Una vez más llegamos a Medellín
de casualidad, y como todas las casualidades que se han ido produciendo en este
viaje, al final siempre nos llevan a una muy buena razón.
| Vista de Medellín desde la Comuna 13. |
Colombia es el único país del que
no hemos visitado su capital, Bogotá. Una excusa n más para volver a Colombia.
Tantas maravillas nos hablaron de la gente de Medellín que decidimos visitarla en detrimento de Bogotá.
| Escultura de Botero en el centro de Medellín. |
Días antes, y de nuevo por
casualidad, a Alex se le ocurrió enviar una solicitud de couchsurfing a Maria.
No tengo la menor duda de que si hubiese leído yo su perfil, seguro que me
habría parecido la perfecta anfitriona, pero tengo que reconocer que el mérito
de que Maria se cruzase en nuestras vidas es de Alex, y por supuesto de Maria
por aceptarnos.
![]() |
| Alex, Samira, Maria, Alejandro y yo. |
Me cuesta escribir sobre ella,
porque cada vez que me encuentro en este mundo gente tan auténtica y especial
como ella, causan en mí tanto efecto y afecto que no puedo recordarlas sin
emocionarme. Probablemente como me dice mi querida Fréderique soy una persona
más sensible de lo normal, para lo bueno y para lo malo. Y en este caso,
conocer personas de tan buen corazón me llega muy hondo.
A estas alturas de viaje me
siento una privilegiada por la gente que hemos conocido. Me imagino como los
italianos Óscar y Ornella, que compran piedras preciosas en diferentes países y
con ellas confeccionan joyas artesanales tan bonitas que no me atrevo ni a
preguntar el precio porque algunas resultan impagables. Pues así me siento, con
una bolsita llena de preciosas personas que he encontrado en diferentes
lugares, que me resisto a olvidar o a pensar que no volveré a ver y con las que
imagino la perfecta combinación qu resultaría poder tenerlas todas juntas
compartiendo el mismo momento.
Santa Elena
| Santa Elena. |
Para llegar a Santa Elena hay que
coger una buseta azul en el centro de Medellín. Partimos como punto de
referencia del Éxito de San Antonio, nuestro proveedor oficial aquellos días de
cervezas, vino y otros ingredientes para cocinar.
Cruzamos un par de calles,
cortadas por las obras del tranvía de Medellín y llegamos hasta la parada.
Desde allí unos 45 minutos de subida hasta nuestro destino; es el tiempo que
separa el calor, ruido y ajetreo de la
ciudad de la tranquilidad y el fresquito de Santa Elena. El trayecto puede ser
de lo más entretenido cuando suben al bus varios vendedores. También es esta
una costumbre de Ecuador, y puede que suban hasta más personas a vender, pero
la labia y la gracia que tienen los de Colombia no la encuentras en ninguno de
los países vecinos. Nuca se me habrían ocurrido tantos adjetivos descriptivos
para un caramelo de goma, o habría escuchado una retahíla tan larga de frases
para dar las gracias al conductor, disculpas a los pasajeros y llamar la atención en su producto.
Por la tarde, el recorrido tiene
un atractivo más, divisar por la ventana todas las luces de la ciudad de
Medellín que se extienden desde las montañas hasta el valle, que se van
haciendo más pequeñas conforme subimos hasta unos 2200 metros de altura.
| Alex, yo, Fabio, Manu, Lea, Maria, Alejandro y Samira. |
Santa Elena es un “barrio” joven,
así lo dedujimos de las personas que nos bajaron en su coche a la ciudad, Ana,
Felipe y Juan; todos en la treintena, recién llegados al corregimiento y en
busca de tranquilidad. Está envuelto de un aire hippie y de una cultura
ecológica en consonancia con su entorno
natural y presidido por el Parque Arví, donde puedes caminar y perderte por la
naturaleza.
Maria y Samira, el encuentro
Podría decir de Maria que fue una
gran anfitriona, que nos hizo sentir muy bien en su casa y que se preocupó por
nuestra comodidad, pero sería como decir que el Taj Mahal es un edificio de
color blanco. Y como la visión de ese
edificio, Maria es de esas personas que te deslumbran desde el primer momento y
que cuanto más las conoces, más te enamoran. Y eso que pusimos a prueba su
paciencia desde antes de conocernos. Quedamos en una tienda deportiva del
centro, sin saber que justo enfrente había otra con el mismo nombre. Y tardamos
dos horas en encontrarnos, porque por mucho que dábamos cada cual la vuelta a
la cuadra, no llegábamos a cruzarnos. Nosotros con las mochilas de viaje; ella,
con otra mochila grande a la espalda y su hija Samira en brazos. Y con el
calor, el ruido y el cansancio molestando.
Cuando finalmente nos encontramos, ni una queja, ni una mala cara. Solo tratando de quitar peso a las dos horas de espera. Un encanto. No imagina Maria cuanto nos acordamos de ella, y el cariño tan grande que tanto Alex como yo le tenemos, recordándola casi a diario en los momentos cotidianos que compartimos.
Cuando finalmente nos encontramos, ni una queja, ni una mala cara. Solo tratando de quitar peso a las dos horas de espera. Un encanto. No imagina Maria cuanto nos acordamos de ella, y el cariño tan grande que tanto Alex como yo le tenemos, recordándola casi a diario en los momentos cotidianos que compartimos.
| Samira en el jardín. |
Samira tiene 22 meses, por aquel
entonces, 20. La pequeña nos observó atenta durante las primeras horas,
preguntándose quizás por qué esos dos desconocidos les habían hecho esperar
tanto tiempo. Nos estudió un rato con sus divinos ojos azules y cuando le
pareció todo conforme nos dio el visto bueno. Desde ese momento, nos encandiló
con cada gesto desde que se levantaba hasta que quedaba dormida, abrazada a la
pierna de su mamá. Una niña tan viva, tan feliz, tan bailarina y tan enérgica
que el alma de la casa. Echo de menos nuestros
paseos matutinos de la mano, para ir a ver a los terneritos y llevarme hasta su
lugar preferido, donde ella se sentía tan a gusto y yo le hacía volver a
regañadientes porque nos alejábamos mucho de la casa. Una gran exploradora.
Pascal aparecería días más tarde
en escena. Porque la primera intención era quedarnos dos noches, después cuatro
y al final fueron nueve. Así que de tanto
que dijimos que queríamos conocer a Pascal, otra vez las circunstancias
lo hicieron posible.
La casa de Santa Elena fue mucho
más que un sitio donde dormir, mucho más que una experiencia couchsurfing.
Aunque si existiera el premio a la excelencia de los anfitriones en
Couchsurfing, sin duda alguna sería para Maria y Pascal.
Lo que consiguió esta familia, es
reunir a un gran número de personas y todos ellos sentirnos tan felices que no
queramos ver el momento de marcharnos de allí. Somos como una comuna hippie, pero bien
avenida; con paz, amor y Maria.
| Alfredo, Iván, Fabio, Alex, yo, Maria, Manu, Pascal, Samira y Óscar. |
No podría cansarme de escuchar
las historias de Maria. En la cocina, mientras preparábamos la cena o
fregábamos los platos, me contaba acerca de su familia, de su pasado, de su
vida, de sus amores. Con esa dulzura colombiana y con ese don de palabra que
tanto me ha admirado de ese país. Siempre digo que en Colombia saben tratar
mejor al idioma que en España. Pero que a veces se convertía en un recio alemán
para imitar a Pascal o en un cantarín italiano, para imitar a Fabio.
Y es que Maria es así de
transparente, con un corazón enorme y con esos ojos verdes preciosos que transmiten
pura emoción, puro amor. Siempre pendiente de todos, siempre tratando de crear
el mejor ambiente, haciéndonos reír…. Y no sigo porque si me lee Pascal va a
pensar que estoy vendiendo su novia : )
Alejandro, Pura Vida
El mismo día que llegamos nosotros
a Santa Elena, llegó por la tarde Alex, o Alejandro para diferenciarlo del
nuestro. Alejandro venía de Costa Rica donde había estado haciendo su máster
(si mal no recuerdo). Y aunque francés de nacimiento, había estado también
viviendo en Canadá. Supongo que todo ese bagaje cultural también ha tenido que
ver en su manera de vivir. Tan abierto, tan cariñoso y tan humano. Es el
francés con menos acento francés que conozco y resultaba graciosísimo
escucharle hablar español con expresiones latinas, “ahorita”, “super” y a veces
con sus gestos tan femeninos! Siempre dispuesto a hacernos reír a todos, a
animarnos si nos veía preocupados. Pura vida, porque se le veía disfrutar con
cada momento, tan alegre. Sin duda, un excelente compañero de viaje y atento
con todo el mundo. Le veía cómo se acercaba a preguntar a la gente, siempre con
desparpajo, con simpatía y con educación. Y me divertía ver a los dos Alex
juntos, con sus bromas, con sus risas. Escondiéndole a Maria, mandarinas por
toda la casa. Otra piedra preciosa que guardamos en la colección.
Lea, la encantadora Cinderella
Al día siguiente llegó Lea, una
chica alemana que estaba viajando sola por Latino América. Lea aportaba la
tranquilidad y calma que necesitaba el grupo. Tenía unos pies muy delicados que
debía curarse cada día porque le salían ampollas. De allí le vino el apodo de
Cinderella, aunque más lo merecía por su cara de porcelana, con unos ojos
azules increíbles y unas facciones tan lindas que bien podría haber sido la
protagonista de un cuento de hadas. Su cara transmitía serenidad, y en nuestros
paseos me fue contando sobre su vida, sus decisiones, su aventura. Resultaba
tan agradable escucharla, tan dulce. El día que nos robaron y nos llevaron en
el furgón policial a la comisaría para poner la denuncia, Alejandro y ella nos
estaban esperando en la puerta. Salir del furgón y recibir su abrazo y cariño
fue muy reconfortante.
| Rebeca, Pura Vida y Cinderella. |
| Rebeca, Alejandro y Lea. |
| Posado en la Comuna 13. |
| Comuna 13. |
| Descansando en la Comuna 13- |
Junto con los dos Alex
compartimos varias excursiones a Guatapé, donde también conocimos a su amiga
Rebeca y al barrio de la Comuna 13 en Medellín.
Rebecca, la inspiración
Nos conocimos brevemente, pero me
encantó charlar con ella y conocer cómo había hilado su vida hasta llegar al
presente. Aparentes nudos de casualidades que le llevaron desde Canadá hasta
Buenos Aires y que me fascinaron por el poder de los actos insignificantes que
luego son el hilo conductor de nuestras vidas. Disfruté conociendo su historia
y me alegré por sentirla satisfecha con el resultado, feliz con su presente.
| En Guatapé, Alex, Alejandro, Lea, Rebecca y yo. |
Y tuvo mérito conocerla, porque
no se lo pusimos fácil. Lllegamos más de una hora tarde al lugar donde habíamos
quedado y cansada de esperarnos decidió tomar por su cuenta el autobús a
Guatapé. Por suerte, coincidimos en el mismo vehículo y compartimos con ella el
día. Pero ingratos de nosotros, no le avisamos que habíamos comprado comida en
la estación, y por si fuera poco la espera previa, le tuvimos en ayunas durante
un buen rato.
| Lea, Rebecca, Alejandro y Alex subiendo a la piedra de Guatapé. |
Pero aquel día de los nombres
repetidos, dos Rebecas, dos Alex y una Lea bautizada como Rebeca 3 fue un día
estupendo. Con las preciosas vistas desde lo alto de la montaña, el inesperado
chapuzón de Alejandro tirándose desde el puente y la deliciosa limonada de
coco.
Fabio y Manu, a la orden bienpueda
Esta pareja de italianos llegaron
a la casa sin mucho alboroto, discretos, viendo cómo Alejandro, Lea, Maria,
Samira y nosotros ya teníamos mucha confianza. Pero Maria, siempre con su
delicadeza y su atención para con todos, se encargó de que también ellos se sintiesen a
gusto, y se integrasen en el grupo para una fácil convivencia. Así, poco a poco
fuimos conociendo los intereses de Fabio y Manu que también hacía todo lo
posible para disfrutar al máximo de su viaje, involucrándose en la cultura de
los países que les acogen, viviendo con contacto con la naturaleza. Conocimos
su modo de viajar, más pausado, financiándose en el camino. A Alex y a mí su
experiencia nos sirvió mucho para reflexionar sobre nuestro viaje y creo que
desde que hablamos con ellos, cambió en nosotros nuestras perspectivas futuras
y el ritmo de nuestro viaje. Sin prisa.
Manuela disfrutaba de la compañía
de Samira, y quién no! Si nos derritía el corazón a todos con sus brindis, sus choques de mano y sus
bailes. Manu nos llenaba la casa de su risa contagiosa. Fabio paseaba con su
tranquilidad, respondiendo con su acento italiano su frase mítica “a la orden
bien pueda”, que tanto le gustaba a Maria; observaba detenidamente qué se
cocinaba en la casa, cuando no era él el que nos preparaba junto con Manu
deliciosos platos italianos y no italianos. O charlaba sobre su filosofía de
vida, sus trabajos y su pasión, la fotografía, que tanto gustó a Alex.
Cuando volvimos de manera
inesperada a casa de Maria, después de que nos robasen, lo primero que
recibimos al cruzar la puerta fue el abrazo sincero de Fabio y Manu. Un gran
apoyo en aquel momento en el que nos sentíamos tan desolados y que me llegó al
alma.
Y es que creo que el tema de la
comida fue un gran atractivo en la casa. Porque la mayoría de los que allí
estábamos disfrutábamos cocinando. Así cada día íbamos probando cosas nuevas,
todos unidos a la mesa como una gran familia. Y si era día entre semana, después
de cenar tocaba la serie La vendedora de rosas, famosa telenovela colombiana
basada en hechos reales, a la que estaba enganchada Maria y después también
Alejandro : )
| Preparando la cena. |
Cambio de planes, el robo
No estaba previsto que
conociéramos a Óscar, pero tras el robo que sufrimos en un autobús antes de
dirigirnos a Armenia (la de Colombia) trastocó nuestros planes y tuvimos que
quedarnos allí más tiempo. Mientras Alex corría junto con otros policías por
toda la estación de buses en busca de ladrón, el único consuelo que encontré
fue llamar a Maria para contarle lo sucedido. Cuando más tarde le contó a Alex (y él luego a mí) que cuando supieron
la noticia, Alejandro, Lea y ella se echaron a llorar, yo también me puse a
llorar, en un ciclo infinito de lloros y emociones por esa empatía y
fraternidad. Leído desde fuera puede parecer pura moñería, pero aún a riesgo de
parecerlo, no quiero dejar de plasmar aquí todos esos sentimientos y buenos
momentos que pasamos con ellos. Para no olvidar.
Óscar, homo mochilerus
Óscar es como una canción de
Maná, que aunque no la hayas oído antes te resulta familiar, y que puedes oírla
mil veces sin cansarte porque tiene algo especial que te engancha. Que siempre
te agrada escuchar y siempre tiene algo bueno que contar.
Cuando le conocimos fue como si
continuásemos la charla de un día anterior. Fue tan fácil entablar conversación
con él, y teníamos tantas cosas por contarnos que podríamos acompañarle en su
ruta por Alaska y estoy segura que no habría un minuto de silencio. Cuánto podríamos aprender de Óscar, de sus
retos, de su ligereza de equipaje, de sus valores, de su adaptación a las dificultades
y a la vida sencilla. Y por supuesto de sus recetas! Se nota que sus 17 meses
viajando le han hecho crecer mucho como persona y puede estar satisfecho del
resultado.
Sólo hacerte leerse el perfil de
couchsurfing de este chico para saber que es único; cómo nos reímos cuando nos leía
Maria algunas de sus descripciones, pata de perro.
Pascal, el hombre de la casa
El hombre de la casa, junto con
otros cuantos más que se la habían invadido. Tanto decirle a Maria que
queríamos conocer a Pascal, que “sólo” hizo falta un robo para que se
cumpliese.
Pascal, de origen suizo pero con
su acento marcado alemán, que tan graciosamente imitaba Maria. Bromeando sin
parar. Haciéndonos también reír, pasar el mal trago y compartiendo sus
experiencias viajeras. Me gustó su manera de expresarse, con las ideas bien claras, sin tapujos y mirando a los ojos para demostrarte su sinceridad.
| Pascal, Alex, Iván, Óscas y yo con las manos en la masa. |
Tan adorable con Samira y con Maria, y con el mismo
cariño tratándonos a todos nosotros. Dispuesto a ayudar en todo lo que puede y
tan agradecido hasta en su propia casa, cuando somos nosotros los que les
estamos eternamente agradecido por todo lo que nos permitió compartir con él y
con su familia. Observo una foto de Maria y Pascal que subieron hace unos días
en facebook y son puro amor, Pienso en Samira, en la suerte que tiene de tener
dos padres tan geniales, y los valores tan importantes que le están enseñando,
con una mirada tan amplia del mundo, conociendo y conviviendo con gente de
tantos países y enseñándole desde pequeña el concepto de amistad, de
solidaridad y de amor; no desde la teoría sino desde la práctica.
No tendría palabras suficientes
para agradecer a esta familia cada segundo que compartimos con ellos. Sin duda
diamantes puros.
Alfredo e Iván, rompiendo esquenas
Los últimos días que pasamos en
Santa Elena conocimos a Alfredo e Iván, hermanos mexicanos que me sorprendieron
por su modo de vida, tan diferente, tan sano y tan propio. Los dos eran
veganos, pero con imaginación suficiente para preparar ricos platos y llevar
una dieta variada; los dos participaban en un concurso de debates, y confieso
que me dejó admirada cuando le pregunté a Iván sobre ello, y con sus 17 años me
explicó tan detallada y perfectamente en qué consistía. Los dos hermanos
mostraban una gran madurez y un gran
respeto por todos. Entrañables los dos hermanos.
| Iván, Alfredo y Óscar, el frnte mexicano. |
Y a través de sus personajes es
como recordamos aquellos maravillosos días de Santa Elena; porque como nos pasó
en Japón, las personas y su convivencia fue lo que más nos aportó de nuestra
estancia en Medellín. Los lugares bonitos también estaban allí, también los
visitamos, también los capturamos en la cámara y los podremos ver cuando
queramos, pero lo que estos chicos nos regalaron lo llevaremos siempre guardado
en nuestro corazón.
Espero que me perdonen la licencia de hablar de ustedes públicamente. Pero por suerte para ustedes, el público que me lee es muy pequeñito y no tengo ninguna mala palabra para ustedes. Gracias de corazón por cada uno de esos momentos compartidos.
Santa Elena forever!

