Han pasado muchos días (en tiempo) y muchas cosas (en espacio) y todas esas cosas extendidas darían para muchos días, así que me cuesta poner un orden cronológico aquí y hacer un resumen de todo. Parece que estoy excusándome todo el tiempo, pero es así. Me dice Alex, pues cuenta un día. Y eso hago. Pero se me alarga y lo dejo en otra publicación.
9 de octubre de 2023. Okayama
Hoy estamos en Okayama, después de haber dejado atrás Himeji, Kobe y Matsumoto. Se supone que estamos en el sur, aunque Alex dice que Japón no tiene sur, solo este y oeste. Y que los japoneses no dicen me voy al sur, dicen me voy al este o me voy al oeste. Bueno, pues estamos en la parte baja del lado este.
Gente del sur
Después de más de un mes en este país, nos sorprende llegar aquí y notar el cambio de la gente. Son más abiertos, más amigables, te miran más; si sienten curiosidad mantienen la mirada sin apartarla o mirando de soslayo como hacían los del norte; te sonríen, algunos te preguntan. Son más ruidosos, menos ortodoxos, visten de manera más desenfadada; e incluso hemos visto a algunos tirar un papel al suelo, llevar la música del coche alta, gritar y reír fuerte en una tienda. Tantos días acostumbrados a la discreción japonesa, a su rigidez, que este cambio nos llama la atención. Nos hace sentir más relajados. Los jóvenes son más macarrillas y algunos mayores más perjudicados; no todo es tan perfecto de cara a la sociedad.
Me doy cuenta que después de tantos días viviendo sus normas sociales, las hemos interiorizado hasta tal punto que nos hemos vuelto muy críticos, incluidos con nosotros mismos. La gordofobia, la presión por hacer lo correcto, siempre lo mejor, son factores que no me gustan pero he llegado a entenderlos y al aplicarlos en mí me crea malestar y decepción personal. Y de repente este cambio en la gente, me alegra por ver esa pequeña "imperfección", ese lado más humano y menos sobrehumano.
Como curiosidad, al leer las críticas de google de algún negocio, restaurante o lugar, resulta increíble lo duros que son evaluándolo. Casi no hay valoraciones (globales) altas y muchos aprovechan para criticar si alguien no ha hecho lo correcto, por ejemplo, si un empleado no ha contestado en el tono adecuado o ha hecho su trabajo bien.
Estos días nos hemos movido entre Fukui, Kobe, Himeji y Okayama. Alternando destinos más conocidos, como Himeji (por su castillo) y Kobe, con otros más tranquilos como Fukui y Okayama.
En Fukui visitamos el templo budista de filosofía Zen que nos llena de paz y tranquilidad por el entorno. La ciudad no es muy grande y es cómoda para pasear y explorar.
Sin embargo, llegamos a Kobe, ciudad grande, extensa, con puerto. Con un área metropolitana muy grande. Difícil para moverse y lloviznando todo el tiempo que pasamos allí. Eso nos dificulta movernos. Hay que buscar un parking que no sea muy caro y que esté más o menos céntrico. Localizamos uno cerca de la terminal de ferry pero para encontrar la entrada tenemos que pasar dos veces sus puentes. El de un lado es rojo y el otro de repente se vuelve subterráneo y nos damos cuenta que va debajo del mar! uf, uf,uf.
El ambiente en El Barrio chino nos anima, aún así para mí Kobe, demasiado grande.
Al día siguiente Himeji nos recibe con sol, está en la ruta de muchos itinerarios turísticos y se nota que hay más extranjeros. Para nosotros resulta más fácil aparcar, explorarla, quererla; tomar un café, probar uno de los platos típicos de allí, noodles con salsa de miso o salsa de tomate donde "untar" los . Son el número 1 y por eso los elegimos. Esa costumbre tan simpática de marcar qué platos son los más vendidos.
Los paisajes de carretera nos siguen dejando embobados. Cuando no es montaña, son arrozales, amarillo, verde o el mar con acantilados, playa, barcos, casas preciosas. De verdad que no exagero y puedo afirmar que si tuviese que elegir un único país para viajar, sería este. Si ya me parecía bonito las veces anteriores que lo hemos visitado esta vez, viéndolo más a fondo y tan diferentes lugares, me parece alucinante y me pregunto muchas veces y le pregunto también a Alex cómo han podido llegar a este nivel de perfección en todo.
Prefectura de Okayama
En Okayama hacemos un descanso. Hoy toca hotel. Después de tantos días de camper alternamos algún día de descanso para disfrutar de ciertas comodidades. Y eso que nos hemos acostumbrado tanto a la toherita que somos tres los que viajamos juntos.
Hemos hecho nuestras muchas rutinas. La de buscar nuestro club, la Michi no eki (área de servicio) del día. Hasta nos hemos vuelto un poco exigentes y acomodados, que ahora no nos sorprende cualquier cosa. Un día una Michi no eki tiene un helipuerto, otro, un museo de dinosaurios, un mirador frente al mar. Sobrepasa cualquiera de nuestras expectativas. Y me parece la excusa perfecta que tienen para parar mientras conduces. Me doy cuenta que son muchos los que acuden para ver y evaluar lo que hay.

Helipuerto de la Michi no eki.

Michi no eki dedicada al Daruma con dos darumas para ponértelos en la cabeza.
La Michi no eki sirve para conocer y promocionar los productos locales de cada prefectura, vender las frutas y verduras de la zona, probar los platos característicos y disfrutar de la temática que tienen. Y por supuesto como siempre, los baños limpísimos. A veces más de lo que puedes encontrar en un buen hotel.
Okayama es otra ciudad que nos gusta. En nuestro veredicto de si sería una buena ciudad para vivir, la respuesta es sí. La temperatura es un poco más cálida, unos 24 grados. Pasear por la tarde con las luces de neón, por las galerías, dejarse llevar.
Kurashiki
Antes de dejar la prefectura de Okayama, visitamos Kurashiki. Tengo la manía de conectar recuerdos, olores, sensaciones. Y al llegar, siento que este lugar me recuerda al Hoi An de Vietnam, y al Lijiang de China. Los tres son pueblos turísticos, que además de serlo, se han hecho bonitos, o se han preparado para serlos, quizás no sean tan reales, pero a pesar de ello, son muy agradables para perderte en ellos. Y eso hacemos.
Tomamos un café de especialidad, pido un cortado porque así lo tienen en el menú. Y madre mía, mira que hemos probado cafés en muchos sitios pero este, no sé si ha sido el momento, el ver la dedicación de cómo lo preparaba, que se notaba que disfrutaba haciéndolo, me ha parecido el mejor café que he probado hasta ahora. Me preocupa porque acostumbrarse a este nivel de perfección en todo hace que después todo lo demás ya no sea igual. La vuelta va a ser muy dura. No quiero ni pensarlo.
En fin, acabamos el día viendo el atardecer desde un mirador, con vistas al mar interior de Seto y a las islas que lo rodean. Este mar se encuentra entre la isla principal de Honshu (donde estamos ahora), Shikoku y Kyushu, que son las que visitaremos después y a las que tengo muchas ganas de ir. No sé por qué ese "sur" me llama mucho.