Prólogo desde al autobús, 25h de trayecto
Dicen que cuando viajas a un país
debes integrarte en el mismo, y no pasar por él de puntillas como un mero
espectador que observa de lejos la otra cultura sin despegarse de sus
costumbres. Nosotros hoy nos hemos transformado en dos vietnamitas más que vuelven
a Saigon después de las fiestas del Año Nuevo y nos hemos embarcado en un viaje
en bus de 24 horas para recorrer los más de 1000km que separan Hué (ciudad
intermedia a la que llegamos tras 12 h
en bus) hasta Ho Chi Minh City. Para que la experiencia resulte más auténtica,
esta vez se trata de un bus sentado, sin wifi y sin baño. Todos los pasajeros
son vietnamitas excepto una pareja de nuevazelandeses muy majos (que tienen que
coger un vuelo mañana, como nosotros). Ya nos han anotado algún sitio recomendado
para cuando visitemos su país. Los últimos en llegar ocupan su lugar en el
pasillo, sobre unas esterillas. Así que
una vez más, siempre hay alguien en peor situación que nosotros.
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| Gente sentada en el pasillo del autobús. |
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| Con ánimo en el autobús. |
Hay mucho tráfico, vamos lentos,
la carretera a ratos está mal, el ruido
de la tele es ensordecedor y los
estómagos vietnamitas empiezan a resentirse. Bolsas de plástico!! Qué opciones
nos quedan? Enfado o resignación. Lo primero lo he experimentado por la mañana
cuando he leído la palabra seating (sentado) en el ticket. Y se me ha pasado
cuando un chico muy simpático ha pasado a nuestro lado mientras esperábamos el
bus se puesto a charlar con nosotros en un perfecto español. Es guía de inglés,
y le gusta mucho nuestro idioma.
Resignación es la opción que me
ha quedado cuando he subido al bus y he pensado que tenía todo un día por
delante para aprovecharlo, o desaprovecharlo. Y como no estamos para perder el
tiempo me he dedicado a observar a la gente, a pensar (a pesar de los consejos
de que no piense tanto); a terminar el libro de Osho que tenía pendiente desde
India, a meditar hasta quedarme dormida, a deleitarme con el verde de los
arrozales que nos acompañan en todo el trayecto y a empezar a escribir esta crónica.
De la mano de nuestra
querida Chai, en Sapa
Sapa se sitúa al noroeste del
país, en una zona de montaña conocida por sus terrazas de arrozales. A Sapa llegamos en un autobús “de lujo”,
tumbados y con wifi. Una vez más desconfié de los vietnamitas (pensaba que el
bus no llegaría hasta aquí y no nos dejarían quedarnos dentro durante unas
horas más durmiendo) y una vez me sorprendió que todo fuese bien, tal y como me
habían dicho.
| Arrozales de Sapa. |
Nada más bajar del autobús nos
abordó una jovencita de la etnia H’mong para ofrecernos alojamiento en su casa
y hacer un trekking con ella. Hay multitud de estas mujeres, fácilmente
reconocibles por su típico traje y porque todo el día andan detrás de algún
turista para intentar vender algo. Sin embargo, pese a que pueda parecer lo
contrario, son muy simpáticas y agradables. Suelen preguntar siempre lo mismo,
pero me gusta oírles con su envidiable acento inglés y sus risas. Alex dice que
me estoy volviendo una moñas y bajo la guardia, pero simplemente les decíamos
que queríamos hacer el trekking por nuestra cuenta y que no comprábamos nada.
Hay un total de unas seis etnias,
pero las mayoritarias son las H’Mong y las Dao Do. Así como las primeras me parecen
encantadoras, las segundas me dan un poco de miedo. Cuando se casan, les rapan
las cejas y el pelo en la parte delantera de la frente. Sé que son sólo
tonterías mías, pero confieso que me dan un poco de miedo, como si fuesen
extraterrestres.
| Mujer de la etnia Dao Do. |
| Jóvenes de la etnia H'Mong. |
| Niña H'Mong nos sonríe. |
El primer día visitamos uno de
los pueblos Cat-Cat. Hacía mucho calor y como no tenemos talento salimos a las
12h de la mañana.
Normalmente en Sapa suele hacer
más fresco, pero coincidió unos días de verdadero sol y calor.
Al día siguiente
hicimos el trekking más largo para visitar varios poblados y los paisajes de
arrozales.
Por el camino, fuimos declinando las ofertas de las
mujercicas que se iban acercando hasta que una de ellas, al llegar a un camino
nos indica por donde tenemos que seguir para evitar pagar “la entrada” al
poblado. Se llama Chai y tiene 50 años; se le ve muy ágil y con una fuerza de
una mujer que sustenta a toda su familia. Empiezo hablar con ella y simplemente
me dejo querer.
En el camino nos indica la mejor ruta para llegar a su poblado
y me va ayudando cuando el terreno se complica, nos cuida como nos cuidó
nuestro guía Prakash en Nepal, todo el tiempo pendiente de nosotros. Al principio
le decimos que no queremos comprar nada y que queremos caminar por nuestra
cuenta, pero al final dejamos que nos acompañe y le daremos algo por su ayuda y
porque me ha parecido muy maja.
La perdición de Chai y de muchos
habitantes de Sapa es el azúcar de caña. Están todo el rato comiendo trozos de
caña y Alex me dice que ese es el motivo por el que Chai sólo tiene un diente
en la parte de abajo. Nos da a probar y el azúcar nos sienta genial para
reponer fuerzas. Nos va explicando cosas acerca de la etnia, de los poblados, y
nosotros también le vamos preguntando dudas que nos surgen mientras andamos. Hace
muchísimo calor y llegamos a su casa cerca de la 1. En el camino ya le habíamos
dicho que iríamos a comer allí y luego nos volveríamos por la carretera. Allí nos recibe el marido de Chai y su hijo
pequeño. Nosotros nos sentamos a descansar pero Chai no para, prepara unas
ollas, las pone al fuego, cocina un trozo de carne….
Antes de empezar a comer, nos
sorprenden bendiciendo la mesa. Nos dicen que son cristianos. La comida,
deliciosa: arroz, con verduras, cerdo, tortilla que vamos cogiendo de cada
cuenco y añadiendo a nuestro plato. Chai nos insiste en que comamos más.
| Comiendo en casa de Chai con su familia. |
Llega la hora de marcharse y
Chai, con su última esperanza de que compremos algo saca de su cesto unos
bolsitos, telas, pulseras. Se lo agradecemos, pero le decimos que no compramos
nada y lo recoge en su cesto. Alex le da dinero en agradecimiento por su ayuda
en el camino y por la comida y en ese momento veo como Chai se emociona y se pone
a llorar mientras rebusca en su cesto unas pulseras y unos bolsitos para
regalarnos. Decide acompañarnos hasta la carretera no sin antes insistirnos en
que hace mucho calor y que cojamos una moto. Ella continúa su trabajo, esta vez
vendiendo caña de azúcar. ¿Cuándo terminará su jornada de trabajo? A las 14:30h con todo el calor la tarde
emprendemos el camino de vuelta de algo más de 12km, según nos indica los
pivotes de la carretera. Nos ha encantado conocer a Chai y nos ha encantado
Sapa.
El paisaje onírico de la Bahía del Halong
El siguiente destino fue la bahía
del Halong, pero esta vez el tiempo no acompañó y no pudimos disfrutar tanto de
esta maravilla de la naturaleza. Nada más bajar del autobús contratamos la
excursión en barco que incluía la visita a unas cuevas y a varias islas.
Otra vez dudé de que nos timaran, y otra vez fue todo perfecto. El paseo en
barco y el paisaje nos pareció muy bonito, con cierto aire onírico entre el
silencio y la niebla, pero quedó un poco deslucido por el tiempo que no nos permitió contemplar esa
belleza en su máximo esplendor. Un día soleado debe ser impresionante.
| Interior de las cuevas. |
| Alex con sus admiradores vietnamitas. |
| El día nublado y con niebla oculta parte de la belleza de este lugar. |
Precioso Ninh Binh
Y por último, antes de coger el
autobús rumbo al sur del país visitamos Ninh Binh. Nos dijo Miriam que no nos
lo perdiésemos y aunque nuevamente la lluvia nos acompañó y tuvimos poco tiempo
fue uno de los lugares que más nos gustó de Vietnam.
Alquilamos una moto y fuimos a
visitar primero el templo Chua Bai Dinh, el más grande de Vietnam y un lugar de
peregrinaje para los budistas. Fue sin duda el sitio donde más vietnamitas
juntos hemos visto y donde los únicos extranjeros éramos Alex y yo. Era
gracioso ver cómo se quedaban asombrados mirándonos, con la boca abierta.
Muchos de ellos quizás venían de zonas más rurales o menos turísticas donde no
están acostumbrados a ver a occidentales. Algunas mujeres se volvían locas
viendo a Alex y le pedían hacerse foto con él, o las más tímidas le hacían foto
con el móvil a distancia.
| Centenares de estatuas de budas en el templo de Bai Dinh, |
| Una de las múltiples admiradoras de Alex. |
| Paisaje de Ninh Binh, el Halong Bay terrestre. |
¿Desmontando mitos?
Vietnam ha sido uno de los países
que más me ha gustado hasta ahora y nos vamos de él con pena. Transcurrido el periodo de adaptación ya nos
sentíamos tan a gusto aquí que me da pereza cambiar de país. Ha sido un gran
descubrimiento, una grata sorpresa.
Respecto a las ideas
preconcebidas que llevábamos de Vietnam….
- No comimos perro, pero un día vimos un camión
que transportaba muchos de ellos en jaulas apretujados, pobrecicos.
No vimos cerdos vietnamitas de los pequeñitos.
- Sí, por la tarde pasean por la calle en pijama,
hemos visto alguna más atavidas hasta en picardías; les encanta el karaoke y
gritan muuucho.
- Sin embargo, a pesar de la fama que llevan , los
vietnamitas nos han tratado muy bien; hemos conocido gente muy amable, que nos
ha ayudado, que se han acercado a charlar con nosotros a reír con nosotros,
niños que venían alegres a saludarnos, jóvenes que nos sonreían o se acercaban
a hablarnos en inglés, abueletes simpáticos, mujeres que nos daban un achuchón,
hombres que nos advertían de que tuviésemos cuidado con la cámara … han sido
una parte importante del viaje que ha contribuido a hacerlo más agradable.
Y termino la crónica de Vietnam
desde Manila, otra ciudad que me ha afectado emocionalmente tanto o más que
Calcuta; quizás por eso hoy no puedo expresar con tanto ánimo o alegría cuánto
me ha gustado Vietnam.


dia 8-3 once de la noche acabo de leer el bloc como siempre m ha encantado.aqui con el ordenador del hotelsse m acaba el tiempo 1 euro una hora, ya seguiras escribiendo,la gente x aqui bailasndo tu padre no quiere asi q me entretengo con el ordenador.besos y cuidaros
ResponderEliminarJajaja, disfrutad también por allí que hará mejor tiempo que en Zaragoza. Besicos
EliminarMe alegro de que os gustara Ninh Binh!!! Ufffffffffffff, Manila... qué duro!! Un abrazo pareja!!!
ResponderEliminarSí, es uno de los sitios que más nos ha gustado de Vietnam y eso que nos llovió y tuvimos poco tiempo para disfrutarlo. Sí, muy duro Manila...para mí fue otro shock como Calcuta, y eso que se supone que ya tendría que estar preparada. Otro abrazo para vosotros!
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