lunes, 13 de abril de 2015

Entre la isla sur y la isla norte de Nueva Zelanda

Vuelvo a encontrarme en el mismo dilema que la vez anterior cuando escribí. Mientras el hemisferio izquierdo de mi cerebro, el más racional, el que siempre está pensando en números listas y por qués me dice que me limite a poner las fotos y los lugares de los sitios que hemos visitado, el hemisferio derecho, el que se encarga de las emociones y la espiritualidad entre otros asuntos quiere que cuente ese otro viaje interior que estamos, o al menos yo, estoy viviendo. Y para que no se peleen y convivan tranquilamente dentro de mi cabeza les haré caso a los dos. Así que aquí van dos entradas sobre el mismo tiempo y el mismo lugar, pero diferente visión.


Empezaremos con el hemisferio izquierdo.

Glaciares Fox y Franz Josef

Después del trekking por Wanaka nos fuimos a ver los glaciares Fox y Franz Josef. Nos gustó más el segundo que el primero, pero aún así resulta atractivo el cambio de paisajes y lugares que vamos conociendo en Nueva Zelanda.  Una pequeña caminata hasta cada uno de ellos; el camino  perfectamente indicado y con avisos para no cruzar la zona protegida y evitar accidentes. Nos sorprende también los paneles informativos en los que se muestran fotos de cómo los glaciares se han reducido de 2008 a 2012 y desde entonces hasta ahora.
Nuestras vistas desayunando.

Glacier Fox.
Glaciar Franz Josef.

Glaciar Franz Josef.




Antes de llegar a los glaciares hacemos una parada en la playa de Bruce Bay para leer los mensajes que la gente deja escritos en sus piedras blancas.


Con un triste boli de Filipinas Alex pone todo su empeño en dejar constancia de nuestro paso por la playa y al final no le queda nada mal.



Dormimos en Hokitika, un pueblo con una larga playa que nos resulta bastante acogedor y con varios servicios. A pesar de que hay estación de policía y oficinas del departamento de conservación (DOC), dormimos en un parking público en el centro del pueblo. No molestamos, no dejamos huella, llegamos tarde y nos vamos pronto. Así hemos hecho durante todo nuestra estancia en la isla sur y estamos haciendo en la isla norte.


Nos movemos más o menos rápido y vemos tantos lugares que pasadas sólo 3 semanas me cuesta recordar los lugares visitados.

De Punakaiki hasta el punto más al norte de la isla sur

Al día siguiente vamos a Punakaiki, donde se encuentran las Pancake Rocks, son unas formaciones compuestas por caliza, con restos de animales, plantas marinas y conchas que se acumularon  hace 30 millones de años de esta peculiar forma, como unas pancakes.



Llegamos hasta el punto más al norte de la isla sur Farewell Spit, que es una reserva de aves con más de 90 especies diferentes. Allí llegamos hasta la playa de los fósiles donde parece que se acabe la tierra. Una playa larga,  inmensa, desierta que no se llena ni con todos los aragoneses que vamos en verano a Salou.  De vuelta al lugar donde habíamos aparcado coincidimos con Frankfurt (como no sabemos su nombre le bautizamos con su ciudad), un chico alemán muy majo que durante el camino nos cuenta que trabaja en el ayuntamiento de su ciudad y estuvo en el de Zaragoza; se ha cogido un respiro de 6 meses para viajar junto con su amiga que había empezado antes. Es increíble la cantidad de alemanes que hay en Nueva Zelanda. Dudo que quede alguno en su país de origen, al menos entre los 18 y los 30 años de edad.




Parque natural Abel Tasman

Por fin tenemos oportunidad de hacer otro trekking en el Parque natural de Abel Tasman. En principio pensamos hacer un recorrido corto y nos preparamos un sándwich, una manzana y un poco de agua, pero nos animamos por el buen tiempo y hacemos el recorrido largo de 25km. Un recorrido entre vegetación y playas muy bonito, que se puede hacer en varios días alojándote en las cabañas que hay por el camino (previa reserva). Una vez más todo perfectamente cuidado, organizado, indicado. 
cansados al final del trekking.





Otro desayuno espectacular...es la parte que más me gusta del día.

Vista de la playa durante el recorrido por el parque.
Nelson y fin de la isla sur

Al día siguiente llegamos a Nelson. Sale un día precioso, soleado. Paseamos por el centro, la gente aprovecha a tomar el sol en las terrazas junto a su (enooorme) café. Es domingo de semana santa y se nota más movimiento de turistas locales. Vemos un piano en la calle pintado de colores con un letrero que invita a tocarlo a quien le apetezca. Un hombre se acerca y nos deleita con su música. Nos sentamos a escucharle durante bastante rato hasta la hora de comer. 

Playa en Nelson. Día magnífico.


Junto a la playa hay muchas mesas de picnic, barbacoas gratuitas para preparar la comida, un campo de rugby…Alex prepara un delicioso arroz y como todas las mesas están ocupadas compartimos mesa con una chica que está comiendo sola. Alex me dice que aproveche a practicar inglés, pero tras intercambiar un saludo nos dice que es de Colombia y nos pegamos toda la comida hablando en español. Nos cuenta que lleva 5 años viviendo en Nueva Zelanda y se ha trasladado a Nelson solo hace unos días. El año anterior decidió hacer un viaje de un año con su novio kiwi alrededor del mundo, y sobra decir cuál es el tema de conversación. Me interesa sobre todo el después, la vuelta a casa, pero nos cuenta que se adaptaron muy bien a la vuelta a la “rutina”, aunque ya planean un viaje de 3 ó 4 meses en bici por Europa. Esta vez le ponemos nombre, María Paula. Nos dice que en Nelson se encuentra el centro del país y hacemos una pequeña excursión hasta allí.
En el centro, centro de Nueva Zelanda.

Tras un breve paseo por los viñedos de Blenheim nos vamos hasta Picton donde, con nuestra casa rodante, cruzamos en ferry hasta la isla norte, más pequeña pero también más tranquila. Un acierto coger el primer ferry de la mañana porque por la tarde el tiempo se complica y el viaje en barco no hubiese sido nada grato.



Viñedos en Blenheim.
Llegada a la isla norte, Wellington y Napier

Llegamos a Wellington, la capital del país. Me gusta su ambiente, su oferta cultural, su vida más nocturna, sin embargo, como ya nos avisó María Paula, el viento es brutal (nada que ver con Zaragoza) y además acompañado de lluvia. Así que aprovechamos a visitar el museo Te Papa, la inmensa biblioteca y el Parlamento, con visita guiada muy interesante.

Curiosos reloj en una galería que a las 11h se abre y te cuenta la historia de Nueva Zelanda.

El parlamento.

Desde que llegamos a la isla norte la vida diaria es más cómoda; hay más zonas para dormir legalmente, no tenemos que huir de los rangers, las distancias son más cortas, hay menos turistas y más opciones de duchas calientes por lo que también vamos más limpitos ; )

Una de las ciudades más curiosas que hemos visto es Napier, donde un terremoto en 1931 asoló la ciudad y la reconstruyeron con edificios de estilo Art Decó. Según ellos mismos dicen, son la capital mundial del Art Decó.





Vemos una barbacoa eléctrica al lado de la playa y decidimos hacernos unas hamburguesas... 

50 hamburguesas por 20$, hechas en el microondas en 90 segundos!

Como Arguiñano en Zarautz.



Y de repente empezaron a llegar gaviotas y albatros en busca de comida.
Finalmente me puse mala y prometí que no volvería a comer carne en mucho tiempo.

Tongariro

De allí llegamos al lago Taupo y consultamos el pronóstico del tiempo para ver si podemos hacer el trekking del monte Tongariro, que además es un volcán activo. Vemos que el sábado hará buen tiempo y aprovechamos la oportunidad. Llegando al parque nacional recogemos en la carretera a London, un chico inglés que lleva viajando 5 años, pero no tenemos oportunidad de charlar más porque él va a hacer otro recorrido. El parking está a tope y tenemos que buscar un sitio para aparcar. Se nos hacen las 9:30h y desechamos hacer la ruta larga para que no se nos haga de noche. Decidimos subir hasta el monte Ngauruhoe en un recorrido de unas 8 horas. A pesar de que el día es soleado, cuando empezamos a ascender el tiempo empeora. Esta vez vamos bien preparados de ropa y comida pero el calzado no es el más adecuado y decidimos volver. Nos quedaba poco para llegar arriba pero preferimos ir con cuidado y disfrutar del camino tranquilamente. El paisaje volcánico nos sorprende y una vez más el esfuerzo físico y  el contacto con la naturaleza nos hacen sentirnos más vivos.




Desde la carretera.

Tráfico en el Tongariro.


Aquí ya se complica.





Aquí ya empieza a pedir paso el hemisferio derecho.... pero eso será en otra entrada.

En el lago Taupo.

Y hoy hemos desayunado con patos.

sábado, 4 de abril de 2015

La vida de campista y la sociedad kiwi

Llegar a Nueva Zelanda supuso no solo un cambio de hemisferio, de cultura (con respecto a la asiática) y de tiempo. Prácticamente desde marzo de 2014 habíamos disfrutado de meses de verano y sol y volver a las lluvias y el frío (frío para mí, fresco para Alex) hicieron mella en mi ánimo. 
Dejar la cultura asiática, a pesar de que Filipinas es una mezcla entre asiática y americana, y volver a la cultura occidental me afectó emocionalmente. Eso hizo que los primeros días, mientras Alex estaba entusiasmado con los paisajes y todo lo que veíamos yo estuviese más apagada. Ahora poco a poco, voy disfrutando más de la naturaleza y de su belleza y me fijo menos en sus personas.

Sin embargo me he dado cuenta que debo sufrir una especie de agorafobia y cuando veo espacios tan grandes, con lagos inmensos, bosques inhóspitos y montañas inalcanzables para el ser humano siento vértigo y miedo. 


Impresión personal de la sociedad neozelandesa

Un día leí sobre Nueva Zelanda que era un país de gente triste. Yo no diría triste, pero la soledad, el individualismo y la seriedad propios de las culturas del primer mundo contrastan con la vida y los valores que hemos conocido en el resto de países visitados hasta el momento en nuestro viaje. Para mí fue como pasar de un mundo lleno de colores a uno en blanco negro. Más rico económicamente, pero más pobre espiritualmente.


La gente de aquí es amable, más bien diría cortés. Muchos nos miran, nos sonríen y algunos incluso entablan una pequeña conversación con nosotros, para ofrecernos su ayuda, o interesados por saber de dónde somos o a dónde vamos. 

La calidad de vida, entiéndase a nivel occidental, parece bastante buena. Nos comenta un chico español que lleva meses trabajando aquí que en el trabajo los jefes son bastante permisivos. Todos parecen tomarse su trabajo con bastante tranquilidad y si uno destaca un poco más tiene muchas posibilidades de conseguir trabajo fijo.  Nos llama la atención ver a mucha gente mayor trabajando en cualquier puesto. La edad no supone un impedimento, supongo también que por la escasez de mano de obra.

Los gigantes de Nueva Zelanda

La población de aquí es bastante heterogénea, hay bastantes asiáticos e indios y rubiales tipo americano. No sabría diferenciar un kiwi al azar entre un grupo de personas de diferentes países.
Si algo destacaría de los neozelandeses es que son muy grandes, y todo está hecho a su medida. Vamos a comprar y todos los envases me parecen enormes. Bandejas de carne para alimentar un ejército, mantequilla de 4kg, envases de leche de 4 litros, etc.
Supermercado tipo Ikea.

Mantequilla de 4kg. Bueno, también las hay más pequeñas.
Es todo taaan grande que un día me empacho tomando un café. Parece increíble pero me pasó. No pude ni acabármelo y luego casi me puse mala en el coche. Tenían tres tamaños de café y elegí el pequeño. Esto es lo que me sirvieron:
Café tamaño pequeño.


Vimos a un hombre tomándose el de tamaño medio, que era como un bol de cereales de los grandes. Supongo que el café tamaño grande te lo servirán en una palangana.

Por eso mismo, los precios en sí no son tan caros si los comparas con la cantidad que te sirven. No son precios mucho mayores que los de España, y para un turista que venga 15 ó 20 días de vacaciones no le resultarán desorbitados. Por lo visto Australia sí debe ser más cara. Para nosotros que venimos de países donde con un euro puedes comer, esto nos resulta muy caro.

La fruta y verdura es más cara, a veces en la carretera venden productos directamente del granjero, como huevos, manzanas y peras. Compramos dos kg de manzanas por 2$ (0,70€/kg).
Limones a 16,20$NZD en el supermercado!!
Manzanas del granjero, para coger una bolsa y dejar el dinero, como en Japón.

Su gastronomía tampoco parece ser muy sana, mucha comida basura tipo americana. La carne es el elemento principal, tipo barbacoa, con rebozados de 2 dedos de grosor, dulces hipercalóricos. También muy típico de por aquí, el fish and chips (pescado y patatas fritas). Por supuesto, a Alex y a mí con una ración nos sirve para comer los dos bien. Como consecuencia de ello, se ve gente muy obesa. Salvo los jóvenes, no se ve que practiquen mucho deporte e incluso vemos gente que saca a pasear al perro en coche o les tira la pelota con un palo para no tener que agacharse. 

Fish and chips.
No tienen costumbre de salir mucho a comer o cenar a n restaurante y a las 5:30p.m. que cierra todo casi no se ve gente por la calle. A las 20h ya están todos recogidos en sus casas.

Lo que sí tienen es mucha cultura del café, cafés gigantes claro. Pero en cada pueblo no faltan establecimientos que sirvan un buen café.

En bastantes ciudades, pero sobre todo en Wanaka nos quedamos sorprendidos por la cantidad de coches antiguos que tienen y lo bien conservados que están.



Añadir leyenda

Caravana antigua.

Y como última curiosidad me gusta ver que aquí la gente va vestida como quiere sin ningún sentido del ridículo y sin importar qué dirá el resto del mundo. Muchos van descalzos, otros disfrazados y el niño de la foto se pone desnudo en el parque y se baña en el fuente sin ningún problema y sin ninguna regañina por parte de su madre.



De campistas por Nueva Zelanda

En Nueva Zelanda hay más vacas que personas,  y muchas más ovejas. Pero otro elemento que abunda en las carreteras del país son las caravanas.

Hay muchos niveles de campista. Desde el nivel superior que son caravanas más grandes que una casa, por supuesto con baño, unas privilegiadas. Nosotros estaríamos en el nivel medio. Cómodos porque tenemos espacio grande para dormir, podemos cocinar y tenemos bastante independencia. Pero como no tenemos baño, somos un posible foco de contaminación a controlar por el departamento de medio ambiente. La versión más heavy de campista son los que van en coche y duermen dentro de él, o en tienda de campaña, o como vimos un día en un saco en el suelo junto al coche (y ese día hacía bastante frío). Y por último, mención aparte y una reverencia merecen los que van en bici y duermen en tienda de campaña que transportan en sus alforjas junto a todas sus pertenencias. Aún nos cruzamos bastantes de estos, unos valientes que cada vez que los vemos les pitamos o les saludamos en señal de respeto.





Para controlar esta plaga de campistas, los kiwis hacen todo lo que pueden para tenerlos localizados. Hay bastantes hoteles, campings y zonas autorizadas para dormir, pero no son baratas. Los más baratos son los campings del DOC (Departamento de conservación) que cuestan 6$NZD por persona y aunque barato, resulta un poco caro para lo que ofrecen: una zona para aparcar o acampar y un baño. Ya contaremos más adelante dónde dormimos nosotros.


Por otro lado, hay que reconocer que lo que tienen genial son los servicios que ofrecen a pie de carretera como zonas de descanso, puntos de información en cada pueblo con cientos de folletos, mapas e información de cada región y como no, sus super baños públicos. Están en todos los sitios, bien señalizados y por lo general muy limpios, muchas veces con música, todo automático. No llegan al nivel de los de Japón pero se acercan. Son buen amigo del viaje, cuando menos te lo esperas, cruzas la esquina y ahí te está esperando  : ). Tema aparte es la ducha, este es un privilegio del que no podemos gozar todos los días, así que cuando encontramos unas calientes somos más felices (y más limpios). Y hasta nos hemos dado cuenta que con 3 minutos de agua caliente nos da tiempo de sobra para una buena ducha y lavarnos el pelo (eso sí, juntos). Eso sí, otras veces tocan duchas frías como hoy que después de un trekking de 25km necesitábamos una ducha como fuese y nos ha tocado en la playa, bien fresquita :)


Gracias a la aplicación Campermate que llevamos en el ipad y que todo el que visita el país conoce, tenemos localizados cada sitio donde hay duchas, baños, gasolineras, campings, supermercados y hasta lugares con wifi. Un plus de comodidad y tranquilidad en el viaje.
Si en India lo difícil era encontrar baños (y más que estuviesen decentes y fuesen para mujeres), aquí nuestro bien más deseado y escaso es la wifi y la electricidad. El paraíso son las bibliotecas públicas donde podemos recargar los aparatos electrónicos, pero la wifi está más controlada y a veces sólo tienes media hora o una hora gratis.

Nos quedamos anonadados con las superbibiliotecas que tienen aquí. No sólo en las ciudades más grandes, también en los pueblos más pequeños de 3100 habitantes, con un montón de material disponible para consulta, libros muy nuevos que no sé si llegarán a poder leer todos, hasta la guía de Hong Kong edición enero 2015!!! No puedo dejar de pensar qué mal está repartido el mundo, unos tanto y otros tan poco, como dice mi madre. Lo mismo me ocurre cuando hacemos algún trekking y les veo equipados como si fuesen a subir el Everest, que me parece muy bien ir bien equipado pero para qué tanto? Y entonces me acuerdo de los sherpas de Nepal cargados con cestos de más de 30kg y en chancletas, subiendo por la montaña sin ningún problema. Así está el mundo : )

miércoles, 1 de abril de 2015

La naturaleza increíble de Nueva Zelanda

Llevamos más de una semana en Nueva Zelanda, pero como conseguir wifi por este país es un poco complicado no sé cuándo podré publicar esta entrada. De cualquier modo, sea cuando sea, quiero hacer un resumen de los lugares visitados y describir en unas líneas la belleza de este país. Y por lo mismo, para no quitarle protagonismo a esa belleza, comentaré en una entrada aparte (si la conexión lo permite) mi particular visión de la sociedad neozelandesa, nuestra vida de campistas y cómo estamos viviendo la vuelta a la “civilización” como me dice Miriam, de quetequitenloviajao.   

El clima aquí es bastante variable, y más en estas fechas que comienza el otoño. En un mismo día puede estar nublado, llover, salir el sol, volverse a nublar, volver a llover…en fin, hay que estar preparado para todo. Los primeros días no acompañó mucho el tiempo y los días se despedían nublados y con lluvia. Aún así pudimos ver las estrellas en el lago Tekapo, uno de los lugares famosos por la gran cantidad de estrellas que se pueden ver. En la noche, tumbados en la furgoneta con el techo abierto pudimos contemplarlas. Aunque no serían las únicas que viésemos.

Lago Tekapo


Comenzamos nuestra andadura con la que será nuestra casa rodante durante 30 días. Es una furgoneta tipo monovolumen con zona de almacenaje convertible en cama, un hornillo, un pequeño fregadero y una nevera. Te das cuenta de lo poco que se necesita para vivir y de cómo poco a poco te adaptas a lo que tienes, sin echar en falta comodidades superfluas. Sin baño, eso sí, pero en este país baños públicos no faltan lo que facilita enormemente la vida del campista.

Nueva Zelanda tiene dos grandes islas, la norte y la sur, siendo esta última bastante más grande que la primera. Nosotros comenzamos la ruta por la isla sur, a la que dedicaremos aproximadamente 3 semanas y una a la isla norte, a la que se cruza en ferry.

El siguiente destino fue Moreaki, famoso por sus formaciones “esféricas” en la playa, con su propia leyendamaorí.



Los pueblos o ciudades suelen ser pequeños, a veces con tres o cuatro calles principales. Sin embargo el recorrido por carretera es una atracción más del viaje, contemplando sus paisajes. Te dan ganas de parar cada 5 minutos para hacer fotos. Los cientos de vacas y las miles de ovejas pastan impasibles a nuestro paso en las miles de hectáreas de campo verde, a los lados de la carretera.


Pingüinos en Oamaru.
En la ciudad de Dunedin se respira ambiente universitario. Las casas son muy bonitas, guardando la estética americana; muchas de ellas son de alquiler para universitarios.


Al día siguiente visitamos el centro, la estación de tren y el museo de la ciudad.




Creo que no doy la talla de neozelandesa de la época.
Llegamos hasta Bluff, el punto más al sur de la isla sur. El lugar que más lejos de casa vamos a estar en nuestra vida, a 19020km de Zaragoza.  El polo sur está tan solo a 4800km.


De camino a Te Anau, paramos en el tranquilo lago de Manapouri. Sorprende su agua cristalina, a través de la cual se puede ver perfectamente el fondo. Sin embargo, esta no es característica particular de este lago; todos los lagos de Nueva Zelanda son así.


Te Anau es conocido por su inmenso lago, y cuando digo inmenso me refiero a 344 km2. Es puerta de acceso para visitar el fiordo Milford Sound. Es nuestra intención, pero el tiempo no acompaña y la lluvia nos hace cambiar de planes y seguir hacia el siguiente destino, Queenstown.



La pequeña ciudad de Queenstown es conocida por ser el lugar ideal para practicar deportes de riesgo, tipo puenting, ala delta, y otros deportes acuáticos como ir en ese tiburón.

La ciudad tiene un ambiente montañero que recuerda a Jaca, Andorra y Canfranc. Los jardines alrededor del lago son perfectos para pasear, ir en bici e incluso practicar uno de sus su deportes favoritos, el frisbee. Tienen hasta un campo de frisbee, similar a los de golf pero con estos peculiares “frisbee hoyos”.




Es fin de semana y se ve bastante ambiente en la calle y en los bares, donde la gente se junta para ver la final de la copa de Criquet entre Nueva Zelanda y Australia. Todos los cafés, tiendas y bares, son bonitos, sin excepción.

Antes de llegar a Arrowtown, nos acercamos al río Shotover, aquí se descubrió oro hace cientos de años y atrajo a miles de personas entre ellos a chinos. 

Río Shotover
Asentamiento chino en Arrowtown.
En Arrowtown vemos el espacio dedicado en recuerdo al asentamiento chino. Nos gusta el tanto el recorrido como su historia, y una vez más nos sorprende el valor y la fuerza del pueblo chino.

Si los pueblos que hemos visto hasta ahora recuerdan a los de las películas americanas, el pueblo de Arrowtown es como estar en un decorado de cine, con los comercios tan perfectos que no parecen reales, sin embargo, lo son.

Por una carretera empinada se llega a Wanaka, donde pasaremos dos días para hacer un pequeño trekking por la mañana. El tiempo es muy bueno y de camino en la carretera paramos en los miradores a contemplar paisajes espectaculares. El sol brilla y hace que el azul del cielo y el verde del campo destaquen con más intensidad.


Wanaka es un lugar perfecto para tomarse un respiro. Con inmensas zonas verdes donde la gente se reúne a jugar al voleibol, sentarse en el césped a charlar, beber o a cenar en sus mesas junto al lago viendo el atardecer como hicimos nosotros.

Al día siguiente madrugamos y hacemos uno de los recorridos alrededor del lago, el Rocky Mountain. Sobra decir, que las vistas son impresionantes a cada paso. Como prueba, estas fotos.


Parece la península iberíca un poco gordita.






Y seguimos nuestro recorrido hacia arriba por la costa oeste. Próximo destino los glaciares de Fox y Franz Josehp.