Cogemos un tren y después un
ferry, para visitar la isla de Miyajima (cudad hermanada con St. Michel, ya que en ambas, al bajar la marea se puede visitar a pie, en este caso el Tori) . Al subir al ferry nos encontramos un iphone
que ha debido olvidar un japonés y Alex se lo entrega al guardia del ferry que
hace una gran reverencia acompañada de un arigato gozaimasu.
Hoy la lluvia nos acompaña
durante todo el día y desluce un poco la visita a la isla. En un principio
pensamos alojarnos en un ryokan de Miyajima (casa de estilo japonés con suelo
de tatami como la habitación del templo de Koyasan) pero los precios eran excesivamente
caros a pesar de su belleza. Con la
lluvia confirmamos que fue una decisión acertada dormir en Hiroshima, que está
a media hora de la isla.
En Miyajima también hay muchos
ciervos que pasean libremente y vimos algunos a las puertas de los restaurantes
(no sabemos estaban esperando turno como los japoneses para comer).
Después de comer nos dirigimos a
Hiroshima. El hotel está muy céntrico y nos facilita la visita a los monumentos
que recuerdan la catástrofe de Hiroshima. Me sorprende la ciudad porque pensaba
que iba a ser más pequeña, pero resulta bastante acogedora.
También hay muchas galerías
comerciales cubiertas, para facilitar las compras los días de lluvia. Además, en torno a todas las estaciones existe
una extensísima red de tiendas y restaurantes en el subsuelo que puedes visitar
sin salir a la calle.
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