Punto de partida
En este punto de nuestra vida, te das cuenta que tienes dos maneras de vivirla. Hacer lo que quieres o hacer lo que quieren. Si eliges la segunda opción, serás aceptado socialmente, por tu familia, tus amigos y tus compañeros de trabajo que estarán contigo y te darán una palmada en la espalda por haber seguido el mismo camino que ellos. Aunque tengas que hacer cosas que no te gusten, podrás consolarte con el mal de muchos, la lotería o el sueño de la jubilación, pequeños ansiolíticos que te harán la vida más llevadera.
Si eliges la primera opción, tendrás la responsabilidad y la diversión de andar tu propio camino, también de equivocarte, de dudar, pero lo más difícil será tener que enfrentarte a toda esa gente que eligió la segunda opción y que camina en dirección contraria, obstaculizándonte el paso, reprobando tus decisiones, molestándose porque eres diferente y tratando de convencerte de que la equivocada eres tú. En ese grupo a la contra, también puedes encontrar personas muy queridas y eso es lo que más duele. Al final te das cuenta de que no merece la pena rebelarte contra ellos, y acabas aceptando que el silencio es la mejor arma para protegerte, alejarte de aquellos que no te toleran y seguir caminando. Y para nada es fácil seguir este otro camino.
Normalmente, en situaciones difíciles, es cuando te replanteas tu camino. Y así es como hemos llegado a donde estamos. Ha sido un año muy difícil en muchos aspectos (trabajo, salud, familia), tanto para mí como para Alex y también para mis padres, pero nos hemos apoyado mutuamente y gracias a ello otra vez volvemos al punto de partida. Otra vez a empezar de cero.
Ya ni me molesto en dar explicaciones a aquellos que se piensan que son unas vacaciones. Sabemos todo el esfuerzo que ha supuesto llegar hasta aquí, tomar grandes decisiones, volver a convivir con grandes dosis de incertidumbre sin saber qué nos esperará mañana. Un esfuerzo que sin embargo merece la pena. Al menos para nosotros.
Aquí es donde iremos plasmando algunos de nuestros pensamientos, de nuestros descubrimientos y de nuestra ruta. Sin prisa, sin orden. En esta época en el que todo se rige por lo instantáneo, las imágenes y los vídeos, escribir se ha convertido en algo terapéutico, relegado para aquellos que disponen del tiempo y de la tranquilidad en los que poder poner en orden las ideas. Y eso es lo que espero poder hacer; si no es aquí, al menos en papel.
Hanói
Primera parada en el continente asiático.
No lo habíamos pisado desde febrero de 2015. Entonces lo recorrimos de sur a norte y al revés, en pleno año nuevo Tet. Yo volví en otras dos ocasiones (una acompañada por Alex) pero visitándolo desde el sur, Saigón. Y dado que es un país tan largo, no llegué hasta tan arriba. Es un país que cada vez que visito me gusta más. Sin embargo, nunca antes habíamos sufrido tantísimo por el clima. Temperaturas casi invariables entre 28 a 34º grados durante todo el día con un 80% de humedad como mínimo, te hacen ir envuelto en un baño de sudor que dificulta cualquier actividad cotidiana.
La vida se sigue viviendo en la calle, y la moto es una extensión de su cuerpo. No solo sirve como medio de transporte de toda la familia, sino también para el negocio, como cama para dormir la siesta. Cada vez que vamos a Vietnam nos reímos compartiendo en qué es lo más increíble que vemos en la moto. Esta vez uno transportando un frigorífico, una familia de cinco en la moto (hasta ahora habíamos visto un máximo de 4), un hombre condiciendo la moto con la mano de derecha y llevando en la otra una bandeja de camarero con "cosas...
No hay mejor lugar para observar la vida pasar que sentada en alguno de sus cientos de cafés, tomando un café vietnamita con leche y hielo, o un café con coco, o la especialidad de Hanói, el café con huevo.
Dando un paso más allá en nuestra “inconformidad” viajera, y después de haber conocido los principales atractivos turísticos, nos entretenemos en conocer lugares más especiales.
Y Vietnam lo especial no está a pie de calle. Está en sus callejones ocultos, que recuerdan a los hutongs de Pekín, o en las alturas. A veces un pequeñísimo letrero entre dos comercios, te indica que en medio de los dos, subiendo las escaleras y pasando por una casa hay otro negocio.
Así encontramos un restaurante budista con la comida más deliciosa y sana, un café de especialidad, un club de jazz, etc.
Antes de volar a Tokio, hacemos una pequeña excursión a Bát Tràng, pueblo dedicado a la cerámica, en colores blanco y azul que me encantaba e incluso vendimos en Toho.
Después de unos días por la capital de Vietnam, volamos a Tokio.
Tokio
Deseábamos llegar aquí esperando que el calor diese una tregua. Nada más aterrizar comprobamos que la situación era parecida a Vietnam. Quizás un poco menos de humedad, pero de igual manera agotador. También hay muchísimos turistas. Como recomendación, no viajar a Japón en verano.
Primera anécdota en el aeropuerto cuando una señora mayor que comprueba si hemos rellenado todos los datos del formulario de entrada se sorprende por el tiempo que vamos a estar. De manera muy onomatopéyica, como hacen los japoneses, muestra su sorpresa y alegría mientras dice "sugoi, sugoi".
Es la primera vez que veníamos a Japón después de Toho, para bien y para mal.
Para bien, conocemos muchísimas cosas, podemos adivinar otras, hasta con el idioma nos enteramos un poquito en algunos casos. ¡Echábamos tanto de menos el orden, la limpieza, la educación¡
Para mal, hay cosas que desilusionan un poco. Aunque suene pretencioso, después de estos años dedicándonos profesionalmente a la comida japonesa e intentar hacerla lo más auténtica posible, ya no nos vale cualquier comida por muy de Japón que sea. Ya no todo está buenísimo y somos más exigentes. Ahora un onigiri del seven eleven no nos parece tan bueno, o un meronpan que no sea de una buena panadería. Ya no me apetece comer un taiyaki y hasta el sushi no nos impresiona tanto y hay que saber elegirlo bien. Aún así, qué importa cuando hay miles de cosas por probar y descubrir.
Nos vamos a comer un ramen de estrella Michelin por 1600 yenes, equivalente a 10,20€; nos vamos a bar de sake para hacer una cata, eligiendo incluso cuáles nos apetecen; nos escapamos al mercado de las pulgas, vamos a nuestro café favorito, visitamos la academia de Alex, Tsukiji, paseamos por el barrio, me hago unas gafas nuevas, como de costumbre cuando viajamos a Tailandia o Japón, Alex me enseña la librería de un único libro, vemos una reunión de luchadores de sumo.
Cata de sakes.
Intentamos estar al margen del bullicio y sobrellevar como podemos este calor. Tokio está genial y hay de todo, pero ya tenemos ganas de emprender el viaje en la mini cámper japonesa y comenzar nuestra ruta. Alejados de los lugares más turísticos, y visitando prefecturas más desconocidas, más rurales y conduciendo por Japón.
Alex va marcando puntos en el mapa y dudo si nos dará tiempo de visitar todos. Le oigo reírse y sorprenderse viendo los lugares que visitaremos mientras yo prefiero que me sorprenda y me dedico a teclear y poner en orden la tecnología.
Qué suerte tener un compañero de viaje como él. Y qué suerte los dos con el mismo punto de locura.
Tenemos experiencia con la cámper cuando recorrimos Nueva Zelanda. Allí también se conduce por la derecha y Alex ya ha conducido en Japón, por lo que es un plus. Pero sabemos cómo son los japoneses, y esperamos que no cometamos ningún gran error de gaijin (extranjero para los japoneses).
Allá vamos.
Gambatte kudasai.




















¡Me encantaaa! Más posts de estos, por favor 😍😍😍
ResponderEliminarLeyéndote he sentido los nervios y las mariposillas que he sentido en el estómago justo al inicio de un viaje: la ilusión, la incertidumbre y la sensación de estar vivo. Creéis que viajáis solos, pero algunos vamos con vosotros 🙂
Súbete a la Camper que te llevamos! Aunque ya nos queda poco espacio :) Como terapia viene muy bien escribir por aquí,aunque ya ves que tiene poco de blog de viaje
EliminarMenudo regalazo de blog. Veo que me lo voy a pasar muy bien y agradezco que no pongáis las direcciones de los lugares. El crecimiento de las personas y los lugares debe ser lento. Nada de peregrinaciones influenciables.
ResponderEliminarGanas de ver las gafas nuevas y buen viaje ahora.
Las gafas son una maravilla. Ya solo me las hago aquí. En 30 minutos y con opción de cambiar dos veces de lentes en seis meses :) gracias. Me está costando sacar tiempo para poner orden en el viaje pero al menoso que escribió aquí ya no lo pierdo de la cabeza
EliminarQue alegría volver a leer sobre un viaje vuestro. No me canso de decirte Rebeca que me maravilla como escribes , como transmitís todo y nos trasladáis allí. Con ganas de seguir leyendo, aprendiendo y por supuesto disfrutando con vosotros. Gracias por compartirlo, por enseñarnos esa cultura que tanto me cautiva. Esperando ya la siguiente publicación.....Un abrazote enorrrrrme
ResponderEliminarGracias Evica. Haré lo que pueda por aquí. Me río de cuando pensaba en escribir cada día. Tendré que hacer un retiro para poder escribir y digerir todo lo que estamos viviendo. Demasiada intensidad.
EliminarMe encanta tu blog lo acabo de leer casi viajo con vosotros lo cuentas tan bien que me traslado al lugar, seguir disfrutando y contandanos, un besazo enorme,
ResponderEliminarGracias. No me sale escribirlo de otra forma. Al final es más pensamientos que descripción de los lugares, pero es lo que vamos viviendo. Me alegra que viajes con nosotros
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