Todos tenemos nuestra lucha.
Nuestra lucha interna. Hay personas que se cansan de luchar y se resignan.
Otras necesitan un apoyo, un impulso para revelarse. Y otras no descansan hasta
encontrar su lugar en este mundo. No importa dónde estén, cómo estén o cómo
parezcan estar. Al final, todos luchamos con o contra nosotros mismos, con o contra la sociedad, por eso debemos ser
comprensivos y tolerantes con el de al lado, que al igual que nosotros también
está lidiando con su existencia. Pero mientras sigamos luchando, la vida
continua, y se van ganando pequeñas batallas que nos animan a avanzar. También
se pierden otras y debemos sobreponernos. Y a veces tienes la grandísima suerte
de encontrarte con personas con son ejemplos de auténticos guerreros, que pese a
las dificultades no dejan de ver la vida con optimismo y que además lo
contagian. Entonces te das cuenta que tu pelea en realidad no es tan enorme ni
tan dramática y te hace ser más humilde y si aprendes la lección, también más
fuerte. Cuánta gente de este tipo hemos conocido por el camino, y cuánto nos
han ayudado, a veces incluso sin saberlo ellos, sin podérselo transmitir. Así
que para ser justos y honrados con el karma, solo podemos trasmitir esos mismos
valores a otras personas que en un momento dado también necesitan ese ejemplo
en el que reflejarse. Y en ello estamos.
Una vez más hemos tenido una
muestra de hospitalidad tan grande, de gente con un corazón enorme y con tanta
humanidad que sólo puedo estar agradecida con el mundo por conocerles y hacerme
partícipe de su existencia y de su manera de vivir, que tanto me ayuda a aprender y a confiar en
la bondad del ser humano.
Estos días hemos estado en San
Agustín (Argentina), en una casa colonial del siglo XVIII como las que
imaginaba en mi mente cuando leía las novelas de Isabel Allende. Sería el
decorado perfecto para adaptar al cine
uno de sus libros. Sin retocar un solo cuadro. Una casa con mucha historia, en
plena naturaleza, con un jardín hermoso, con perros, caballos, un lugar idílico en el que
Alex se sentía feliz y que tan bien nos ha venido para descansar después de
tanto movimiento de cambio de países.
| La casa de San Agustín. |
Uno de los momentos que más he
disfrutado, era sentados a la mesa en la comida o la cena, charlando con
Soledad y Carlos, sobre su historia, sobre la Argentina, sobre la vida aquí y
allá. Me encantaba escuchar a Carlos con su voz de locutor de radio y Soledad
con ese acento argentino y su risa contagiosa. Podría decir que son
encantadores, que el amor que en esa casa se respira crea un ambiente perfecto
pero como en la famosa canción “las palabras se quedan cortas para decir todo
lo que siento”. Así que diré que su ejemplo de vida me reconforta y me llena de
paz. Pienso, “así me gustaría vivir, tan satisfecha con lo que hacen”. Y es que
todos los integrantes de la familia nos han hecho sentir como en nuestra
familia, esa que dejamos hace un año y que en este último tramo del viaje
empiezo a echar demasiado de menos. Bueno, todos menos uno. Samba, la perra más
brava que hemos conocido ejercía bien su papel de guardián y mantuvo a Alex
alerta todo el tiempo.
![]() |
| Con Carlos y Soledad. |
Pero sin duda alguna, el hijo
mayor, Boti ha sido la persona que más profundamente admiro. Leí de corrido el
libro que, junto con su madre, escribieron acerca de su vida y experiencia con
su discapacidad. Lo que más me impresionó fue su eterna lucha desde pequeño
para seguir adelante y la fuerza con la que ha afrontado su situación. Fue un
niño que supo ganarse muchos amigos desde pequeño, y eso nos fácil cuando otros
como yo por ejemplo estábamos con nuestros complejos. Supongo que aceptar su
discapacidad con naturalidad y contar con el apoyo de esa magnífica familia han
tenido mucho que ver en su evolución y en llegar a ser el hombre fuerte que es
hoy. Y su labor continúa ayudando a otras personas con discapacidad, pero no sé
si es consciente de cuánto ayuda también a otras personas que como yo, vemos en
él un referente para afrontar la vida, para quitarse el sombrero, aunque el mío
me lo olvidé en Cuenca (Ecuador) y tenga la cabeza descubierta.
¿Y cómo llegamos hasta San Agustín?
Pues fue precisamente a través de
Agustín, un chico que conocimos en Cuenca (Ecuador), en el país en el que nos
quedamos en el relato nuestro viaje y del que al menos quiero dejar algunas
notas escritas, porque ya son muchos los lugares y las vivencias y noto que
algunos detalles se difuminan entre los recuerdos.
Por la sierra de Ecuador
Visitamos Ecuador porque era el
paso natural para llegar a Perú desde Colombia. Tampoco estaba en nuestra lista
inicial de países, así que Alex se esmeró en detallar una ruta para cruzarlo de
norte a sur. Conforme leía más del país, más encandilado se quedaba y no paraba
de decirme “creo que vamos a pasar más tiempo en Ecuador”. A mí era fácil
sorprenderme, porque la imagen que tenía del país era tan simple! Sólo pensaba
que en Ecuador no hacía ni frío ni calor por estar en la mitad del mundo y que
era todo selva. Definitivamente viajar me ha venido bien para ampliar mis
conocimientos geográficos.
| En la Mitad del Mundo, con el huevo en equilibrio. |
Recorrimos el país por la sierra, sin visitar costa ni selva. Quizás así tuvimos una impresión más limitada del país, porque también el carácter de sus habitantes es diferente según la zona que se visita, como ocurre en España. Pero no contábamos con más tiempo y teníamos que elegir. Y así también nos íbamos adaptando a la altura, que siempre nos ha infundido respeto.
| Laguna del Quilotoa. |
Ecuador se convirtió en el país
en el que más excursiones hicimos por la montaña; visitamos las lagunas
cercanas a Otávalo, subimos al refugio del Cotopaxi (que se puso en erupción 15
días después), hicimos una excursión de tres días a la laguna del Quilotoa,
caminamos y caminamos hasta el columpio del final del mundo en Baños y
finalizamos con la visita al parque natural de Cajas, cerca de Cuenca.
| Volcán Cotopaxi. |
| Con los vascos Nuria y Txus almorzando jamón serrano en el refugio del Cotopaxi. |
Quedé maravillada por Ecuador,
más aún porque no esperaba ver lugares tan increíbles allí y experimenté ese
placer inmenso de contemplar la naturaleza después de un gran esfuerzo, sobre
todo en el Quilotoa. Qué alegría ver esa laguna inmensa!
| Columpio del fin del mundo. |
| Alex no quería bajar del columpio. |
Por el contrario, también la
montaña nos enseñó que hay que andar con cuidado y respetarla, y en nuestra
última excursión al parque natural Cajas tuvimos un percance en el que casi nos
caemos Alex y yo y desde entonces se me ha quedado un miedo irracional en el
cuerpo que tendré que enfrentar para superarlo. Ya me bloqueó en la laguna de
Churup en Huaraz (Perú) y en los pasos entre vías hacia Machu Picchu. Confío
que el ejemplo de Boti en la mente me sirva para afrontar este miedo estúpido.
| Paisaje lunar del Parque Nacional Cajas. |
![]() |
| En la cumbre, antes del susto en Cajas. |
Ecuador, un pueblo indígena
Quizás sea un poco injusta la
descripción que hago aquí de los ecuatorianos, pero sólo me refiero a la
impresión que me dieron aquellos con los que traté, no quiero generalizar para
el todo el mundo, porque además cada persona es un mundo.
Me sorprendió ver un pueblo tan
indígena. Entramos por Otávalo, donde la gente va vestida con el traje
tradicional. Me encantó verles así, tan orgullosos de sus raíces. Pero a la vez
sentí que eran más introvertidos y nos costó más entablar conversación con
ellos. Aunque claro, también los estaba comparando con sus vecinos colombianos,
siempre tan abiertos y llenos de alegría. Aún así nos trataron siempre con
amabilidad y respeto. Coincidimos con unos cuantos que habían vivido en España
y han vuelto a su país cuando la situación económica se complicó. Nos hablaron
de esa época con melancolía y me
alegraba comprobar que se habían sentido bien en nuestro país.
| Mercado de los animales en Otávalo. |
| Señora inspeccionando los atributos del cuy. |
También nos quedamos con la falsa
impresión de era un país próspero. Con buenas carreteras, servicios, atención
médica y más caro por la adopción del dólar como moneda oficial. Creíamos que
el pueblo estaba contento con Correa, pero cuando nos tocó vivir de cerca el
paro general, con los cortes en la carretera, escuchando los testimonios de sus
habitantes y observar cuán enfadados estaban con el gobierno, comprobamos que
la realidad era otra. Aunque también admirados por la fuerza con la que
luchaban por defender su país, con orgullo.
| Corte de carretera el día de paro. |
| Piedras en la carretera para impedir el paso de vehículos el día del paro. Cerca de la frontera con Perú. |
La casa de los artistas
Y no quiero acabar la crónica de
Ecuador sin contar uno de los mejores momentos que vivimos en este país.
Nuestros días en la casa de los artistas.
Llegamos a Cuenca en fin de
semana y feriado. Una de las ciudades más turísticas y bonitas de Ecuador, pero
que estaba repleta de turistas, con pocas opciones de alojamiento y más caro.
Cansados de preguntar en todos los hostales nos cruzamos con un argentino que
iba haciendo malabares por la calle y que nos debió ver la casa de desesperados
porque nos preguntó cómo estábamos. Él nos dio la indicación de 3 hospedajes
baratos, a los que sin sus indicaciones nunca hubiésemos llegado: una casa a la
que se llegaba con recomendación, la Pachamama y la casa del terror. La última
directamente la descartamos y más después de conocer los motivos de su fama; la
Pachamana estaba completa, así que optamos por la primera casa. Desde fuera
nada hacía sospechar que ofrecían habitaciones. Nos dio la bienvenida Óscar, un
italiano de pelo rizado con una gran sonrisa que nos invitó a pasar mientras
esperábamos a la encargada. Nos puso al día de que la casa estaba ocupada por
otros chicos y que había muy buen ambiente. Compartía habitación con su dulce
Ornella.
| Reencuentro con Óscar en Vilcabamba, con su puesto de joyas. |
Noemí era la encargada del lugar,
que vivía con su madre en una habitación anexa a la casa. Era un lugar
tranquilo. Con un patio común, cocina. Nos dio el visto bueno y nos asignó una
habitación. Resultó ser una mujer amable, interesada por todos los chicos que
allí convivían y por conocer más de otros países. Me contaba cómo le sorprendía
que en otros países hubiese estaciones marcadas con frío, calor porque allí en
Cuenca hace el mismo tiempo durante todo el año, teniendo frío, calor, viento y
lluvia en un mismo día.
Por regla general, todos los que
se hospedaban allí era por largo tiempo. Todos eran artistas, y se ganaban la
plata (que no la vida) con algunas de sus habilidades y/o pasiones para continuar
viajando. El brasileño Eirin y Natalia de Bilbao, vestían a dúo con tirantes
rojos y pantalón verde y hacían un espectáculo en el que Natalia tocaba el
violín y Eirin subido a un monociclo hacía equilibrios con cuchillos. Vivían
con su perrita Suca que les acompañaba desde Brasil. Ellos nos descubrieron el
poder de las palomitas, que después les copiamos haciéndolas en otros hostales
y cuánto nos sirvieron para cambiar el humor de muchas trabajadoras. Tan sólo
compartiendo un puñado de palomitas : )
Óscar y Ornella también llevaban
un tiempo allí. Diseñaban y fabricaban joyas artesanales, muy bonitas. A pesar
de su juventud, a Óscar se le vía tan resuelto y risueño. Se le notaba la
experiencia de sus viajes. Ornella era tranquila y pausada. A veces hablando
con ella notaba que me miraba fijamente con cara de felicidad y me hacía dudar
si era porque no me entendía hablando tan rápido, si me escuchaba atentamente o
disfrutaba con calma de cada momento, con la serenidad que a mí me falta y a
veces me lleva a acabar las palabras de cada frase. Quiero creer que era una
mezcla de las tres.
| Con Ornella y Óscar. Nos faltaron en la foto Eirin, Natalia y Agustín. |
Y por último estaba Agustín.
Después llegarían de nuestra mano Carina y Ailin, y Adriana y Mat, estos
últimos de regreso de Perú después de haber estado antes un mes en la casa.
Agustín tenía el cuarto principal
que se veía nada más entrar en la casa. Se le veía cómodo en su habitación, con
su computadora, su guitarra y todo lo que necesitaba para componer su música.
Al principio lo noté distante y receloso. Quizás pensaba de dónde salíamos
nosotros, que no parecíamos seguir la tónica de la casa. Luego descubriría que
más bien era timidez. Nosotros no vendíamos
nada y éramos los extraños allí; en realidad vendimos la casa antes de empezar
el viaje, pero nuestro ritmo era diferente y contábamos con la seguridad de un
respaldo económico para continuar el viaje. Pero por suerte en las mentes
viajeras existen pocos prejuicios y no fue motivo de distancia. Al contrario,
estuvimos en la casa muy a gusto y aprendimos muchísimo de ese otro modo de
viajar, viajando lento, con la incertidumbre de adonde llegarás pero satisfecho
de que cada paso que consigues es por medio del propio esfuerzo, del propio
arte.
| Chapatis, hamburguesas vegetarianas y ensalada de tomate y huevo con verduras. |
Agustín cantaba y tocaba la
guitarra. Le escuchábamos sentados desde el banco que había en la entrada y
comentábamos con Alex lo bien que lo hacía. A Alex le supuso plantearse más en serio
su afición por la guitarra que parece que no llega a cuajar pero siempre le
acompaña.
Agustín resultó ser un chico
amigable, cercano, que como Ornella transmitía serenidad. Parecía estar en un
buen momento consigo mismo, satisfecho de dónde estaba y cómo había llegado,
muy espiritual. Hicimos una cena vegetariana antes de que se fuesen los
italianos, y allí les contamos algunas cuantas anécdotas de nuestro viaje. Nos
escuchaban sabiéndolo hacer, curiosos por nuestras historias y nosotros por los
de ellos. Por aquel entonces, aún no teníamos comprado el billete de vuelta a
España, pero ya habíamos decidido que saldríamos desde Sao Paulo y cruzaríamos
todo el continente de izquierda a derecha, pasando por Salta. Agustín nos
invitó a quedarnos en su casa, con su familia y cuando supo que íbamos a pasar
por allí se encargó de ponernos en contacto con sus padres para que nos
recibiesen. Él nos regaló la oportunidad de disfrutar de su familia en su
ausencia y de verdad ha sido un regalo fantástico.
Los últimos en llegar a casa
Y no quiero acabar el relato sin
citar a los últimos en llegar a casa porque también guardo un muy buen recuerdo
de ellos.
El día de la excursión al Parque
Natural de Cajas, cuando acabamos cansados por haber elegido el recorrido más
difícil, haber subido dos veces la montaña (porque casi al final del tramo me
entró el pánico y tuvimos que dar la vuelta), habernos caído, mojado y helados
de frío, Carina y Ailin fueron las dos almas caritativas que nos recogieron en
la carretera, después de que el bus que acercaba a la ciudad pasara de largo.
Como pudimos nos metimos en la parte de atrás, junto a las bolsas, camping gas,
ollas y otros utensilios que llevaba Carina. Ella estaba recorriendo Sudamérica
en su coche, vendiendo ropa y trabajando como voluntaria en diversos proyectos
que encontraba a su paso. Ailin le acompañaba pero estaba al final de su
viaje. Nos reímos mucho con estas dos argentinas que tanta gracia nos hacíamos
mutuamente por cómo hablábamos. Carina llena de buen humor que contagiaba
seguiría viajando hasta que se acabase la plata, pero se notaba que disfrutaba
de cada lugar y de cada momento al máximo. Y como andaban buscando alojamiento,
se hospedaron en la casa de los artistas, al fin y al cabo ellas también lo
eran : )
| Mat, Ailin, Carina y Adriana desayunando en la casa. |
Por último, llegaron el francés Mat
y la madrileña Adriana. Volvían de la selva peruana donde supuestamente a
Adriana le habían echado un mal de ojo pues le habían robado dos veces
seguidas, y una tercera que estaba por venir. Adriana llevaba un año viajando
por el continente, vendiendo pulseras, flores de goma EVA, haciendo
megaburbujas. A Adriana también le hacíamos gracias con nuestras historias, y
nos pedía con su voz tierna y mimosa que nos quedásemos más días. Me pareció
una chica muy dulce y me alegró saber que su ternura sería una gran cualidad
para su trabajo como terapeuta con niños. A Mat me encantaba oírle con su
acento francés hablando en español de allí, con el “ahorita”, “este man” y
ejerciendo de un auténtico chef, limpiando un pescado que se atrevió a comprar
en el mercado por su aspecto fresco y que terminó cocinando en un brasero del
patio cuando nos robaron el gas.
El ladrón de gas
Y por muy impensable que parezca
nos robaron el gas; las cuatro bombonas que había en la casa de las que
nosotros mismos desconocíamos su ubicación.
Un hombre totalmente
familiarizado con la casa y con todo muy planificado se hizo pasar por el
hombre del gas enviado por la encargada que acababa de salir, y como Pedro por
su casa se llevó una a una las bombonas de gas para cambiarlas por otras que no
llegaron. No sabíamos que era una práctica habitual por allí, y le decíamos a
Adriana que no se preocupase por el mal de ojo, que pronto volvería el hombre
con las bombonas de repuesto. ¿Cómo iban a robar el gas? Pero así fue. Lo mejor
fue vernos salir a Mat, Adriana, Noemí (la encargada), Agustín, Alex y yo en busca
de un vecino al que le intentaron robar pero lo impidió pegándole al ladrón. Al
final no lo encontramos porque por miedo, una vecina no quiso darnos la
información pero la imagen de los seis paseando por las calles y preguntando
por el gas resultaba cómica. Como decía Adriana, seis personas tan diferentes que
en otras circunstancias quizás ni nos habríamos cruzado, pero esa es la magia
de viajar, que te permite compartir estas y mil situaciones impensables, con
gente tan diferente que es de la que más se aprende.
Ahora cada uno sigue su rumbo, su viaje, su lucha interna;
espero que Óscar, Ornella, Adriana y Mat por Estados Unidos, trabajando y
ganando mucho dinero para continuar sus viajes; Agustín por Ecuador,
disfrutando del viajar lento, aprendiendo en el camino, encandilando con su
música y siendo consciente cada día más el potencial que tiene como artista; Ailin
disfrutando de su familia en Argentina; Carina, viajando por mucho tiempo y llenando
cada día de experiencias, personas y lugares nuevos; Eirin, Natalia y Suca
preparando su viaje a España; y Alex y yo apurando los últimos días del viaje,
escribiendo los buenos recuerdos de este gran viaje con un poco de melancolía y
que justo hoy hace un año que empezamos.


