren bala a Qingdao, donde cogeremos un avión a…Osaka!!! Con 7h de escala nocturna trataremos de dormir un poco hasta coger el siguiente avión por la mañana a Sapporo!!

El 24 de mayo de 2012 comenzaba nuestro primer viaje a Japón, que nos maravilló.
El 24 de mayo de 2015 volveremos de nuevo a Japón, pero esta vez va a ser muchísimo más especial, esta vez vamos a convivir con japoneses!! Estamos locos de contentos!!!!!!

(Actualizado: ya estamos en Sapporo). Ha sido llegar a Japón y recordar por qué nos gustaba tanto y qué diferentes son de los chinos.


2 comentarios:

  1. Disfrutar mucho de Japón!!! No os preocupéis por Litang, os quedan por ver un montón de sitios igual de chulis!! Un abrazo

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    1. Te respondo un poco tarde Miriam. Sí, al final pudimos disfrutar mucho, mucho de Japón. Siempre es bueno que queden lugares especiales por visitar, así que Litang queda en la lista de pendientes! Otro abrazo.

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