Ha pasado un mes desde que
dejamos Japón y parece que ha pasado una eternidad. Los recuerdos se acumulan
en la cabeza, pero comparten espacio con nuevas experiencias, nuevas personas y
nuevos países. Hay días tan intensos, que a veces necesitamos un descanso para
procesar tantos sentimientos, tantos lugares y tanta información. Sin embargo,
hay momentos que se graban tan fuertes en la memoria que ocuparán siempre un
lugar especial en nuestros recuerdos, como Aoki san y nuestros días en Kotanbetsu.
Verdaderamente deseo escribir sobre ello y poder releerlo algún día, cuando algunos
detalles se hayan esfumado, aunque siempre quedará lo esencial, todo lo que
aprendimos con Aoki san, eso nunca se me olvidará.
 |
| Charlando con Aoki san de la vida. |
Atrapados sin saber qué hacer
Estábamos atrapados en el
aeropuerto de Tokio sin saber qué hacer, bloqueados: ¿volver a España,
olvidarnos de Sudamérica y seguir en Asia? No sabíamos si podríamos continuar
nuestro viaje. No sólo el viaje, otras preocupaciones se añadían a nuestro
problema del avión. Y entre tanta confusión, vino a rescatarnos Aoki san, con
su mente clara y resolutiva, que nos ofreció volver a su casa y estar con él el
tiempo que necesitásemos para ordenar las ideas.
 |
| Atrapados tres días en el aeropuerto de Tokio. |
Quedarnos en Japón era el regalo que
tanto habíamos deseado, y de tanto desearlo se cumplió, aunque el destino nos
los ofreciese con penas de por medio.
Aoki san nos recibió de nuevo con
los brazos abiertos y su sonrisa en la cara. Esos días nos permitieron una
convivencia más pausada y tranquila. Nos permitieron vivir, analizar y aprender
de la vida japonesa en un pequeño pueblo de Hokkaido.
Vuelta a Kotanbetsu
Volvíamos a Kothanbetsu, no
sabíamos por cuánto tiempo, pero era el mejor lugar donde podíamos estar y con
la mejor compañía.
Lo primero que hicimos fue ir a
visitar al policía Ito san, para informarle de que íbamos a estar allí un
tiempo por si a algún ciudadano se asustaba de ver a dos extranjeros por allí.
Aoki san hizo una copia de nuestros pasaportes y se la entregó a Ito san
después de presentarnos. Fue muy graciosa su reacción instintiva cuando nada
más presentarnos se giró a mirar detrás de su espalda las fotografías de los
más buscados en Japón. Aunque parezca mentira, en Japón también hay “malos”. No
coincidíamos con ellos, todo correcto. Fue una anécdota que después daría mucho
de sí.
 |
| En la oficina de Aoki, antes de ir a la policía. |
Ya el primer día nos invitó
Hattori san y su mujer a una barbacoa en su casa. Acordamos con Aoki san que
esta vez no estábamos solo para disfrutar con él, queríamos ayudarle en lo que
pudiésemos. Y él también necesitaba un ritmo más calmado, por lo que decidimos
que saldríamos con tranquilidad y aceptaríamos invitaciones, pero poco a poco.
Aún así, en los días que estuvimos, Aoki san no dejó de idear actividades, de
llevarnos a conocer nuevos sitios para disfrutar los tres juntos.
 |
| Barbacoa con Hattori san y su mujer. |
 |
| Con Kumiko y el hermano de Aoki. |
Los primeros días yo estaba muy
triste por lo sucedido con la aerolínea. Me culpaba por no haberlo resuelto a
tiempo y volvíamos de su oficina (de usar la wifi) para contarle los novedades
de nuestras conversaciones con el responsable de Singapore Airlines. Un día, Aoki
me vio tan decaída que me dijo, te voy a contar mi historia y después nos
iremos los tres juntos al karaoke para que te animes. Escuchamos atentos la
historia de Aoki y desde ese momento mi admiración por su persona fue inmensa
por todas las dificultades que enfrentó en la vida y cómo las superó. A veces
creemos que sólo a nosotros nos suceden acontecimientos lamentables, pero si prestas
atención al vecino y escuchas a los que tienes cerca te das cuenta que todos los seres humanos
pasamos el algún momento de nuestra vida por episodios duros o muy duros, todos
estamos luchando nuestra propia batalla en la vida, la diferencia es cómo
afrontamos y superamos cada momento. Aoki
san me demostró una vez más el gran corazón que tiene. Y de allí nos fuimos al
karaoke.
 |
| El primer día del karaoke. |
El karaoke se convertiría en
uno de mis sitios favoritos, y donde descubrimos lo adictivo que resulta
cantar. Allí, es una de las principales atracciones y acude gente de todas las
edades. Mama san, la encantadora dueña del local, nos trata siempre con
muchísimo cariño. Nos servía la bandeja de snacks, con la cerveza bien fría y
nos deleitaba de vez en cuando cantando un enka, con su dulce voz. E incluso
bailábamos si no había mucha gente.
 |
| Alex y Yoshie limpiando la segunda planta. |
 |
| Algunas bolsas de basura que sacamos. |
También tuvimos ocasión de
conocer a los hijos de Aoki san. Un domingo fuimos a la fiesta deportiva que se
celebraba en el colegio de su nieta pequeña Mao. Allí conocimos también a su otra
nieta Rio y a su hija Mari. Incluso participamos en uno de los juegos para que
ganase el grupo de Mao. Allí, todos los familiares participan de la fiesta y
hay actividades para todos. Otra vez, nos quedamos impresionados cómo niños tan
pequeños eran tan organizados, y cómo estaba todo tan bien preparado.
 |
| Mao participando en un juego del colegio. |
 |
| Con Rio, Mao, Mari y sus amigos. |
Uno de los momentos que más me
gustaba del día era el desayuno. Alex nos preparaba el café a Aoki san y a mí,
junto con un delicioso sandwich o tostada, que saboreábamos mientras hablábamos
de nuestros planes del día.
Otro día visitamos la ciudad de
Masike, famosa por una casa antigua muy bonita y una fábrica de sake y
aprovechamos a comer un rico katsudon. Acostumbrado en Nueva Zelanda, Alex ya
era un experto conduciendo por la derecha, así que no hubo problema en que
cogiese el coche y se turnase con Aoki para largos recorridos.
 |
| Famoso edificio de Masike que sirvió también de tienda. |
 |
| Botellas de sake. Sigue funcionando la fábrica de sake junto a la casa. |
Uno de las actividades que más le
gustó a Alex fue practicar park golf, que pudo practicar con Aoki e Ito san,
dos grandes aficionados, en el campo
cerca de Kotanbetsu.
 |
| Jugando al park golf. |
 |
| En una fábrica de tatami con Abe san. |
En los días que estuvimos en
Kotanbetsu, llegaron noticias de que en un oso deambulaba cerca del pueblo. Lo
habían visto cerca de la parada del bus, cerca del colegio… y nosotros
albergábamos la esperanza de encontrárnoslo en alguno de nuestros viajes y
hacerle una foto. Pero nos fuimos de allí sin conocerle. Aunque hace poco han vuelto
a tener noticias de él.
Poco a poco se fueron
solucionando los problemas y llegó el momento de decidir qué hacíamos. Quedarnos
más tiempo allí hubiese sido una experiencia increíble, teníamos tantas cosas
que aprender y que conocer. Pero teníamos tiempo limitado y la oportunidad de
conocer Sudamérica. No sabíamos si más adelante podríamos viajar allí y la
compañía nos ofrecía un descuento para poder volar. Así que decidimos continuar
hacia el este y completar la ruta que habíamos planeado.
Nos despedimos por segunda vez de
Aoki san, felices por el tiempo que habíamos vivido juntos y con la esperanza
de volvernos a ver algún día.
 |
| Despedida dde Aoki san e Ito san. |
Al final el inconveniente del
avión se había convertido en la oportunidad de conocer más a fondo un país y una
cultura que nos fascina, pero mucho más importante aún, de conocer más a fondo
a grandes personas y grandes amigos que han influido mucho en nuestra vida y
han supuesto algunos de los mejores momentos de este largo viaje.
Era hora de poner rumbo a
América!