martes, 11 de noviembre de 2014

Atractiva Delhi, una ciudad donde perderte



Superados los problemas de salud y volviendo a disfrutar de la comida india, hemos pasado unos días bastante tranquilos en Delhi. Nos alojamos en la zona mochilera de Paharganj, cerca de la estación de tren. Allí hay mucha vida, tiendas, cafés, restaurantes, hoteles y está al lado de la estación de tren y del metro. Una ciudad con metro te da mucha más libertad de movimiento. Es un transporte tan moderno, tan cómodo y tan rápido. Pero ya sabemos que India siempre tiene su propia versión de cada cosa.

El metro de Delhi

El primer día que entramos al metro nos recibe una bofetada de vapor y calor y como de costumbre gente sentada en el suelo esperando. Buscamos la máquina para sacar billetes. Solo hay una y no funciona! en su lugar 14 ventanillas con sus correspondientes operarios, dispensan la ficha para el metro. Llegar a ellos no es tarea fácil. Multitud de personas se agolpan en largas filas, apretujados e impacientes para obtener su premio, la llave al paraíso del metro. Las triquiñuelas para colarse están a la orden del día. Mujeres por los laterales por eso de que "soy mujer y por cortesía me vas a dejar pasar" ,otras que meten a los hijos para que les saquen los billetes,... A Alex y mí, como no somos indios nos deben ver cara de pardillos y  creen que somos un blanco fácil para colarse. Viene una mujer a mi altura en la fila y me hace un gesto para pasar. Amablemente le dejo paso y en ese instante se me pone delante en la fila, con toda su cara, bueno y también con el resto del cuerpo. Pero yo que ya me empieza cansar de los listillos meto el codazo y me pongo delante otra vez, en mi lugar.
 
Tenemos ficha, a las vías!!pues tampoco. Dos largas filas que se entrecruzan con las de las ventanillas. Y ahora qué? control de bolsas y cacheo, uno para hombres y otro para mujeres. Esto es igual en todas las entradas de templos, monumentos y metros. Parece que tienen muy presente las posibles amenazas de bomba de sus vecinos. Ahora sí,a las vías! Al principio señalado mediante un cartel en rosa de "women only", el vagón de las mujeres (como llamaba yo al autobús C3 de Valdespartera, qué recuerdos). Después, marcado en el suelo en el lugar donde para cada vagón,  las fechas de entrada a los lados y salida por el centro. Hasta aquí todo perfecto, como se ve en muchas ciudades y como podrían hacer en el tranvía de Zaragoza. 

Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica. Empezamos porque la gente no respeta las señales de entrada y salida, y cuando el metro se acerca, todos se empiezan a revolver como chinches. Y en cuento el metro abre sus puertas…”esto es la guerraaaa!” como los guerreros de 300 irrumpimos (porque Alex y yo ya somos 2 más) en el interior. Apretujones, golpes de las puertas que se cierran, de repente no se sabe si somos 300 o una masa humana apelotonada más difícil de despegar que un chicle en el zapato. Hemos estado en horas punta en el metro de Tokio y puedo decir que el de Delhi es mucho peor. En Tokio todos los pasajeros viajan ordenados y aquí impera el desorden. Aún así, y a pesar de que al final lleva su tiempo, resulta muy cómodo.

La primera vez que cogimos el metro en hora punta para un trayecto largo, un amable señor con voz de locutor de radio y muy risueño se puso a hablar con nosotros en la fila y nos preguntó dónde íbamos. Cuando se acerca el tren, me giro para mirarle y seguir sus instrucciones y le veo con un casco moto en la cabeza y me sonríe. Jajaja, él si que sabe que viene preparado. Nos indica que vayamos al final del vagón e incluso nos hace hueco.  Charla con nosotros durante el trayecto.

La ciudad de Delhi

No sé cómo hay gente que reniega de Delhi y dice que no merece ni un par de días de visita. A mí me ha gustado bastante y tiene mucho que ofrecer.
  
En Delhi, además de mercadillos y zonas de compra hay una gran variedad de sitios para visitar, algunos incluyo gratis.

El Fuerte rojo, que a pesar de ser declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, impresiona más desde fuera que desde dentro, por el deterioro y la falta de mantenimiento.

La tumba de Humayun

Este monumento, que también está declarado patrimonio de la humanidad, sí que nos gustó mucho y estaba muy bien cuidado. En él se encuentra la tumba del emperador mogol Humayun junto con otras tumbas y mezquitas. La anécdota de la visita fue con nosotros de protagonistas. Después de comprar las entradas accedimos al recinto junto a un grupo de turistas alemanes del Insersengun. El primer vigilante no nos pidió las entradas porque pensaba que íbamos en el grupo (total todos guiris, qué importa la edad el país o el color de la piel). El segundo vigilante le pidió las entradas a la pareja mayor que iba delante de nosotros; ésta con un gesto y un balbuceo le indicó que sus entradas las llevaba el guía. Nosotros pasamos discretos junto a ellos sin decir ni mú. Así que visitamos el monumento con nuestras entradas intactas. A la salida, se nos ocurrió hacer un numerito para rescatar las 500 rupias de las entradas. No teníamos nada que perder. Nos acercamos al counter (el que vende las entradas) y Alex con voz de preocupado le dijo que su mujer se había puesto mala y teníamos que irnos al hotel, sin poder entrar al monumento. Y si era posible que nos devolviese el dinero. Mientras, yo asomaba por detrás doblada y con cara de dolor (como la que tuve hace unos días) y esperé sentada. Nuestro número funcionó y recuperamos el dinero, más felices que unas perdices. Quien no haya estado en la India no puede juzgar, pero aquellos que hayan estado comprenderán la tremenda victoria que supuso para nosotros, después de todos los agobios, timos y sobreprecios a los que estamos expuestos día a día. 

LA RUTA DE LAS RELIGIONES 

Otro punto a favor de Delhi, es que tiene de todo para elegeir, hasta de las religiones. Aquí un ateo es el raro, porque por variedad no será. Nuestros primeros días visitamos varios de los templos dedicados a diferentes religiones. 

Sijismo

El día 6 de noviembre se celebraba el cumpleaños del fundador y tuvimos ocasión de visitar uno de los templos sij de Delhi. Pasamos por uno de sus templos iluminado con lucecitas y con mucha gente alrededor y decidimos entrar.
Tengo que decir que entre los grupos religiosos que aquí habitan, éste es uno de los que mayor admiración me han causado. Además de por su costumbres de no cortarse el pelo, llevar un pequeño peine de madera para recogerse el pelo, una pequeña daga, ropa interior de algodón y un brazalete metálico, más especialmente  por su labor social, su carácter conciliador, por su respeto y por la igualdad real entre hombres y mujeres. Entre sus mandamientos está “compartir los frutos de tu labor y trabajo como expresión de amor a la Humanidad” y lo llevan a la práctica dando de comer en sus templos a miles de personas. Y eso que aún no hemos estado en Amristar donde se encuentra el templo dorado y es lugar de peregrinación de los sijs.



Antes de entrar  tienes que descalzarte y dejar los zapatos que te guardan en un casillero hasta recogerlos a la salida. Después tienes que cubrirte el pelo con un pañuelo de colores que también te ofrecen. En muy chulo ver a todos los que no somos sijs con el pañuelito de colores entre los abultados turbantes de los sijs.
En la entrada, los sijs te ofrecen un vaso de agua y muchas veces a la salida algo de comer.
Al entrar en el templo, hay unos lavabos para lavarte las manos y un pequeño estanque para lavarse los pies.
En el templo, los fieles se sientan en el suelo a rezar y meditar, mientras tres líderes cantan un rezo sin descanso en una especie de altar. Por unas pantallas se puede seguir el rezo con la traducción en inglés y su letra parece la de una canción de amor. Es bonita. 

Bahaísmo

Llegamos al Lotus Temple. Llama la atención su magnífica visión desde fuera. Un templo nuevo, cubierto de mármol con forma de flor de loto y rodeado de unos jardines muy bien cuidados. También aquí debemos dejar los zapatos a la entrada.
Unos chicos voluntarios nos van dirigiendo hacia el interior y nos explican que es un templo para la reflexión. Podemos estar el tiempo que queramos pero en silencio. Cada vez que entra un nuevo grupo, se oye el tintineo de los saris hindus. Los bebés que lloran o gritan son amablemente invitados a abandonar el interior con sus padres. Coincidimos con la hora del rezo que consiste en tres cánticos. El primero, gracias a la acústica del templo y a la dulce voz de la persona que canta nos relaja y nos llena de paz. Nos quedamos allí largo rato. A la salida hablamos con un voluntario que es de Ecuador y está allí por tres meses. Nos explica un poco de la religión sin tratar de convencernos. 


Iskcon, hare krishna

Al lado de templo de loto se encuentra otro de los Iskcon, los conocidos hare krishna.
Paseamos por su interior. Hay tres altares tapados y de repente suenan unas caracolas y se abren las cortinas.  Los fieles que estaban sentados en el suelo se levantan y se acercan a los tres altares con los brazos en alto. Unos hombres ataviados con una túnica blanca,   agitan una especie de plumero. Algunos de sus seguidores se echan al suelo a modo de alabanza. Van vestidos con túnica naranja y llevan el pelo rapado con una coletilla (igual eran estos los que vi en Varanasi?). Otro, toca un tamborcillo. Un hombre, que no ha parado desde que hemos entrado da vueltas sobre sí mismo con  los brazos en alto y bailando. Parece que esté en un éxtasis simulado. Personalmente me parece una representación de la religión bastante subrealista.


Hinduismo en Akshardham

Y por último entre los destacados, el un majestuoso completo de templos hinduistas de Akshardham. No tenemos fotos porque no se pueden entrar cámaras, pero que bien merece una mención por la impresión que nos causó. Sumamente cuidado y rodeados por jardines  se levanta este templo que a primera vista parece un parque de atracciones. Se terminó de construir en 2005. Allí se puede pasear en barca, ver espectáculos de luz, agua y música. Todas sus paredes y columnas están llenas de detalle y no tiene soporte de acero o de hormigón, según reza wikipedia. No queda un hueco que cubrir. El templo principal también está decorado con gran cantidad de mármol. Por unas escaleras de accede al interior del templo principal. La parte de abajo, que rodea al templo, está decorada con 148  elefantes. Espectacular.
Foto de la página de Akshardham.

Encuentro con Ira

El penúltimo día en Delhi tenemos ocasión de conocer a Ira. Ira es una chica india que conocí por internet y que además de hablar perfectamente inglés, también lo hace en español.  Nos deja fascinados por su inteligencia. Llena de energía nos enseñó Qutub Minar (el minarete más antiguo de Delhi y los restos arqueológicos),  nos ayudó a comprar una tarjeta de datos, nos aconsejó sobre nuestra ruta y lo que más nos gustó fue todo lo que nos contó. Nos habló de su país, de la riqueza, del gobierno, las religiones, los matrimonios de conveniencia, la pobreza, la juventud india de la clase media, la familia, sus costumbres. También nos recalcó que India es un país que está creciendo mucho y que había muchas posibilidades de trabajo para nosotros, con el punto a favor de hablar español. Guau, resultó interesantísimo todo lo que nos contó. Nos despedimos de ella  después de compartir un café espresso porque tenía invitados en casa y quedamos pendientes de vernos de nuevo cuando volviésemos a Delhi.



Y a la vuelta en el metro otra charla inesperada. Un chico indio muy simpático que enseguida nos reconoció como españoles nos contó que había trabajado en el restaurante del pabellón de india en la Expo. Pero cuántos indios había allí! Nos preguntó dónde vivíamos en Zaragoza porque él estuvo viviendo al lado de Gran Casa. Le hizo mucha ilusión que fuésemos de Zaragoza. Cuando le pregunté donde había aprendido español, me dijo que fue durante los 3 meses que estuvo en Zaragoza, y hablaba genial! Según me había contado Ira, la gramática del hindi y el español es muy parecida y les resulta fácil aprender nuestro idioma.

La maravilla del Taj Mahal

Y nuestro último día en Delhi lo dedicamos a Agra, o más bien al Taj Mahal. Cogimos un tren por la mañana y volvimos por la noche. No resultó tan agobiante la visita como pensábamos por las hordas de visitantes. Fue bastante bien. Unos cuantos turistas indios nos pidieron fotos con ellos, “click, snap, photo”. Curioso y gracioso. Alex decía “para este lado que se ve el Taj Mahal?”, pero les daba igual, el monumento era él, jeje.



Nos gustó mucho el lugar que bien merece su lugar entre las siete maravillas del mundo. Sobre todo resulta espectacular porque no hay nada a su alrededor que desvíe la atención para contemplar su belleza. De ello ya se encargó el emperador que ordenó su construcción. Sin embargo, he de decir que cuando lo vi ni me quedé paralizada, ni extasiada ni me quitó el aliento. Pude seguir respirando con tranquilidad.

4 comentarios:

  1. Estamos muertos de envidia (de la buena) con las fotos! Seguro que, a pesar de lso empujones y las "colotas" estais disfrutando cada momento allí! Os seguimos espectantes dese España! millones de besos!!!

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    1. Gracias. Sí al final lo de los empujones se queda en lo anecdótico, pero disfrutando mucho de todo lo que nos efrece este país. Amándolo cada vez un poco más :)

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  2. Estoy aprendiendo a hacer comentarios pero os sigo todos los dias

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    1. Gracias. Al final del nombre pon quién eres para conocerte :)

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