miércoles, 14 de enero de 2015

La pureza y serenidad de Myanmar



Llegamos a Myanmar con la pena de dejar India pero con la ilusión de conocer un país nuevo.  Hace años me regaló mi padre un libro de Amy Tan,  Un lugar llamado nada. En él se describía el viaje de un grupo de americanos a Birmania (Myanmar). Por aquel entonces todavía no habíamos visitado Asia y todo lo que imaginaba en mi mente sobre el país me parecía lejano y mágico. 

Había leído sobre este país porque el año pasado quisimos venir en verano pero finalmente nos decantamos por Malasia, por las dificultades de viajar a este país. Sabíamos que era un país todavía un poco virgen al turismo comparado con sus vecinos, muy controlado por el gobierno y complicado para moverse; pero está creciendo a una velocidad tan rápida que me da pena que pierda su esencia, como me cuenta Elena, una española que se aloja en nuestra guesthouse de Yangon.

El espejismo de Yangon

La llegada a Yangon fue sorprendente. Pensaba que Myanmar iba a ser un país muy pobre y muy subdesarrollado y me sorprendió ver una ciudad “más moderna”. Nos recuerda bastante a su otra vecina Tailandia, pero con su propio sello de identidad.
Tras alojarnos en la guesthouse salimos a cenar y captar una primera impresión de la ciudad. Nos llama la atención la vida comunitaria en la calle; niños jugando al fútbol, jóvenes y mayores sentados en sillas viendo todos juntos una tele de plasma, puestos callejeros con sus mini-mesitas con mini-sillas como en la clase de parvularios o como la mesa de juegos de mis sobrinas. Para mí una suerte ser baja, porque para gente alta puede resultar incómodo doblarse tanto. Ellos no tienen problema. Otra vez me asombra la flexibilidad de estos asiáticos.

Se oye música en la calle. Me cuenta Alex que son bastante aficionados al karaoke. Se les ve muy amables, muy sonrientes, esperan a cruzar una mirada  para sonreírte y son muy cantarines. Todo el día están cantando. Las mujeres y también algunos niños y jóvenes llevan thanakha en la cara, una pasta amarilla para protegerse del sol. Les hace mucha gracia ver a los extranjeros con ella y a mí me la pone Elena. Después en la calle me sonríen y  dicen “so beautiful”.

Los hombres llevan el dhoti o lungi como el del sur de India. Pero aquí lo llevan más elegante, largo sin doblar y con camisa cuello tipo mao. Sólo se lo remangan para jugar con su pelota birmana y entonces se lo ponen como un pañal.
Nos miran sorprendidos y aunque no son tan curiosos como los indios, hay chicas que se quedan asombradas al ver a Alex.Y sonríen, sonríen a todas horas.

Nosotros como venimos curtidos de India y todavía asilvestrados, todo nos parece mucho más limpio, cómodo y sencillo.  La gente camina por la acera y no se oyen pitidos, aunque los coches conducen más rápido y resulta más peligroso cruzar. En Yangon las motos están prohibidas (ni me había dado cuenta hasta que Alex me lo cuenta)) y hay una nueva modalidad de transporte, el triciclo sidecar.
Aquí mastican betel a muerte, y hay muchísimos puestos callejeros que los preparan y venden. Son más pequeños y los meten en bolsita de plástico para ir masticándolos como si fueran caramelos. Es más obsesivo que en India, y muchos llevan toda la boca naranja.

Aquí hay muchos autobuses y camionetas con los letreros en japonés. Me cuenta Alex que los japoneses se los venden de segunda mano. Y lo que aún resulta aún más curioso, es que conducen como España por la derecha y en  los vehículos el conductor suele ir  a la derecha por lo que lleva a un acompañante para que le indique cuando puede adelantar. Otras veces el conductor va a la izquierda. Suponemos que depende del país donde se importe el vehículo.
Lo que menos me gusta de Myanmar es la manía de las bolsas de plástico, como ya pasaba en Japón y Tailandia. En India las guardaba como un tesoro porque casi no usan, y aquí tenemos que pedirles todo el tiempo que no nos pongan bolsa.
Visitamos la gran pagoda de Shwedagon y pasamos la tarde allí. A la salida merendamos un delicioso sushi callejero. Qué rico nos sabe!!



Nuestro siguiente destino es Kyaiktiyo, conocido por ser unos de los lugares de peregrinación más importantes entre los budistas birmanos. Aquí se encuentra la Golden rock, o roca dorada, que se supone se sostiene sobre un pelo de Budha. Y como ahora ya estamos mejor puedo contar por qué nosotros no llegamos a verla.

La fatídica comida 

Los dos días en Yangon comimos en puestos callejeros, y aunque la comida no es tan sabrosa y variada como en India nos gustó y sentó bien. Pero antes de coger el bus para Kyaiktiyo, decidimos comer en la estación. Nos acercamos a un restaurante donde tenían todas las ollas expuestas. Después de abrir las ocho perolas y ver diversos tipos de carne en salsa, decidí que unos huevos fritos flotando en una salsa marrón era la opción más sana para acompañar nuestro arroz. Aún tengo pesadillas con esa imagen. Cuando lo comimos nos gustó, pero ya noté que nos sentaba como un tiro. Y los efectos fueron bastante inmediatos. Empecé yo con diarrea y me siguió Alex. Al día siguiente madrugamos a las 6h de la mañana para visitar la roca, pero estábamos tan mal que decidimos quedarnos una noche más allí y hacer la excursión por la tarde. Buscamos opciones sanas para comer y sólo encontramos unos plátanos pequeños y un bizcocho. La comida aquí es muy grasienta y me empecé a preocupar por cual iba a ser nuestra dieta en estos días. Por suerte, unas españolas nos comentaron más tarde que la comida en el norte es más variada y rica y que era un caso excepcional la comida de este pueblo.

A las 15h nos “acomodamos” en un camión que lleva detrás varios bancos en el que cabemos seis personas apretujadas. Hasta que no se llenó no se puso en marcha. Empecé a sudar, a marearme y justo cuando le estaba diciendo a Alex que me encontraba mal el camión arrancó. Intenté aguantar pero se me empezó a nublar la vista y vi como Alex me miraba con cara de susto y me pegaba en la cara. Una australiana que iba detrás le dio a Alex su botella de agua para que me refrescara, vi como la mujer birmana de delante me daba un limón y creo que entonces perdí el conocimiento porque me contó Alex que la pareja de la australiana gritó “stop the bus”. Por suerte, me pasó cerca de la estación y no en medio de la ascensión al monte. Nos bajamos como pudimos del camión, Alex me echó en el suelo, y pronto se reunieron unos cuantos birmanos alrededor. Una mujer muy maja que vendía fruta me puso medicina ayurveda en las sienes, el cuello y la espalda. Y poco a poco me recuperé. Abortamos de nuevo nuestra excursión a la golden rock; nos quedamos durmiendo y tratando de recuperarnos, pues nos sentíamos débiles y nada de lo que comíamos parecía sentarnos bien.

Hpa-an

Después de tres días con una diarrea bastante fuerte, nos encontramos mejor.  Estamos en un nuevo destino Hpa-an, famoso por sus cuevas.
Llegamos por la tarde y nos lo tomamos de descanso y recuperación. Visitamos los templos que hay en el pueblo y el mercadillo. Aquí parece que hay más variedad de comida que en el pueblo anterior.
cargamento de cacahuetes.





Al día siguiente despertamos llenos de energía. Por fin parece que estamos recuperados. 
 

Alquilamos una moto y desde las 8:30h de la mañana hasta las 18:30h recorremos todos los alrededores. Quedamos fascinados por los paisajes. Es todo tan puro! Parece que aquí el hombre todavía vive con respeto y armonía con la naturaleza. El azul del cielo en contraste con el verde brillante de los arrozales nos  hipnotizan. Todo está lleno color! Me reprimo de hacer más fotos porque si no no aguantará la batería hasta la tarde (Luis tenías razón, teníamos que haber cogido dos baterías).

Y si la naturaleza nos regala paisajes maravillosos, no lo son menos su gente. Absolutamente todos los niños con los que nos cruzamos nos sonríen y nos saludan. La gente mayor hace lo mismo, Todos tienen una sonrisa en la cara. Son todos tan puros.



 Visitamos un monasterio en nueva cueva, nos adentramos en ella y oímos los ruidos de los murciélagos; entramos en un par de monasterios donde los monjes almuerzan, nos invitan a almorzar con ellos pero no nos quedamos. Comemos en un restaurante de carretera donde nos sirven unos vegetales con curry. Por fin disfrutamos de nuevo con la comida. Están deliciosos. Seguimos la ruta. Cada sitio que visitamos me gusta más.







 De camino al último destino cruzamos un puente. Las imágenes a ambos lados son increíbles. Miro al cielo y está lleno de unas nubes preciosas. Abro bien los ojos para capturar toda esa maravilla de la naturaleza. Miro hacia arriba, respiro profundo y no me puedo sentir más agradecida con la vida. Ojalá estos paisajes permanezcan así de bonitos, apenas inalterados por la mano del hombre.



 Acabamos la ruta en unas cuevas que nos recomendó Elena. Allí todos los días a las 17:30h miles de murciélagos abandonan la cueva y salen al atardecer. La imagen es impresionante y no paran de salir murciélagos. Vemos como algunas águilas los cazan al vuelo.
Agotados volvemos al hotel. Ha sido un día maravilloso.

miles de murciélagos salen de la cueva.


jueves, 8 de enero de 2015

Despedida de India y llegada a Kuala Lumpur



Hoy cumplimos tres meses de viaje, y aunque se nos han pasado volando, echo la vista atrás y pienso en la cantidad de experiencias y sensaciones acumuladas.

Despedida de India

Nuestros últimos días en India fueron realmente unas vacaciones. No necesitábamos hacer más turismo sino disponer de tiempo para digerir todo lo vivido en este país. Para ello ayudó mucho el lugar donde nos hospedamos. Un lugar tranquilo, llamado Osho resort en honor al famoso guru que precisamente es el autor del libro que me estoy leyendo sobre meditación.
Los días en Varkala fueron para mí los más tranquilos y relajantes, que me recordaron a los que pasamos en McLeod.
nuestra casa.


Varkala es un lugar muy preparado para el turista, con bonitos hoteles, restaurantes con una gran oferta de platos sobre todo de pescado fresquísimo, un mercadillo tibetano. Famoso también por los masajes ayurveda y el yoga. Sin embargo, aquí nos parece más auténtico que Rishikesh donde parecía todo menos profesional y auténtico. Aquí hemos visto a gente mayor muy sana, muy en forma y muy en paz consigo mismo. Hasta nosotros hemos llevado una vida más sana que ha sido totalmente regeneradora para nuestro cuerpo.
Nuestros días transcurrieron entre la playa, donde disfrutamos como nunca con las olas y nuestros paseos al pueblo. Teníamos un par de sitios donde íbamos a comer con los locales y ya nos conocían, así como donde tomar sin duda, el mejor café de India.  Realmente nos sentíamos como en casa.
en la entrada de nuestra casa.


ofrendas en la playa.

En la playa los vigilantes se encargaban de controlar a los indios que se metían muy adentro en el mar, a los que les hacían salir llamándoles con su pito. También había una zona a las que no les dejaban pasar a los indios, para “proteger” la intimidad de los turistas. Me da un poco de pena que les piten y les hagan volver, pero también es cierto que así evitamos las más de 70 fotos que nos hicieron en la playa de Goa.  
los vigilantes de la playa.
Despedimos el año en un restaurante para turistas, donde resultaba incómodo ver a familias que se enfadaban porque no estaba preparada la mesa que habían reservado o no tenían vistas a la playa, a chicas compitiendo por quién enseñaba más tetas o a garulos sin ninguna educación que cenaban sin camiseta, como seguro que no harían en su país. Nosotros tuvimos suerte de encontrar sitio pero nos quisieron desalojar antes de hora. Así que Alex aprovechó para pedir un descuento por la cena ;) regateando hasta en la cena de Nochevieja. Después huimos de allí y nos fuimos a una zona donde grupos de indios se concentraban para ver los fuegos artificiales y recibir el año. Todos estaban contentos y gritando. Nunca he visto tanta felicidad al ver unos fuegos. Después todos con los que nos cruzábamos nos deseaban feliz año, con un apretón de manos, a veces un abrazo, otras una charla.

Vuelta a Kochi y reencuentro con Dean

Recuperados física y anímicamente cogimos el último tren de India para pasar dos días en Kochi. Le prometimos a Dean que a la vuelta le avisaríamos así lo hicimos.
Al llegar a Kochi preguntamos en tres hoteles y nos dijeron que no había habitaciones para extranjeros, sólo indios. ¿otra vez? Le mandamos un sms a Dean para decirle que íbamos a buscar hotel y luego le llamábamos y al momento nos llamó. Se acercó a rescatarnos y desde ese instante hizo todo lo posible por hacernos sentir otra vez como en casa. Nos llevó a un hotel que estaba muy bien, nos consiguió una rebaja en el precio y nos llevó a dar un paseo por la tranquila zona del puerto. Estaba muy contento porque le habíamos llamado y nos presentó  a todos sus conocidos. Pudimos charlar más detenidamente sobre nuestras vidas y conocerle más a fondo. Nos contó su filosofía de vida y me pareció muy admirable y muy buena persona. Me di cuenta que en este viaje teníamos conversaciones mucho más profundas. Y que tanto en India, como en España, Nepal o Malasia, todas las personas tenemos similares preocupaciones y todos buscamos un poco de afecto con la gente que tenemos cerca.
En el paseo de Kochi.
Al día siguiente Dean nos recibió a las 9h para llevarnos a tomar el mejor chai de la ciudad, después nos presentó a un conductor de tuc tuc que vendría a recogernos al día siguiente para llevarnos al hotel. Luego nos dijo dónde desayunar, dónde comer, habló con sus conocidos para que nos tratasen bien y cuando terminó de trabajar vino a recogernos para llevarnos a la playa de Cherai. Allí hicimos un reportaje fotográfico como nunca hemos tenido. Dean, que es todo un gentleman, nos indicaba cómo ponernos.



Finalmente fuimos a cenar a un restaurante punjabi y probamos el betel. Yo no pude con él y lo tuve que tirar. Era tan grande que era incapaz de mezclarlo y me resultó una explosión de sabores difícil de digerir. Alex en cambio los masticó poco a poco y le gustó.
Con el betel en la boca.

Preparando el mejor betel.
Nos despedimos de Dean con la promesa de volver a verle y se me encogió el corazón cuando le dimos un abrazo, se emocionó y se marchó rápidamente. Me acordé de la despedida con Frédérique : ( Qué difíciles son las despedidas.
Con toda la pena de mi corazón nos despedimos de India. Esta vez convencida de que era momento de seguir viajando a otro país.
Qué buena gente hemos conocido en India.

Vuelta a Kuala Lumpur y reencuentro con Diane

Para viajar al país vecino de Myanmar nos salía más barato ir a Kuala Lumpur y de ahí volver a Myanmar, que ir directamente. Así que aprovechamos a quedarnos dos días en la capital de Malasia y reencontrarnos con Diane. Joyce estaba de viaje y el reencuentro tendrá que ser más adelante.
Llegar a Kuala Lumpur fue una bocada de aire fresco. Todo nos resultaba familiar y nos acordábamos de los sitios donde estuvimos el año pasado. Pero el cambio con India era tan grande que nos parecía una ciudad del futuro: limpia, sin ruidos, con grandes edificios. Acostumbrados a los inconvenientes de India para un mochilero todo nos parecía un lujo.
Nosotros, después de dos meses y pico en India, seguimos con los mismos hábitos y era gracioso vernos andando por fuera de las aceras, cruzando mal y Alex preguntando primero el precio.

Nos alojamos en una curiosa guesthouse donde el propietario, un hombre chino rubio con varios pendientes en la oreja vive en la habitación de al lado con su gato de angora y un mono blanco que pasea con calzoncillos. El hombre es muy majo y al llegar me preguntó por el bindi (tercer ojo) que llevaba puesto y me explicó el significado de su color.
haciendo la colada en lavadora después de 3 meses!
Hoy hemos aprovechado a hacer la colada en la misma lavandería del año pasado. Después de tres meses lavando a mano ha sido increíble la sensación de ropa limpia cuando ha salido de la secadora.
Aquí se ha pegado la mayor parte del tiempo lloviendo, pero tampoco nos ha importado mucho porque estos días son para organizar la ruta y poner el orden la mochila.
Por la tarde  hemos quedado a cenar con nuestra dulce Diane, que sigue tan agradable como la conocimos y hemos pasado un buen rato con ella. Para ir allí hemos cogido un autobús gratuito y  tenía wifi dentro!! Eso sí que nos ha sorprendido.
Reencuentro con Diane 15 meses después.


Después nos hemos ido a ver de nuevo las torres petronas y hacer las fotos de rigor. A la vuelta en el metro me fijaba en las caras de la gente, casi todos solitarios, con miradas perdidas.  Y no he podido dejar de comentar con Alex la diferencia con India. Sí, aquí todo es más moderno, incluso futurista, pero también es más palpable la soledad de sus habitantes. Parece como si con el progreso y el desarrollo se pierda humanidad.  


Alex iba con su camiseta con un texto en sánscrito y yo con el bindi en la frente, así que muchos ciudadanos de ascendencia india se nos quedaban mirando con curiosidad; unos leían la camiseta de Alex, otro me preguntó si era india,  otro nos gritó  “happy new year” o nos preguntaban si nos gustaba India. Pero el mejor ha sido el de la tienda 7eleven que mientras nos cobraba nos dejaba de mirarnos. Al final cuando casi nos íbamos nos ha preguntado si éramos indios, porque lo parecíamos ha dicho con la barba, el bindi, jejeje.
En fin, nos iremos adaptando a los nuevos países poco a poco. 

Mañana volamos a Myanmar y probablemente sea difícil encontrar wifi. Así que publico esta entrada antes de marcharnos. Siento no poder acompañarlo con  fotos pero es tarde y mi cuerpo necesita un descanso.
Próximo destino Myanmar.

lunes, 5 de enero de 2015

Chorradicas

Esta es una entrada dedicada especialmente a Mitificador. Se trata de una serie de curiosidades o como diría mi sobrina “chorradicas” que hemos observado durante nuestro viaje en India. No es información de interés que aparezca en las guías, pero estoy segura que para Mitificador resultará interesante ;)  La mayoría de las personas que han viajado aquí las habrán observado. Nosotros las desconocíamos antes de llegar.

1. Movimiento de cabeza indio

Como explica muy bien este vídeo, los indios mueven la cabeza cuando hablan para decir sí, no o quizás / está bien. Al principio nos costaba descifrarlo, sobre todo cuando la mueven hacia los lados para decir “está bien”, así que teníamos que preguntar varias veces para saber si era sí o no. Por ejemplo, si le das el cambio justo, o le das las gracias por dejarte ir al baño o pasar, mueven la cabeza hacia los lados.
Incluso venden unos muñequitos que mueven la cabeza así:


2. Agua embotellada
Hay miles de marcas de agua embotellada. Seguro que hemos probado más de cien marcas y cambian según la región, pero dentro de la misma región también hay multitud de marcas. Además apuran a llenar la botella hasta arriba, no como en España que dejan un margen. Así que cuando abro una botella y la agarro para beber la mayoría de las veces me la echo por encima.

Pequeña colección de botellas.
3. Ven, ven
Cuando tienen que llamar a alguien para avisarle de que se acerque hacen este movimiento con la palma hacia abajo, en lugar del que hacemos nosotros, hacia arriba.


4. Dónde están mis zapatos
Puedes encontrarte un montón de sandalias o zapatos abandonados por la calle. A veces es porque están rotos y se quedan ahí tirados, pero otras veces se ven zapatos relativamente nuevos. He llegado a la conclusión de que simplemente se les salen de los pies o los olvidan. Mucha gente está acostumbrada a andar descalza y creo que no notan que han perdido los zapatos. Lo más curioso fue cuando vimos una persecución de dos jóvenes a un hombre que les había robado la cartera (la única vez que vimos algo así). Mientras corría fue soltando las sandalias que llevaba. Nosotros observamos atónitos desde el tuc tus hasta que apareció un policía y enganchó al hombre por la espalda. Se me quedó grabada la cara de pena y desesperación del hombre.
Sandalias abandonadas en la calle.
5. Muestras de cariño
Un tema que es relativamente conocido es que es habitual ver a dos hombres indios haciendo muestras de cariño entre ellos de manera muy inocente. No nos sorprendió ver a hombres de la mano, pero resulta más llamativo cuando los ves abrazados por la cintura en actitud casi amorosa, dibujando juntos un corazón en la arena o jugando al corro de la patata en el mar hasta que se caen. Son muestras de cariño muy inocentes pero que nos llaman la atención. Eso sí, apenas verás estas muestras de cariño entre hombres y mujeres.


6. Autopista hacia el cielo
Los mensajes de los autobuses son geniales. Las compañías que cubren trayectos entre ciudades (no los buses locales) llevan en sus carrocerías mensajes del tipo “disfruta del mejor viaje con nosotros”, “Dios viaja contigo”, “Viajando a las estrellas” o cosas de ese estilo. Cuando nos cruzamos con alguno intentamos leer lo que pone. Siempre son mensajes positivos y graciosos. Esto también se traslada a los mensajes que llevan los chicos en sus camisetas, del tipo “esta es la apariencia que tiene la belleza”.

7. Robot Emilio
Esto una rareza al estilo Mitificador. El día de año nuevo pusieron en Varkala una feria del tipo a la feria de muestras de Zaragoza y también con atracciones. Vimos este robot (se ve mal la foto porque la hice con el móvil de noche) que llevaba conectados unos cascos y que los feriantes ofrecían para oír. Nos quedamos con la duda de quérelevador mensaje diría el robot.
8. El colmado indio
Es muy curiosa a la vez que agradecida, la cantidad de productos que puedes encontrar en los puestos de venta de comestibles al estilo colmado. Puedes encontrar sobres individuales de champú por 1 rupia, de jabón para lavar la ropa, miles de paquetitos de galletas de muchos sabores (nosotros probamos todas las marcas de las de fresa), patatas de gran variedad de sabores, además de un montón de sobres de hierbas refrescantes para el aliento. Pero sin duda lo mejor, son los botes de caramelos, chicles, galletas…hay de todo! Tú mismo te sirves. Mis preferidos estos de milkybar!!


Espero que haya sido de tu interés, Mitificador.