viernes, 13 de octubre de 2023

Kamikochi. Un día de nuestro viaje

6 de octubre de 2023. Kamikochi-Takayama

Alrededor de las 5:30 nos despertamos. Hace -1 grado (arg, no contábamos con esto). Estamos a 1500m de altura y se nota. Llueve. El pronóstico del tiempo daba despejado. Nos preparamos un café, plátano y media tostada de anko y nos vestimos rápidamente. 

Hoy toca excursión a Kamikochi en los alpes japoneses. Al estar en un parque natural solo se puede acceder en bus. Tenemos que dejar el coche en el parking. Llegamos justo al autobús de las 7 am. Lleno de turistas japoneses, solo quedan 3 huecos. 


Al bajar del autobús me preocupo. Veo a un montón de personas todas equipadas hasta las cejas, con mochilas técnicas, aislante, pantalón térmico, pantalón técnico más pantalón de lluvia, bastones. Cada uno lleva más de mil euros encima. Yo con mallas y Alex en vaqueros. ¿No iba a ser esta una excursión fácil? Alex me dice que los demás van a subir a una montaña cercana y otros van a acampar allí. Vemos algunas parejas que tampoco van muy equipadas (me consuelo).  Una chica de una familia vietnamita se está poniendo compresas dentro de las zapatillas Converse. Después llega uno que ha subido en bicicleta hasta aquí (se puede estar más loco? Los ciclistas son nuestros héroes!).
Con lluvia y frío imposible salir así. Me enfado con la situación. Solución rápida: compramos unos pantalones de plástico en la tienda de souvenirs y eso nos salva el día. A la marcha!



Nuestros amigos los osos

Leemos la información en el centro de visitantes. 
Volcán activo nivel 1, mucha variedad de plantas, monos agresivos, no alimentarlos. Y osos. 
Ocho días antes un oso ha atacado a un trabajador del parque. Nos enteramos de que los osos pueden alcanzar una velocidad de 50km/h y son grandes trepadores y nadadores. Uf. Empezamos la ruta detrás de una pareja y tratamos de no adelantarlos, por si acaso.

   En el camino. 

Al final el recorrido que elegimos no es tan exigente como otras excursiones, así que a pesar del clima, podemos completarlo sin mucho esfuerzo. Comenzamos la excursión con lluvia, se ve nieve en las montaña.  Al llegar a un puente hace mucho viento y finalmente se despeja y podemos disfrutar un poco más del paisaje y el azul turquesa de las aguas. Cuando empezamos a volver nos cruzamos con mucha gente que llega. Hemos hecho bien en madugrar.

 







Volvemos al parking y debatimos la ruta. Si fuese por Alex visitaríamos cada pueblecito bonito que nos cruzamos, y son muchos. Yo sigo pensando que no nos va a dar tiempo a llegar hasta al sur y volver a Nagano para el 12 de noviembre para hacer la kurabito stay, una estancia de 3 días en una bodega de sake a la que Alex me apuntó por sorpresa.


Saliendo del parque natural.

Decidimos adelantar en la ruta. Estamos al lado de Takayama, un destino turístico en los Alpes japoneses, con casas antiguas por el centro de la ciudad, muy bonito pero que ya habíamos visitado hace 11años. Como nos viene al paso decidimos parar; recordamos algunos sitios; es muy bonito, sí pero hay muchos turistas y demasiadas tiendas de souvenirs. 

Takayama.


Antes de entrar a Takayama, paramos a comer. Me toca elegir y quiero sorprender a Alex. Entramos en un restaurante que se llama Paseri (perejil). Con un menú del día de comida sana y saludable, todo casero. Al servirnos, nos maravillamos con los colores. Cada platillo que probamos nos parece delicioso y cocinado con cariño. La cocinera nos observa por el rabillo del ojo. Le decimos que está todo delicioso. Brotes de soja, raíz de loto, ensalada, ensalada de patata, tofu, berenjena, medio huevo, mini hamburguesa con tomate, sopa de miso, té y arroz integral.



Hay opción de postre y café y cansados de la excursión decimos a todo que sí. De postre, flan de calabaza con caramelo. Cómo está servido ya enamora.




Hacia rutas salvajes

Y después del paseo por Takayama, seguimos ruta. Google nos da dos opciones y elegimos la que parece que tiene menos curvas. Pero estamos en los alpes y estamos en Japón, donde los árboles y las plantas a veces parece que se comen la carretera. Primer tramo, puerto de montaña. Aún hay luz y voy muerta de miedo pero veo el camino. Segundo tramo, carretera en medio de campos, arrozales, cada vez más estrecha, más y más. Está oscuro y en Japón a penas hay luz en las carreteras. Hay muy poca contaminación lumínica en las ciudades y por supuesto en los pueblos. Me parece genial excepto cuando tenemos que conducir por rutas como esta. Pero si esto parece un camino, Alex? En la señal pone ruta XX, en teoría es una carretera. En general las carreteras están muy bien, pero a veces se nos olvida que para moverte entre dos puntos hay que cruzar bosques, ríos, montañas,valles sin perturbar mucho los alrededores.

Ha oscurecido, se pone niebla y vemos cómo la humedad se evapora del suelo. Parece una escena de Twin Peaks.Tengo todos los músculos del cuerpo en tensión. Llegamos al lado de un río y no hay protección. Giros prácticamente en L. Empiezo a lloriquear de miedo, a contener la respiración en cada giro. Alex sigue tranquilo. Menos mal, si lo notase preocupado me daría un ataque de pánico. Me calma. Aplico mi técnica del divide y vencerás. Divido en tramos pequeños la distancia que nos queda, 9,2km - 9,1km bajamos al 8, la tensión sigue. Por supuesto no se ve ni un coche. 

Aparece un ciervo que se oculta en el bosque. Veo el brillo de sus ojos y otros a su lado. Más adelante Alex ve unos restos de huesos con sangre. Maldigo a Google maps y la inteligencia artificial. Cuando no hay inteligencia humana, pasan estas cosas. 

Por fin llegamos a una carretera y respiro. Hay un Family Mart y paramos a tomar algo. Pensé que nunca saldría de allí.

Hoy toca parada en una área de servicio de dinosaurios. Pero le pido a Alex ir a cenar antes a la ciudad de al lado para quitarme el miedo de encima. Demasiada tensión para solo un día. 


Con nuestros pantalones de plástico salvavidas.




2 comentarios:

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