Estamos sobrevolando Siberia y la
imagen desde la ventanilla del avión es preciosa. Se ven pequeños núcleos de
población con unas luces que parecen hogueras, como dice Alex.
Según la información de la
pantalla del avión vamos a hacer todo el recorrido con luz diurna, aunque hace
rato han apagado las luces y muchos pasajeros van durmiendo. Entre otros Alex,
que se van despertando a ratos y mirando el paisaje. Yo aún no he dormido. He empezado esta mañana en el AVE el libro
que Sputnik, mi amor de Murakami (que le regaló Roberto a Alex) y me ha gustado
tanto que acabo de terminarlo.
Volviendo al viaje. Hasta ahora
ha ido todo rodado. Los enlaces de cada transporte perfectos, con poco tiempo
de espera y el trayecto en avión también bien.
En el aeropuerto de Ámsterdam (que es uno de los que más nos gusta) no
hemos podido coger la WIFI así que añadiremos esta entrada actualizada cuando
lleguemos a Tokio. El avión en el que
vamos ahora está muy bien, bastante
nuevo y los asientos son más espaciosos que otros en los que hemos ido. Tenemos
pantalla individual con un montón de películas, series, música e información
del trayecto (que es lo que más me gusta). Además estábamos en nuestros
asientos -que por cierto, a pesar de la recomendación de seatguru, no tenían
nada de especial- en una fila de tres
con un japonesito y ha venido la azafata a decirnos que podíamos ir a dos
sitios que había al final, más amplios y cómodos. Nos ha dicho que eran los
“love seats”. Así que aquí estamos, sólo nos quedan 5.176km para destino. Voy a dormir un rato.
Actualización: al final hemos
tenido algunas turbulencias en el avión y una anécdota con el aterrizaje que ya
os contaremos por no alargarnos.
Valoración de KLM muy buena. La
tripulación no podía ser más amable y no sé cuántas veces han pasado con comida
y bebida. Hasta con un helado de turrón.