CRUCE DE FRONTERAS RUMBO A CAMBOYA
Nos despedimos de Tailandia no
sin antes darnos un buen masaje. Alex se dio uno de pies y espalda y el mío un
masaje tailandés. Como la vez anterior llevaba el cuerpo molido y me dolía cada
músculo que me estiraba, pero la mujer hacía los movimientos con tanta
delicadeza que hasta ella misma decía de vez en cuando “beautiful”. La verdad
es todo un arte ver cómo ejercen la fuerza necesaria a través de sus pies,
brazos, manos, tan elegante y a la vez tan doloroso para el que lo recibe.
El cruce de la frontera entre
Tailandia y Camboya fue muy cómodo, comparado con el de Myanmar-Tailandia.
El autobús parecía una delegación
de las Naciones Unidas. Salvo tres o cuatro tailandeses, el resto éramos todos
extranjeros. Las chicas de delante eran americanas; la pareja de al lado, chinos;
los de detrás, un portugués y un malayo; y las de detrás de la derecha una
pareja de japonesas que estaban aprendiendo español para trabajar de guías.
Al llegar a la frontera nos
dieron una acreditación para controlar a los pasajeros del bus y bajamos a
hacer el papeleo. Ya en el lado de Camboya vimos muestras de la corrupción que
suele acompañar a estas zonas. Gente que pasaba directamente sin hacer fila
previo pago; para algunos debía ser el camino diario de ir al casino y volver;
pedir dinero de más porque sí, etc. Ya habíamos leído sobre ello y sabíamos lo
que nos íbamos a encontrar, así que poco podíamos hacer.
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| Lado de Tailandia |
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| Lado de Camboya. |
Cruzamos la frontera sin
problemas y el bus nos llevó hasta Siem Reap, donde se encuentran los
maravillosos templos de Angkor. Al llegar nos quedamos asombrados de lo que
vimos. No esperaba encontrar tanto lujo: grandes hoteles, tienda de iphone6, Lexus
por todos los lados… Por suerte, la
amplia oferta en alojamiento de todas las categorías y restaurantes con comida
de todo tipo, hacen que la ciudad sea un lugar cómodo para pasar los días que
dedicamos a ver los templos Angkor.
Angkor
Según dice la UNESCO, Angkor es
uno de los sitios arqueológicos más importantes del Asia Sudoriental. Se
extiende por unos 400 km2, cubiertos en gran parte por la selva, y encierra los
admirables vestigios de las distintas capitales del Imperio Jémer, que estuvo
en su apogeo entre los siglos IX y XIV.
En su interior alberga más de 900
monumentos y por ello compramos una entrada de 3 días para disfrutar y apreciar
al máximo la belleza del lugar. Yo tenía muchas ganas de visitar el lugar y me
quedé maravillada. Me impresionó más que el Taj Mahal.
El primer día contratamos un
tuc-tuc con el señor Ngem, para visitar los monumentos más alejados; los dos
días siguientes lo hicimos en bici. Madrugábamos para evitar el calor del
mediodía, pero al final las visitas se alargaban a 9 y 10 horas, así que
acabamos agotados pero satisfechos. Pero el camino era todo llano y el paseo
entre templo y templo resultaba muy agradable.
Las tardes las dedicamos a descansar
y a visitar el Night Market, repleto de bares y pubs para entretener a la
multitud de turistas que visitan el lugar. También aprovechamos a trazar la ruta que
seguiríamos en los próximos meses y después de mil cábalas, por fin compramos
los billetes de avión para los dos próximos destinos.
Comida
Nos sorprendió gratamente la
comida camboyana y como somos animales de costumbres, una vez que encontramos
un sitio donde nos tratan bien y es acorde a nuestro presupuesto, solemos
repetir y nos repartirnos entre dos o tres lugares más.
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| Noodles camboyanos. |
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| Bocadillo camboyano. |
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| Me quedo con la Angkor, más rica. |
Esta vez tuvimos la suerte de
encontrar un puesto ambulante de sushi al lado de nuestro hotel!. Otra delicia
del lugar son los batidos de frutas y cafés helados que vienen muy bien para
apaciguar el calor que tenemos por aquí. Normalmente en las comidas, también te
ponen un vaso de hielo picado para que te eches té (esto también era habitual
en Myanmar, pero allí el té se tomaba caliente). Casi siempre es té de jazmín y
cuando lo tomo me viene a la mente mi querida Frédérique. Cuando vuelva
tomaremos muchos tés juntas. Y los
deliciosos bocatas camboyanos, los noddles camboyanos y la cerveza!! También
abundan los sitios de barbacoas que me recuerdan a mi hermano y a mi cuñado,
cuánto disfrutarían ahí!
La gran brecha entre
ricos y pobres
Pero frente a la riqueza y buena salud de la que parece
gozar la ciudad gracias a los templos de Angkor, hay otra cara más triste y que
resulta más amarga por la brecha tan grande entre ricos y pobres. En Angkor
vimos muchos, muchísimos niños vendiendo souvenirs; otros pidiendo; vimos cómo
la policía se acercaba a unos de ellos y les pedía dinero y cómo cuando se
fueron aparecieron otros niños que se habían escondido para evitar el pago de
lo que fuera; vimos niños trabajando en la construcción; vimos cómo muchos
niños trabajan en los bares ayudando a la familia desde primera hora de la
mañana hasta última de la noche; les veíamos a la hora de cenar con cara de
cansados y cómo, medio dormidos,
intentaban atraer clientes al restaurante. Pero lo peor que vimos, o más bien,
vio Alex fue una escena que se produjo un día cenando en un bar. Estábamos
cenando en uno de nuestros sitios habituales y Alex me comentó cómo dos chicas
en la mesa de al lado habían pedido un montón de comida. Al final no pudieron
con toda y se dejaron varios platos sin terminar. Al rato llegó un niño de no
más de 7 años acompañado de su hermana pequeña; llevaban un saco en el que
recogían latas y plásticos e iban pidiendo dinero por las mesas, sin apenas
oírles. Cuando llegaron a la mesa de las chicas, se quedaron mirando la comida
y les pidieron si se podían comer lo que habían dejado. Yo estaba de espaldas y
no les veía, pero Alex me describía cómo el niño se comía el plato de arroz con
un hambre de varios días mientras le daba de comer también a su hermana. Todos
los que allí estaban se quedaron asombrados de la situación. Vi como Alex se
emocionaba ante lo que sucedía. Al final recibieron comida y dinero de todos
nosotros, aunque no dejé de pensar con ello en el dicho de “pan para hoy,
hambre para mañana.” Esto nos hizo reflexionar y mucho sobre cómo se vive en un
mundo en el que unos malgastamos lo que otros no tienen, y sobre qué podemos
hacer nosotros para contribuir lo menos posible a que esto ocurra. El viaje nos
está enseñando a llevar una vida más frugal que nos hace valorar todo mucho
más.
Siem Reap
El último día en Siem Reap lo
dedicamos a visitar la ciudad que también tiene sus lugares de interés.
Llegamos a un templo-escuela budista y nos encontramos con un montón de monjes
haciendo fila a los que los fieles entregaban dinero como donativo. Los monjes
a su vez entregaban parte de este dinero a los pobres que pedían allí. Todo el
mundo iba muy arreglado y parecía que celebraban algo: una mujer acompañaba a
un monje y juntos liberaban pajarillos de una jaula; la gente se concentraba
junto a unas preciosas estatuas hechas con flores; las mujeres se mojaban la
cabeza con las flores de loto a modo de bendición. Y nosotros nos dejamos
llevar por sus costumbres e hicimos lo mismo.







Después
nos enteramos que se celebraba el
día de Meak Bochea. Es una celebración budista importante que marca una reunión
espontánea de 1.250 monjes a escuchar los sermones de Buda. La reunión se
atribuye a cuatro milagros que ocurren nueve meses de
spués de la iluminación de Buda, en el día de la luna
llena durante el tercer mes lunar. En este encuentro milagroso Buda predicó un
sermón seminal delineando los principios sobre los cuales, el budismo se
fundamenta. Hoy se celebra con la recopilación de monjes en los templos y la
oración de las escrituras budistas. Los camboyanos que van a rezar y ofrecer
tributos de comida a los monjes.
El lado oscuro de Phnom
Penh
El trayecto en bus hasta la capital
de Camboya fue uno de los más pesados hemos hecho. No por las 9 horas de trayecto,
sino porque en la mayor parte del recorrido no había carretera. Está todo en construcción
y el paisaje que se observa a través del cristal es el de poblados llenos de
polvo rojo de la tierra y viviendo con lo básico. Está claro que la riqueza se
concentra en los lugares turísticos.
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| Jugando con mi compañera de viaje. |
Nos costó un poco sentirnos
cómodos en Phnom Penh. Otra vez un gran contraste entre riqueza y pobreza. Nos
costó encontrar sitios de confianza donde comer; aunque finalmente lo
conseguimos, antes tuvimos que discutir en un par de ellos porque nos querían
cobrar más de la cuenta. Y es que tener que regatear por la comida o que
intenten timarte es algo que no me gusta nada. En India regateabas, pero la
comida era sagrada.
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| Bonito hotel, no es de los más lujosos pero me gustó. |
También por las calles de la
capital sufrimos el primer “accidente” de tráfico. A pesar de que aquí existen
aceras y a veces bien grande, muchas veces están ocupadas por coches aparcados
encima. De hecho está pintado para que ahí aparquen, así que nos vemos
obligados a andar por la calzada. Una de esas veces, una moto golpea a Alex por
la espalda y como Alex está hecho un torito, en lugar de caerse él, la moto
pierde el equilibrio y se choca contra un autobús y sus tres ocupantes se
quedan atrapadas en el suelo entre la moto y el bus. Pero allí parece que no
pase nada. Nos acercamos, preguntamos y las tres chicas de la moto están un
poco doloridas, pero el autobús ni se ha parado.
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| Advertencias de la guesthouse. Una pena lo de los niños. |
Otro aspecto que no me gusta nada
de la capital es el turismo sexual que aquí es mucho más que evidente. Si bien
en Tailandia ya vimos algo, aquí el porcentaje de hombres occidentales solos en
busca de compañía femenina es muy muy grande. Me fijo y los bares y todo
hombres, hombres y más hombres. Algunos solos, otros ya se han formado su grupo
de caza. En fin, entiendo que en ocasiones es un acuerdo previo, pero cuando la
diferencia física es tan evidente sólo confío en que la psicología femenina medie en ese
encuentro. Porque como decía nuestra Elena de Myanmar, hay algunos que no sabrías
ni por dónde comértelos.



Pero Phnom Pehn también tiene sitios
agradables como el paseo junto al río Tonle, donde puedes encontrarte a un
grupo de gente bailando una coreografía al ritmo de música pop, un profesor de
artes marciales enseñando a su alumno cómo manejar la espada, o acercarte hasta
al night market a escuchar música en directo y cenar sentado en el suelo sobre
unas esterillas un rico pad-thai y una parota con curri :)
Un poco de historia
Camboya tiene un pasado no muy
lejano en el que sufrieron las barbaries del régimen de jemeres rojos y que se
saldó con la muerte de un tercio de la población. El país quedó desolado y aún
se está recuperando de este episodio devastador. Hace dos años, cuando Camboya estaba
en nuestra lista de posibles países para visitar, leí el libro Se
lo llevaron: recuerdos de una niña de Camboya, de una superviviente
que contaba su experiencia vivida de niña y que hoy es activista por los
derechos humanos. Su lectura me impresionó mucho, por eso me resultó muy triste
e impactante la visita al Museo de los Crímenes Genocidas Tuol Sleng. Se trata
de una escuela convertida en prisión donde torturaron y ejecutaron a miles de
personas durante el régimen de los jemeres rojos. Sobre todo, por ver otro duro
ejemplo de hasta dónde puede llegar la naturaleza humana en cuanto a crímenes y
lo poco que le importa al resto del mundo cuando no hay intereses de por medio.
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| Normas de seguridad de la prisión. |
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| Fotos de los prisioneros. |
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| Vista desde el interior de un edificio. |
Nuestro paso por Camboya ha sido
breve. Me hubiese gustado dedicarle más tiempo y conocer más a fondo este país
que parece tiene mucho que contar, pero nuestro camino sigue y ya hoy estamos
en tierras vietnamitas, descubriendo nuevos horizontes.