martes, 25 de agosto de 2015

Cajamarca, saltamos hasta Perú



Hoy damos un salto en el tiempo para llegar al presente y hablar de Perú. Siguiendo un orden cronológico, tocaría hablar de Colombia, pero esa entrada estará más llena de emociones y me costará completarla. De hecho lo he intentado varios días y la voy escribiendo poco a poco, para describir aquellos días tan especiales.

Hablamos de Perú, y en concreto de Cajamarca. ¿Por qué? Pues porque le prometí a Carina que le mandaría fotos de esa ciudad, que quizás visitaría más adelante, y nuestra opinión del lugar. Así, que para no olvidar los detalles, y sin la carga emocional de otros días, nos saltamos Colombia y Ecuador y aterrizamos en Perú para contar brevemente algunas de nuestras primeras impresiones de la región de Cajamarca.

Carina

Carina y su amiga Ailin son dos chicas argentinas que nos rescataron del Parque Nacional de Cajas, cuando tras una excursión en la que nos perdimos, se alargó el doble de lo previsto, y acabamos cansados, mojados, helados de frío y llenos de barro, ellas nos pararon con su coche para llevarnos hasta Cuenca. Al final se quedaron dos días donde nos alojábamos nosotros y nos pudimos reír y compartir charlas.  Ailin más tranquila y pausada; Carina un torbellino que me hacía muchísima gracia como hablaba y a ella cómo lo hacía yo. Así que aquí va dedicada la entrada de Cajamarca, por si se anima a visitarla.
Matías, Alex, Ailin, Carina, Adriana y yo desayunando en la casa de Cuenca (Ecuador).
Cajamarca, la ciudad del queso

Cajamarca es un departamento de Perú cuya capital es la ciudad del mismo nombre.

Ciudad tranquila, con La Plaza de Armas como centro neurálgico. Allí se reúne la gente a pasar la tarde, leer la prensa, hacer ganchillo, tomar el sol, comerse un helado de la famosa Heladería Holanda y ver el ir y venir de gente.  Además de la importancia histórica, porque fue allí donde Pizarro capturó por sorpresa al inca Atahualpa.

Plaza de Armas.

Plaza de Armas.
 En los alrededores, varias iglesias y lugares de interés como el mirador y el Cuartel de Rescate de Atahualpa, único vestigio inca en la ciudad.


Merece la pena pasarse por la oficina de turismo, donde te atienden amablemente y te dan la información más completa y detallada de la ciudad y alrededores, con horarios, precios y movilidad para visitar cada lugar de interés.




Subida al mirador.




Mercados y gastronomía

Cajamarca está repleta de tiendas de productos lácteos donde venden yogures, y quesos, muy famosos en la zona.  Y no solo hablamos de queso fresco, también queso tipo suizo y hasta parmesano.
Tienda de quesos.
Hay varios mercados de verduras, frutas, carnes, chocolate (ojo, que es amargo total, sin azúcar) y por supuesto quesos; en los alrededores, gran concentración de señoras con sombreros gigantes que venden en la calle sus productos caseros. A destacar, el pan de agua. Rico para comerlo solo!
Pan de agua.


Aparte de los platos típicos del país, también tenemos ocasión de probar diferentes opciones de comida callejera, que tanto nos gusta. Street food lovers!

Lomo saltado.


Escarabajos y sombreros

En la ciudad, afloran en Alex y en mí dos obsesiones particulares. Alex está obsesionado con fotografiar los coches escarabajos que captura con la cámara fotográfica y su recién descubierto  filtro de color. Yo me acerco con sigilo por las esquinas para retratar esos sombreros gigantes de paja toquilla, también muy populares.  


 

Mototaxi que recuerdan a los de India, otro modo de transporte.
Señoras con sombreros bien grandes.



Alrededores de Cajamarca

Cajamarca ofrece la posibilidad de visitar varios sitios de interés, muy cercanos y que permiten visitarlos en medio día.

Las ventanillas de Otuzco

A unos 15 minutos en minibús se encuentran estos pequeños nichos escavados en la roca por la cultura cajamarca en el año 1200 a.c., mucho antes de que los incas y los españoles llegaran allí. Escuchamos gratis una charla que ofrece un guía para todos los que nos encontramos allí, acerca del lugar. Que finalmente se extiende a la guerra civil entre Huascar y Atahualpa, la llegada de los españoles y la captura de Atahualpa por parte de Pizarro. 








Baños del inca
A pocos kilómetros de Cajamarca se encuentra Baños del Inca, con un complejo de aguas termales que brinda la posibilidad de probar diferentes servicios como hidromasajes, sauna, piscina y pozas termales privadas. Nosotros elegimos las últimas. Totalmente recomendables, aunque sales tan relajado de allí que después cuesta volver a la realidad.

Aguas termales a 72ºC.



En la poza termal imperial.

Baño donde se encontraba Atahualpa cuando los españoles fueron a invitarle a una cena con Pizarro.


En los propios baños se puede visitar un museo con artesanía del lugar y con una particular colección de cerámica erótica mochica. 







Cumbemayo

 Es un parque de piedra muy bonito, pero que nosotros no visitamos porque se parecía muchísimo a uno que habíamos visitado en China.
Cumbemayo, foto de www.arqueotur.org

Y por último, tuvimos la suerte de ver un desfile de trajes regionales y de otros países porque se celebraba el día del Folklore.
Niños con trajes regionales.

Representación de Bolivia.


Así que por todo esto y mucho más, te recomendamos la visita a Cajamarca. :-)

Primeras impresiones de Perú


Gente muy amable, simpática, con ganas de entablar conversación, interesados por nuestro país y con ganas de informarnos sobre el suyo. Curiosos por saber qué nos llevó a Perú, qué visitamos y por qué. Tal y como esperábamos, nos está gustando muuuucho!!!


domingo, 16 de agosto de 2015

¿Dónde estabas el día 15? diez meses, once lugares

16.888 archivos. Ese es el número de fotos y vídeos archivados en nuestra carpeta “FOTOS RTW”. Almacenados en carpetas, por días, por países. Esa es la memoria fotográfica que llevamos registrada de nuestro viaje.

Hoy, día 15 de agosto de 2015, con diez meses y una semana de viaje a nuestra espalda, me ha dado por revisar algunas de esas fotos y puedo recordar exactamente cuándo se tomaron, qué sentía en cada momento. Esos recuerdos que, como me decía Aoki san, nunca nadie te podrá arrebatar.

Y en un momento nostálgico, quizás acentuado porque hoy hablamos con la familia y soy consciente de lo lejano que queda aquel 8 de octubre en el que partimos de Zaragoza, he decidido hacer un ejercicio de recopilación y escribir un listado de esos que tanto critico. Los que van precedidos de un listado de cosas, de lugares o de chorradas que hacer para ser feliz. Sinceramente es una manía como tantas otras, pero no me gustan los artículos de 10 lugares que debes visitar en Chachapoyas, 13 trucos para ahorrar en tu viaje a Indonesia,  12 claves para transformar tu vida o 9 consejos para viajar sola por el mundo.

Hoy, me concedo el permiso de hacer el listado de los lugares en los que estuvimos el día 15 de cada mes y sorprenderme por lo poderosa que es la mente, que permite recordarlos con tanto detalle.

Aquí van nuestros once recuerdos de los días 15.  

15 de octubre de 2014: Trekking al campo base del Annapurna (Nepal)


Primer día de trekking del campo base al Annapurna. Después de realizar el primer tramo y descansar a comer, decidimos continuar un poco más para adelantar. La foto fue en un momento de descanso durante la subida, junto a unos sherpas o porteadores. Poco después bajó un español que nos dio la noticia de que había habido una avalancha en el paso Throung La. Murieron 75 personas y recuerdo perfectamente cómo oíamos los helicópteros de rescate durante los sucesivos días.

15 de noviembre de 2014: Rishikesh (India)



En uno de los lugares más europeizados de India, Rishikesh, cuna de los yoguis que prefieren tomarse un brownie de chocolate y una hamburguesa vegetal aislándose en una atmósfera totalmente ficticia de la auténtica India, visitamos el ashram donde los Beatles asistieron a un curso de meditación y permanecieron allí por un tiempo. Cuando llegamos, Alex se puso la canción de Walk with you de fondo, y se puso a bailar en tributo a los Beatles.

15 de diciembre de 2014: tren con rumbo a Kochi (India)


Ese día queríamos viajar de Goa a Kochi, pero como no quedaban plazas, tuvimos que hacer el recorrido en dos tramos, parando en Mangalore para coger otro tren hasta Kochi.

En el vagón del tren coincidimos con un gran grupo de familiares y amigos que a una determinada hora se juntaron para cantar y rezar juntos el rosario. ¿Estábamos en India? Sí, en el estado de Goa donde hay un porcentaje importante de católicos. Estos dos  simpáticos niños estuvieron jugando con los sombreros y nos hicimos una foto posando para la ocasión.

15 d enero de 2015: Bago (Myanmar)


Bago era un lugar de paso para llegar a Kalaw. Pero como teníamos unas horas de espera hasta coger el siguiente autobús, nos acercamos a ver el gran buda tumbado y aprovechamos a hacernos mil fotos saltando y haciendo el tonto. Estábamos sucios, estábamos cansados, pero no importaba porque nos habíamos recuperado de una fuerte diarrea que nos dejó un poco débiles  y nos sentíamos felices. 
   
15 de febrero de 2015: Dalat (Vietnam)

¿Típica foto en la cascada de Dalat, la ciudad de los enamorados? No, tiene de especial que ese día Alex estaba contento y con ganas de hacerse  fotos. Creo que es el único día que recuerdo que no sólo no se quejó por hacer fotos, sino que fue él el que quería hacerlas. Recorrimos kilómetros y kilómetros en moto con campos llenos de gladiolos hasta llegar a la cascada que nos recordó a las del Monasterio de Piedra. Y nos reíamos por el camino de las cosas tan extrañas que llegaban a transportar en la moto.

13 de marzo de 2015: Port Barton (Filipinas)


Este es el único mes que no tenemos del día 15, pero los días de nuestro retiro en Filipinas fueron tan laxos, tan relajados, que ni el tiempo no importaba. Alex pasea por la playa desierta. Venía de hacer snorkel, con el ritmo relajado que se nos apoderó en aquellos días. Probablemente los días más tranquilos de todo el viaje. Quizás por eso fue en esos días donde aprendí a meditar.

15 de abril de 2015: Paihia (Nueva Zelanda)


Hacía buen día y decidimos comer frente a la playa. Cocinamos nuestro habitual arroz con verduras y después nos entró sueño. Paramos junto a este campo de golf, a echar una siesta, hacernos un café y comer chocolate. Era lo bueno de llevar caravana, con la cama y cocina dispuestas en cualquier lugar y momento. En un instante, cogí la cámara para retratar el paisaje. Tan verde.

15 de mayo de 2015: Xi’an (China)


El barrio musulmán de Xi’an no podía estar más animado. Nos sorprendió tantísima gente en la calle y esa afición casi enfermiza por los pinchos. Cada puesto de comida ponía un cubo en la calle para que los clientes depositasen allí los pinchos vacíos a modo de trofeo, más pinchos, más ventas. Y ya sabemos lo importante que resulta en China la fama.

15 de junio de 2015: Kotanbetsu (Japón)


Cena española-japonesa con Watanabe y Aoki san. Wishky, sake y vino español. Estábamos bien surtidos. Descubrimos la pasión de Watanabe por España y nos reímos comparando las costumbres de cada país. Grandísimo día.

15 de julio de 2015: Salento (Colombia)


Llagamos a Salento y después de buscar y rebuscar encontramos un alojamiento barato y muy tranquilo, nuestra cabañita al otro lado del río. Fuimos a tantear el terreno y visitar la calle principal del pueblo, con sus balcones de colores. Me hizo gracia el hombre sentado en el bancon, tan pensativo, de espaladas al resto. Unos pasean, otros observan.

15 de agosto de 2015: La Balza (Ecuador, frontera con Perú)


Después del largo trayecto hasta la frontera con Perú, llegamos a La Balza. La frontera natural es un río que separa los dos países. La barrera del lado de Ecuador resulta casi improvisada, con un tronco transversal. Casi cruzas a Perú al sin darte cuenta. Hasta el oficial ecuatoriano se queja de que tiene que tomar los datos a mano porque no funciona el sistema. A veces las fronteras, parecen ficticias.

lunes, 10 de agosto de 2015

Cruzamos el charco a América Latina, Colombia querida

Pese a las dudas y las dificultades al final llegamos al continente americano. Nada más aterrizar en Los Ángeles, en el mismo túnel del avión, nos aguardaba una señora de Singapore Airlines que se encargaría de guiarnos por todo el aeropuerto para asegurarse de que todo iba bien. También como detalle por los inconvenientes causados, nos invitaron a la sala vip del aeropuerto de Tokio, donde nos entretuvimos disfrutando de las comodidades en las que los ricos malgastan su dinero, o el de su empresa. Y nosotros con nuestras mejores galas, jeje.

En la sala vip de Singapore Airlines, en el aeropuerto de Tokio.
Aperitivo.
Nuestro paso por el aeropuerto de Los Ángeles fue comparable al que experimentó Walter Mitty en la película. Cómo nos reímos al ver de nuevo la película en Colombia. Caras largas, malos modales y multitud de preguntas para justificar todo nuestro viaje y nuestro futuro, hasta convencer al oficial de inmigración de que no nos íbamos a quedar a vivir como inmigrantes en Estados Unidos.

Llegamos a Colombia!

La siguiente parada fue Miami, y allí el ambiente ya cambió. La gente en su mayoría era de origen latino y se hablaba más español que inglés. Incluso había cambiado el humor de los empleados del aeropuerto y hasta bromearon con nosotros.

Y por fin….llegábamos a Colombia! Un país que no estaba en la ruta, que varias veces nos preguntaron si visitaríamos y contestábamos que no. Un país que se coló por casualidad en nuestra lista de elegidos y que resultó ser una gran sorpresa y una gran elección. Un país donde conocimos gente adorable!!

Colombia nos recibió con su música, con su alegría, con su calma para hacer las cosas, con la amabilidad de su gente que no faltaría durante toda nuestra estancia allí y con mucho calor. Después de 9 meses con el inglés como idioma vehicular, podíamos hablar en castellano y aprovechamos a hacerlo. Con cada pregunta a un paisano entablábamos conversación. Y Alex, que no suele ser muy hablador, me sorprendía con largas charlas con cualquier colombiano que se le acercaba.
Vistas desde nuestra cabaña en Playa Blanca.

Descanso en Playa Blanca

Llegamos a Cartagena, donde todo el mundo vestía la camiseta amarilla de su equipo de fútbol porque ese día se jugaba el partido de la Copa América con Brasil. Tardamos el tiempo justo para comprar unos víveres y tomar un autobús que nos acercaría a Playa Blanca. Nuestro único objetivo era descansar en el paraíso. Y el primer día eso hicimos. Alquilamos una cabañita y nos dedicamos a dormir, descansar, y darnos un masaje a la orilla del mar que nuestra espalda nos agradeció.




Disfrutamos de la arena blanca y el agua azul turquesa antes de que llegase la invasión humana del fin de semana. El sábado a las 4h de la mañana ya había gente en el mar bañándose. Pero nos lo tomamos con filosofía. En el chiringuito donde nos alojábamos había dos familias tomando la sombra que nos invitaron a unirnos a ellos y no nos movimos de allí hasta la tarde. Rafael y su mujer Marta visitaban el lugar desde hace más de 10 años y nos contaron que antes sólo se podía llegar allí en barco, pero desde que hicieron un puente que permitió el acceso en coche, los fines de semana (y esta vez encima era puente) se llenaba de gente. Una pena ver cómo la playa se llenaba de basura y una sorpresa ver cómo 2 de los hijos adolescentes de Rafa llenaban bolsas con la basura de otros para limpiar la playa. Nos reímos muchísimo con Rafa, con paisa de Medellín que vivía en Cartagena y con Rosmery y su marido, de Barranquilla. Ellos nos pusieron al corriente de las diferencias en el lenguaje con respecto a España, las diferencias entre la costa y el interior, las costumbres del país e incluso la historia de los españoles en Cartagena que yo ni me acordaba….

Rafa era un goloso como yo, y llevaba una bolsa llena de dulces y chocolates que nos regaló cuando se fueron, un día antes que nosotros. Nos invitó a helado de coco casero, que sería nuestro preferido durante todo el viaje por Colombia y a las cocadas. Un gran tipo Rafa y su mujer Marta, lástima no poder compartir más tiempo con ellos.

Por la tarde y al día siguiente charlamos con la familia Giraldo, un matrimonio también de Barranquilla que viajaba con su hijo Christopher. Nos contaron de su proyecto de abrir una cafetería e historias del pasado de Colombia. Qué agradable resultaba poder charlar y charlar.
Hermanamiento Real Zaragoza-Colombia, con la familia Giraldo.

Con Patricia, Rosmery y su marido.

Cartagena, tan bonita y tan caliente 

Volvimos a Cartagena, donde pasamos dos días con la familia de Michel, que conocimos a través de Couchsurfing. Michel es un belga de origen judío casado con Rita, de Colombia. Tienen tres hijos adolescentes, Chaim de 14 años, Rebecca de 15 años y Sara de 16, dos conejos Bonnie and Clyde, el gato Cornelius y sus hijos.

Chaim y Alex hicieron muy buenas migas, y Rebecca estaba embelesada Alex. Yo por mi parte, tuve más relación con la tranquila y amable Rita y con Michel, un ser  único, como él dice víctima de su fértil imaginación. Yo lo definiría como un genio, ingeniero balístico de profesión, que me contó anécdotas sorprendentes sobre su trabajo y su pasado. Ahora se dedicaba a reestructurar empresas, y a mí me ayudó a reestructurar mi ordenador portátil, dedicándole más de dos horas a dejármelo como nuevo. Hablaba con añoranza de su país y de la comida, y le costaba acostumbrarse al modo de hacer colombiano, tan diferente al europeo en algunos aspectos.

La familia al completo.
Le encantaba probar platos de otros lugares, y le preparamos un okonomiyaki japonés, un bizcocho de chocolate y el plato estrella un cuscus. Con el calor que hacía en Cartagena no apetecía mucho, pero tenía el antojo, tenía la sémola que le había llevado Sara, una chica finlandesa de padre argelino con la que también coincidimos un día. Así que le preparamos un cuscus, cocido a fuego lento durante dos horas y le gustó tanto que se comió tres platos! De madrugada nos dio un susto de muerte cuando casi se ahoga por un trocito del  cuscus. Al final quedó en un susto y una anécdota más que contar. Chaim nos preparó un pan casero excelente.

El cuscus asesino.



Chaim y Alex.

Rebecca, Sara y Cornelius.

Cartagena colonial y su color

En Cartagena visitamos el centro colonial, muy bonito, pero bajo un sol tan abrasador que necesitamos cinco jugos de naranja para sobrellevarlo. Charlamos con un  guía que también había vivido en España, apasionado de la historia que nos contó por propia voluntad casi toda la historia de la ciudad.
El Fuerte.

Monumento a los zapatos viejos.





Nos encantó el color de sus calles, de sus balcones y sus originales aldabas.








La india Catalina.

En los autobuses urbanos viajábamos al ritmo de la rumba y el vallenato y con el ritmo de allí, que a Alex le desesperaba un poco, con paradas interminables, allá donde cada uno deseaba bajarse…PARADA!

Probamos las arepas con queso, de las que nos haríamos muy aficionados y nos maravillamos con las frutas tropicales y los deliciosos jugos naturales de mora, de fresa, de maracuyá, de mango, de naranjilla, de tomate de árbol, naranja, mandarina, guanábana, de papaya….una extensa lista de opciones!

Celebrando el cumpleaños de Alex en Barichara 

Nos despedimos de nuestra familia de acogida y continuamos hasta Barichara, según dicen uno de los pueblos más bonitos de Colombia, aunque a mí me gustaron más Salento y Popayán.

Por las calles de Barichara.




Allí celebramos tranquilamente el cumpleaños de Alex. Allí probamos por fin el rico café expresso de Colombia. Paradójicamente, descubrimos que en Colombia no hay mucha cultura del café. Lo toman mayoritariamente filtrado, al que llaman tinto. Pero si encuentras un lugar donde lo preparan bien, es exquisito.

Desayuno de cumpleaños.

Y como no, para celebrar el cumpleaños de Alex, una caminata por el Camino Real, como a él le gustan,


Dando de comer a un cabro.

Las famosas hormigas culonas, que finalmente no probamos.
Por la tarde, como colofón del cumpleaños de Alex, fuimos a la Lunada, una fiesta que se celebraba por esas fechas donde nuestros compañeros argentinos de alojamiento actuaban.

Actuación de los chicos argentinos.

Desde Barichara teníamos dos opciones, ir a Bogotá o a Medellín. Nos habían hablado tan bien de la gente de Medellín que elegimos ese destino a pesar de no visitar la capital, y aunque allí pasamos uno de los peores episodios del viaje cuando nos robaron, pasamos también los mejores días de nuestro viaje en Colombia. Allí nos sentimos realmente en familia con personas maravillosas…pero por lo especial de sus personajes y para no extenderme demasiado, lo contaré en la próxima crónica.