jueves, 2 de noviembre de 2023

Entre Kyushu y Shikoku

Tendré que bautizar esta entrada como Frankenstein, después de que he ido añadiendo remiendos conforme el viaje avanzaba más rápido de lo que yo podía escribir.
Empecé escribiendo sobre la isla de Kyushu, después pasamos a Shikoku y justo hoy ya hemos vuelto a la isla principal de Honshu, donde están Tokio y Kioto. En concreto, escribo desde Osaka. Me gusta mucho Osaka, pero qué diferente ha sido volver hoy.

 
Isla de Kyushu

Qué curioso es llegar a un lugar que habías imaginado y compararlo con la realidad.

Yo sabía que Kyushu me iba a gustar. Se lo dije a Alex. Es el sur, al menos para mí. La imaginaba tropical, con palmeras, sol y mar. 


Fue cuando llegamos a Aoshima, ese domingo, con las palmeras del paseo y la playa, el mercadillo de yoga y productos naturales cuando me di cuenta que ese ambiente era el que más se acercaba a lo que había creado en mi cabeza.

Allí conocimos a una pareja de una japonesa y un ecuatoriano. Fue agradable compartir con ellos impresiones del viaje, de Ecuador, de España y de Japón. Él llevaba tres meses viviendo allí y les sorprendió que conociésemos tanto del país y de la comida.


Aquí parece que la vida se toma con más calma, y lo agradezco muchísimo. 

Salvo en grandes ciudades como Fukuoka, casi no se ven turistas. Así que cuando nos ven con el coche, lo primero que hacen es mirar la matrícula y decir en alto "Narita".  

Estación de Fukuoka.

                                            Contraste.                                         Árbol de 3000 años.

Por otro lado, qué limitada mi imaginación, porque no podía imaginar que en esta isla pudiésemos encontrar tal diversidad de paisajes. Por un lado está el lado de costa precioso con el mar azul de agua cristalina y por el otro, las montañas o un árbol de 3000 años. O campos extensos de flores cosmos, pelusas (así es como he bautizado al ciprés de verano) y otras tantas que ni conozco su nombre. 

                                 

Pelusas

O los volcanes, con el olor a azufre, el vapor emanando de las alcantarillas en Beppu, que se utiliza para cocinar al vapor y para los más de 2900 aguas termales de la ciudad. 

Para cocinar al vapor.

Calles de Beppu

Onsen privado (aguas termales).

No solo es bonita la naturaleza en sí, sino cómo la integran en  su vida. Me sorprende cómo a pesar de su avanzadísima edad, mantienen el cuerpo en forma a base de cultivar su huerto o jardín, de plantearse retos como subir una montaña. Hasta visitar un templo a veces supone un esfuerzo físico y a la vez, un momento de paz por encontrarse rodeado de árboles.

3333 escaleras hasta llegar al templo, rodeado de árboles, con ciervos por el camino.


Seguimos nuestra ruta de visita a bodegas de sake. Vemos cómo se elaboran algunos productos artesanos, como un vinagre negro que Alex usaba en el restaurante japonés de Kuala Lumpur. Se fermenta en tinajas al sol en Kagoshima; aprendemos cómo se elabora y hacemos una cata de varios tipos, alguno añejo de 5 años. Todos riquísimos. Huelga decir el detalle con el que explican todo, para que lo entiendas de forma clara pero a la vez muy educativo.



Tinajas de vinagre negro.

Cata de vinagres.


No es que quiera idealizar todo lo que hay en Japón. Al contrario, soy la primera que cuando alguien me ha venido con la historia de que todo es tan bonito, la gente tan amable y todo tan ideal, les enumero varias razones de por qué no todo es tan perfecto.


Pero de verdad que poder viajar así, con esta calma, apreciando el día a día, descubriendo lo fácil que a veces pueden ser las cosas,viviendo tan de cerca con la naturaleza,viendo cómo la inteligencia se aplica para mejorar la sociedad, cómo no hay gritos, ni malas maneras, ni malas caras, ni suciedad, ni malos olores (de humo)  salvo en las áreas asignadas, como impera la belleza en todo, te da una calma mental inexplicable fuera de aquí.











Quizá a otras personas no les ocurra, pero a mí, que vivo en una sociedad en la que siento que soy diferente, que hay tantas cosas que no me gustan y que me siento tan incomprendida hasta por los más cercanos, aquí me siento en paz. 


Este tiempo no solo de viajar, sino de vivir nos está ayudando mucho. Es la misma sensación que tenía cuando viajamos en la vuelta al mundo. Sentir que eres dueña de lo que haces, que decides cómo utilizas tu tiempo y que haces cosas que no hacías en tu día a día porque no te parabas a pensar en lo que la vida es de verdad. El contacto con la naturaleza, contemplar, respirar. Cuánto lo decía en aquel viaje y lo repito en este.

Supone un reto llevar la contraria a todo y a todos, por eso cuando conocemos a alguien especial, que ha llevado otro camino, me hace feliz y trato de aprender de él o ella. Como nos pasó con aquí. Como el otro día cuando vi el brillo en los ojos de una mujer que recopilaba cacharros antiguos y había hecho famoso a su pueblo. 


Y cuando pienso en volver, siento que otra vez tendré que encerrarme en mi caparazón y crear un espacio propio que sea nuestro paraíso, como hicimos con espacio Tōhō. No volver a hablar de mis inquietudes salvo con el que esté interesado en preguntar  y fingir que me importan las banalidades y los caramelos de consumo material que entretienen de lunes a viernes. Intentar fingir ser normal para no crear enfrentamientos. 




Por suerte, tengo a mi lado a Alex. Sin él todo sería mucho más difícil para mí.  Aunque lo gestione de otra manera o quizá sienta diferente, nos comprendemos mutuamente y eso incrementa nuestra rareza por dos. 


 Shikoku, un recuerdo

Esta foto fue tomada el 4 de octubre de 2015. Estábamos en Salta, Argentina, en la preciosa casa de San Agustín. Carlos y Soledad nos acogieron después de que coincidiéramos con su hijo Agustín en Cuenca (Ecuador) y nos dijese que fuésemos allí en nuestro tramo final del viaje de vuelta al mundo. 


Recuerdo perfectamente esta comida familiar con sus hijos y nietos en la que nos preguntaron qué proyectos teníamos a la vuelta. Les comentamos que queríamos recorrer la isla de Shikoku en el sur de Japón para documentar el camino de los 88 templos. Por aquel entonces no era tan famoso y no había mucha información en español. Me parecía algo tan lejano y tan complicado de realizar que lo decía sin mucho convencimiento.

Una semana después, en el barrio japonés de Sao Paulo compramos un libro en portugués sobre el Shikuko Henro. Permaneció en el olvidó para mí, en alguna caja de mudanza hasta recuperarlo días antes de emprender este viaje. Y me alegro, porque ha supuesto llegar con la pizarra en blanco para dejarme asombrar por todo el encanto de esta isla, aunque sea con otro propósito; recorrerla con tranquilidad y la calma que aquí impera, y hacer algún tramo para visitar algunos templos.

Desde mi ignorancia cultural, solo por lo que observo a mi alrededor, noto que las personas de aquí son diferentes físicamente, algunas más altas que la media;  vemos más familias de 3 hijos (como en Kyushu y poco habitual en la isla de Honshu); otras con rasgos diferentes que no parecen japoneses; son más alegres; se acercan más a hablarnos y he leído que tienen fama de ser los más simpáticos del país. Sinceramente, a veces pienso que son todo imaginaciones mías y se debe a esa manía de clasificar e inventar historias.
Hoy (otro hoy) hemos oído hablar a una pareja de pescadores y no parecía que hablasen japonés. Aquí tienen un dialecto que otros japoneses ni siquiera entienden. 




Si me encantó la isla Kysuhu, Shikoku también me está enamorando por esa calma y ese ambiente de era Showa. Nosotros mismos hemos adoptado ese ritmo y ya no nos importa tanto ver muchas cosas sino disfrutarlas con tiempo.

Da la sensación de que esta isla está más olvidada en el mapa, anclada en los años 70 u 80.  Si no fuera por el camino del Shikoku y los peregrinos que vienen a hacerlo, creo que aún se verían menos turistas.




Pasamos de una isla a otra fue sencillo. Cruzamos en ferry para ganar tiempo y distancia, en un trayecto de una hora entre Saganoseki y Misaki. Normalmente, cuando cambio de un destino que me ha gustado mucho a otro me da pena (ese apego emocional que hay que trabajar). Sin embargo, Shikoku nos recibió tan amablemente que casi no notamos el cambio.



En cambio hoy al llegar a Osaka ha sido un shock. Después de cruzar Kobe y Osaka con tráfico (mañana es festivo y puente) hemos ido al barrio en la que solíamos alojarnos y nos ha impactado el ambiente. Borrachos cruzando mal por la calle, otros sentados en la acera bebiendo, otro tirado en el suelo dormido, olor a pis. Más suciedad. Parece que la zona ha empeorado, no sé si víctima de los efectos de la covid o de la economía, pero nos ha dejado impactados, más aún viniendo de la tranquilidad de Shikoku.

Otro día continuo con los peregrinos, las comidas, el love hotel y otras aventuras de Shikoku. Ahora toca dormir y procesar.




viernes, 13 de octubre de 2023

Prefectura de Yamaguchi

 12.10.23 Prefectura de Yamaguchi 

Hoy ha sido un día muy bonito. Tan bonito que sería delito no compartirlo. Me gustará recordarlo cuando vuelva a leerlo algún día, como me pasa con algunos de los relatos de aquí, que releo tiempo después. Porque ahora me acuerdo de los detalles y con esos detalles recuerdo lo que sentía en aquel día.

 

Hoy me ha dicho Alex que tenía preparado un recorrido muy chulo, a ver si salía bien. Y ha salido perfecto. Quizás no le agradezco lo suficiente el trabajo que hace buscando sitios bonitos y a veces me quejo injustamente cuando alguno sale mal, porque llegamos tarde o no podemos verlo.


Ayer fui un día de medio tránsito. Por la mañana pudimos visitar varios sitios, pero la tarde fue en su mayoría ruta de carretera, por eso hoy lo hemos disfrutado mucho más. Con las ganas de ir parando en cada punto del recorrido sin prisa.

 

Unrinji, templo de los gatos

Partíamos desde la michi no eki de Shunan, en la costa este y el primer destino ha sido el templo de los gatos, Unrinji o Nekodera, en Hagi. Este tramo final de la isla de Honshu es más estrecho e ir de un lado al otro de la costa tan solo cuesta poco más de una hora. 

Al llegar me he quejado pensando que era más pequeño, pero habíamos entrado por el lado equivocado.







Es un templo budista de la filosofía zen. Hace 400 años estaba consagrado al soberano feudal Terumoto. Cuando Terumoto murió, su vasallo Motofusa se suicidó. Se dice que el gato de Motofusa se mordió la lengua y murió de pena por la muerte de su dueño.

Según la leyenda, por la noche se podían oír los maullidos en el templo. Hasta que un monje del templo hizo un ritual conmemorativo budista por el espíritu del gato y se dejaron de oír los maullidos.

En 1996, el monje Sumida Jisei llegó al templo y gracias a su pasión y esfuerzo consiguió que la leyenda fuese más conocida de manera que hoy está todo el templo lleno de figuras de gatos, recortes de periódico, revistas, ema de gatos, souvenirs; algunos ilustradores de manga y anime han donado obras de arte con el tema de gatos al templo.

Hay incluso unas cabezas de madera de gato para poderte hacer una foto con ellas.

Antes de llegar al siguiente destino decidimos buscar un sitio para comer en la ruta. Encuentro un lugar a las afueras de Nagato, que lleva varias generaciones haciendo curri japonés. Además hacen dulces típicos como el Yume monaka y el canelé, que compramos para la merienda.





El curri está espectacular, con un punto dulce, un punto picante. Nos pregunta la dueña de dónde somos y a dónde vamos. Se alegra cuando le decimos que vamos a Kyūshū. Le confesamos que el curri está delicioso. Me parece un lugar superbonito, porque además de hacer comida, también hacen café de bombilla e incluso he visto que organizan eventos de jazz y otras actividades. Ideas. Hay tantas cosas que nos gustaría hacer a nosotros! Pero cada vez nos sentimos más raros y no sabemos si funcionarían. Le digo Alex que en realidad no somos raros, solo estamos en el lugar y el tiempo equivocados. 

 

Estanque de Benten

Es un día soleado, con temperatura agradable, unos 24 grados. El paisaje sigue siendo espectacular. Parece mentira que después de tantos días siga emocionándonos. Pero no deja de sorprendernos porque va cambiando. Ahora hay más bosques de bambú y árboles de persimon, que es típico de esta zona. También cambia el color de lo tejados de las casas que por aquí es marrón en lugar de negro o azul. Además del verde y amarillo de los arrozales, hay campos de flores rosas. Imposible no enamorarse.






Llegamos al estanque. Me dice Alex que es muy azul. ¿Más que Kamikochi (un parque nacional donde el agua era turquesa)? le pregunto, pensando que no podría serlo. Pues sí ( zasca). Nunca va a dejarnos de sorprender tanta belleza?


Este estanque está ubicado dentro de un templo sintoísta. Según la leyenda, el jefe de la comunidad cultivó la tierra siguiendo una profecía. Cuando hubo escasez de agua pidió otra profecía le dijo que se consagrara a la diosa Benzaiten (una de los siete dioses de la fortuna) y empezó a brotar agua.



El agua se usa para riego y para consumo. Hay una piscifactoría de truchas al lado y se pueden ver pequeñas truchitas en el estanque. El agua es tan cristalina que con el azul cobalto del estanque se consigue una estampa preciosa.
El agua es de muy alta calidad y se dice que si bebes agua de aquí se prolongará tu vida. Debe ser verdad, porque vemos muchos locales llenando garrafas de agua. ¿Y qué hacemos nosotros? Llenar  las nuestras. Ya no sé cuántas aguas de manantiales hemos probado, las de las bodegas de sake, de fuentes, de manantiales.

Parece una competición por ser el agua más pura. 

En su afán por catalogar todo en este país, encontramos bosques entre los 100 mejores, castillos entre los cien mejores y este agua es una de las 100 aguas más famosas de Japón.

Y es cierto que, acostumbrados al agua de Zaragoza, esta no sabe a nada, es limpia, se nota al hacer el café, al lavarnos el pelo y en lo de la longevidad, tendremos que esperar a comprobarlo.


Motonosumi inari shrine


Seguimos hasta la costa para ver un santuario sintoísta dedicado a la diosa inari, con cientos de toriis rojos alienados junto al mar. El paisaje es precioso. Se hizo famoso porque la CNN lo eligió en 2015 como uno de los 31 lugares más bonitos de Japón.

Hay una caja de ofrenda en lo alto de un torii y se dice que quien consigue meter la moneda allí, conseguirá su tesoro. Alex se divierte con una pareja, tratando de encajar la moneda.


Alex intentando meter la moneda en la caja del torii, con el viento en contra.

Si pasas por ese agujero en la piedra, vencerás las dificultades.



Tsunoshima bridge


Y nuestra última visita de hoy, casi rozando el atardecer. Se trata de un puente que conecta con la pequeña isla de Tsunoshima. Es famoso por su paisaje junto al mar que aparece mucho en televisión. Lo vemos de un lado, lo cruzamos, lo vemos del otro. Las olas acariciando la playa, un chico practicando surf, el mar azul, el sol poniéndose. Un paisaje precioso.


Y con estas preciosas vistas, termina nuestra ruta por hoy. Maravilloso.