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domingo, 7 de diciembre de 2014

Por la región de Rajastán

Estos días hemos visitado varias ciudades de la región del Rajastán. Es famosa por ser una de las regiones más bonitas de India, y merecedora de esa fama. Hasta los nombres de las ciudades tienen encanto: Jaipur,  Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur…Antes siempre que oía Jaipur lo asociaba con una colección de mesitas y sillas de la Maison du Monde que me encantaba. Ahora me acordaré de la ciudad rosa, con el Palacio de los Vientos, el fuerte Amber, sus hombres con turbantes coloridos y sus mujeres con colgantes enormes en su nariz. 

Jaipur

Jantar Mantar, observatorio astronómico de Jaipur.

De rosa, en la ciudad rosa.

Fuerte Amber.

Palacio de los vientos.
Jaipur es una ciudad muy bonita, con un enorme mercado y plagada de turistas. Por eso los vendedores te asaltan cada tres por tres con frases “hola, hola coca-cola, mira, mira cachemira”. Con el fin de actualizarse, Alex les enseña “de puta madre para arriba”. Les sonreímos y comienza la charla de dónde sois, a dónde vais, etc etc. Wajid habla bastante español y nos hace una sesión de fotos en la fachada del Palacio de los Vientos. Tiene 23 años y regenta  una tienda en frente del Palacio; Después de retratarnos desde todas las perspectivas posibles nos invita a su tienda y nos enseña unos  anillos preciosos. No compramos; no importa; los recoge sin ninguna insistencia y seguimos hablando, de España, del trabajo, de la edad que tenemos. Coge mi mano ¿otra lectura?, no, es para adivinar mi edad, 28 años. No está mal, jeje. Nos dice que nos cuidamos bien y que en India la mujer cuando se casa se engorda mucho. Qué gracioso, le digo que también puede ser por los embarazos. Y hablamos de niños (parece que el tema es universal). Estas pequeñas charlas nos hacen sentirnos bien y acompañados.

Casa de Jaisalmer.

Decoración a la entrada de las casas.

Fuerte de Jaisalmer.
Jaisalmer

El siguiente destino es Jaisalmer. Una de las ciudades más bonitas y mejor conservadas para mi gusto. Con sus casas cuidadas, decoradas con pinturas y restauradas, manteniendo la tradición. Para llegar aquí cogimos el primer bus nocturno. Para mí que me mareo fue una gran sorpresa porque me resultó hasta cómodo. Nos metimos en nuestra cápsula que recuerda a las de Japón y pudimos dormir bastante bien.
Cubículo del bus para dormir.

Por la mañana el bus hace una parada y sube un chico para avisarnos que llegaremos a nuestro destino en 1 hora. Nos ofrece un alojamiento muy barato y nos dice que su hermano nos estará esperando. Cuando llegamos a Jaisalmer y ponemos un pie en el suelo, nos rodean unas veinte personas ofreciéndonos alojamiento. Uno nos recibe con un cartel de “Welcome Alex” y el resto empiezan a llamar “Alex, Alex”, “come, come, here”. Yo, todavía con legañas en los ojos y medio dormida les indico con los brazos “wait, wait” para tranquilizarse un poco. Al final nos vamos con el primero que nos ofreció el alojamiento y resulta una buena opción. Por la tarde contratamos en una agencia el tour por el desierto.


Al día siguiente amacenemos en Jaisalmer y al salir a la calle todo el mundo nos saluda. “Good morning, how are you?, hi!”; los niños que se acercan a pedir fotos, a darnos la mano o hablar con nosotros. Así sí se empieza bien el día. Después de comer nos recoge un jeep junto a una joven pareja de francés y americana y una pareja india recién casados. Nos acercan hasta el desierto y cuando llegamos allí nos esperan cuatro personas que se encargan de preparar todo. Habíamos ido en camello en Túnez, pero cuando veo la altura de éstos me entra un poco de miedo. No llego a subirme y cuando estoy a medias el camello se levanta y me caigo de una altura de casi 2 m. Alex se asusta bastante pero debo de tener 7 vidas como los gatos y todo queda en un dolor de espalda y costado que aún arrastro, pero parece que nada grave. Después del susto, uno de los indios me coge en brazos y me sube al camello. Yo me sujeto con todas mis fuerzas y trato de moverme lo menos posible. Paramos en un poblado donde nos recibe una familia y un grupo de niños que no paran de pedirnos fotos y chocolatinas. No nos acordamos de comprar y lo único que llevamos son nuestras medicinas tibetanas. Continuamos un poco más hasta unas dunas. Allí “acampamos” y cenamos todos juntos, junto al fuego. Después la pareja india se vuelve al hotel. Nos quedamos a dormir sólo Maggie y su novio francés, que trabajan juntos en Silicon Valley, y nosotros junto a Majur y el resto de camelleros.

Con los niños en el desierto.

En la duna.

El equipo.


Pensaba que iba a ver las estrellas y me decepciona ver que la luz de luna no deja verlas. Sin embargo, horas más tardes nos despertamos y vemos todo el cielo lleno de estrellas. Me recuerda a McLeod. Cruza una estrella fugaz que se ve con toda claridad. Pero el dolor del golpe y el sueño me impiden observar con tranquilidad.

Por la mañana desayunamos las dos parejas y una cabra que se come mitad del desayuno de Maggie. La vuelta en camello resulta un trayecto muy agradable, observando la tranquilidad del desierto y aprovechando un rato para pensar.

Por la noche cogemos un tren de madrugada a Jodhpur. Al subirnos, sólo estamos una pareja joven de indios y nosotros en todo el vagón. El chico nos dice que va a hablar con el revisor para poder dormir en una clase superior pagando 50 rupias más. El revisor accede y la clase AC 3 me parece un hotel de 5 estrellas!

Johpur

Johpur es la ciudad azul del Rajastán. Muchas de sus casas están pintadas de este color y también me parece una ciudad muy bonita y tranquila para quedarse. Nuestro alojamiento en una guest house limpia, y con una familia muy amable hacen de nuestra estancia aún más agradable. Muchas casitas y alojamientos tienen un restaurante en la azotea donde se pueden ver unas bonitas vistas del fuerte.
La visita al fuerte de Johpur es una de las que más me han gustado, gracias a lo bien conservado que tienen todo y a la audioguía en español donde un hombre con voz aterciopelada te cuenta la historia del fuerte y de su Maharajá.
Fuerte de Jodhpur.

Jodhpur, la ciudad azul.


Me encantan sus turbantes.

Clock Tower.

Alex llora de la emoción por las tortillas de la Omelete shop.

Seguimos los consejos de Miriam y nos tomamos una omelete en la plaza, riquísima! Con una combinación de especias, queso y patata de muerte. Nos queda pendiente el lassi, que lleva fama de ser el mejor de todos pero lo pospongo para el siguiente destino.

Udaipur
Nuestra última visita en Rajastán es Udaipur, la ciudad más romántica del Rajastán. Llegamos aquí nuevamente en bus. A diferencia del tren donde suben muchos vendedores a pasear por sus pasillos, en el bus se acercan y se asoman por la ventana. En una parada un vendedor de samosas me grita desde abajo. Le indico con la cabeza que no quiero y me enseña una foto de unas piernas de una mujer y me dice que tengo “nice legs”. Me entra la risa por lo absurdo de la situación. El hombre con un cesto de samosas al hombro sosteniendo la foto y riendo. Y es que aquí si enseñas la espalda y la tripa no pasa nada, pero un trozo de pierna les llama la atención. También en el caso de Alex.


En Udaipur coincidimos con Iván y Antonio, unos andaluces majísimos que llegan a la vez que nosotros y nos unimos para buscar alojamiento. Iván tiene una tienda de deporte y lleva las mismas zapatillas que nosotros. Ha corrido la 101km de Ronda, ahí es nada. Y su mujer es terceraen el campeonato de triatlón de España.
Quedamos con ellos a cenar y nos llevan a un sitio donde comemos el mejor thali del viaje. Los chicos se ponen finos y yo no puedo pasar de los dos rotis, a pesar de la insistencia del dueño para que coma más. Lo pasamos genial con Antonio e Iván, no sólo nos reímos un montón con ellos, también charlamos de la vida y me gusta su manera de pensar.
Después nos vamos a tomar un special lassi. El primero del viaje tiene que ser especial :) Los chicos como llevan el estómago lleno de comida ni lo notan. Yo al rato noto los efectos y tengo que dejar para más adelante escribir en el blog.
Degustando el mejor thali con Iván y Antonio.

Esperando el lassi.

En Udaipur hablamos con tanta gente que en dos ocasiones, nos volvemos a encontrarnos con alguno de ellos y nos preguntan si nos acordamos de ellos. Es un lugar muy tranquilo, con bonitas vistas en el que me hubiera gustado pasar algún día más. Con tantas caras, tantas charlas y apretones de manos se nos olvidan. “Soy el del tuc-tuc de esta mañana con los niños”. El otro es Brawar, con el que charlamos bastante rato y nos da sus datos de contacto por si queremos montarnos un negocio a medias con él.

Niños al cole en tuc-tuc.


Ahora vamos bajando hacia el sur. Estamos en Ahmedabad, una ciudad que no estaba en la lista pero a la única que el tren nos permitía venir. El tren que nos trajo es con diferencia el más viejo de todos, hasta ahora. Nuestros compañeros de viaje alucinaban con nosotros y no paran de hablarnos en hindi. Para quedarme con ellos, saco mi estuche de lentillas y me las quito delante de ellos. Uno se pensaba que era para los oídos. Nos enseñan orgullosos su carné de trabajadores para el gobierno y me piden una foto con ellos y el teléfono; para qué? 
Nuestros compañeros de tren. Según la lista tienen 35, 38, 42 y 50 años. No sabría decir quién es quién.

La obsesión en este país por las fotos es exagerada. Y sus poses estudiadas frente a la cámara, muy graciosas. Nos hacen fotos a nosotros, a nosotros con ellos, a mí con ellos, a ellos, ahora así, ahora asá. Tenemos la cámara llena de fotos de gente india.

Posado 1.


Posado 2. El hombre de la derecha pasa caminando y se apunta a la foto.

Hoy por fin hemos puesto fecha a nuestra salida de India. El día 19 de diciembre volaremos a Kuala Lumpur y estaremos tres días que esperamos compartir con Diane y Joyce. Y el día 22 volaremos a Myanmar.
Me da mucha pena marcharme, pero quedan muchos países por conocer y tenemos que seguir adelante, no arraigarnos : )
Los primeros días en India pensaba que nunca volvería; ahora estoy deseando volver, antes de marcharnos. Es un país que nos ha aportado tanto en todos los sentidos que será difícil dejarlo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

De McLeod y Delhi con gente maravillosa



Recibiendo y dando abrazos

Subiendo por la escalera a la terraza del hotel para poner la ropa a secar, me viene a la mente las canadienses que conocimos en Dubai y el abrazo que me dio una de ellas. “El primer abrazo del viaje”, me dijo Alex. Lo recuerdo porque venimos de hablar con popo Gonchi, del que también me he despedido con un abrazo.  Pienso en los abrazos que he dado y he recibido en este mes y medio largo, con personas que hemos ido conociendo por el camino. Y qué bien me han sentado todos! Está claro que lo importante en este viaje no son los monumentos ni las ciudades que visitamos, sino las personas con las que interactuamos. A veces, brevemente, como el chico que ha comido a nuestro lado en el restaurante y con el que ayer hablamos un rato en la montaña. O Claudia, una mejicana que llevaba mis zapatillas, comentamos lo bien que van y que nos da sus datos para contactar con ellas sin decidimos viajar a México. Un saludo amable, unas palabras y el deseo de continuar un buen viaje y disfrutar. Otras veces, tenemos la ocasión de conocer más a fondo a una determinada persona que influye en nosotros y creemos que también nosotros en ella.

El rincón de las estrellas
El otro día fuimos a uno de nuestros rincones preferidos donde “my friend” tiene un garito en el que vende chai, bebidas y algo de comida. En frente junto a la carretera, la amiga de Indi prepara los mejores momos de la zona, con una salsa de tomate triturado y cebolla exqui-sita!. Hemos ido allí varias veces con Indi, que les conoce de hace años. Nos dice que “my friend” antes había sido guía en el montaña. Me sorprende lo dispuesto que es ese hombre, que no para. Nos recibe con un apretón de manos y un medio abrazo. Al lado hay una caseta con mensajes de cuidado al medio ambiente. Hacen campañas para limpiar y cuidar el monte y buscan voluntarios, los “wastewarriors”. Y en esa caseta, “my friend” tiene un cuartito donde se queda a dormir cuatro días a la semana. Un día por la noche que vamos a ver las estrellas con Indi nos enseña su cuarto y nos cuenta que su hijo se casa en diciembre; nos invita a la boda, pero no estaremos.

Reflexionando sobre la vida.

Hasta se puede ver alguna estrella con la cámara.

Al día siguiente volvemos Alex y yo por la noche. Alex descarga una aplicación en el ipad para poder identificar las constelaciones. Se ve todo tan claro! Desde aquí sientes cómo pertenecemos al universo! Nos echamos cada uno en un banco  y viene de nuevo “my friend”. Le ayudamos con unas garrafas de agua. Lleva unas cervezas y nos invita a su cuarto. Nos cuenta más sobre la boda, las costumbres, los invitados,  de todo lo que tiene que preparar, está preocupado. Se pone triste. Supongo que para un hombre tan humilde debe suponer un gran esfuerzo económico. Al despedirnos casi no nos suelta la mano y después me da un abrazo que sostiene durante un largo rato. Pobre hombre. 

De vez en cuando, Grumer y Gusy también nos sacan a pasear. Como esta excursión hasta Triund Hills de 8horas que nos recordó a nuestros días en Nepal. Pero mereció la pena el esfuerzo.





Querido Popo Gonchi

Y seguimos conociendo gente sorprendente. Esta vez a Popo Gonchi. Hemos ido a nuestro café preferido y estaban todas las mesas ocupadas, así que la hemos compartido con él. Es japonés, y hemos empezado a charlar sobre Japón, lo que nos gusta, nuestro viaje allí, la comida. Pero poco a poco la conversación ha sido más profunda. Cada año visita un par de veces McLeod Ganj porque su misión es ayudar a la población tibetana. Nos habla de este pueblo y nos anima a conocerlo más a fondo. Pienso en Marina, cuánto disfrutaría de esta conversación. Hablamos de las religiones, de la espiritualidad. Dice que en occidente tenemos mucho conocimiento pero poca práctica. Nos cuenta que hace diez años tuvo un derrame cerebral que superó. Y nos explica cuál es su misión en la vida, su propósito. Nos pregunta por el nuestro y no sé qué contestarle. Le digo que la finalidad del viaje es conocerlo. Sigue contándonos sobre el pueblo tibetano, cómo ha evolucionado en los años que lleva viniendo. También hablamos de los indios, de su cultura y manera de ver la vida. Nos dice que le leyó la mano a un tibetano y le dijo que veía en su futuro que se montaría un negocio. El tibetano le preguntó; qué era un negocio. 



El futuro en nuestras manos
Entonces le extiendo mi mano para que la lea. Nunca he creído mucho en ello, pero tengo curiosidad. Me acuerdo de Mercedes, cuando nos leía las cartas en Nochevieja. Primero me describe cómo soy, lo que he vivido; lo hace con tanto detalle y tanto acierto que me emociono y tengo que aguantar las ganas de llorar. Después me habla de mi futuro, me pregunta de nuevo cuál es mi propósito en la vida, con qué soñaba de pequeña. Otra vez no puedo responderle. Me ha dejado totalmente impresionada. A continuación coge la mano de Alex. Me asusto porque se sorprende mucho de lo que ve. Trata de explicarnos, y nos aconseja.  Dice que su futuro está por definir y ve una línea indecisa.  Que tengo que cuidarle mucho. De su propósito en la vida le dice que tiene que reflexionar mucho y que puede que en este viaje encuentre de repente la inspiración. Que entonces volvamos a España. Nos dice que tenemos que hablar mucho entre nosotros sobre lo que queremos en el futuro, y nos repite varias veces que somos “a lovely couple” y que estamos en una edad muy buena.
Su misión en la vida es influir y hacer feliz al menos a una persona en la vida, y lo ha conseguido con su mujer. Alex le dice que también lo ha conseguido con nosotros, que nos ha llegado al corazón con sus palabras. Es un hombre encantador y muy gracioso. En el rato que estamos se reí a menudo. Nos dice que después de la experiencia en la que casi muere, ahora se siente muy feliz. Nos hace reflexionar mucho y nos recomienda que meditemos sobre la vida.
Este café también es su preferido y viene todos los días, como nosotros. El camarero se sorprende porque no paramos de hablar. De repente popo Gonchi mira el reloj y son las 12!! Habíamos entrado a las 9:30, así que después de 2:30h de conversación nos despedimos de él, y él se queda comiendo.
Salimos del café muy tocados emocionalmente. Me siento como un péndulo que estaba en reposo y de repente alguien golpea y desestabiliza. Sin embargo, el mensaje de popo Gonchi ha sido positivo. Tenemos el futuro en nuestras manos y nos tenemos el uno al otro. Y nos ve felices.

Visita a la clínica tibetana
Comemos en el restaurante japonés y después paseamos un rato. Nos encontramos de nuevo con la monja budista y esta vez no pierdo oportunidad de pedirle una foto para recordar su mirada. Me dice que está cansada y hoy se ve más vieja. Es cierto que se le ve cansada, pero sigue transmitiéndome tranquilidad. Va a visitar la clínica tibetana para comprar unas cremas y nos recomienda visitar al médico para hacernos un chequeo para el viaje, nos propone  acompañarle y lo hacemos. Pero la doctora nos dice que es mejor que  volvamos a la mañana siguiente con la orina.
Por la tarde, cenamos con Indi y le contamos nuestra experiencia con popo Gonchi y la monja. Le decimos que tiene que conocer al japonés, seguro que si se encuentran tienen mucho de qué hablar. Indi nos dice que antes de conocernos no le atraía para nada la cultura japonesa. Pero con nosotros ha cambiado totalmente su opinión. Nos alegra.
Esperando en la consulta.
Con mi amiga budista de la mirada relajante.


En nuestro último día en McLeod Ganj vamos al médico. Cogemos un cuadrado de madera donde está escrito el número  y nos sentamos a esperar. Somos los segundos. Empieza a venir gente, la mayoría mujeres tibetanas muy mayores con el traje típico y algún monje también mayor. En teoría a las 9h empieza la consulta, pero el personal llega un poco tarde y entran todos en una sala a rezar durante 15 minutos. Después la doctora entra en la consulta, se aclara la garganta, echa un escupitajo y comienza a pasar lista.
Cuando entramos a la consulta, pasan dos monjes mayores a pedir recetas. Me hace gracia la similitud con la seguridad social. Le entregamos la orina a la doctora. Yo la he llevado en una botella de agua de 1L y Alex en una de 2L. Nos reímos los tres al entregárselas. Primero analiza visualmente la orina, agitando la botella y luego nos estudia a través del pulso. Todo lo que nos dice es cierto. Tengo que cuidarme las lumbares, algún problema de estómago, tensión baja y tengo que beber más agua (por si no me lo repetía Alex bastantes veces). Nuevamente sorprendidos. Nos receta unas pastillas tibetanas como tratamiento y prevención que saben a rayos y culebras.


Las pastillas tibetanas que saben a rayos.

Aprendiendo a decir adiós

Por la tarde, nos despedimos de Indi y cogemos un autobús a Pathankot; desde allí tomaremos un tren a Delhi. Durante el camino estoy triste por la pena que me produce dejar McLeod Ganj y despedirnos de Indi, con el que hemos compartido tantos momentos felices. Unos días antes de iniciar el viaje, Miriam me envió el enlace de un artículo con 10 consejos zen para viajar. Recuerdo uno de ellos: no te arraigues, “porque (en el viaje) nos veremos obligados a despedirnos de forma cíclica, sólo para hacer espacio para nuevas amistades”. Y llorando en el autobús trato de asumirlo. Delante de nosotros viaja Leo, un chico francés que lleva 2 años trabajando en Australia con la Working Holiday Visa y cuyo inglés me cuesta entender, a pesar de su perfecto acento. Viaja solo y no pierde ocasión de hablar con todo el mundo que se sienta a su lado en el bus. También con nosotros que estamos detrás. Se me pasa un poco la tristeza y me doy cuenta que estamos cambiando. Que ahora nos abrimos mucho más a la gente y es cuando más estamos disfrutando. En una parada, Leo compra unas samosas (vade retro satanas!). No puedo ni verlas desde el día que me sentaron mal. Me dice que él come comida callejera y yo le cuento que comemos de todo, e incluso bebemos agua sin embotellar, pero con las samosas no puedo.
Paramos en Pathankot donde cogeremos el tren a Delhi. Nos despedimos de Leo que sale desde otra estación. La estación de tren y el tren están extrañamente vacíos.  Tratamos de dormir y me cuesta porque paso mucho frío. Llegamos a Delhi y es como volver a India. Entre Rishikesh y McLeod, habíamos estado alejados de la pura India. Hace más frío, me da la sensación de que hay menos gente y la veo más limpia. Todo me resulta más amable, hasta los conductores de tuc-tuc. Incluso negociar el precio del hotel nos resulta más fácil. 
 
Amigos en el tren de Pathankot.
Reencuentro con Ira

Compramos unos pasteles para la noche, que cenaremos con Ira y unos amigos. Nos recibe a las 19h en su casa. Y charlamos con ella un rato hasta que llegan sus amigos, una pareja formada por Ana (colombiana) y su marido Amit, que es de Delhi. Después se incorpora un compañero de piso de Ira, que está preparando el mismo examen que Ira. Me encanta escuchar a Ira cómo nos cuenta sobre la vida en India, cómo son las casas, cómo viven las familias. Es tan inteligente y resulta tan interesante todo lo que nos cuenta que ojalá pudiéramos pasar más tiempo con ella porque disfrutamos de su charla. 
Les contamos nuestra visita a la clínica tibetana, de cómo realizaba el diagnóstico, y nuestro encuentro con el japonés. Cómo nos leyó la mano y cuánto nos sorprendió. Ira me dice que ella también lee la mano desde hace 17 años.  Se la extiendo y me dice casi exactamente lo mismo que el japonés. Pero en este caso, tengo oportunidad de preguntarle en más detalle y me lo explica muy bien. Me habla sobre mi manera de ser.  Incluso me dice que estos días he estado más sensible. Me deja sin palabras. Hablamos sobre el futuro, cómo se construye sobre lo que ahora vivimos. Comentamos  cómo el viaje nos está cambiando y que lo mejor de viajar es la gente que te encuentras en el camino. Compartiendo mesa con cinco personas que nos hemos conocido hace poco y en tan buena armonía me siento afortunada por todo lo que el viaje nos está regalando. 


Resultaría gracioso vernos, pues durante la cena hablamos en inglés, español e hindi. Sobra decir que la cena es exquisita. A Ira también le gusta cocinar y quedamos en que cuando acabe su examen me pasará las recetas.
Ira está preparando uno de los exámenes más difíciles del mundo. Lo tiene en 15 días y se puede decir que es de todo. Nos enseña las decenas de libros y apuntes que tiene que estudiar: economía, física, medio ambiente, leyes, nuevas tecnologías, los últimos avances, y no sólo de India sino de todo el mundo! Me parece increíble que pueda retener todo eso en su cabeza. Ojeo el libro de medio ambiente y el temario es completísimo.
Nos despedimos deseando volver a vernos y sus amigos nos acompañan hasta la estación de metro. Son las 11h de la noche y sigue habiendo gente por el metro, por la calle. Cómo me gusta India.
Al día siguiente vamos a Jaipur. En el desayuno me como una pancake de chocolate a la salud de Miriam, como le prometí. Coincidimos con unos argentinos que llevan también tiempo viajando. Nos damos los datos de contacto y nos dicen que les llamemos cuando vayamos por allí. Es increíble la cantidad de viajeros que nos cruzamos, y todos de larga duración. El mundo parece pequeño. Ahora es cuando más estamos disfrutando de India, del viaje, de la vida. Nos damos cuenta que no sabemos en qué día vivimos, no nos regimos por un calendario, sólo a la hora de reservar el tren. Porque cada día es especial y lleno de sorpresas. 

Viaje en tren a Jaipur
El tren a Jaipur dura 6h, que finalmente son 7:30h. Sale a las 17:35h y se presenta como un viaje largo y aburrido. Pero nada más lejos de la realidad.
Durante el viaje pasan los Hare Krihsna vendiendo libros, el de las botellas de agua, el del té, uno con caramelos, otro con una caja de helados, otro que vende un revoltillo de lentejas secas a modo de snack, el de la sopa de tomate, otro con thali empaquetado (nuestra cena). Y se repiten en cada estación, gritando el nombre de lo que venden por los pasillos del tren.
Compartimos asiento con un matrimonio con un niño que tendrá un añico, pero es más majo y gracioso que me entretengo jugando con él. Otro chico que está en la litera de en frente empieza a hablar con Alex y le recomienda sitios para visitar en India. El niño de los asientos contiguos ve a Alex con el ipad y se sienta a observar. Alex le saluda y él le hace un saludo militar.  Le hago un cisne y casco guerrero de origami. Y orgulloso va a enseñárselo a sus padres. Tenemos a todos nuestros vecinos observando. 


De repente me acuerdo de las camisetas de la Federación de Peñas del Real Zaragoza, que le vendría bien de talla a este niño. Le pregunto tres veces pero no logro entender su nombre. Alex le pone la camiseta y se pone tan feliz que va corriendo a decírselo a sus padres. Luego vuelve de nuevo y nos dice “thank you”.  Sobre las 22h el niño pequeño se duerme con su padre y yo subo a la litera de arriba a descansar. Hablo desde el móvil con Joyce en Kuala Lumpur, Jose en Chile y Harjeet en India. Y oigo cómo Alex y el marido hablan sin parar sobre miles de cosas. Me dan ganas de bajar de lo interesante que parece. 

A la 1h de la mañana llegamos a la estación. En las escaleras nos acorralan varios conductores de tuc-tuc. Hablamos con un par de chicos jóvenes y les decimos la zona que queremos y un hotel barato. Nos reímos por el camino y nos quedamos en el primer hotel. Qué diferencia con la experiencia de Lucknow. Pero está claro que los que hemos cambiado somos nosotros y ahora empatizamos con todo el mundo. 
Antes de irnos, ya estamos echando de menos India.