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martes, 28 de julio de 2015

Vivencias en Kotanbetsu, un mes en Japón

Ha pasado un mes desde que dejamos Japón y parece que ha pasado una eternidad. Los recuerdos se acumulan en la cabeza, pero comparten espacio con nuevas experiencias, nuevas personas y nuevos países. Hay días tan intensos, que a veces necesitamos un descanso para procesar tantos sentimientos, tantos lugares y tanta información. Sin embargo, hay momentos que se graban tan fuertes en la memoria que ocuparán siempre un lugar especial en nuestros recuerdos, como Aoki san y nuestros días en Kotanbetsu. Verdaderamente deseo escribir sobre ello y poder releerlo algún día, cuando algunos detalles se hayan esfumado, aunque siempre quedará lo esencial, todo lo que aprendimos con Aoki san, eso nunca se me olvidará.
Charlando con Aoki san de la vida.
Atrapados sin saber qué hacer

Estábamos atrapados en el aeropuerto de Tokio sin saber qué hacer, bloqueados: ¿volver a España, olvidarnos de Sudamérica y seguir en Asia? No sabíamos si podríamos continuar nuestro viaje. No sólo el viaje, otras preocupaciones se añadían a nuestro problema del avión. Y entre tanta confusión, vino a rescatarnos Aoki san, con su mente clara y resolutiva, que nos ofreció volver a su casa y estar con él el tiempo que necesitásemos para ordenar las ideas.
Atrapados tres días en el aeropuerto de Tokio.

Quedarnos en Japón era el regalo que tanto habíamos deseado, y de tanto desearlo se cumplió, aunque el destino nos los ofreciese con penas de por medio.

Aoki san nos recibió de nuevo con los brazos abiertos y su sonrisa en la cara. Esos días nos permitieron una convivencia más pausada y tranquila. Nos permitieron vivir, analizar y aprender de la vida japonesa en un pequeño pueblo de Hokkaido.

Vuelta a Kotanbetsu

Volvíamos a Kothanbetsu, no sabíamos por cuánto tiempo, pero era el mejor lugar donde podíamos estar y con la mejor compañía.

Lo primero que hicimos fue ir a visitar al policía Ito san, para informarle de que íbamos a estar allí un tiempo por si a algún ciudadano se asustaba de ver a dos extranjeros por allí. Aoki san hizo una copia de nuestros pasaportes y se la entregó a Ito san después de presentarnos. Fue muy graciosa su reacción instintiva cuando nada más presentarnos se giró a mirar detrás de su espalda las fotografías de los más buscados en Japón. Aunque parezca mentira, en Japón también hay “malos”. No coincidíamos con ellos, todo correcto. Fue una anécdota que después daría mucho de sí.
En la oficina de Aoki, antes de ir a la policía.
Ya el primer día nos invitó Hattori san y su mujer a una barbacoa en su casa. Acordamos con Aoki san que esta vez no estábamos solo para disfrutar con él, queríamos ayudarle en lo que pudiésemos. Y él también necesitaba un ritmo más calmado, por lo que decidimos que saldríamos con tranquilidad y aceptaríamos invitaciones, pero poco a poco. Aún así, en los días que estuvimos, Aoki san no dejó de idear actividades, de llevarnos a conocer nuevos sitios para disfrutar los tres juntos.
Barbacoa con Hattori san y su mujer.

Con Kumiko y el hermano de Aoki.

Los primeros días yo estaba muy triste por lo sucedido con la aerolínea. Me culpaba por no haberlo resuelto a tiempo y volvíamos de su oficina (de usar la wifi) para contarle los novedades de nuestras conversaciones con el responsable de Singapore Airlines. Un día, Aoki me vio tan decaída que me dijo, te voy a contar mi historia y después nos iremos los tres juntos al karaoke para que te animes. Escuchamos atentos la historia de Aoki y desde ese momento mi admiración por su persona fue inmensa por todas las dificultades que enfrentó en la vida y cómo las superó. A veces creemos que sólo a nosotros nos suceden acontecimientos lamentables, pero si prestas atención al vecino y escuchas a los que tienes cerca  te das cuenta que todos los seres humanos pasamos el algún momento de nuestra vida por episodios duros o muy duros, todos estamos luchando nuestra propia batalla en la vida, la diferencia es cómo afrontamos y superamos cada momento.  Aoki san me demostró una vez más el gran corazón que tiene. Y de allí nos fuimos al karaoke.
El primer día del karaoke.

El karaoke se convertiría en uno de mis sitios favoritos, y donde descubrimos lo adictivo que resulta cantar. Allí, es una de las principales atracciones y acude gente de todas las edades. Mama san, la encantadora dueña del local, nos trata siempre con muchísimo cariño. Nos servía la bandeja de snacks, con la cerveza bien fría y nos deleitaba de vez en cuando cantando un enka, con su dulce voz. E incluso bailábamos si no había mucha gente.

Sin duda alguna, todo lo que hizo Aoki san por nosotros es impagable, pero al menos queríamos ayudarle en su casa y corresponderle por toda su ayuda. Un día le limpíabamos el frigorífico, otro quitábamos las malas hierbas del jardín, otro ordenábamos la planta segunda de su oficina, el cuartito donde vivió su hija, pintábamos la fachada de la casa o ayudábamos a plantar tomateras a su amigo.
En la oficina de Aoki.


Pintando.

En realidad Alex fue el que pintó casi todo.
Alex con Ito san plantando tomateras.

Pero el trabajo más emotivo que realizamos fue ayudarle a limpiar la segunda planta de su casa, donde todavía guardaba la ropa de su mujer y otros muchos cacharros que necesitaban un orden. Vino a ayudarnos su sobrina Yoshie y entre los cuatro sacamos bolsas y bolsas de gomi (basura en japonés). A Aoki san le hizo mucha ilusión que por fin se pusiese orden ahí arriba. Y a mí mucha pena ver cómo íbamos amontonando en bolsas recuerdos de una vida, aunque eso solo fuese lo material. Lo importante se quedó en el corazón de sus familiares.
Alex y Yoshie limpiando la segunda planta.

Algunas bolsas de basura que sacamos.

También tuvimos ocasión de conocer a los hijos de Aoki san. Un domingo fuimos a la fiesta deportiva que se celebraba en el colegio de su nieta pequeña Mao. Allí conocimos también a su otra nieta Rio y a su hija Mari. Incluso participamos en uno de los juegos para que ganase el grupo de Mao. Allí, todos los familiares participan de la fiesta y hay actividades para todos. Otra vez, nos quedamos impresionados cómo niños tan pequeños eran tan organizados, y cómo estaba todo tan bien preparado.
Mao participando en un juego del colegio.

Con Rio, Mao, Mari y sus amigos.
Uno de los momentos que más me gustaba del día era el desayuno. Alex nos preparaba el café a Aoki san y a mí, junto con un delicioso sandwich o tostada, que saboreábamos mientras hablábamos de nuestros planes del día.

En esos días aprendimos nuevos platos de cocina japonesa, sobre todo Alex, que se volvió un experto preparando el plato preferido de Aoki y de él el hiyashi ramen (ramen frío). Nos pusimos hasta arriba de comer sushi de pescados fresquísimos, deliciosos. Y aprendimos a limpiar y degustar las hotates (vieiras) con un poco de soja y yama wasabi, recién rallado.
Comiendo ramen.

Sushi con yama wasabi.

Erizos de mar que nos trajo el hermano de Aoki.

Limpiando las hotates.

El plato preferido de Aoki, hiyashi ramen.

Cuando hacía buen tiempo, nos montábamos en el backyard que decía Aoki (la parte de detrás de la casa que daba a su jardín), unas barbacoas bien ricas con una carne adobada que vendían en paquetes que daba pena abrir de lo bonitos que estaban, verduras y pescado. Eso sí, siempre regado con buena cerveza Asahi. Y cuando no nos montábamos nosotros la comida, eran otros los que nos invitaban a comer, así que entre comida y comida, cogimos algún kilo que luego tuvimos que bajar.
Barbacoa en el jardín.

Ayudando a la vecina de Aoki que nos invitó a cenar.
Con Watanabe y Aoki, cena japo-española con vino español.

Tuvimos la oportunidad de conocer de Hidekazu, el hijo de Aoki, que trabaja para una empresa rusa que vende pescado a Japón. Para llegar allí nos desplazamos al punto más al norte de la isla de Hokkaido, Wakannai y conocimos un poco  más de la historia de Japón. Me enteré que unas islas más al norte de Japón son rusas, por eso su hijo trabaja entre Rusia y Japón. Nos invitó a ver descargar un barco lleno de kanis, cangrejos enormes que probaríamos más tarde.
Comiendo con Hidekazu.

El sushi más delicioso que hemos comido.

Barco ruso cargado de cangrejos.

Cangrejos enormes.


Aoki y Alex en Wakkanai.
Monumento dedicado a nueve teleoperadoas que murieron durante la II guerra mundial.

En el punto más al norte de Japón.

Campana de la paz.

Monumento de la oración, dedicado a los fallecidos en un grave accidente aéreo.

Nuestra amigos Kasumi y Tomohiro estaban preocupados por nosotros. Ellos viven en Sapporo, a 180 km de Kotanbetsu, y un sábado vinieron a vernos y a pescar con Tomonagi y la pequeña Serena. Juntos pasamos un gran día, con barbacoa de por medio.
Kasumi con Serena y Tomonagi comiendo un onigiri.

Barbacoa con amigos.

Kasumi, Tomonagi y Tomohiro.

Con Watanabe.

Otro día visitamos la ciudad de Masike, famosa por una casa antigua muy bonita y una fábrica de sake y aprovechamos a comer un rico katsudon. Acostumbrado en Nueva Zelanda, Alex ya era un experto conduciendo por la derecha, así que no hubo problema en que cogiese el coche y se turnase con Aoki para largos recorridos.
Famoso edificio de Masike que sirvió también de tienda.


Botellas de sake. Sigue funcionando la fábrica de sake junto a la casa.

Uno de las actividades que más le gustó a Alex fue practicar park golf, que pudo practicar con Aoki e Ito san, dos grandes aficionados,  en el campo cerca de Kotanbetsu.
Jugando al park golf.

En una fábrica de tatami con Abe san.

En los días que estuvimos en Kotanbetsu, llegaron noticias de que en un oso deambulaba cerca del pueblo. Lo habían visto cerca de la parada del bus, cerca del colegio… y nosotros albergábamos la esperanza de encontrárnoslo en alguno de nuestros viajes y hacerle una foto. Pero nos fuimos de allí sin conocerle. Aunque hace poco han vuelto a tener noticias de él.

Tuvimos ocasión de volver a ver Nakajima, que nos había enseñado el control remoto para su campo de arroz y conocer a mucha gente nueva.
Con Nakajima en la granja de fresas.

Nakajima nos llevó a ver unos preciosos ponys.

La última semana que pasamos allí conocimos a Ayaka Niki. Ella se enteró  que dos españoles estaban pasando unos días en casa de Aoki y nos buscó. Hace años había trabajado como voluntaria en Guatemala durante dos años y hablaba muy bien español. Fue una sorpresa para nosotros y para Aoki, pues no se conocían. Y tuvimos ocasión de charlar más tiempo juntos en unas conversaciones multilingües: entre Aoki y Niki en japonés, entre Niki y nosotros en español y entre Aoki y nosotros en inglés.
Charlando con Ayaka Niki y su hija Sona.

En el karaoke con nuevos amigos.
Poco a poco se fueron solucionando los problemas y llegó el momento de decidir qué hacíamos. Quedarnos más tiempo allí hubiese sido una experiencia increíble, teníamos tantas cosas que aprender y que conocer. Pero teníamos tiempo limitado y la oportunidad de conocer Sudamérica. No sabíamos si más adelante podríamos viajar allí y la compañía nos ofrecía un descuento para poder volar. Así que decidimos continuar hacia el este y completar la ruta que habíamos planeado.
Nos despedimos por segunda vez de Aoki san, felices por el tiempo que habíamos vivido juntos y con la esperanza de volvernos a ver algún día.
Despedida dde Aoki san e Ito san.

Nos quedaban por delante cuatro vuelos en dos días: Sapporo-Tokio, Tokio- Los Ángeles, Los Ángeles-Miami y Miami-Cartagena (Colombia). Cogimos un autobús hasta Sapporo y pasamos con Kasumi y su familia nuestro último día en Hokkaido. Fuimos a recoger al colegio a Tominagi, participamos en su clase de inglés, estuvimos con Serena y de nuevo Kasumi y Tomohiro nos hicieron sentir como en casa.
Alex y Tomonagi jugando al ajedres y yo con Serena.

Haciendo origami.

Con la familia Miyazawa.

Al final el inconveniente del avión se había convertido en la oportunidad de conocer más a fondo un país y una cultura que nos fascina, pero mucho más importante aún, de conocer más a fondo a grandes personas y grandes amigos que han influido mucho en nuestra vida y han supuesto algunos de los mejores momentos de este largo viaje.

Era hora de poner rumbo a América!

viernes, 26 de junio de 2015

Crónicas de Japón, los protagonistas

Una buena amiga me dijo que cree que las cosas siempre suceden por algo. Hoy, por fin sentada en el avión de Singapore Airlines con destino a Los Ángeles, llorando pero bajito para que nadie me oiga, recuerdo sus palabras y pienso que tiene razón.

Esta es la larga historia de nuestros 32 días en Japón. No es una historia de lugares, de ciudades o paisajes, es una historia de personas. Por eso antes tengo que introducir a los “protagonistas”.
Nuestro siguiente destino después de China era Japón, ese país maravilloso que nos encantó la primera vez y al que prometimos que volveríamos.

Protagonista número 1: Kasumi, una japonesa muy española

Cuando en 2012 volvimos de nuestro viaje por Japón, estaba tan entusiasmada que busqué por internet una amiga japonesa para aprender japonés. Y encontré a Kasumi. Ella estaba estudiando español por su cuenta. Desde julio de 2012 nos enviamos periódicamente correos electrónicos contándonos sobre nuestras vidas. Ella habla y escribe muy bien español, pero yo tengo que confesar dejé mis deberes de lado y no aprendí nada de japonés  :( , por eso nos escribimos en español.
Con Tomohiro, Tomonagi, Kasumi y Serena.

A Kasumi y a su marido Tomohiro les gusta mucho España. Estuvieron la primera vez hace unos 10 años y volvieron otras dos veces en 2013, entonces acompañados por su adorable hijo Tomonagi.
Nos conocimos personalmente en marzo de 2013 en Barcelona y volvimos a vernos en la Nochevieja de 2013, en Zaragoza. Ese año celebramos el final de año junto con nuestra familia. Fue un día especial y lo pasamos muy bien. Entonces comprendí que la familia Miyazawa era una familia encantadora. Con una mente muy abierta, dispuestos a disfrutar al máximo de sus días en España, a convivir con nosotros, a participar en todas las actividades posibles, llenos de entusiasmo y felices con cada cosa nueva que descubren. Su hijo Tomonagi nos dejó sorprendidos. Un niño que entonces tenía 8 años y sin ningún miedo ni vergüenza, que lo pasó genial jugando al bingo y soplando el matasuegras con Jesús, el padre de Alex : )


La razón de visitar Japón y nuestro plan inicial

Pero esta vez teníamos una razón mucho más importante para visitar Japón, queríamos visitar a nuestros amigos y conocer a su hija Serena, que ha nacido en febrero de este año.

Kasumi vive en Sapporo, en la isla de Hokkaido, que está al norte de la isla de Honshu, la isla más grande de Japón donde se encuentran Tokio, Kioto y Osaka.


La idea inicial era estar 15 días en Japón, porque el alojamiento es muy caro y no podíamos permitirnos más tiempo. Pero empezó a vislumbrarse la idea de estar un mes. Para conseguirlo escribimos a muchos hostales donde ofrecen alojamiento gratis si trabajas allí 3 horas al día limpiando. Era nuestra esperanza para pasar más tiempo en Japón, pero todos nos dijeron que no tenían sitio salvo en Kioto, que sólo tenían trabajo para una persona.

Tristes porque no íbamos a poder estar más tiempo en Japón, buscamos alguna persona de Couchsurfing que al menos nos alojase unos días. No nos importaba no ver templos, ni monumentos, queríamos conocer más de cerca la vida japonesa, convivir con su gente y ver su día a día.

Protagonista número 2: Aoki san

Como íbamos a ir a la isla de Hokkaido, nos centramos en buscar algún couchsurfing allí. Sabíamos que Kasumi estaría muy ocupada con Serena y tampoco queríamos molestarles por muchos días. Entonces encontré el perfil de Aoki san, que vivía en un pequeño pueblo de la costa de Hokkaido, a 180km de Sapporo. 
Aoki san.
Cuando leí la primera frase de su presentación supe que iba a ser una persona muy interesante, y no me confundí. Decía algo así como “quiero hacer muchas cosas buenas antes de ir al cielo”. Sólo una persona única escribiría eso. Contactamos con él y lo que en principio iban a ser dos días, luego fueron 4 y al final 3 semanas. Posiblemente una de las mejores experiencias de este viaje, y sin duda, la de mayor valor humano para mí. Pero esa historia la contaré más tarde.

Protagonista número 3: Gunji Katsumi (Popo Gunji) 

Después de estar Sapporo pensábamos pasar unos días en la fascinante ciudad de Tokio, mi ciudad preferida en el mundo!

Allí aprovecharíamos a ver a Gunji Katsumi, que conocimos en Mc Leod Ganj (India) y con el que tuvimos una charla tan interesante, que nos dejó muy marcados. Después de seis meses desde su encuentro, teníamos ganas de contarle cómo habíamos cambiado y lo que habíamos vivido.
Con Popo Gunji en India.

Visita a Hokkaido

Volamos directamente de China a Osaka y desde allí a Sapporo. Desde la ventana del autobús reconocí a Tomonagi que nos saludaba dando saltos, con un abanico en la mano. El abanico era un regalo para nosotros donde Kasumi había escrito nuestros nombres. Otro delicado detalle de Kasumi. Son preciosos todos los regalos que nos hace, siempre tan bonitos, con tanto gusto y tan personales. 
Y nosotros, con un pato laqueado de un kilo en la mochila, jeje. No recordé preguntarle si lo comieron ya.
Bonitos detalles 

Conocimos a la preciosa Serena, que hace gala de su nombre y es una bebé tranquila, que casi no llora y come muy bien.


Serena preciosa con el trajecito del Real Zaragoza.
Comimos un delicioso ramen que nos sentó divinamente, visitamos la fábrica de Sapporo y pasamos la tarde del domingo jugando a veísbol con Tomonagi y Tomohiro, probando la cometa, charlando, jugando con Serena,….
En la fábrica de cerveza Sapporo.
Todas las comidas que nos prepararon, espectaculares. Nos hicieron sentir realmente a gusto, mejor que en nuestra propia casa (bueno, en la que teníamos antes).
El desayuno: tofú, arroz y miso. Sano y delicioso.
Pero eso no es todo, porque además pudimos ver cómo se vive en un barrio residencial de Japón, cómo van al trabajo, qué sistema tan diferente al nuestro tienen para recoger la basura, cómo es el baño en una casa japonesa, cómo es dormir en un futón o cómo son los juegos de Tomonagi con lo que nos lo pasábamos genial, porque eran muy, muy divertidos incluso para gente más mayor como nosotros.

Celebrando mi cumpleaño dos días antes con una tarta muy rica.
Fue muy gracioso ver la cantidad de detalles españoles que decoran la casa de los Miyazawa, donde no falta el aceite de oliva virgen y un jamón en su correspondiente en el jamonero.












El lunes visitamos con Tomohiro la pista de salto de ski de Sapporo y su museo, uno de los más divertidos que hemos visitado en nuestra vida, donde puedes participar y competir en un montón de simuladores de deportes, como salto de ski, patinaje, esquí de fondo.






Fue un gran detalle que Tomohiro, a pesar de que tiene muchísimo trabajo y llega a casa muy tarde, ese día tenía fiesta por la mañana y lo dedicó a pasarlo con nosotros.



Por la noche cocinamos salmorejo, tortilla de patatas y bizcocho de chocolate para dar un toque más español a la cena. A Tomonagi le encantó el salmorejo.
Con la tortilla de patatas.
Probando el bizcocho de chocolate.
Nos despedimos de la familia Miyazawa muy, muy felices de haber pasado esos días con ellos y con la esperanza de vernos muy pronto.

Desde Sapporo cogimos un autobús que nos llevaría hasta Kotanbethu para pasar unos días con Aoki san.

Continuará en la siguiente crónica.