lunes, 10 de agosto de 2015

Cruzamos el charco a América Latina, Colombia querida

Pese a las dudas y las dificultades al final llegamos al continente americano. Nada más aterrizar en Los Ángeles, en el mismo túnel del avión, nos aguardaba una señora de Singapore Airlines que se encargaría de guiarnos por todo el aeropuerto para asegurarse de que todo iba bien. También como detalle por los inconvenientes causados, nos invitaron a la sala vip del aeropuerto de Tokio, donde nos entretuvimos disfrutando de las comodidades en las que los ricos malgastan su dinero, o el de su empresa. Y nosotros con nuestras mejores galas, jeje.

En la sala vip de Singapore Airlines, en el aeropuerto de Tokio.
Aperitivo.
Nuestro paso por el aeropuerto de Los Ángeles fue comparable al que experimentó Walter Mitty en la película. Cómo nos reímos al ver de nuevo la película en Colombia. Caras largas, malos modales y multitud de preguntas para justificar todo nuestro viaje y nuestro futuro, hasta convencer al oficial de inmigración de que no nos íbamos a quedar a vivir como inmigrantes en Estados Unidos.

Llegamos a Colombia!

La siguiente parada fue Miami, y allí el ambiente ya cambió. La gente en su mayoría era de origen latino y se hablaba más español que inglés. Incluso había cambiado el humor de los empleados del aeropuerto y hasta bromearon con nosotros.

Y por fin….llegábamos a Colombia! Un país que no estaba en la ruta, que varias veces nos preguntaron si visitaríamos y contestábamos que no. Un país que se coló por casualidad en nuestra lista de elegidos y que resultó ser una gran sorpresa y una gran elección. Un país donde conocimos gente adorable!!

Colombia nos recibió con su música, con su alegría, con su calma para hacer las cosas, con la amabilidad de su gente que no faltaría durante toda nuestra estancia allí y con mucho calor. Después de 9 meses con el inglés como idioma vehicular, podíamos hablar en castellano y aprovechamos a hacerlo. Con cada pregunta a un paisano entablábamos conversación. Y Alex, que no suele ser muy hablador, me sorprendía con largas charlas con cualquier colombiano que se le acercaba.
Vistas desde nuestra cabaña en Playa Blanca.

Descanso en Playa Blanca

Llegamos a Cartagena, donde todo el mundo vestía la camiseta amarilla de su equipo de fútbol porque ese día se jugaba el partido de la Copa América con Brasil. Tardamos el tiempo justo para comprar unos víveres y tomar un autobús que nos acercaría a Playa Blanca. Nuestro único objetivo era descansar en el paraíso. Y el primer día eso hicimos. Alquilamos una cabañita y nos dedicamos a dormir, descansar, y darnos un masaje a la orilla del mar que nuestra espalda nos agradeció.




Disfrutamos de la arena blanca y el agua azul turquesa antes de que llegase la invasión humana del fin de semana. El sábado a las 4h de la mañana ya había gente en el mar bañándose. Pero nos lo tomamos con filosofía. En el chiringuito donde nos alojábamos había dos familias tomando la sombra que nos invitaron a unirnos a ellos y no nos movimos de allí hasta la tarde. Rafael y su mujer Marta visitaban el lugar desde hace más de 10 años y nos contaron que antes sólo se podía llegar allí en barco, pero desde que hicieron un puente que permitió el acceso en coche, los fines de semana (y esta vez encima era puente) se llenaba de gente. Una pena ver cómo la playa se llenaba de basura y una sorpresa ver cómo 2 de los hijos adolescentes de Rafa llenaban bolsas con la basura de otros para limpiar la playa. Nos reímos muchísimo con Rafa, con paisa de Medellín que vivía en Cartagena y con Rosmery y su marido, de Barranquilla. Ellos nos pusieron al corriente de las diferencias en el lenguaje con respecto a España, las diferencias entre la costa y el interior, las costumbres del país e incluso la historia de los españoles en Cartagena que yo ni me acordaba….

Rafa era un goloso como yo, y llevaba una bolsa llena de dulces y chocolates que nos regaló cuando se fueron, un día antes que nosotros. Nos invitó a helado de coco casero, que sería nuestro preferido durante todo el viaje por Colombia y a las cocadas. Un gran tipo Rafa y su mujer Marta, lástima no poder compartir más tiempo con ellos.

Por la tarde y al día siguiente charlamos con la familia Giraldo, un matrimonio también de Barranquilla que viajaba con su hijo Christopher. Nos contaron de su proyecto de abrir una cafetería e historias del pasado de Colombia. Qué agradable resultaba poder charlar y charlar.
Hermanamiento Real Zaragoza-Colombia, con la familia Giraldo.

Con Patricia, Rosmery y su marido.

Cartagena, tan bonita y tan caliente 

Volvimos a Cartagena, donde pasamos dos días con la familia de Michel, que conocimos a través de Couchsurfing. Michel es un belga de origen judío casado con Rita, de Colombia. Tienen tres hijos adolescentes, Chaim de 14 años, Rebecca de 15 años y Sara de 16, dos conejos Bonnie and Clyde, el gato Cornelius y sus hijos.

Chaim y Alex hicieron muy buenas migas, y Rebecca estaba embelesada Alex. Yo por mi parte, tuve más relación con la tranquila y amable Rita y con Michel, un ser  único, como él dice víctima de su fértil imaginación. Yo lo definiría como un genio, ingeniero balístico de profesión, que me contó anécdotas sorprendentes sobre su trabajo y su pasado. Ahora se dedicaba a reestructurar empresas, y a mí me ayudó a reestructurar mi ordenador portátil, dedicándole más de dos horas a dejármelo como nuevo. Hablaba con añoranza de su país y de la comida, y le costaba acostumbrarse al modo de hacer colombiano, tan diferente al europeo en algunos aspectos.

La familia al completo.
Le encantaba probar platos de otros lugares, y le preparamos un okonomiyaki japonés, un bizcocho de chocolate y el plato estrella un cuscus. Con el calor que hacía en Cartagena no apetecía mucho, pero tenía el antojo, tenía la sémola que le había llevado Sara, una chica finlandesa de padre argelino con la que también coincidimos un día. Así que le preparamos un cuscus, cocido a fuego lento durante dos horas y le gustó tanto que se comió tres platos! De madrugada nos dio un susto de muerte cuando casi se ahoga por un trocito del  cuscus. Al final quedó en un susto y una anécdota más que contar. Chaim nos preparó un pan casero excelente.

El cuscus asesino.



Chaim y Alex.

Rebecca, Sara y Cornelius.

Cartagena colonial y su color

En Cartagena visitamos el centro colonial, muy bonito, pero bajo un sol tan abrasador que necesitamos cinco jugos de naranja para sobrellevarlo. Charlamos con un  guía que también había vivido en España, apasionado de la historia que nos contó por propia voluntad casi toda la historia de la ciudad.
El Fuerte.

Monumento a los zapatos viejos.





Nos encantó el color de sus calles, de sus balcones y sus originales aldabas.








La india Catalina.

En los autobuses urbanos viajábamos al ritmo de la rumba y el vallenato y con el ritmo de allí, que a Alex le desesperaba un poco, con paradas interminables, allá donde cada uno deseaba bajarse…PARADA!

Probamos las arepas con queso, de las que nos haríamos muy aficionados y nos maravillamos con las frutas tropicales y los deliciosos jugos naturales de mora, de fresa, de maracuyá, de mango, de naranjilla, de tomate de árbol, naranja, mandarina, guanábana, de papaya….una extensa lista de opciones!

Celebrando el cumpleaños de Alex en Barichara 

Nos despedimos de nuestra familia de acogida y continuamos hasta Barichara, según dicen uno de los pueblos más bonitos de Colombia, aunque a mí me gustaron más Salento y Popayán.

Por las calles de Barichara.




Allí celebramos tranquilamente el cumpleaños de Alex. Allí probamos por fin el rico café expresso de Colombia. Paradójicamente, descubrimos que en Colombia no hay mucha cultura del café. Lo toman mayoritariamente filtrado, al que llaman tinto. Pero si encuentras un lugar donde lo preparan bien, es exquisito.

Desayuno de cumpleaños.

Y como no, para celebrar el cumpleaños de Alex, una caminata por el Camino Real, como a él le gustan,


Dando de comer a un cabro.

Las famosas hormigas culonas, que finalmente no probamos.
Por la tarde, como colofón del cumpleaños de Alex, fuimos a la Lunada, una fiesta que se celebraba por esas fechas donde nuestros compañeros argentinos de alojamiento actuaban.

Actuación de los chicos argentinos.

Desde Barichara teníamos dos opciones, ir a Bogotá o a Medellín. Nos habían hablado tan bien de la gente de Medellín que elegimos ese destino a pesar de no visitar la capital, y aunque allí pasamos uno de los peores episodios del viaje cuando nos robaron, pasamos también los mejores días de nuestro viaje en Colombia. Allí nos sentimos realmente en familia con personas maravillosas…pero por lo especial de sus personajes y para no extenderme demasiado, lo contaré en la próxima crónica.

2 comentarios:

  1. Qué bien se te da alimentar cabros! ;) M

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    1. Sí, me dijo el pastor que no hacía nada aunque no las tenía todas conmigo ;)

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