Nuestros en días en Myanmar llegaron
a su fin y hace dos días cruzamos la frontera por tierra a Tailandia. Hoy estamos en Bangkok y en dos días cruzaremos a Camboya, pero antes de eso, vuelvo al punto en el que me quedé de Myanmar, por seguir un orden cronológico.
Reflexión d Myanmar
En Myanmar la conexión wifi
todavía es regular, aunque ya disponible en muchos sitios, y no hemos podido
publicar las crónicas del país. Así que con unos días de retraso llegan las
últimas crónicas.
Ha sido un país un poco
complicado para moverse, sobre todo si vas en plan mochilero y más aún
controlando cada kyat como nosotros. Y eso que nosotros venimos muy
aprendidos y hemos conseguido descuentos
en todos los hoteles, pero la oferta sigue siendo escasa y en temporada alta mucho
hoteles están llenos, son muchos los turistas que llegan aquí sin importarles
pagar un poco más por lo que sea y se está convirtiendo en un turismo más caro que los países vecinos.
Quizás sea porque estuvimos malos y por los días de lluvia que nos impidieron
hacer el trekking, pero se me queda un sabor un poco agridulce de Myanmar, un
país muy bonito del que espera quizás un poco más. También influye que la
comida no me gustó mucho y que no hemos tenido apenas contacto con los
birmanos, salvo con Joe. Sin embargo, coincidimos con un chico de Cantabria y
con Elena que hicieron amistad con gente de allí y su visión cambia totalmente.
Es algo que eché en falta.
Además es un país todavía bastante controlado por el gobierno en el que no puedes moverte con total libertad como viajero independiente. Al menos es lo que nosotros vivimos. Con el pago de tasas desproporcionadas para los turistas, con zonas a las que nos puedes acceder y que nos hicieron modificar nuestra ruta. No sé cómo evolucionará en unos años pero está creciendo muy rápido. Se ven muchos hoteles en construcción y si antes era difícil encontrar un cajero, ahora están por todas las partes, incluso dentro de los templos.
Moviéndonos por el país
Desde Hpa-an continuamos la ruta
a Kalaw (cerca del lago Inle) en bus. Para llegar allí tuvimos que coger dos
autobuses, con parada en Bago y el
trayecto nos ocupó un día entero.
Aquí los autobuses son cómodos
pero caros. Y no hay opción de restar un poco de comodidad por conseguirlo más
barato. Es lo que hay y punto.
Además los birmanos no tienen el
cuerpo muy preparado para viajar y
vomitan constantemente. En el primer trayecto más de cinco vomitaron, incluido
el niño de delante de mí que me manchó la mochila y la zapatilla. Qué le vamos
a hacer. Resignación.
El segundo autobús nos dejó a las
3h de la mañana en Kalaw. Mala hora para esperar a que amaneciera. Pero allí
estaba, en la parada del bus, el señor
Robin para hacer negocio. Nos ofreció alojamiento barato y accedimos. Robin es
un sij que regenta un hotel en Kalaw y organiza trekkings. Vive con sus
parientes con los que intuí que no se llevaba muy bien, pero con buenos genes
indios son unos negociantes. Le pregunté a Robin y nos contó que su abuelo
había ido a Birmania cuando la primera guerra mundial a trabajar en el
ferrocarril y allí se quedaron. El mayor atractivo de Kalaw es hacer un
trekking de 3 días hasta el lago Inle, recorriendo 55km y durmiendo con una
familia birmana un día y otro en un monasterio. Teníamos muchas ganas de hacer
el trekking, pero la lluvia no nos lo permitió.
Después de preguntar en varios
sitios entramos a la agencia de otro sij que también estaba en nuestro hotel
(obviamente familia de Robin, aunque él nos habló como si fuese un desconocido
del otro). Coincidimos con un holandés que también estaba interesado en hacer
el trekking y que nos contó que casi había perdido la vida en cuatro ocasiones.
En una de ellas iba borracho y no se acordaba cómo fue. El tema prometía y yo
ya pensaba que quizás el trekking sería la quinta ocasión. Después de negociar
con el sij un buen precio y conseguir que se uniese al grupo un francés (además
de dos suizos que ya estaban) nos fuimos contentos con ganas de empezar el
trekking. Peeeero…por la tarde comenzó a llover, y llover y llover y no paró en
toda la noche.
Al día siguiente se suspendió el
trekking. Nos ofrecieron comenzarlo al día siguiente, pero seguía el mal tiempo
y los caminos estarían mal; no queríamos perder un día más en un sitio que no
tenía mucho que ofrecer a parte del trekking.
Cambio de ruta
Decepcionados nos fuimos a la
estación de tren para ir al lago Inle, a 38 km. Allí nos encontramos con Xu kim,
una chica china de nuestra edad que llevaba meses viajando en una ruta inversa
a la nuestra. Después pasaría a India. Nos
dijo que se iba a Mandalay, arriba del todo, y puesto que parecía que iba a
seguir lloviendo, decidimos invertir el día en el trayecto en tren en lugar de perderlo en el hotel
viendo llover. Nos metimos en el cuerpo 7 horas en un tren y luego otras 5h en
otro. Y por si fuera poco en clase ordinaria, eso sí por un módico precio de
0,6€ el primero y 0,90€ el segundo. El
tren es muy barato, pero muy malo. Añoré los trenes de India donde la sleeper
class sería alto standing comparado con los de Myanmar. El asiento era una
madera.
| Con Xu-kim. |
Viaje en tren con Xu-kim
El tren se movía a los lados como
si fuésemos en un barco con muuucha marejada y de vez en cuando daba botes que
nos hacía saltar a todos del asiento. Todo lo que uno se pueda imaginar de
malo, pues peor. Inocente de mí llevaba un libro que sólo pude leer en las
paradas que hacía, porque éstas más
largas que el trayecto que recorría. Era como visitar un mercado en tren. Las
mujeres se acercaban a la ventana para vender coles, flores y otras verduras,
tanaka, además de comida. Un espectáculo verlas llevando las cestas en
equilibrio sobre sus cabezas.
En un momento dado, el tren se paró y dio marcha
atrás durante un buen rato. Para coger pasajeros? Cambiar de vía? No sabemos.
El caso es que luego continuó hacia delante. Yo iba esquivando con cuidado los
latigazos de las ramas y la vegetación que se adentraba en el vagón. Por el
camino veía poblados que bien podrían ser escenario de Perdidos en la tribu.
Sin luz, sin agua, casas muy sencillas, un vallado de madera, pero todo
bastante organizado. Esa es la parte de Myanmar que no se ve, que no está
accesible al turista y que sigue siendo muuuy pobre. Siempre me ha parecido un
poco hipócrita cuando la gente dice “son pobres pero se les ve felices”. Tengo que
reconocer que así lo sentí. Serán pobres en lo material, pero parecen felices
en su día a día. Incluso los niños que trabajan. Pero esa es otra reflexión
para más adelante. Me resultó curioso que no vimos pedir a nadie, salvo una
persona.
| Mujeres vendiendo flores en la parada del tren. |
El viaje en tren también era un
espectáculo. Nuestro vecino nos contó que era militar. Viajaba con las chicas
de enfrente nuestro que llevaban a un niño de 1 y medio. No he visto a nadie
tratar con más ternura a su bebé que esa madre que no tendría más de 20 años.
Luego una viejecilla sacó un tubo, se puso el tapón en el dedo y le dio una
calada a su purazo casero. Otra saboreaba su tentempié de huevos de codorniz
cocidos y se relamía; de cuando en cuando se recolocaba las ropas donde
escondía el dinero hasta que le vimos las tetas en un descuido. Curioso observar a la gente. Y como no, un
grupo de jóvenes cantaban. Cantan y cantan a todas horas en todos los lugares,
bien, mal, desafinando, pero les encanta.
Llegamos a las 19h a Tazhi y
teníamos que esperar hasta las 2h al siguiente tren, o coger el tren de correos
que era muuuy lento (era posible ir más lento). Así que nos fuimos a cenar Xi
Kum, Alex y yo a un bar cercano. Allí nos apalancamos un rato y un grupo de
birmanos con la camiseta de fútbol le pidieron una foto a Alex.
En la estación, la gente dormía
en el suelo, recordándome a los indios; nosotros nos echamos sobre una especie
de palé gigante. La estampa debía de ser graciosa. Xu kim en una silla tumbada,
Alex echado con su cabeza en mis piernas y yo echada para atrás dormida con la
boca abierta como un buzón. El revisor de la estación nos despertó al rato y
nos invitó a una sala más caliente con sofás donde pudimos dormir calentitos
hasta el siguiente tren.
Mandalay
Antes de lo previsto llegamos a
Mandalay, con el cuerpo dolorido y dormidos. Como única referencia teníamos el
hostal que nos dijo Elena, la española que conocimos en Yangon. Y empezamos a
caminar..de camino preguntábamos precios y todos carísimos, 30$, 40$. Pero si
no pagamos eso ni en Japón!! Qué locura. Xi-Kum tenía una amiga en un hostal
pero necesitaba wifi para leer su mensaje con el nombre del hostal. Entramos en
un hotel donde nos recibieron muy amables y nos mostraron un papel con las
tarifas para locales (22$) y extranjeros (45$). Les dijimos que era muy caro
para nosotros y tuvieron la amabilidad de ofrecernos asiento, darnos un café y
utilizar la wifi (que no iba) durante un rato.
Finalmente pudimos leer el nombre
del hostal, y acudir a la zona mochilera. Sólo tenían una habitación así que
allí nos despedimos de Xi-kum y buscamos otro alojamiento cercano.
Cuando tenemos un día duro de viaje y pienso en la
paliza que nos damos, siempre veo a alguien a mi alrededor que aún hace más
esfuerzo y ni se me ocurre quejarme. Esta vez fue Xi-kum. Viajaba sola, casi
sin saber nada de inglés y allí estaba, manejándose sin problemas. Si algo
estoy aprendiendo en este viaje es a ser más paciente y quejarme menos. Buena
lección.
De café con Joe
Después de encontrar alojamiento
salimos a desayunar y nos llamó Joe, un hombre que conduce un rishkaw. Nos
preguntó dónde íbamos y nos dijo que nos llevaba a un buen sitio a desayunar si
le invitábamos a un café. Hecho. Qué hombre más majo. Realmente el único
birmano con el que hemos tenido más contacto y hemos podido charlar.
Joe nos llevó a restaurante donde
tomamos té indio, pancake de banana y dought sticks que son como las porras.
Muy rico todo, aunque con exceso de aceite. Nos contó cómo estaba subiendo
todo, cómo los que trabajaban para el gobierno, profesores veían su salario
incrementar. En el bar había mucho niños sirviendo y nos explicó que vienen de
zonas rurales, dos o tres hermanos que trabajan juntos y ayudan a la familia.
Algunos muy jovencitos. Nos recomendó sitios para visitar, para comer.
Por la tarde Alex me dio una alegría
y le afeitaron la barba con una meticulosidad exquisita. Incluido un masaje de
cabeza, cuello y espalda. Incluso me dieron un masaje a mí. Estos birmanos sí
que saben!
Al volver nos vio Joe que casi no
reconocía a Alex. Estaba cenando en un local indio y nos unimos a él. Comida
india, parota!! Disfrutamos de su compañía y deseamos reencontrarnos con él
para despedirnos. Pero ya no nos vimos.
Alrededores de Mandalay
En Mandalay dedicamos un día a ver los lugares de interés de la ciudad, con transporte local y al día siguiente alquilamos una
moto y recorrimos los alrededores de Mandalay, las antiguas capitales del
estado: Amarapura, Inwa y Sagaing.
Vimos un templo que alberga el libro más grande del mundo escrito en piedra. Cada piedra !e guarda en un edificio blanco como los de la foto. Y cada página mide más o menos como yo!
Vimos un templo que alberga el libro más grande del mundo escrito en piedra. Cada piedra !e guarda en un edificio blanco como los de la foto. Y cada página mide más o menos como yo!
| Añadir leyenda |
| Página del libro. |
| Exterior del palacio de Mandalay. |
Las distancias eran muy largas e incluso pinchamos.
| Alex disfrutando de las vistas en el transporte local. |
| Esperando a que reparasen el pinchazo. |
De allí nos fuimos a Bagan, uno de
los lugares que más me ha gustado del país junto con Hpa-an.
Continuará en la siguiente
crónica.


