viernes, 13 de octubre de 2023

Prefectura de Yamaguchi

 12.10.23 Prefectura de Yamaguchi 

Hoy ha sido un día muy bonito. Tan bonito que sería delito no compartirlo. Me gustará recordarlo cuando vuelva a leerlo algún día, como me pasa con algunos de los relatos de aquí, que releo tiempo después. Porque ahora me acuerdo de los detalles y con esos detalles recuerdo lo que sentía en aquel día.

 

Hoy me ha dicho Alex que tenía preparado un recorrido muy chulo, a ver si salía bien. Y ha salido perfecto. Quizás no le agradezco lo suficiente el trabajo que hace buscando sitios bonitos y a veces me quejo injustamente cuando alguno sale mal, porque llegamos tarde o no podemos verlo.


Ayer fui un día de medio tránsito. Por la mañana pudimos visitar varios sitios, pero la tarde fue en su mayoría ruta de carretera, por eso hoy lo hemos disfrutado mucho más. Con las ganas de ir parando en cada punto del recorrido sin prisa.

 

Unrinji, templo de los gatos

Partíamos desde la michi no eki de Shunan, en la costa este y el primer destino ha sido el templo de los gatos, Unrinji o Nekodera, en Hagi. Este tramo final de la isla de Honshu es más estrecho e ir de un lado al otro de la costa tan solo cuesta poco más de una hora. 

Al llegar me he quejado pensando que era más pequeño, pero habíamos entrado por el lado equivocado.







Es un templo budista de la filosofía zen. Hace 400 años estaba consagrado al soberano feudal Terumoto. Cuando Terumoto murió, su vasallo Motofusa se suicidó. Se dice que el gato de Motofusa se mordió la lengua y murió de pena por la muerte de su dueño.

Según la leyenda, por la noche se podían oír los maullidos en el templo. Hasta que un monje del templo hizo un ritual conmemorativo budista por el espíritu del gato y se dejaron de oír los maullidos.

En 1996, el monje Sumida Jisei llegó al templo y gracias a su pasión y esfuerzo consiguió que la leyenda fuese más conocida de manera que hoy está todo el templo lleno de figuras de gatos, recortes de periódico, revistas, ema de gatos, souvenirs; algunos ilustradores de manga y anime han donado obras de arte con el tema de gatos al templo.

Hay incluso unas cabezas de madera de gato para poderte hacer una foto con ellas.

Antes de llegar al siguiente destino decidimos buscar un sitio para comer en la ruta. Encuentro un lugar a las afueras de Nagato, que lleva varias generaciones haciendo curri japonés. Además hacen dulces típicos como el Yume monaka y el canelé, que compramos para la merienda.





El curri está espectacular, con un punto dulce, un punto picante. Nos pregunta la dueña de dónde somos y a dónde vamos. Se alegra cuando le decimos que vamos a Kyūshū. Le confesamos que el curri está delicioso. Me parece un lugar superbonito, porque además de hacer comida, también hacen café de bombilla e incluso he visto que organizan eventos de jazz y otras actividades. Ideas. Hay tantas cosas que nos gustaría hacer a nosotros! Pero cada vez nos sentimos más raros y no sabemos si funcionarían. Le digo Alex que en realidad no somos raros, solo estamos en el lugar y el tiempo equivocados. 

 

Estanque de Benten

Es un día soleado, con temperatura agradable, unos 24 grados. El paisaje sigue siendo espectacular. Parece mentira que después de tantos días siga emocionándonos. Pero no deja de sorprendernos porque va cambiando. Ahora hay más bosques de bambú y árboles de persimon, que es típico de esta zona. También cambia el color de lo tejados de las casas que por aquí es marrón en lugar de negro o azul. Además del verde y amarillo de los arrozales, hay campos de flores rosas. Imposible no enamorarse.






Llegamos al estanque. Me dice Alex que es muy azul. ¿Más que Kamikochi (un parque nacional donde el agua era turquesa)? le pregunto, pensando que no podría serlo. Pues sí ( zasca). Nunca va a dejarnos de sorprender tanta belleza?


Este estanque está ubicado dentro de un templo sintoísta. Según la leyenda, el jefe de la comunidad cultivó la tierra siguiendo una profecía. Cuando hubo escasez de agua pidió otra profecía le dijo que se consagrara a la diosa Benzaiten (una de los siete dioses de la fortuna) y empezó a brotar agua.



El agua se usa para riego y para consumo. Hay una piscifactoría de truchas al lado y se pueden ver pequeñas truchitas en el estanque. El agua es tan cristalina que con el azul cobalto del estanque se consigue una estampa preciosa.
El agua es de muy alta calidad y se dice que si bebes agua de aquí se prolongará tu vida. Debe ser verdad, porque vemos muchos locales llenando garrafas de agua. ¿Y qué hacemos nosotros? Llenar  las nuestras. Ya no sé cuántas aguas de manantiales hemos probado, las de las bodegas de sake, de fuentes, de manantiales.

Parece una competición por ser el agua más pura. 

En su afán por catalogar todo en este país, encontramos bosques entre los 100 mejores, castillos entre los cien mejores y este agua es una de las 100 aguas más famosas de Japón.

Y es cierto que, acostumbrados al agua de Zaragoza, esta no sabe a nada, es limpia, se nota al hacer el café, al lavarnos el pelo y en lo de la longevidad, tendremos que esperar a comprobarlo.


Motonosumi inari shrine


Seguimos hasta la costa para ver un santuario sintoísta dedicado a la diosa inari, con cientos de toriis rojos alienados junto al mar. El paisaje es precioso. Se hizo famoso porque la CNN lo eligió en 2015 como uno de los 31 lugares más bonitos de Japón.

Hay una caja de ofrenda en lo alto de un torii y se dice que quien consigue meter la moneda allí, conseguirá su tesoro. Alex se divierte con una pareja, tratando de encajar la moneda.


Alex intentando meter la moneda en la caja del torii, con el viento en contra.

Si pasas por ese agujero en la piedra, vencerás las dificultades.



Tsunoshima bridge


Y nuestra última visita de hoy, casi rozando el atardecer. Se trata de un puente que conecta con la pequeña isla de Tsunoshima. Es famoso por su paisaje junto al mar que aparece mucho en televisión. Lo vemos de un lado, lo cruzamos, lo vemos del otro. Las olas acariciando la playa, un chico practicando surf, el mar azul, el sol poniéndose. Un paisaje precioso.


Y con estas preciosas vistas, termina nuestra ruta por hoy. Maravilloso.







 

 

 

Kamikochi. Un día de nuestro viaje

6 de octubre de 2023. Kamikochi-Takayama

Alrededor de las 5:30 nos despertamos. Hace -1 grado (arg, no contábamos con esto). Estamos a 1500m de altura y se nota. Llueve. El pronóstico del tiempo daba despejado. Nos preparamos un café, plátano y media tostada de anko y nos vestimos rápidamente. 

Hoy toca excursión a Kamikochi en los alpes japoneses. Al estar en un parque natural solo se puede acceder en bus. Tenemos que dejar el coche en el parking. Llegamos justo al autobús de las 7 am. Lleno de turistas japoneses, solo quedan 3 huecos. 


Al bajar del autobús me preocupo. Veo a un montón de personas todas equipadas hasta las cejas, con mochilas técnicas, aislante, pantalón térmico, pantalón técnico más pantalón de lluvia, bastones. Cada uno lleva más de mil euros encima. Yo con mallas y Alex en vaqueros. ¿No iba a ser esta una excursión fácil? Alex me dice que los demás van a subir a una montaña cercana y otros van a acampar allí. Vemos algunas parejas que tampoco van muy equipadas (me consuelo).  Una chica de una familia vietnamita se está poniendo compresas dentro de las zapatillas Converse. Después llega uno que ha subido en bicicleta hasta aquí (se puede estar más loco? Los ciclistas son nuestros héroes!).
Con lluvia y frío imposible salir así. Me enfado con la situación. Solución rápida: compramos unos pantalones de plástico en la tienda de souvenirs y eso nos salva el día. A la marcha!



Nuestros amigos los osos

Leemos la información en el centro de visitantes. 
Volcán activo nivel 1, mucha variedad de plantas, monos agresivos, no alimentarlos. Y osos. 
Ocho días antes un oso ha atacado a un trabajador del parque. Nos enteramos de que los osos pueden alcanzar una velocidad de 50km/h y son grandes trepadores y nadadores. Uf. Empezamos la ruta detrás de una pareja y tratamos de no adelantarlos, por si acaso.

   En el camino. 

Al final el recorrido que elegimos no es tan exigente como otras excursiones, así que a pesar del clima, podemos completarlo sin mucho esfuerzo. Comenzamos la excursión con lluvia, se ve nieve en las montaña.  Al llegar a un puente hace mucho viento y finalmente se despeja y podemos disfrutar un poco más del paisaje y el azul turquesa de las aguas. Cuando empezamos a volver nos cruzamos con mucha gente que llega. Hemos hecho bien en madugrar.

 







Volvemos al parking y debatimos la ruta. Si fuese por Alex visitaríamos cada pueblecito bonito que nos cruzamos, y son muchos. Yo sigo pensando que no nos va a dar tiempo a llegar hasta al sur y volver a Nagano para el 12 de noviembre para hacer la kurabito stay, una estancia de 3 días en una bodega de sake a la que Alex me apuntó por sorpresa.


Saliendo del parque natural.

Decidimos adelantar en la ruta. Estamos al lado de Takayama, un destino turístico en los Alpes japoneses, con casas antiguas por el centro de la ciudad, muy bonito pero que ya habíamos visitado hace 11años. Como nos viene al paso decidimos parar; recordamos algunos sitios; es muy bonito, sí pero hay muchos turistas y demasiadas tiendas de souvenirs. 

Takayama.


Antes de entrar a Takayama, paramos a comer. Me toca elegir y quiero sorprender a Alex. Entramos en un restaurante que se llama Paseri (perejil). Con un menú del día de comida sana y saludable, todo casero. Al servirnos, nos maravillamos con los colores. Cada platillo que probamos nos parece delicioso y cocinado con cariño. La cocinera nos observa por el rabillo del ojo. Le decimos que está todo delicioso. Brotes de soja, raíz de loto, ensalada, ensalada de patata, tofu, berenjena, medio huevo, mini hamburguesa con tomate, sopa de miso, té y arroz integral.



Hay opción de postre y café y cansados de la excursión decimos a todo que sí. De postre, flan de calabaza con caramelo. Cómo está servido ya enamora.




Hacia rutas salvajes

Y después del paseo por Takayama, seguimos ruta. Google nos da dos opciones y elegimos la que parece que tiene menos curvas. Pero estamos en los alpes y estamos en Japón, donde los árboles y las plantas a veces parece que se comen la carretera. Primer tramo, puerto de montaña. Aún hay luz y voy muerta de miedo pero veo el camino. Segundo tramo, carretera en medio de campos, arrozales, cada vez más estrecha, más y más. Está oscuro y en Japón a penas hay luz en las carreteras. Hay muy poca contaminación lumínica en las ciudades y por supuesto en los pueblos. Me parece genial excepto cuando tenemos que conducir por rutas como esta. Pero si esto parece un camino, Alex? En la señal pone ruta XX, en teoría es una carretera. En general las carreteras están muy bien, pero a veces se nos olvida que para moverte entre dos puntos hay que cruzar bosques, ríos, montañas,valles sin perturbar mucho los alrededores.

Ha oscurecido, se pone niebla y vemos cómo la humedad se evapora del suelo. Parece una escena de Twin Peaks.Tengo todos los músculos del cuerpo en tensión. Llegamos al lado de un río y no hay protección. Giros prácticamente en L. Empiezo a lloriquear de miedo, a contener la respiración en cada giro. Alex sigue tranquilo. Menos mal, si lo notase preocupado me daría un ataque de pánico. Me calma. Aplico mi técnica del divide y vencerás. Divido en tramos pequeños la distancia que nos queda, 9,2km - 9,1km bajamos al 8, la tensión sigue. Por supuesto no se ve ni un coche. 

Aparece un ciervo que se oculta en el bosque. Veo el brillo de sus ojos y otros a su lado. Más adelante Alex ve unos restos de huesos con sangre. Maldigo a Google maps y la inteligencia artificial. Cuando no hay inteligencia humana, pasan estas cosas. 

Por fin llegamos a una carretera y respiro. Hay un Family Mart y paramos a tomar algo. Pensé que nunca saldría de allí.

Hoy toca parada en una área de servicio de dinosaurios. Pero le pido a Alex ir a cenar antes a la ciudad de al lado para quitarme el miedo de encima. Demasiada tensión para solo un día. 


Con nuestros pantalones de plástico salvavidas.




martes, 10 de octubre de 2023

El sur no-sur de Japón

Han pasado muchos días (en tiempo) y muchas cosas (en espacio) y todas esas cosas extendidas darían para muchos días, así que me cuesta poner un orden cronológico aquí y hacer un resumen de todo. Parece que estoy excusándome todo el tiempo, pero es así. Me dice Alex, pues cuenta un día. Y eso hago. Pero se me alarga y lo dejo en otra publicación. 

9 de octubre de 2023. Okayama

Hoy estamos en Okayama, después de haber dejado atrás Himeji, Kobe y Matsumoto. Se supone que estamos en el sur, aunque Alex dice que Japón no tiene sur, solo este y oeste.  Y que los japoneses no dicen me voy al sur, dicen me voy al este o me voy al oeste. Bueno, pues estamos en la parte baja del lado este. 
Castillo de Okayama


Gente del sur

Después de más de un mes en este país, nos sorprende llegar aquí y notar el cambio de la gente. Son más abiertos, más amigables, te miran más; si sienten curiosidad mantienen la mirada sin apartarla  o mirando de soslayo como hacían los del norte; te sonríen, algunos te preguntan. Son más ruidosos, menos ortodoxos, visten de manera más desenfadada; e incluso hemos visto a algunos tirar un papel al suelo, llevar la música del coche alta, gritar y reír fuerte en una tienda. Tantos días acostumbrados a la discreción japonesa, a su rigidez, que este cambio nos llama la atención.  Nos hace sentir más relajados. Los jóvenes son más macarrillas   y algunos mayores más perjudicados; no todo es tan perfecto de cara a la sociedad. 



Me doy cuenta que después de tantos días viviendo sus normas sociales, las hemos interiorizado hasta tal punto que nos hemos vuelto muy críticos, incluidos con nosotros mismos.  La gordofobia, la presión por hacer lo correcto, siempre lo mejor, son factores que no me gustan pero he llegado a entenderlos y al aplicarlos en mí me crea malestar y decepción personal. Y de repente este cambio en la gente, me alegra por ver esa pequeña "imperfección", ese lado más humano y menos sobrehumano.









Como curiosidad, al leer las críticas de google de algún negocio, restaurante o lugar, resulta increíble lo duros que son evaluándolo. Casi no hay valoraciones (globales) altas y muchos aprovechan para criticar si alguien no ha hecho lo correcto, por ejemplo, si un empleado no ha contestado en el tono adecuado o ha hecho su trabajo bien. 



Estos días nos hemos movido entre Fukui, Kobe, Himeji y Okayama. Alternando destinos más conocidos, como Himeji (por su castillo) y Kobe, con otros más tranquilos como Fukui y Okayama.

En Fukui visitamos el templo budista de filosofía Zen que nos llena de paz y tranquilidad por el entorno. La ciudad no es muy grande y es cómoda para pasear y explorar. 


Paz en Fukui.




Sin embargo, llegamos a Kobe, ciudad grande, extensa, con puerto. Con un área metropolitana muy grande. Difícil para moverse y lloviznando todo el tiempo que pasamos allí. Eso nos dificulta movernos. Hay que buscar un parking que no sea muy caro y que esté más o menos céntrico. Localizamos uno cerca de la terminal de ferry pero para encontrar la entrada tenemos que pasar dos veces sus puentes. El de un lado es rojo y el otro de repente se vuelve subterráneo y nos damos cuenta que va debajo del mar! uf, uf,uf.

El ambiente en El Barrio chino nos anima, aún así para mí Kobe, demasiado grande. 




Al día siguiente Himeji nos recibe con sol, está en la ruta de muchos itinerarios turísticos y se nota que hay más extranjeros. Para nosotros resulta más fácil aparcar, explorarla, quererla; tomar un café, probar uno de los platos típicos de allí, noodles con salsa de miso o salsa de tomate donde "untar" los . Son el número 1 y por eso los elegimos. Esa costumbre tan simpática de marcar qué platos son los más vendidos. 





Los paisajes de carretera nos siguen dejando embobados. Cuando no es montaña, son arrozales, amarillo, verde o el mar con acantilados, playa, barcos, casas preciosas. De verdad que no exagero y puedo afirmar que si tuviese que elegir un único país para viajar, sería este. Si ya me parecía bonito las veces anteriores que lo hemos visitado esta vez, viéndolo más a fondo y tan diferentes lugares, me parece alucinante y me pregunto muchas veces  y le pregunto también a Alex cómo han podido llegar a este nivel de perfección en todo. 






Prefectura de Okayama

En Okayama hacemos un descanso. Hoy toca hotel. Después de tantos días de camper alternamos algún día de descanso para disfrutar de ciertas comodidades. Y eso que nos hemos acostumbrado tanto a la toherita que somos tres los que viajamos juntos.



Hemos hecho nuestras muchas rutinas. La de buscar nuestro club, la Michi no eki (área de servicio) del día. Hasta nos hemos vuelto un poco exigentes y acomodados, que ahora no nos sorprende cualquier cosa. Un día una Michi no eki tiene un helipuerto, otro, un museo de dinosaurios, un mirador frente al mar. Sobrepasa cualquiera de nuestras expectativas. Y me parece la excusa perfecta que tienen para parar mientras conduces. Me doy cuenta que son muchos los que acuden para ver y evaluar lo que hay. 

Helipuerto de la Michi no eki.


Michi no eki dedicada al Daruma con dos darumas para ponértelos en la cabeza.


La Michi no eki sirve para conocer y promocionar los productos locales de cada prefectura, vender las frutas y verduras de la zona, probar los platos característicos y disfrutar de la temática que tienen. Y por supuesto como siempre, los baños limpísimos. A veces más de lo que puedes encontrar en un buen hotel. 





Okayama es otra ciudad que nos gusta. En nuestro veredicto de si sería una buena ciudad para vivir, la respuesta es sí. La temperatura es un poco más cálida, unos 24 grados. Pasear por la tarde con las luces de neón, por las galerías, dejarse llevar.

Kurashiki

Antes de dejar la prefectura de Okayama, visitamos Kurashiki. Tengo la manía de conectar recuerdos, olores, sensaciones. Y al llegar, siento que este lugar me recuerda al Hoi An de Vietnam, y al Lijiang de China. Los tres son pueblos turísticos, que además de serlo, se han hecho bonitos, o se han preparado para serlos, quizás no sean tan reales, pero a pesar de ello, son muy agradables para perderte en ellos. Y eso hacemos. 





Tomamos un café de especialidad, pido un cortado porque así lo tienen en el menú. Y madre mía, mira que hemos probado cafés en muchos sitios pero este, no sé si ha sido el momento, el ver la dedicación de cómo lo preparaba, que se notaba que disfrutaba haciéndolo, me ha parecido el mejor café que he probado hasta ahora. Me preocupa porque acostumbrarse a este nivel de perfección en todo hace que después todo lo demás ya no sea igual. La vuelta va a ser muy dura. No quiero ni pensarlo. 



En fin, acabamos el día viendo el atardecer desde un mirador, con vistas al mar interior de Seto y a las islas que lo rodean. Este mar se encuentra entre la isla principal de Honshu (donde estamos ahora), Shikoku y Kyushu, que son las que visitaremos después y a las que tengo muchas ganas de ir. No sé por qué ese "sur" me llama mucho.