Dos días antes de lo previsto
volvemos a Kathmandú. Llegamos desde Pokhara tras un largo trayecto de 8 horas
en bus para recorrer 200 km. Por suerte yo dormí casi todo el tiempo.
Ahora en la ciudad y atrapados
más días de los esperados por los
inconvenientes que nos está causando el visado para India, recordamos con
nostalgia el aire puro de las montañas y los días duros del trekking.
Hoy me arrepiento de que
decidiésemos volver y de no haber llegado hasta el campo base del Annapurna,
sobre todo por no haber podido cumplir el deseo de Alex, pero leyendo algunos
relatos de personas que sufrieron la avalancha, reflexiono y pienso que lo
hubiésemos pasado mal. Hago balance de lo vivido y no puedo estar más contenta
de la experiencia. Esta es la crónica.
Llegada al punto de partida: Pokahara
El día 1 nos recogió Prakash en
nuestro hotel, el que iba a ser nuestro porter, que resultó ser guía+porter y
que acabó siendo nuestro guía+porter+amigo+ángel de la guarda. Sin duda
gracias a él el disfrutamos mucho más del trekking.
| Alex descansando con Prakash (Brocas para nosotros). |
Ese día hicimos el trayecto de
Kathmandú a Pokhara, población desde la que parten la mayoría de los trekking.
No paró de llover en todo el día (también en las montañas) y se nos mojó casi
toda la ropa que llevabámos en la mochila. Empezábamos desanimados. Alex y yo
llevábamos mochila pequeña, además de 2 litros de agua cada uno que íbamos
purificando con nuestro botecito de cloro; yo llevaba un saco térmico que
alquilé y que nunca utilicé. Prakash llevaba su mochila y la mía grande donde
llevábamos la ropa de Alex y mía. El resto se quedó esperando en el hotel de
Pokhara con miedo a que al volver estuviese toda la ropa podrida.
Condiciones adversas versus esfuerzo
Desde luego no estábamos en
nuestra mejor forma, pero confiaba en que nuestro cuerpo respondiese y nos
aclimatásemos bien a la montaña. Y así lo hizo. El primer día comprendí, tras
un bajón de azúcar, que sin energía no
puedes afrontar cada etapa, así que tratamos de comer bien siguiendo nuestra
dieta vegetariana pero aportando toda la energía que consumíamos por completo.
Puedo decir que en mi vida he sudado tanto, ni he subido tantas escaleras, ni las
he vuelto a bajar y probablemente sea el mayor esfuerzo que he hecho. El primer día cogí un catarro del que aún no
me he desprendido; el tercer día tuve 37,9ºC de fiebre y a los pocos días me vino la regla,
por lo que mis condiciones no eran las mejores. Sin embargo, estoy orgullosa
del esfuerzo realizado y de cómo me adapté, las piernas respondieron
perfectamente y puedo decir que físicamente me encontré muy bien. Lo que más
miedo me daba era la altura y no tuvimos problemas. Alex fue muy bien hasta los
últimos días en los que tocó más bajadas que subidas y su rodilla se resintió. Claro
que cualquier esfuerzo nuestro es minúsculo comparado con el que realizan porteadores,
mujeres y hasta niños que en su día a día el único disponen como medio de transporte
su propio cuerpo o la ayuda de un burro/pony. Son seres humanos adaptados a su
medio y sus circunstancias y el esfuerzo físico es el pan de cada día, aunque
quizás eso sea lo normal y seamos nosotros los que nos hemos debilitado
rodeados de tantas comodidades.
| También había tiempo para descansar. |
Subir, bajar, subir, bajar
Caminábamos una media de 5 a 6
horas diarias y por la tarde descansábamos, así teníamos tiempo de sobra para
recuperarnos. Caminar es sólo una manera de expresarlo, porque en realidad se
trataba de subir y bajar miles de escaleras! Oí a un hombre turco decir que en
todo el trekking al ABC (Annapurna Base Camp) había unas 50.000 escaleras y que
muchas personas (sin contar la gente que vive allí) no subirían tantas
escaleras en toda de su vida. Tenía razón en ambas afirmaciones. Yo empecé a
contar escaleras y cuando llegué a 800 en menos de una hora, dejé de hacerlo y
dedicar mis pensamientos a algo más interesante.
| En un puente, al fondo Prakash y porteadores en chanclas, increíble. |
Nayapul-Ulleri (1960m)
El día 2 comenzó nuestro trekking
desde Nayapul, donde nos acercaron con un taxi. Como era más tranquilo,
alargamos un poco más el recorrido después de comer para que al día siguiente
fuese más llevadero. Esa tarde nos cruzamos con un español que nos contó la
noticia de la avalancha. Nuestro guía empezó a hablar con otros guías y a
extenderse la noticia. Muchos no sabían nada. Nos dijeron que habían muerto 3
personas y 200 desaparecidos.
Amanecer en Poon Hill
Al día siguiente subimos a 2874 m.
Las vistas son espectaculares y desde la cama podemos ver toda la cordillera
del Annapurna. Esa noche me pongo con fiebre, pero al día siguiente a las 4h
subimos a Poon Hill (3.210m) a ver amanecer y no me lo quiero perder. Así que
sigo todos los consejos que me da Prakash, tomo té al limón caliente, sopa de
ajo, no me ducho (muy a mi pesar) y me da una medicina ayurveda para respirar
mejor. Alex me cuida y a la mañana siguiente estoy mejor. Partimos en procesión
con las lucecitas de nuestros frontales escaleras arriba a ver amanecer. Preciooooso!
Está todo lleno de gente porque es temporada alta: muchos chinos, muchos americanos,
alemanes y franceses. En los descansos entre escaleras y sobre todo en los
comedores de los alojamientos cruzas historias con unos y con otros; de dónde
vienes, a dónde vas, cuánto tiempo. A algunos les contamos nuestro viaje. A
veces se dan situaciones tan subrrealistas como estar sentados en una mesa dos
italianas, dos españoles y dos franceses hablando todos en inglés. Al final me
animo y hablo un poquito francés con el señor que resulta ser de Perpignan y que
también habla español.
Guía-porteadores-turistas todos seres humanos
Muchos turistas van con
porteadores y guías. Algunos con tanto peso que no sé de dónde sacan las fuerzas.
Ajustan el peso en la cabeza y se lanzan a subir escaleras a veces en
chancletas. Vemos algún niño dentro de un cesto como un paquete más y otra más
comodona que hace el trekking en pony. Hay para todos los gustos y bolsillos.
Normalmente el guía nos acompaña,
aunque luego comen y duermen aparte. Se encarga de que tengamos todo lo
necesario. A veces roza casi el servilismo y eso no me gusta, pero parece que
es su trabajo y se sienten en el deber de hacerlo. Prakash resulta ser un guía
encantador. No sólo con nosotros sino con todos los viajeros. Habla con todo el
mundo y siempre con una sonrisa en la cara. Tan pronto nos consigue un palo
para el camino como unas cartas para jugar. Habla muy bien inglés porque estuvo
trabajando en Dubai y sus 26 años le han dado para mucho. Es hindú y en los
ratos libres que compartimos nos cuenta de su vida, de su familia, de sus
costumbres. Nosotros de las nuestras. A veces nos despierta un poco antes
porque tenemos que ver “nice views!”
(bonita vistas, por la mañana). Siempre alegre.
El accidente en el Annapurna es más grave de lo que pensamos
No dejamos de oír helicópteros y
avionetas de rescate que sobrevuelan las montañas. Nos preocupamos. Nos dicen
que hay 20 muertos y muchos desaparecidos. Yo pensaba que la noticia no
llegaría a España, pero ante esa magnitud seguro que sí; me preocupo porque sé que la
familia estará preocupada. Valentina, una chica italiana que nos acompañaría el
tramo final del trekking me dice que ha hablado con su marido y está muy
preocupado. Ha salido en todos los medios. Aprovechamos que hay un sitio con
internet y mandamos mensaje. Allí coincidimos con Cristina, una española que
viaja con su pareja australiana y no se habían enterado de la noticia. Les
dejamos que manden un mensaje desde nuestro ipad.
Corea
El día 4 llegamos a Tadapani
(2630m). Es una pequeña aldea y se llena al completo. Un grupo de cinco chicos
nepalís llegan tarde y tienen que irse hasta al siguiente pueblo en busca de
alojamiento, que está a 1 hora. Por la tarde vemos en el comedor a un chico
coreano en la esquina con todas sus cosas. Llegó tarde y amenazaba lluvia, así
que los dueños de la guesthouse le dejan dormir en el comedor. Le llaman Corea,
pero se llama Yun Hee Rack, tiene 34 años, es arquitecto y viaja solo. Nos
enseña los proyectos que hace para mantener el patrimonio de su ciudad y nos
deja impresionados con una estupa. Ha dejado el trabajo para viajar a India y
Nepal, aunque luego vuelve a su ciudad porque quiere ahorrar para casarse al
año que viene. En la primera buscaba espiritualidad. Hablamos del budismo, de
Corea, de Japón, del modo de vida coreana, de la vida!! Nos define la India
como un país donde a veces los sentidos se confunden. Una de las charlas más
interesantes del viaje. Le invitamos a dormir en nuestra habitación porque nos
sobra una cama, ante la preocupación de Prakash que le advierte que él nos
tiene que proteger. Muy majo el chico y
muy agradecido con nosotros. Me dice que tenga cuidado con el catarro y con la
altura y me da Diamox (un medicamento para el mal de altura), por si acaso. Él
sigue su camino hacia el ABC. Le deseamos suerte.
Seguir o volver
El siguiente destino el Chomrung.
Es un punto de inflexión pues desde ahí tenemos que decidir si seguimos al ABC,
donde llegamos en dos días o volvemos. Prakash nos dice que hace mucho frío,
hay mucha nieve y con mi catarro puedo pasarlo peor. Alex lleva la rodilla
hinchada de acumular tantas bajadas. Tampoco llevamos un equipaje muy bueno,
pues nuestras zapataillas aunque muy cómodas, no son goretex y la humedad está
garantizada. Una americana nos cuenta que siguió hacia el ABC pero se volvió antes
por las condiciones difíciles. Su guía sabía la noticia pero no le había contado
nada y estaba disgustada. Siguen llegando noticias de que cada vez son más los
desaparecidos y fallecidos y que en el ABC hace mucho frío, con nieve hasta la
rodilla.
Muy a nuestro pesar, decidimos
volver. Es una difícil decisión, porque después de todo el camino recorrido y
estar tan cerca… pero somos afortunados de volver sanos y salvos. La avalancha
ocurrió en un lugar al que van muchos excursionistas aficionados, como podíamos haber sido nosotros de elegir un
trekking más largo. Más tarde nos cruzamos con un madrileño y un uruguayo que
llegaron al ABC pero con muchas dificultades.
Las italianas (madre e hija), con
las que coincidimos en el alojamiento hace dos días también se vuelven, a pesar
de que ellas hacen habitualmente trekking y van preparadas. Desde allí hacemos
el trekking juntos aunque ellas se quedarán dos días más. Serán nuestras
compañeras de cartas a las que les enseñamos jugar a la escoba (o escopa en
italiano).
Final de etapa
Las dos etapas restantes hasta
Landrup y Dhampus discurren entre paisajes más soleados, donde ya llega de vez
en cuando algún coche. Alex puede disfrutar de un baño en aguas termales.
La gente empieza a decorar las
casas con flores y luces en la que es una de las fiestas más importantes del
año, el Diwali. Los niños nos paran a mitad de camino y nos cantan una canción
para echarle unas monedas. Con ese dinero comprarán dulces para las fiestas.
Es una fiesta que dura 5 días,
aunque el día más importante es el 25, cuando se reúnen los hermanos para comer
juntos.
El día 7, terminamos el trekking
en Pokhara donde esta vez sí que luce el sol y podemos disfrutar de un trayecto
en barca por su extenso lago. Está todo lleno de niños que vienen con el
colegio para celebrar las fiestas.
Reflexión
Ha sido para ambos una
experiencia muy bonita. Hemos podido disfrutar de las vistas, las estrellas, las
montañas, los paisajes y de la gente. En definitiva, disfrutar del camino, como
nos dijo Gema. Nos hemos transportado cincuenta años en el tiempo o más, para aprender
a vivir con lo básico, apreciar el valor de lo sencillo: una ducha caliente,
ropa limpia, una comida básica pero exquisita, un té caliente, la luz, la celulosa
que tanto escasea por aquí! Hemos aprendido a ir al baño a lo indio, a exprimir
toda la energía de una barrita de cereales, a escuchar a nuestro cuerpo,
cuidarle y exigirle un poco más, a comprender lo que es el trabajo duro de verdad
y a disfrutar de las cosas sencillas. Y puedo prometer que nunca más me quejaré
cuando el ascensor no funcione y tenga que subir por las escaleras.
Atrapados por la burocracia india y las fiestas alargamos unos días más nuestra estancia en Kathmandú. El ruido de los pitos y la contaminación nos aturde después de volver de tanta paz y tranquiladad, así que estamos pensando ir el fin de semana a un monasterio budista cercano. Os iremos contando.
