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sábado, 2 de septiembre de 2023

Punto de partida. Zaragoza - Tokio

Punto de partida

En este punto de nuestra vida, te das cuenta que tienes dos maneras de vivirla. Hacer lo que quieres o hacer lo que quieren. Si eliges la segunda opción, serás aceptado socialmente, por tu familia, tus amigos y tus compañeros de trabajo que estarán contigo y te darán una palmada en la espalda por haber seguido el mismo camino que ellos. Aunque tengas que hacer cosas que no te gusten, podrás consolarte con el mal de muchos, la lotería o el sueño de la jubilación, pequeños ansiolíticos que te harán la vida más llevadera.

Si eliges la primera opción, tendrás la responsabilidad y la diversión de andar tu propio camino, también de equivocarte, de dudar, pero lo más difícil será tener que enfrentarte a toda esa gente que eligió la segunda opción y que camina en dirección contraria, obstaculizándonte el paso, reprobando tus decisiones, molestándose porque eres diferente y tratando de convencerte de que la equivocada eres tú. En ese grupo a la contra, también puedes encontrar personas muy queridas y eso es lo que más duele. Al final te das cuenta de que no merece la pena rebelarte contra ellos, y acabas aceptando que el silencio es la mejor arma para protegerte, alejarte de aquellos que no te toleran y seguir caminando. Y para nada es fácil seguir este otro camino.



Normalmente, en situaciones difíciles, es cuando te replanteas tu camino. Y así es como hemos llegado a donde estamos. Ha sido un año muy difícil en muchos aspectos (trabajo, salud, familia), tanto para mí como para Alex y también para mis padres, pero nos hemos apoyado mutuamente y gracias a ello otra vez volvemos al punto de partida.  Otra vez a empezar de cero.

Ya ni me molesto en dar explicaciones a aquellos que se piensan que son unas vacaciones. Sabemos todo el esfuerzo que ha supuesto llegar hasta aquí, tomar grandes decisiones, volver a convivir con grandes dosis de incertidumbre sin saber qué nos esperará mañana. Un esfuerzo que sin embargo merece la pena. Al menos para nosotros. 

Aquí es donde iremos plasmando algunos de nuestros pensamientos, de nuestros descubrimientos y de nuestra ruta. Sin prisa, sin orden. En esta época en el que todo se rige por lo instantáneo, las imágenes y los vídeos, escribir se ha convertido en algo terapéutico, relegado para aquellos que disponen del tiempo y de la tranquilidad en los que poder poner en orden las ideas. Y eso es lo que espero poder hacer; si no es aquí, al menos en papel.  


Hanói

Primera parada en el continente asiático.

No lo habíamos pisado desde febrero de 2015. Entonces lo recorrimos de sur a norte y al revés, en pleno año nuevo Tet. Yo volví en otras dos ocasiones (una acompañada por Alex) pero visitándolo desde el sur, Saigón. Y dado que es un país tan largo, no llegué hasta tan arriba. Es un país que cada vez que visito me gusta más. Sin embargo, nunca antes habíamos sufrido tantísimo por el clima. Temperaturas casi invariables entre 28 a 34º grados durante todo el día con un 80% de humedad como mínimo, te hacen ir envuelto en un baño de sudor que dificulta cualquier actividad cotidiana.

La vida se sigue viviendo en la calle, y la moto es una extensión de su cuerpo. No solo sirve como medio de transporte de toda la familia, sino también para el negocio, como cama para dormir la siesta. Cada vez que vamos a Vietnam nos reímos compartiendo en qué es lo más increíble que vemos en la moto. Esta vez uno transportando un frigorífico, una familia de cinco en la moto (hasta ahora habíamos visto un máximo de 4), un hombre condiciendo la moto con la mano de derecha y llevando en la otra una bandeja de camarero con "cosas...


Mujer con su negocio de flores en la moto.

No hay mejor lugar para observar la vida pasar que sentada en alguno de sus cientos de cafés, tomando un café vietnamita con leche y hielo, o un café con coco, o la especialidad de Hanói, el café con huevo. 

Cafe con coco.






En competencia con el café tenemos la comida. Con esa combinación tan rica de verduras, carnes braseadas, salsas medio dulces y fideos de arroz.

Bún cha.



Comida budista.

Bún bò cao.


Dando un paso más allá en nuestra “inconformidad” viajera, y después de haber conocido los principales atractivos turísticos, nos entretenemos en conocer lugares más especiales. 

Y Vietnam lo especial no está a pie de calle. Está en sus callejones ocultos, que recuerdan a los hutongs de Pekín, o en las alturas. A veces un pequeñísimo letrero entre dos comercios, te indica que en medio de los dos, subiendo las escaleras y pasando por una casa hay otro negocio.


Entrada de uno de los callejones. Lo normal es que no sean tan bonitos como este. 

Club de jazz.



Así encontramos un restaurante budista con la comida más deliciosa y sana, un café de especialidad, un club de jazz, etc.


Antes de volar a Tokio, hacemos una pequeña excursión a Bát Tràng, pueblo dedicado a la cerámica, en colores blanco y azul que me encantaba e incluso vendimos en Toho.



Después de unos días por la capital de Vietnam, volamos a Tokio. 


Tokio

Deseábamos llegar aquí esperando que el calor diese una tregua. Nada más aterrizar comprobamos que la situación era parecida a Vietnam. Quizás un poco menos de humedad, pero de igual manera agotador. También hay muchísimos turistas. Como recomendación, no viajar a Japón en verano.


Primera anécdota en el aeropuerto cuando una señora mayor que comprueba si hemos rellenado todos los datos del formulario de entrada se sorprende por el tiempo que vamos a estar. De manera muy onomatopéyica, como hacen los japoneses, muestra su sorpresa y alegría mientras dice "sugoi, sugoi".

Es la primera vez que veníamos a Japón después de Toho, para bien y para mal. 

Para bien, conocemos muchísimas cosas, podemos adivinar otras, hasta con el idioma nos enteramos un poquito en algunos casos. ¡Echábamos tanto de menos el orden, la limpieza, la educación¡



Para mal, hay cosas que desilusionan un poco. Aunque suene pretencioso, después de estos años dedicándonos profesionalmente a la comida japonesa e intentar hacerla lo más auténtica posible, ya no nos vale cualquier comida por muy de Japón que sea. Ya no todo está buenísimo y somos más exigentes. Ahora un onigiri del seven eleven no nos parece tan bueno, o un meronpan que no sea de una buena panadería. Ya no me apetece comer un taiyaki y hasta el sushi no nos impresiona tanto y hay que saber elegirlo bien. Aún así, qué importa cuando hay miles de cosas por probar y descubrir.


Nos vamos a comer un ramen de estrella Michelin por 1600 yenes, equivalente a 10,20€; nos vamos a bar de sake para hacer una cata, eligiendo incluso cuáles nos apetecen; nos escapamos al mercado de las pulgas, vamos a nuestro café favorito, visitamos la academia de Alex, Tsukiji, paseamos por el barrio, me hago unas gafas nuevas, como de costumbre cuando viajamos a Tailandia o Japón, Alex me enseña la librería de un único libro, vemos una reunión de luchadores de sumo.


Ramen de estrella Michelín.

     Cata de sakes.



Mercado de tsukiji.

Intentamos estar al margen del bullicio y sobrellevar como podemos este calor. Tokio está genial y hay de todo, pero ya tenemos ganas de emprender el viaje en la mini cámper japonesa y comenzar nuestra ruta. Alejados de los lugares más turísticos, y visitando prefecturas más desconocidas, más rurales y conduciendo por Japón.

Alex va marcando puntos en el mapa y dudo si nos dará tiempo de visitar todos. Le oigo reírse y sorprenderse viendo los lugares que visitaremos mientras yo prefiero que me sorprenda y me dedico a teclear y poner en orden la tecnología.

Qué suerte tener un compañero de viaje como él. Y qué suerte los dos con el mismo punto de locura.


Tenemos experiencia con la cámper cuando recorrimos Nueva Zelanda. Allí también se conduce por la derecha y Alex ya ha conducido en Japón, por lo que es un plus. Pero sabemos cómo son los japoneses, y esperamos que no cometamos ningún gran error de gaijin (extranjero para los japoneses). 

Allá vamos.

Gambatte kudasai.

domingo, 22 de febrero de 2015

Hoi-An, un paraíso para perderse

Estamos en Hanoi, en el ecuador de nuestro viaje por Vietnam.

Vietnam es un país que me está sorprendiendo: moderno, cómodo para viajar, con pueblos preciosos, naturaleza asombrosa, limpio, lleno de Vespas para disfrute de Alex….y eso que aún nos queda por descubrir Sapa y la bahía del Halong, los tesoros del país. Hasta los hombres me parecen los más atractivos de todos los países que hemos visitado hasta el momento. No pensaba que este país me iba a gustar tanto. Quizás porque no tenía puestas muchas esperanzas en él o venía con el temor de ser timados constantemente, me he llevado una grata sorpresa.

Estos días además ha coincidido el Año Nuevo, y el país se paraliza. Esto ha condicionado nuestra ruta, modificándola en función del transporte disponible, pero conseguimos lo que queríamos, celebrar el Año Nuevo en el precioso pueblo de Hoi-An y descansar allí tres días.

Hoi-An

Tras las dificultades para encontrar autobús para llegar allí, y rememorando los largos trayectos en bus o tren de India, pudimos alcanzar nuestro destino. A punto estuvimos de hace auto-stop y dejar nuestra suerte a merced de los camioneros vietnamitas. Finalmente siempre hay solución para todo, a veces sólo depende de tiempo y/o dinero.
Nuestro próximo medio de transporte.


Nuestros días en Hoi-An nos devolvieron la tranquilidad que echaba de menos y ha sido el pueblo en el que más a gusto me he sentido, donde la vida pasa más plácidamente y donde me podría imaginar viviendo.

¿Qué hace tan bonito a Hoi-An?

En primer lugar, el centro de la cuidad, con las casitas de madera de diferente arquitectura según sean de influencia japonesa, china y francesa, exquisitamente conservadas ya que no sufrieron los estragos de la guerra por un acuerdo entre ambas partes. Hoy en día esas casitas se han convertido en tiendas donde se venden souvenirs y artesanía típica, en preciosos cafés, o sastrerías pueden hacerte un precioso vestido a medida, también típico de aquí.  




La cuidad está bañada por el río Thu Bon, y es posible dar un paseo en barca con música ambiente de una guitarra, o simplemente sentarte a orillas del río a degustar sus platos típicos y observar el ir y venir de los turistas fotografiando cada rincón de sus maravillosos templos,  pagodas y la sala de asambleas. Lo peor que te puede pasar aquí, y nosotros lo sufrimos, fue agotar la batería de la cámara de fotos, del ipad y del móvil. Todo me parecía taaaan bonito.




El principal atractivo del lugar es el puente cubierto japonés, que aparece en los billetes de 20.000 dongs y que es el único en el mundo unido por un lado a una pagoda budista. Todo ello le llevó a ser declarada en 1999 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.



Si lo anterior no fuera suficiente para crear un ambiente mágico, todas las calles estaban decoradas con farolillos, carteles, flores y decoración por el año nuevo chino. Precioooooso.





Lo curioso es que antes de visitar el centro ya me pareció encantador este lugar. Nos alojamos en una guesthouse con todas las comodidades de un hotel que estaba en una zona tranquila. Entre sus callejuelas podías adentrarte en la vida cotidiana de sus habitantes, ya que la entrada de sus casas está abierta de par en par y lo primero que se ve es el salón, con una mesa y sillas perpendiculares a la calle, sin ocultar nada.
Entrada de una casa.

El salón de una casa, a la vista de todo el que pase por allí.

Decidimos recorrer la cuidad a pie puesto que las distancias eran cortas y nos permitía apreciar más de cerca cada lugar. Empezamos la ruta por dos antiguos templos en una zona alejada del centro y allí fue donde pudimos apreciar la amabilidad de los vietnamitas, que se paraban a saludarnos, sonreírnos y los que sabían inglés, a charlar un rato con nosotros.





¿Y cómo se recibe en Vietnam el año nuevo?

Ya comenté que es una de las fiestas principales. Los vietnamitas celebran el Tet, que es el año nuevo vietnamita y coincide con el año nuevo chino. Dura (casi) una semana y los días previos vimos cómo los vietnamitas hacían compras, limpiaban las casas, pintaban los templos y ponían todo en orden. La noche de año nuevo  vimos el despliegue de fuegos artificiales para dar la bienvenida al año de la cabra en Hoi-An, nos entretuvimos en las ferias que montaron para la ocasión y vimos las actuaciones música y baile en el escenario junto al río.



Las familias se reúnen y comen pipas de calabaza, dulces de jengibre y cantan karaoke. Queman papeles en improvisadas hogueras en la calle; los niños estrenan ropa, algunos con el traje típico. Los mayores visten sus mejores galas, visitan los templos y podemos ver alguna celebración en lacalle.
Continuamos nuestro viaje rumbo a Hanoi, con una pequeña parada en Hué.
Trajes tradicionales para los niños.

Con una chica que lleva el traje típico.


Hué

Cuando pensábamos que en India habíamos conocido todas las religiones, nos encontramos  de bruces con el templo de la secta Cao Dai, llamativo por su colorido, los dragones en sus columnas y el ojo divino como símbolo principal. Leo en un cuadro en qué consiste esta peculiar religión que cuenta entre sus santos con Víctor Hugo y Juana de Arco. Es una mezcla de cristianismo, islamismo, budismo, confucionismo y taoísmo y aúna conceptos como vegetarianismo, el ching y el chang y la reencarnación.  Vamos, por si no te convence ninguna religión en particular, aquí tienes todas reunidas. Al ser día de fiesta el templo está vacío, pero un señor aparece a nuestro encuentro y nos invita a visitarlo con tranquilidad.


Unificación de todas las religiones.


Llegamos a este templo de casualidad, son las sorpresas que te depara el camino cuando vas sin guía. Tiene sus pros y sus contras, pero empiezo a cogerle manía a la famosísima guía que sitio que recomienda, sitio que coge fama y encarece. Nos ocurrió al sentarnos a comer un bocadillo en un humilde restaurante, donde una mujer mayor preparaba con calma una combinación interminable de ingredientes que iba colocando en el pan, a su rtimo. Sólo estamos una pareja de chicas y nosotros. De repente empezaron a llegar un montón de turistas, algunos buscando el lugar, preguntando, otros bajaron directamente de un taxi que les paró en la puerta. Qué extraño. En un momento el restaurante estaba a tope. El bocadillo delicioso, pero ¿a qué se debe tanto jaleo? Por lo visto el lugar estaba recomendado por la Lonely Planet. Arrrg!!

Hanoi

La capital de Vietnam me ha gustado, pero si tuviese que elegir, prefiero Ho Chi Minh City, más cómoda, menos cara y con más opciones de todo.  Quizás también influye que hay muchos sitios cerrados por la fiesta del Tet.

Por la mañana madrugamos y la ciudad parece dormida. El cielo gris y un pequeño chirimiri no parecen ser inconvenientes para un grupo de cuatro parejas que se han reunido a bailar. ¿Es tango, y en francés? Entusiasmada me acerco a observarles. No es que bailen muy allá, pero la pasión con la que bailan una de las parejas me encanta. La mujer nos anima a bailar y nos dedica sus mejores poses mientras le grabo.

Bailando junto a la estatua de Lenin.

Visitamos los lugares de interés de la ciudad, el lago, pagodas, la catedral de San José conocida como la pequeña Nôtre Dame (en referencia a la Nôtre Dame de Saigón), el barrio antiguo. Me llama la atención el mausoleo donde descansan los restos de Ho Chi Minh, al que se accede tras varios controles de seguridad y siguiendo un ritmo casi militar. Le observo mientras damos la vuelta a la fría sala donde se expone y parece que se va a levantar en cualquier momento. Me entra la risa y me contengo antes de que los cuatro guardianes que custodian el cuerpo me detengan. 
Pagoda de un pilar.

Mausoleo de Ho Chi Minh,

La pagoda más antigua de la ciudad.

Puente en el lago.

Entrada al puente,

En el centro del lago.


En las calles sigue el ambiente festivo, niños con juguetes, familias, flores, y terrazas llenas de gente tomando un café o un té. 

Actuación en la calle.


Mañana terminaremos de explorar los alrededores de la ciudad y seguiremos nuestro viaje hacia el punto más al norte que visitaremos, Sapa. Esperamos que el tiempo acompañe.