Estos días se ha celebrado en
Nepal el Diwali, el año nuevo hindú y conocido como el festival de las luces. Es una fiesta de origen hindú que
dura unos 5 días. La gente decora las casas y las calles con flores y luces,
estrena ropa, pinta las fachadas de las tiendas y hasta asfaltan la calle para
mostrar la mejor cara de la ciudad. Centenares de niños como los que nos
paraban durante el trekking se acercan a la entrada de los comercios a cantar
una canción para que les den una propina. Algunos niñas, que van preciosas vestidas hacen un pequeño baile.
En las entradas de cada comercio
los dueños hacen dibujos a cual más bonito y más colorido para gusto de los
turistas que no paramos de hacer fotos aquí y allí.
Nos cuenta un nepalí con el que
compartimos mesa en la cena, que un día se celebra el día de los perros, otro el de los cuervos, otro
el de las vacas y otro se celebra comiendo con los hermanos. Son días de
compras de dulces, vestidos y todo lo necesario para las fiestas. Todos están
contentos y los más jóvenes circulan en motos y camionetas cantando y bailando.
La vida en Kathmandú
Tantos días en la capital han
hecho que todo nos resulte familiar y hasta reconozcamos a la misma gente: el
albino que vende flautas, el que vende bálsamo de tigre, el mendigo que duerme
en la esquina o los 10 ó 12 que te repiten cada día si quieres droga. También
nos ha ayudado a encontrar nuestros rincones preferidos como el localito de la
señora María que nos prepara en el momento unas momos (empanadillas al vapor)
deliciosas mientras ve la telenovela; el
delicioso café del centro comercial con dibujito incluido con un camarero muy
amable, la bakery con la mejor tarta de queso y el minimarket con los mejor
precios.
Alex como es una brújula no deja
de sorprenderme por su orientación y se mueve como pez en el agua entre
callejuelas que a mí me parecen todas iguales.
La burocracia india
Ayer por fin pudimos ir a la
embajada india (que también estuvo cerrada por fiestas) y recibir la buena
noticia de que nos daban la visa para tres meses, yuhuu! Aún tenemos que volver
el lunes para recoger nuestro pasaporte con el visado, pero después de tantos
problemas, prueba superada: que si foto de pasaporte de tamaño especial,
formulario con mil datos sobre nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos y
hasta de tatuajes, hacer fila en la
puerta 1 hora antes de que abran para asegurar que te atienden y tres visitas obligadas
a la embajada. Eso sí, mientras esperas puedes entretenerte con la estampa más
variopinta de guiris que esperan junto a ti. Unos se ponen a hacer yoga en el
suelo, otros no han visto una ducha en un año, enfados en ventanilla porque no
le conceden el visado a uno, y para colmo un señor mezcla entre señor Barns y
Karl Lagerfield acompañado de su súbdito
que consigue el visado a golpe de talón,…todo un espectáculo.
Con la alegría de tener el visado
pusimos rumbo a la estación para coger un bus a Baktapur.
Baktapur
Ayer visitamos este bonito pueblo
a 20km de Kathmandú. Nos gustó mucho más que Patan o la Durbar square de
Kathmandú. Más limpio y cuidado y también más relajado.
El transporte
Mención especial merece el
transporte. Sólo cogimos taxi el día de llegada contratado por el hotel. El
primer día que fuimos a Patan, a unos 8km de la capital, preguntamos como a
diez personas por el bus hasta subir a uno. Todos muy amables nos fueron
guiando e indicaron correctamente el camino (no como en Tailandia). Existen
autobuses y furgonetas de diversos tamaños, aunque el número de personas que
puede transportar es inimaginable, todo en función de lo apretujado que vayas. Y
desde luego que la vida útil de un autobús por estos lares, puede ser superior
a la de un humano. En cada uno va un chico agarrado de un brazo al vehículo que
va parando en cada parada y gritando los sitios a los que va. No para de pegar
golpes en la chapa a modo de lenguaje con el conductor que debe significar algo
así como “tira”, “espera”, “que sube uno”, “gira”, a veces también acompañado
de silbidos con otro significado concreto. Lo que en un taxi puede costarse 800
rupias (6,5€) en bus te cuesta 25 rupias (0,20€). Si tienes la suerte de coger
asiento al principio tu trayecto puede llegar a ser cómodo, si no, es otro
cantar. Porque aunque parezca que el bus está lleno y no cabe un alfiler, si en
la parada hay gente entrarán sí o sí.
Pharping
Hoy ha sido un día movidito. Por
la mañana hemos preparado una mochila con ropa para dos días y hemos dejado la
mochila grande en el hotel con la esperanza que de siga allí a la vuelta. Sólo
hemos dejado ropa, así que la pérdida tampoco sería muy grande.
Queríamos alejarnos del mundanal
ruido y tras leer que en Pharping había muchos templos budistas, hemos cogido
el bus con la intención de pasar el fin de semana en un templo, si alguno nos
acogía.
Hemos ido a la estación de bus y
nos han indicado el bus que teníamos que coger. Multitud de personas se
agolpaban en la puerta con bolsas. Hoy es día de fiesta y muchos visitan a sus
familiares. Nos hemos quedado parados decidiendo si subir o no porque nos
tocaría ir de pie y en un momento de valentía hemos dicho “pa dentro”. El chico
del bus nos ha indicado que pasásemos al fondo y cuando he podido colocarme y
me he girado para ver a Alex no he podido parar de reír. Tenía que ir con la
cabeza doblada porque pegaba con el techo del bus. Una señora muy amable me ha indicado que me
sentase en el reposabrazos que hace la función de tercera fila de asientos.
Apretujados a más no poder seguía subiendo gente en cada parada nos íbamos
recolocando para que todos cupiesen viniéndome a la mente la locución “por
favor, pasen a la plataforma trasera del autobús”. Cuando ya no cabía nadie
más, ha comenzado la escalada al techo del autobús con cestos incluidos. A
mitad de trayecto se ha ido bajando gente y hemos podido sentarnos; a partir de
entonces ha sido mucho más llevadero. Entre toda esa marabunta de gente ha
subido un chico bastante elegante vestido que enseguida se ha puesto a hablar
con nosotros. Era un bussinessman que había trabajado en India, Singapur y
Manchester. Hablaba un inglés impecable. Venía a hacer unos trámites para
montar un restaurante nepalí en Manchester. Nos ha enseñado fotos del local y
se veía chulísimo.
En Nepal todo el que sepa algo de
inglés se acerca a hablar con nosotros. Los niños te dicen “hello”, “how are
you?” y te preguntan de dónde eres. Hablar
inglés en un país que depende tanto del turismo es clave para labrarte
un futuro, por eso es una de las principales asignaturas en las escuelas.
Llegados al pueblo, hemos comido
un Dal Bath, plato preferido de Alex y nos hemos puesto a buscar un monasterio
budista donde dormir. Ha sido fácil, pues en el segundo que hemos entrado nos
han alojado en una habitación al módico precio de 500 rupias. Es un monasterio
escuela, y los pequeños monjitos estaban
hoy de fiesta porque es sábado. Mañana toca día de clase. A la 6h iremos al
rezo común y por la tarde a las 19:30h iremos a verles debatir entre ellos usando
sus conocimientos de lógica.
Aquí también se encuentra uno de
los principales templos hinduistas dedicado a la diosa Kali, diosa de la
destrucción. Los jueves y sábados sacrifican muchos animales y Alex y yo hemos
ido por la tarde a ver ese peculiar ritual, pero nos han contado que el día 23
fue la gran celebración por el Diwali y
hoy estaba todo tranquilo, sin sangre.
Budismo e hinduismo
Esta mañana hemos asistido al
rezo de la mañana. Los niños iban medio dormidos y los mayores los encargados
de poner orden.
Después hemos visitado varios
templos budistas a cual más bonito. Todos limpios y muy bien cuidados en los
que se respira paz. Puedes entrar el cualquiera y te reciben con las manos
abiertas sin pedir nada. Por contra, hemos tenido una mala experiencia en un
templo hinduista donde intentaban engañarnos, pero a estas alturas ya hemos
aprendido bastante.
Nos hemos encontrado a un inglés
que vive por aquí y nos ha indicado un templo para ver. Hemos visto una
celebración espectacular de cantos, trompetas tibetanas y color.
Nos ha venido genial este sitio,
donde se respira paz y tranquilidad, el aire es fresco, limpio y apenas hay
turistas. Hasta los colores son más vivos. Nos vendrá bien para coger fuerzas y
energía para la India. El martes volamos rumo a Calcuta.
