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lunes, 25 de julio de 2022

India de nuevo. Cuarto viaje

Llevamos 19 días en India, sin embargo, bien podrían ser 2 meses o un año. Cuesta llevar la cuenta. No sé si es por la intensidad con que todos los sentidos quedan abordados desde que aterrizas, pero es como entrar en otro estado de espacio y tiempo que nada tiene que ver con las medidas de occidente. Siento que hay algunos conceptos de occidente que no encajan aquí y viceversa. No hay otra explicación.

Es nuestro cuarto viaje a India, sin embargo, para mí, parece el primero. Alex llevó mejor su periodo de adaptación y estaba más preparado para lidiar con el día a día de este país. A mí me ha costado mucho más. No recordaba cuánto al límite te pone el país, cuantísima paciencia se necesita y lo frustrante que puede llegar a ser incluso tomar decisiones tan simples como comprar un billete de tren, coger un taxi o tuk tuk. Hemos tenido que bajar mucho el ritmo para poder ir asimilando todo. 



 

El primer impacto

La llegada a Delhi fue brutal. Habían pasado casi siete años desde la última vez que pisamos Paharganh, el barrio mochilero al lado de la estación de tren y cerca del metro, que por su ubicación y cantidad de hoteles es muy práctico. Todo seguía igual, o peor. Ruido, olores, suciedad, más suciedad. Solo había un elemento nuevo, alguna persona con mascarilla. Muchos menos extranjeros y muchísimo calor. Asfixiante. Tanto que casi se nos hizo imposible movernos en los 3 escasos días que estuvimos allí. Nuestra amiga Ira nos escribió para que fuésemos a su casa, pero ya teníamos el hotel pagado, así que quedamos en vernos al volver a Delhi.

En 2019 habíamos viajado al estado de Sikkim, que forma parte de India desde 1975.  Allí la India es más descafeinada, más limpia, más tranquila, incluso con agricultura totalmente orgánica desde 2016. Fue difícil moverse en transporte, pero no convivir.

Esto era otra liga y había que actuar rápido para sobrevivir. 

 

Nos vamos al sur

Volamos directos hasta Coimbatore, en el estado de Tamil Nadu y a 2500 km de la capital. Todo es exagerado en India, hasta las distancias.

Teníamos el buen recuerdo del sur por su tranquilidad, su naturaleza, su deliciosa comida y su gente más agradable.



Mientras Zaragoza sufría una ola de calor, aquí la temperatura era mucho más confortable, fresco incluso por la noche. Eso nos hizo revivir.

La ciudad no tiene mucho atractivo, pero sí un interés concreto para nosotros. Visitar el ashram de Sadghuru, a unos 30 km. Conocido como Isha Foundation, es un complejo de yoga dirigido por voluntarios y que tiene como objetivo brindar bienestar físico, mental y espiritual para todos. Así lo definen en su web. La idea era quedarnos allí unos días, aunque tienes que hacer la petición de alojamiento y que te la concedan, y hacerlo con al menos 15 días de antelación ante tanta demanda.

El centro se encuentra rodeado de los ghats occidentales, una cordillera de montañas, que delimitan los estados de Kerala y Tamil Nadu. Es un lugar estratégico elegido por su energía y su entorno, con una extensa vegetación, miles de cocoteros, plantas. No en vano, el lema de la fundación es Save de Soil, salvar la tierra.

Nos acercamos un día a visitarlo y quedamos tan impresionados que nos propusimos volver para alojarnos unos días, aunque supusiese tener que irnos y volver para cuando el alojamiento estuviese disponible.

 





 

 

Visita a Kerala, Kochi

Es julio, y en esta época del año acechan los monzones por el este y oeste del país. Eso dificulta trazar una ruta clara y nosotros la vamos improvisando sobre la marcha. 

Queríamos visitar Munnar, una ciudad montañosa con campos de té y café.  Tuvimos que descartarlo cuando vimos que la temperatura era de 16ºC y lluvias; no estábamos equipados para ello. 

En su lugar fuimos a Kochi, que estaba conectado por tren desde Coimbatore. Allí pasaríamos unos días hasta poder volver al ashram. 

Era nuestra tercera visita a Kochi, en el estado de Kerala. En teoría también afectado por el monzón, pero se tradujo en lluvias por la mañana y por la noche que refrescaban el ambiente y se estaba muy bien.



Café en Kochi


Necesitábamos una pequeña burbuja para superar el choque de Delhi. 

En 2014, conocimos allí a nuestro amigo Dean, que estaba trabajando en la construcción del metro. Se terminó en 2017 y esta vez pudimos usarlo.

Nada más llegar a Kochi recibimos un correo de él que nos preguntaba por nuestro paradero. ¿Cómo pudo saber que estábamos allí cuando la red de trenes mueve 23 millones de pasajeros diarios? Cosas de India. Nos quedamos con la duda y decidimos no responderle después de un malentendido que tuvimos anteriormente. No era momento de añadir más sorpresas a nuestro viaje.

Alojados en Fort Kochi, destino de vacaciones de indios de clase media-rica, con cafés, comida de todo tipo. Fueron días de tranquilidad y adaptación.

 

Retiro en Isha Foundation

Tal como planeamos, aunque aquí los planes no siempre se cumplen, volvimos a Coimbatore para pasar cinco días en el ashram de Sadghuru.

Al llegar y hacer el registro, nos colocaron unas pulseritas de residentes. A partir de ese momento, la gente te saludaba con un namaskar, las manos juntas y una sonrisa o la mano tocando en el corazón. Éramos parte de ellos y nos diferenciaba de los visitantes.

Desde la carretera ya se atisba el enorme busto de 112 pies, como las 112 posturas de yoga, equivalente a 34 m de altura y con 500 toneladas de peso; la escultura busto más grande del mundo, dedicado a Adiyogui o Shiva, el primer yogui del mundo que apareció hace 15000 años, o eso es lo que cuentan. Impresionante. 




Existe otra parte donde están los templos a la que solo se puede acceder sin móviles si eres visitante y está prohibido hacer fotos. Allí se encuentran dos grandes piscinas, una para hombres y otra para mujeres donde puedes darte un baño para aumentar la receptividad espiritual y mejorar tu bienestar físico y psicológico. Yo no me bañé pero Alex sí lo hizo.







El lugar más especial es la Dhyanalinga, un espacio de meditación donde se encuentra un elipsoide de granito negro que se convierte en un almacén perenne de energía. Fue el lugar donde más fácil me resultó meditar y aunque no estaba muy predispuesta a ello, sí noté una gran energía. Un día acudimos a una sesión con música y fue espectacular. 

Además de tiendas, restaurantes y cajeros automáticos, existen otras instalaciones que lo convierten en un lugar con una paz increíble. Todo limpio, todo en calma. Pájaros cantando, dos pavos reales que pasean a sus anchas, un lago con flores de loto, unos porches que recuerdan a baños termales romanos. Muchas personas se quedan a vivir años y de todas las nacionalidades del mundo.  

lago


La zona de alojamiento sí que era de acceso exclusivo para los residentes. Existen diferentes bloques de habitaciones desde más sencillas como la nuestra, pero con todo lo necesario para tu estancia, hasta otras más lujosas, y dormitorios para los voluntarios. 




Te ofrecen dos comidas diarias comunitarias, a las que acudimos un par de veces. Todo un ritual que recuerda a las comidas de los templos sigh. Unos voluntarios te sirven la comida, otros organizan la sala, las esterillas del suelo, los platos. Antes de comer, se canta y se agradece por la comida; se come en silencio. Después lavas tu plato y tu vaso.

Algunas familias, acuden a pasar allí unos días de vacaciones. Los ves llegar con maletas enormes y carritos como los de los aeropuertos. Otros, van a estudiar yoga, a recibir algún tratamiento de salud, a mejorar sus conocimientos, a vivir en paz, a meditar. No he visto nunca tanta gente meditando al mismo tiempo, en cualquier esquina. Y si querías, podías asistir a diversas actividades que había durante todo el día. Clases de yoga cada media hora. 

Es un pequeño mundo, donde todo parece en consonancia. Nosotros salíamos de nuestro bloque por la mañana para ir a desayunar y parecía que comenzase un nuevo día en el Show de Truman, o el Show de yogui. 

Incluso para no nosotros que no íbamos con ninguna intención de practicar yoga, ni de involucrarnos demasiado, nos resultó tremendamente agradable. Nos llenó de energía y paz y dudamos en quedarnos más tiempo. 



El último día reservamos un taxi para nuestra salida. Al hacer la reserva nos preguntó el voluntario cuál era nuestro vuelo. Le dijimos que nos íbamos en tren. En ese momento pensé, ¿cuántos extranjeros vendrían exclusivamente a pasar un tiempo en este lugar y después volvían a su país? ¿Habrían estado en India? No. La India de verdad nos esperaba ahí fuera, con todos sus defectos e incomodidades, pero también con sus virtudes. Por fin estaba preparada para afrontarla de nuevo.  


 Desde la ventana del tren esperando a que el tren arranque.

jueves, 8 de enero de 2015

Despedida de India y llegada a Kuala Lumpur



Hoy cumplimos tres meses de viaje, y aunque se nos han pasado volando, echo la vista atrás y pienso en la cantidad de experiencias y sensaciones acumuladas.

Despedida de India

Nuestros últimos días en India fueron realmente unas vacaciones. No necesitábamos hacer más turismo sino disponer de tiempo para digerir todo lo vivido en este país. Para ello ayudó mucho el lugar donde nos hospedamos. Un lugar tranquilo, llamado Osho resort en honor al famoso guru que precisamente es el autor del libro que me estoy leyendo sobre meditación.
Los días en Varkala fueron para mí los más tranquilos y relajantes, que me recordaron a los que pasamos en McLeod.
nuestra casa.


Varkala es un lugar muy preparado para el turista, con bonitos hoteles, restaurantes con una gran oferta de platos sobre todo de pescado fresquísimo, un mercadillo tibetano. Famoso también por los masajes ayurveda y el yoga. Sin embargo, aquí nos parece más auténtico que Rishikesh donde parecía todo menos profesional y auténtico. Aquí hemos visto a gente mayor muy sana, muy en forma y muy en paz consigo mismo. Hasta nosotros hemos llevado una vida más sana que ha sido totalmente regeneradora para nuestro cuerpo.
Nuestros días transcurrieron entre la playa, donde disfrutamos como nunca con las olas y nuestros paseos al pueblo. Teníamos un par de sitios donde íbamos a comer con los locales y ya nos conocían, así como donde tomar sin duda, el mejor café de India.  Realmente nos sentíamos como en casa.
en la entrada de nuestra casa.


ofrendas en la playa.

En la playa los vigilantes se encargaban de controlar a los indios que se metían muy adentro en el mar, a los que les hacían salir llamándoles con su pito. También había una zona a las que no les dejaban pasar a los indios, para “proteger” la intimidad de los turistas. Me da un poco de pena que les piten y les hagan volver, pero también es cierto que así evitamos las más de 70 fotos que nos hicieron en la playa de Goa.  
los vigilantes de la playa.
Despedimos el año en un restaurante para turistas, donde resultaba incómodo ver a familias que se enfadaban porque no estaba preparada la mesa que habían reservado o no tenían vistas a la playa, a chicas compitiendo por quién enseñaba más tetas o a garulos sin ninguna educación que cenaban sin camiseta, como seguro que no harían en su país. Nosotros tuvimos suerte de encontrar sitio pero nos quisieron desalojar antes de hora. Así que Alex aprovechó para pedir un descuento por la cena ;) regateando hasta en la cena de Nochevieja. Después huimos de allí y nos fuimos a una zona donde grupos de indios se concentraban para ver los fuegos artificiales y recibir el año. Todos estaban contentos y gritando. Nunca he visto tanta felicidad al ver unos fuegos. Después todos con los que nos cruzábamos nos deseaban feliz año, con un apretón de manos, a veces un abrazo, otras una charla.

Vuelta a Kochi y reencuentro con Dean

Recuperados física y anímicamente cogimos el último tren de India para pasar dos días en Kochi. Le prometimos a Dean que a la vuelta le avisaríamos así lo hicimos.
Al llegar a Kochi preguntamos en tres hoteles y nos dijeron que no había habitaciones para extranjeros, sólo indios. ¿otra vez? Le mandamos un sms a Dean para decirle que íbamos a buscar hotel y luego le llamábamos y al momento nos llamó. Se acercó a rescatarnos y desde ese instante hizo todo lo posible por hacernos sentir otra vez como en casa. Nos llevó a un hotel que estaba muy bien, nos consiguió una rebaja en el precio y nos llevó a dar un paseo por la tranquila zona del puerto. Estaba muy contento porque le habíamos llamado y nos presentó  a todos sus conocidos. Pudimos charlar más detenidamente sobre nuestras vidas y conocerle más a fondo. Nos contó su filosofía de vida y me pareció muy admirable y muy buena persona. Me di cuenta que en este viaje teníamos conversaciones mucho más profundas. Y que tanto en India, como en España, Nepal o Malasia, todas las personas tenemos similares preocupaciones y todos buscamos un poco de afecto con la gente que tenemos cerca.
En el paseo de Kochi.
Al día siguiente Dean nos recibió a las 9h para llevarnos a tomar el mejor chai de la ciudad, después nos presentó a un conductor de tuc tuc que vendría a recogernos al día siguiente para llevarnos al hotel. Luego nos dijo dónde desayunar, dónde comer, habló con sus conocidos para que nos tratasen bien y cuando terminó de trabajar vino a recogernos para llevarnos a la playa de Cherai. Allí hicimos un reportaje fotográfico como nunca hemos tenido. Dean, que es todo un gentleman, nos indicaba cómo ponernos.



Finalmente fuimos a cenar a un restaurante punjabi y probamos el betel. Yo no pude con él y lo tuve que tirar. Era tan grande que era incapaz de mezclarlo y me resultó una explosión de sabores difícil de digerir. Alex en cambio los masticó poco a poco y le gustó.
Con el betel en la boca.

Preparando el mejor betel.
Nos despedimos de Dean con la promesa de volver a verle y se me encogió el corazón cuando le dimos un abrazo, se emocionó y se marchó rápidamente. Me acordé de la despedida con Frédérique : ( Qué difíciles son las despedidas.
Con toda la pena de mi corazón nos despedimos de India. Esta vez convencida de que era momento de seguir viajando a otro país.
Qué buena gente hemos conocido en India.

Vuelta a Kuala Lumpur y reencuentro con Diane

Para viajar al país vecino de Myanmar nos salía más barato ir a Kuala Lumpur y de ahí volver a Myanmar, que ir directamente. Así que aprovechamos a quedarnos dos días en la capital de Malasia y reencontrarnos con Diane. Joyce estaba de viaje y el reencuentro tendrá que ser más adelante.
Llegar a Kuala Lumpur fue una bocada de aire fresco. Todo nos resultaba familiar y nos acordábamos de los sitios donde estuvimos el año pasado. Pero el cambio con India era tan grande que nos parecía una ciudad del futuro: limpia, sin ruidos, con grandes edificios. Acostumbrados a los inconvenientes de India para un mochilero todo nos parecía un lujo.
Nosotros, después de dos meses y pico en India, seguimos con los mismos hábitos y era gracioso vernos andando por fuera de las aceras, cruzando mal y Alex preguntando primero el precio.

Nos alojamos en una curiosa guesthouse donde el propietario, un hombre chino rubio con varios pendientes en la oreja vive en la habitación de al lado con su gato de angora y un mono blanco que pasea con calzoncillos. El hombre es muy majo y al llegar me preguntó por el bindi (tercer ojo) que llevaba puesto y me explicó el significado de su color.
haciendo la colada en lavadora después de 3 meses!
Hoy hemos aprovechado a hacer la colada en la misma lavandería del año pasado. Después de tres meses lavando a mano ha sido increíble la sensación de ropa limpia cuando ha salido de la secadora.
Aquí se ha pegado la mayor parte del tiempo lloviendo, pero tampoco nos ha importado mucho porque estos días son para organizar la ruta y poner el orden la mochila.
Por la tarde  hemos quedado a cenar con nuestra dulce Diane, que sigue tan agradable como la conocimos y hemos pasado un buen rato con ella. Para ir allí hemos cogido un autobús gratuito y  tenía wifi dentro!! Eso sí que nos ha sorprendido.
Reencuentro con Diane 15 meses después.


Después nos hemos ido a ver de nuevo las torres petronas y hacer las fotos de rigor. A la vuelta en el metro me fijaba en las caras de la gente, casi todos solitarios, con miradas perdidas.  Y no he podido dejar de comentar con Alex la diferencia con India. Sí, aquí todo es más moderno, incluso futurista, pero también es más palpable la soledad de sus habitantes. Parece como si con el progreso y el desarrollo se pierda humanidad.  


Alex iba con su camiseta con un texto en sánscrito y yo con el bindi en la frente, así que muchos ciudadanos de ascendencia india se nos quedaban mirando con curiosidad; unos leían la camiseta de Alex, otro me preguntó si era india,  otro nos gritó  “happy new year” o nos preguntaban si nos gustaba India. Pero el mejor ha sido el de la tienda 7eleven que mientras nos cobraba nos dejaba de mirarnos. Al final cuando casi nos íbamos nos ha preguntado si éramos indios, porque lo parecíamos ha dicho con la barba, el bindi, jejeje.
En fin, nos iremos adaptando a los nuevos países poco a poco. 

Mañana volamos a Myanmar y probablemente sea difícil encontrar wifi. Así que publico esta entrada antes de marcharnos. Siento no poder acompañarlo con  fotos pero es tarde y mi cuerpo necesita un descanso.
Próximo destino Myanmar.

martes, 23 de diciembre de 2014

La exuberancia de Kerala



No sé por qué tenía la absurda idea de que el sur de India  merecía menos la pena. Quizás porque la mayoría del turismo se concentra en la parte norte y oeste, en la zona del Rajastán. Por eso decidimos que era hora de cambiar de país. Dejamos unos días para visitar Goa y Kochi y volaríamos a Myanmar para pasar allí las navidades con Joyce, nuestra amiga de Malasia que también estaba allí de vacaciones.
Sin embargo los preparativos se fueron complicando. La oferta de alojamiento en Myanmar es escasa y la demanda elevada, más aún en fechas navideñas, así que los precios se disparan. Hablamos con Joyce y nos resultaba complicado coincidir en algún sitio porque ella iba a estar en el país sólo 8 días y viajaría a un ritmo más rápido. Así que me empecé a desencantar con Myanmar. Y eso que teníamos la visa concedida. Pero el detonante fue nuestra llegada a Kochi. El francés con el que coincidimos en el tour por del desierto de Jaisalmer nos había dicho que para él Kochi era la ciudad que más le gustaba de toda la India, y al llegar allí no pude más que concluir que tenía buen gusto.

Kochi está en el estado de Kerala, y llegar a Kerala es como descubrir otra cara aún más amable de India. Cuando vi todo lo que Kochi nos ofrecía lamenté que nos fuésemos tan pronto del país. Podríamos volver sí, ¿pero cuándo? En este año nos quedan muchos países por visitar y tenemos que seguir adelante, hacia el este no deberíamos volver hacia atrás. Deseé con todas mis fuerzas que se pudiesen cambiar las fechas del vuelo y cuando comprobé que era posible, se lo conté a Alex. Él, como es un ángel caído del cielo, no dudó en decirme que si me hacía feliz, no había problema. Pasar año nuevo en este país lleno de alegría, color y vida, me parece la mejor forma de comenzar 2015.
red de pesca china.

Kochi

Lo primero que me llamó la atención de esta ciudad es que todo estaba mucho más limpio y ordenado de lo que habíamos visto hasta ahora en India. Damos un paseo por Fort Kochi para ver las redes de pesca chinas y de camino nos encontramos bastantes iglesias, preciosas casas coloniales, tiendas y hoteles cuidados al detalle, hasta las casitas más sencillas son bonitas y se ve una calidad de vida entre sus habitantes mucho mayor que en el norte. Nos sorprende la propaganda comunista, los anuncios en favor de los derechos de los trabajadores y sobre cuidado del medio ambiente ¿seguimos en India? ¿A qué se debe esta prosperidad? Como no llevamos guía buscamos en internet la explicación, que encuentro aquí:
“Kerala es el estado de India con mejor calidad de vida. la tasa de alfabetización supera el 95%, tiene los más eficientes servicios sanitarios del país, la mortalidad infantil es menor que en otros estados y la esperanza de vida de sus habitantes es superior a la del resto.
La razón está en que en el año 1975 la mayoría de sus habitantes votaron mayoritariamente por el Partido Comunista. De ésta manera se convirtieron en el primer lugar del mundo donde un partido comunista gobernaría tras ganar unas elecciones libres y democráticas.”
Iglesia de Santa Cruz.

Por las calles de Kochi.

Otra peculiaridad de este estado es que aquí la vestimenta oficial para los hombres es el dhoti, que consiste en una tela larga anudada a la cintura a modo de falda larga y que constantemente están doblando por la mitad para dejarla más  corta y volviéndola a desdoblar para dejarla larga. En muchos casos es de color blanco con una tira en un color que llevan a juego con la camisa. Otras veces es de colores más llamativos. Incluso los obreros se suben a los andamios con su dhoti remangado y luciendo unas garrillas de pura fibra. Porque aquí los que trabajan en la construcción no tienen un gramo de grasa. 
Vestimenta típica de la zona.

Kochi fue colonia portuguesa y holandesa y aquí se encuentra la iglesia de Santa Cruz, que es la más antigua del país. También hay un barrio judío con una sinagoga del siglo XVI y algunas cuantas mezquitas. 
También nos sorprende el inmenso puerto que se puede contemplar al cruzar de un lado al otro de la ciudad en ferry y su zona militar naval.

Alquilamos una moto para dos días y nos dedicamos a recorrer Kochi a nuestro antojo. Nos acercamos a Ernaculam y nos perdemos entre sus calles llenas de comercios en la calle y cantidad de centros comerciales, algunos de ellos dedicados exclusivamente a joyas, a telas, vestidos, ópticas. Lo que no se venda en Kochi no se vende en ningún otro lado. 
Navidad en el centro comercial Lulu.


Por si esto no fuese suficiente, otro de los atractivos de la ciudad, y del sur de India en general es su comida. Si hasta ahora habíamos disfrutado de la comida, aquí el sabor de sus platos es todavía más delicioso. Y aunque algunos de estos platos se pueden comer en el norte, como la dosa, en el sur son mucho más sabrosos, con el que para mí es el ingrediente estrella, el coco. Además podemos encontrar un sinfín de pastelerías!! Que más se pude pedir? Sólo una cosa, que no hiciese tanta calor y humedad. La cercanía al trópico se nota y en las horas centrales del día nos agota.

Dean, the best English speaker

El último día en Kochi cogemos el ferry para ir a cenar a Ernakulam. Cuando bajamos y vamos caminando se acerca un hombre a hablarnos. Al principio pensamos que nos quiere vender algo pero le escuchamos tranquilamente. Nos cuenta que sabe decir hola, adiós, gracias y te quiero en 26 idiomas y que nos lo enseñará en hindi a cambio de algunas frases bonitas en español, para cuando visite España en 2017. Nos pregunta si molesta y como nos ve tan receptivos nos propone irnos a sentar en un banco en un paseo. Se llama Dean (como James Dean, nos dice) y tiene 40 años.  Su  risa es muy graciosa y contagiosa y habla el mejor inglés que he oído hasta ahora. Con una pronunciación tan perfecta y delicada que me da vergüenza hablar en el mismo idioma. Nos cuenta que su mujer el doctora en filología inglesa y que a él le encantan los idiomas. Le dice a Alex que habla muy bien inglés. Él es de Chennai pero está trabajando en Kochi, nos habla de su trabajo que tiene que mantener en secreto allí y por ello solo conversa con extranjeros. Nosotros también le hablamos de nuestros secretos que tenemos en mente y así los tres somos cómplices : ) 
Nos invita a cenar en el segundo mejor restaurante de masala dosa de Kochi (el primero es de su amigo y como nunca le cobra prefiere no ir). Nos pide una masala dosa gigante para Alex y una pequeña para mí. No nos dan cubiertos y tenemos que comerlo con las manos, bajo su atenta mirada. Se queda sorprendido de lo elegantemente que come Alex (literalmente).
 Masala dosa especial.

Nos pide que cuando volvamos a Kochi a coger el avión, vayamos unos días antes y le llamemos. Si está disponible los pasará con nosotros. Nos acompaña a coger el último ferry y se despide de nosotros con dos abrazos. Esperamos volvernos a ver.



Triruvananthapuram

Nuestro siguiente destino es la capital del estado de Kerala, con ese nombre tan difícil que tiene su versión abreviada en Trivandrum. Llegamos en fin de semana y en pleno festival de cine. A veces se nos olvida que aparte de los turistas extranjeros, hay una grandísima cantidad de turistas indios que se mueven a lo largo y ancho del país, y por lo que nos cuenta Ajin más adelante, el turismo en Kerala es el principal ingreso, por lo que aquí vienen muuuchos turistas. Empezamos a buscar hoteles y todos están llenos. Alex empieza a cansarse y pregunta en un hotel si hay habitaciones para extranjeros. Extrañado el de recepción le ofrece una a un precio desorbitado. Nos acecha el recuerdo de la pesadilla en Lucknow y para evitar pasar por lo mismo hacemos caso a un conductor de tuc-tuc que dice que nos quiere ayudar. El hombre nos hace una ruta por varios hoteles y a pesar de su insistencia todo lleno. Al final decidimos ir a la playa de Kovalam, a 16 km de la capital para estar más tranquilos. El del tuc-tuc nos lleva a un sitio de un amigo suyo que está limpio y a buen precio. 

La ciudad la visitamos un sábado por la mañana cogiendo el bus desde Kovalam.
Preparándose para entrar en el templo.

Templo hinduista Padmanabhaswamy.




Asamblea legislativa de Kerala.

Aquí también veremos el lado consumista de la clase media, cuando entramos en uno de los centros comerciales con precios especiales por navidad y todo el mundo comprando telas y, suponemos, regalos de navidad.

Kovalam

Venir a este sitio ha sido todo un acierto. La playa con sus enormes olas es el mayor atractivo, y la tranquilidad de este lugar nos recuerda a nuestros días en Goa. El paseo está repleto de hoteles, tiendas y restaurantes donde exponen el pescado fresco que puedes elegir para que te cocinen al momento. También abundan las bakerys y los establecimientos donde preparan zumos naturales y batidos. Todo Kovalam está rodeado de inmensos palmerales y ves cocos allá donde mires. 

El fin de semana la playa  se inunda de turistas indios que vienen a pasar el día con la familia. Me gusta observarles como ellos hacen con nosotros. Se les ve disfrutar tanto!
Disfrutando de la playa.

Atardecer en la playa.

Buscando la mejor foto.

El sábado por la tarde decidimos subir andando al pueblo de Kovalam que está a unos 15 minutos. Decidimos parar en una Beer shop (tienda de cerveza) y comprar  una cerveza para el camino. Nos la abrimos allí mismo. Nos observa un chico con una camiseta de la bandera de Suiza que espera apoyado en una moto y nos pregunta de dónde somos. Se llama Ajin. Al rato viene su amigo Shajeet con las cervezas y nos invitan a acompañarles a un bar donde ponen música en directo. Perfecto! Nos subimos en la moto Shajeet, Alex y yo. Y Ajin acude andando. Charlamos con nuestros nuevos amigos, escuchando la música y viendo las olas romper en la playa. Al final, con el efecto de las cervezas Shajeet y yo nos marcamos un baile. Después nos llevan a cenar a un sitio donde cocinan un pescado muy rico y unas gambas que nos resultan exquisitas después de tantos días de dieta vegetariana. Ajin es vegetariano al 99% y sólo come unos vegetales. Esta vez es él el que me dice que como elegante con las manos, y es que en Kerala es donde más dificultades hemos tenido para encontrar cubiertos. Por lo que al final hemos optado por llevar en la mochila los que compramos en Nepal. Comer con las manos, sobre todo arroz, es muy difícil! Nos volvemos a casa y quedamos en vernos al día siguiente.

El domingo vamos con Ajin y su hermano a Poovar, a 15 km de Kovalam y en el límite del estado de Kerala. Allí nos encontramos con Shajeet que se pone muy contento de vernos. Todo el rato llama a "Alex, Alex" con una cara de felicidad, y les dice orgulloso a los conocidos que se encuentra “este es mi amigo Alex”.

Nos recomiendan hacer un recorrido en barco por los backwaters, que son los canales de agua que se forman junto a costa y que están rodeados de vegetación. A pesar de que éramos un poco reacios al final nos decidimos  a hacerlo ya que es el principal atractivo de esta zona.
Mientras esperamos a que llegue el barco, Shajeet nos lleva en su moto a tomar un zumo de coco que se encarga de cortar personalmente.


Alex, Shajeet y el coco.

Con Ajin.

El paseo en barco nos encanta. El paisaje en el que nos adentramos entre la densa vegetación es precioso y podemos observar la variedad de pájaros que lo habitan. A Alex le entusiasma el punto donde se junta el mar con los canales, con unas olas enormes. 
Entrada del mar.

Casas flotantes.

Paisajes durante el paseo en barco.




Al terminar el paseo nos juntamos de nuevo con Ajin y Shajeet y vamos a comer. Como Shajeet tiene solución para todo, decide que en lugar de hacer dos viajes hasta el restaurante, vamos los cuatro juntos. Así que apura a sentarse en la esquina del asiento. Después nos apretujamos Ajin, yo y Alex y los cuatro juntos nos vamos en su scooter ante el asombro de todo aquel que se nos cruza. Un niño en bicicleta nos dice que es super! en malayalam (que es la lengua del estado de Kerala) y nos sigue para vernos.
Después de comer nos despedimos de nuestros amigos y nos volvemos a la guesthouse a descansar. Pero no termina todo aquí. Como hemos hecho muchos excesos en nuestro presupuesto, Shajeet nos propone que vayamos en un taxi y que paremos en varias tiendas a mirar. A cambio al conductor le darán cupones para gasolina y todos contentos. Incluso nos hace la escenografía de lo que tenemos que hacer “i’m looking…how much? Too expensive…bye!”. Hasta ahora que no habíamos entrado en ninguna tienda ni a mirar, me meto en el papel y en cada tienda me dejo llevar por las atenciones de los dependientes. Aprovecho incluso a probarme alguna cosa y el conductor nos dice que no hace falta que estemos tanto tiempo. Pero tienen cosas tan chulas que hasta nos entretenemos mirando. Al final nos sale el trayecto gratis y rendimos nos vamos a descansar.

Nuestro último día en Kovalam lo dedicamos esta vez sí a disfrutar de la playa. El agua está limpia y cristalina, con unas olas muy grandes y el mar tiene tanta fuerza que hay tres guardas que avisan constantemente con su pito para que la gente que se mete muy adentro se salga. A mí las olas me arrastran hasta la orilla en varias ocasiones y cansada de luchar contra esa fuerza me salgo a leer a la orilla. Alex aprovecha a disfrutar más que un niño y se queda dentro mientras le vigilo con preocupación no vaya a ser que una ola del mar de Arabia se lo lleve para adentro.

Mañana dejaremos temporalmente el estado de Kerala para visitar Madurai, en el estado de Tamil Nadu.