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jueves, 8 de enero de 2015

Despedida de India y llegada a Kuala Lumpur



Hoy cumplimos tres meses de viaje, y aunque se nos han pasado volando, echo la vista atrás y pienso en la cantidad de experiencias y sensaciones acumuladas.

Despedida de India

Nuestros últimos días en India fueron realmente unas vacaciones. No necesitábamos hacer más turismo sino disponer de tiempo para digerir todo lo vivido en este país. Para ello ayudó mucho el lugar donde nos hospedamos. Un lugar tranquilo, llamado Osho resort en honor al famoso guru que precisamente es el autor del libro que me estoy leyendo sobre meditación.
Los días en Varkala fueron para mí los más tranquilos y relajantes, que me recordaron a los que pasamos en McLeod.
nuestra casa.


Varkala es un lugar muy preparado para el turista, con bonitos hoteles, restaurantes con una gran oferta de platos sobre todo de pescado fresquísimo, un mercadillo tibetano. Famoso también por los masajes ayurveda y el yoga. Sin embargo, aquí nos parece más auténtico que Rishikesh donde parecía todo menos profesional y auténtico. Aquí hemos visto a gente mayor muy sana, muy en forma y muy en paz consigo mismo. Hasta nosotros hemos llevado una vida más sana que ha sido totalmente regeneradora para nuestro cuerpo.
Nuestros días transcurrieron entre la playa, donde disfrutamos como nunca con las olas y nuestros paseos al pueblo. Teníamos un par de sitios donde íbamos a comer con los locales y ya nos conocían, así como donde tomar sin duda, el mejor café de India.  Realmente nos sentíamos como en casa.
en la entrada de nuestra casa.


ofrendas en la playa.

En la playa los vigilantes se encargaban de controlar a los indios que se metían muy adentro en el mar, a los que les hacían salir llamándoles con su pito. También había una zona a las que no les dejaban pasar a los indios, para “proteger” la intimidad de los turistas. Me da un poco de pena que les piten y les hagan volver, pero también es cierto que así evitamos las más de 70 fotos que nos hicieron en la playa de Goa.  
los vigilantes de la playa.
Despedimos el año en un restaurante para turistas, donde resultaba incómodo ver a familias que se enfadaban porque no estaba preparada la mesa que habían reservado o no tenían vistas a la playa, a chicas compitiendo por quién enseñaba más tetas o a garulos sin ninguna educación que cenaban sin camiseta, como seguro que no harían en su país. Nosotros tuvimos suerte de encontrar sitio pero nos quisieron desalojar antes de hora. Así que Alex aprovechó para pedir un descuento por la cena ;) regateando hasta en la cena de Nochevieja. Después huimos de allí y nos fuimos a una zona donde grupos de indios se concentraban para ver los fuegos artificiales y recibir el año. Todos estaban contentos y gritando. Nunca he visto tanta felicidad al ver unos fuegos. Después todos con los que nos cruzábamos nos deseaban feliz año, con un apretón de manos, a veces un abrazo, otras una charla.

Vuelta a Kochi y reencuentro con Dean

Recuperados física y anímicamente cogimos el último tren de India para pasar dos días en Kochi. Le prometimos a Dean que a la vuelta le avisaríamos así lo hicimos.
Al llegar a Kochi preguntamos en tres hoteles y nos dijeron que no había habitaciones para extranjeros, sólo indios. ¿otra vez? Le mandamos un sms a Dean para decirle que íbamos a buscar hotel y luego le llamábamos y al momento nos llamó. Se acercó a rescatarnos y desde ese instante hizo todo lo posible por hacernos sentir otra vez como en casa. Nos llevó a un hotel que estaba muy bien, nos consiguió una rebaja en el precio y nos llevó a dar un paseo por la tranquila zona del puerto. Estaba muy contento porque le habíamos llamado y nos presentó  a todos sus conocidos. Pudimos charlar más detenidamente sobre nuestras vidas y conocerle más a fondo. Nos contó su filosofía de vida y me pareció muy admirable y muy buena persona. Me di cuenta que en este viaje teníamos conversaciones mucho más profundas. Y que tanto en India, como en España, Nepal o Malasia, todas las personas tenemos similares preocupaciones y todos buscamos un poco de afecto con la gente que tenemos cerca.
En el paseo de Kochi.
Al día siguiente Dean nos recibió a las 9h para llevarnos a tomar el mejor chai de la ciudad, después nos presentó a un conductor de tuc tuc que vendría a recogernos al día siguiente para llevarnos al hotel. Luego nos dijo dónde desayunar, dónde comer, habló con sus conocidos para que nos tratasen bien y cuando terminó de trabajar vino a recogernos para llevarnos a la playa de Cherai. Allí hicimos un reportaje fotográfico como nunca hemos tenido. Dean, que es todo un gentleman, nos indicaba cómo ponernos.



Finalmente fuimos a cenar a un restaurante punjabi y probamos el betel. Yo no pude con él y lo tuve que tirar. Era tan grande que era incapaz de mezclarlo y me resultó una explosión de sabores difícil de digerir. Alex en cambio los masticó poco a poco y le gustó.
Con el betel en la boca.

Preparando el mejor betel.
Nos despedimos de Dean con la promesa de volver a verle y se me encogió el corazón cuando le dimos un abrazo, se emocionó y se marchó rápidamente. Me acordé de la despedida con Frédérique : ( Qué difíciles son las despedidas.
Con toda la pena de mi corazón nos despedimos de India. Esta vez convencida de que era momento de seguir viajando a otro país.
Qué buena gente hemos conocido en India.

Vuelta a Kuala Lumpur y reencuentro con Diane

Para viajar al país vecino de Myanmar nos salía más barato ir a Kuala Lumpur y de ahí volver a Myanmar, que ir directamente. Así que aprovechamos a quedarnos dos días en la capital de Malasia y reencontrarnos con Diane. Joyce estaba de viaje y el reencuentro tendrá que ser más adelante.
Llegar a Kuala Lumpur fue una bocada de aire fresco. Todo nos resultaba familiar y nos acordábamos de los sitios donde estuvimos el año pasado. Pero el cambio con India era tan grande que nos parecía una ciudad del futuro: limpia, sin ruidos, con grandes edificios. Acostumbrados a los inconvenientes de India para un mochilero todo nos parecía un lujo.
Nosotros, después de dos meses y pico en India, seguimos con los mismos hábitos y era gracioso vernos andando por fuera de las aceras, cruzando mal y Alex preguntando primero el precio.

Nos alojamos en una curiosa guesthouse donde el propietario, un hombre chino rubio con varios pendientes en la oreja vive en la habitación de al lado con su gato de angora y un mono blanco que pasea con calzoncillos. El hombre es muy majo y al llegar me preguntó por el bindi (tercer ojo) que llevaba puesto y me explicó el significado de su color.
haciendo la colada en lavadora después de 3 meses!
Hoy hemos aprovechado a hacer la colada en la misma lavandería del año pasado. Después de tres meses lavando a mano ha sido increíble la sensación de ropa limpia cuando ha salido de la secadora.
Aquí se ha pegado la mayor parte del tiempo lloviendo, pero tampoco nos ha importado mucho porque estos días son para organizar la ruta y poner el orden la mochila.
Por la tarde  hemos quedado a cenar con nuestra dulce Diane, que sigue tan agradable como la conocimos y hemos pasado un buen rato con ella. Para ir allí hemos cogido un autobús gratuito y  tenía wifi dentro!! Eso sí que nos ha sorprendido.
Reencuentro con Diane 15 meses después.


Después nos hemos ido a ver de nuevo las torres petronas y hacer las fotos de rigor. A la vuelta en el metro me fijaba en las caras de la gente, casi todos solitarios, con miradas perdidas.  Y no he podido dejar de comentar con Alex la diferencia con India. Sí, aquí todo es más moderno, incluso futurista, pero también es más palpable la soledad de sus habitantes. Parece como si con el progreso y el desarrollo se pierda humanidad.  


Alex iba con su camiseta con un texto en sánscrito y yo con el bindi en la frente, así que muchos ciudadanos de ascendencia india se nos quedaban mirando con curiosidad; unos leían la camiseta de Alex, otro me preguntó si era india,  otro nos gritó  “happy new year” o nos preguntaban si nos gustaba India. Pero el mejor ha sido el de la tienda 7eleven que mientras nos cobraba nos dejaba de mirarnos. Al final cuando casi nos íbamos nos ha preguntado si éramos indios, porque lo parecíamos ha dicho con la barba, el bindi, jejeje.
En fin, nos iremos adaptando a los nuevos países poco a poco. 

Mañana volamos a Myanmar y probablemente sea difícil encontrar wifi. Así que publico esta entrada antes de marcharnos. Siento no poder acompañarlo con  fotos pero es tarde y mi cuerpo necesita un descanso.
Próximo destino Myanmar.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Redescubriendo nuestro interior en India



Madurai

Llegamos a la estación de tren de Madurai a las 6h de la mañana. Al dirigirnos a las escaleras de bajada vimos un tumulto de conductores de tuc-tuc esperando agitados como en una escena de Walking Dead. Alex dio media vuelta; demasiado pronto para intentar esquivarlos. Esperamos un rato en la estación tomándonos un té y despejándonos la cabeza. Escuché por whatsapp los mensajes de felicitación de mi prima, sobrinos y tíos y me alegraron la mañana. Tomé consciencia de que era el día de Nochebuena y nuestras familias estarían preparando la cena especial para ese día.  Un poco más despejados comenzamos la ardua tarea de encontrar un hotel decente y a buen precio en un día festivo. Vimos como las calles estaban decoradas con los dibujos como en el Diwali, algunos solo marcados con tiza, otros ya pintados. Sean o no católicos, celebren o no la nochebuena, en India cualquier festividad se celebra.

Al acercarnos a la zona de hoteles nos saluda un hombrecico delgadico, con camisa y el dothi doblado con el que mostraba sus garrillas. Pesaba 10 kilos menos que yo, seguro. Era sastre de profesión, y no quería dinero, solo mostrarnos los hotel. Sabíamos que mentía pero dejamos que nos acompañase.  El hombre se ganó con sudor la propina, porque todos los hoteles estaban llenos, “fula, fula” nos decía. Como nos veía cansados con las mochilas a veces se adelantaba él sólo a preguntar, o iban Alex y él. Pero después de buscar, rebuscar y preguntar y ver algunos caros y sucios, otros caros y limpios, al final encontramos uno bastante bueno y a un precio asequible. Alex le dio la propina al hombrecillo que se ganó bien ganada. Nos dijo que era fiesta y estaría 3 días sin trabajar así que ese sería uno de sus pequeños ingresos y  nos agradeció con un apretón de mano y mirada cándida.
Alex con el dhoti.


Interior del templo.


Añadir leyenda








Madurai está repleto de templos hinduistas, también alguna mezquita y varias iglesias católicas. Pero destaca por el templo Sri Meenakshi. Al llegar vemos multitud de indios en grupos; cada grupo vestido de un color; hombres con el dhoti negro, sin camisa y con collares, otros con el dhoti naranja, grupos de mujeres de rojo… después Vinoth nos explicaría que se trata de grupos de peregrinos, que llevan distinto color según de donde vienen. Las mujeres de rojo son peregrinas durante un mes en el que no pueden comer carne, tener relaciones sexuales ni beber alcohol.




Para entrar al templo,  Alex tiene que ponerse un dhoti (rules of the temple) que le da un aire más indio todavía.

Al templo se accede por cuatro entradas, siendo la entrada sur la que posee el gopuram o torre más alta, de 50m. Ya solo por este templo merece la pena la vista a la ciudad, a pesar del ruido y del calor. Hay zonas reservadas solo para hindúes, en las que se forman largas filas y otras para la meditación. 
Por la tarde paseamos por los mercadillos callejeros y vamos a un ciber para hablar con nuestra familia y desearle feliz navidad. Nuestra cena es sencilla y deliciosa, Dosa de champiñones y dosa de queso. No nos hace falta más. De postre, unos pasteles que nos envuelve delicadamente el dependiente de la pastelería mientras nos desea Merry Chritsmas.



cena de nochebuena.


Crisis de Alex en India

A la mañana siguiente tenemos que dejar el hotel a las 9h y nos espera un día largo hasta las 22h que cogemos el bus nocturno.  Estos días se hacen más duros porque no tenemos un lugar en el que ir a descansar y deambular por las calles durante tantas horas nos agota y nos pone de mal humor. Alex sufre la primera crisis en India y tiene ganas de cambiar de país. Yo me siento culpable por haber ampliado nuestra estancia en el país. Pero como siempre, el destino o la casualidad, hace que nos crucemos con gente especial que nos anima y nos guía en nuestro viaje.

Después de comer en el mismo sitio que cenamos, salimos a la calle y le comento a Alex que había visto el “cagarro” (lección aprendida: nunca hay que dejar de hablar fino, aunque sea en un país en el que no te entiendan) del baño del restaurante como me había advertido y que había ido al otro baño. No se pueden perder las formas hablando, porque justo en ese momento, un indio nos pregunta si somos españoles. Habla español muy bien y posiblemente sea la persona que más rápido habla de todas con las que he hablado en mi vida. Si esto ya resulta curioso, además habla con acento vasco. Se llama Vinoth y nos cuenta que estuvo 7 años viviendo en San Sebastián, en Rentería. Nos dice que está con un amigo español, Jordi, y nos juntamos con él. Charlamos un rato y cuando le comento que me gustan mucho los saris, me dice que entre a una tienda donde son baratos y muy bonitos. De repente me veo sentada junto a Alex y Jordi, frente a 4 vendedores que no paran de sacarme preciosos saris. Me encantan, pero no puedo llevármelos en la mochila! Al final Alex tiene que decirles con determinación que no podemos comprarlos.

Nos despedimos de Vinoth y Jordi y seguimos nuestro camino entre los pitidos, el calor, la suciedad…hoy todo nos molesta.
Por la tarde, decidimos sentarnos en una acera junto al templo, acompañado de los peregrinos que hacen lo mismo. Viene a nuestro encuentro Vinoth, que nos ve agotados y nos invita a un té. Nos dice que irán a Mamallapuram en dos días y quedamos en vernos allí. Nosotros haremos antes parada en Pondicherry. Aprovechamos a preguntarle por su vida y por qué fue a parar a España.

Nos cuenta que a los nueve años sus padres le enviaron a un monasterio budista en Ladakh, en el norte de India, en el Himalaya. Estuvo viviendo allí 12 años sin ver a sus padres ni sus hermanas. No podían hablar con los otros monjes, solo con las manos, y sólo llevaban un dhoti como ropa de abrigo. Nos cuenta que fue muy duro al principio. Cuando salió con 21 años estuvo dos meses en India y después sus padres le enviaron a San Sebastián donde hay un templo budista. Estuvo en España trabajando 7 años, haciendo masajes, clases de yoga y temas relacionados con esto.

Nosotros, que ni hemos practicado yoga nunca, ni veníamos a India en busca de ese tipo de experiencias, nos quedamos sorprendidos por todo lo que nos cuenta. Nos despedimos de nuevo y cuando nos volvamos a ver hablaremos más tranquilamente.

Pondicherry


Llegamos a Pondicherry con la idea de quedarnos solo una noche, pues ya nos habían advertido Jordi y Vinoth que no merecía mucho la pena. El atractivo de la ciudad es el aire francés que emana de sus  tiempos como colonia francesa. Hay un liceo francés, los letreros de las calles también están en francés, hay muchos restaurantes y edificios con el sello galo y como supongo que se sentirán en su salsa, también hay mucho turista francés.
La playa tiene mucho oleaje y está descartado poder darse un baño, pero a lo largo de la misma discurre un paseo agradable presidido por una gran figura de Gandhi.




Auroville, la ciudad del futuro

Después de una primera toma de contacto con la ciudad, alquilamos una moto para visitar Auroville, a 16km atraídos por lo que nos contaron Claudia e Israel, dos extremeños con los que coincidimos en Kochi y que estuvieron en Auroville durante 3 semanas trabajando como voluntarios y conviviendo con el resto de los aurovilianos.  Más tarde Ajin, nuestro amigo indio en Kovalam, también nos dijo que era su lugar preferido en India. Como para no ir teniéndolo tan cerca! 

Matrimandir.

Fuimos con intención de descubrir que se escondía tras esa comunidad compuesta por hombres y mujeres de más de 30 nacionalidades que vive en paz y armonía. O como lo define su fundadora “la Madre” «el lugar en una vida comunitaria internacional, donde hombres y mujeres aprendan a vivir en paz, armonía, más allá de todas las creencias, opiniones políticas y nacionalidades». Al principio nos suena un poco sectario, pero como nuestra visita es fugaz y solo podemos ver un vídeo sobre su fundación y el Matrimandir (el templo de la madre y sala de meditación) por fuera (hay que pedir permiso para entrar), solo podemos concluir que lo tienen bien montado en cuanto a instalaciones y organización. Nos acercamos al edificio por por fuera, donde también invitan a contemplarlo en silencio y meditar, pero el silencio para los turistas indios es más utópico que el propio proyecto en sí. Así que nos vamos como habíamos venido.



Mamallapuram

Mamallapuram es un destino de playa pero que además cuenta con varios atractivos monumentos. Resulta una pequeña ciudad tranquila y agradable para el turista, y aunque los días que estamos está nublado y llueve para bajar a la playa, no es excusa para los centenares de turistas indios que se bañan con la ropa puesta y disfrutan del fin de semana.








Nosotros paseamos tranquilos por la arena y nos encontramos a un enorme pez con pinchos muerto en la orilla, una tortuga gigante también “finished” como dice un chico al tocar con su pie la cabeza del animal, vacas descansado, perros,  ovejas y cuervos. Vamos que está concurrida. 

Lo que los chakras esconden
Nos juntamos con Vinoth y le taladramos a preguntas sobre su vida en el templo. Nos cuenta cómo es el aprendizaje del monje y que al salirse del templo a los 21 años ya no puede volver. Nos habla de los chakras y le pedimos que nos los lea o visione. No tenemos apenas idea de qué son, salvo una breve noción de puntos de energía del cuerpo que asociamos con esta imagen, habitual por aquí:

Quedamos en su hotel antes de comer. Primero paso yo y después Alex, de manera individual con cada uno. Yo estoy un poco nerviosa y a la vez escéptica. Al terminar, anota en un papel todo lo que ha visto y después hace lo mismo con Alex.
Cuando terminamos, vamos a comer antes de que Vinoth nos cuente sus anotaciones.
Para poder comprender un poco su significado, documento la relación de los chakras con el cuerpo con un extracto de esta página:
“En los chakras se recibe y genera energía, la que recibimos del exterior y la que generamos en nuestra existencia, y se distribuye la misma hacia todo el cuerpo. De manera que la información que procesa el chakra afecta a cada una de las células y en consecuencia a nuestra salud.
El funcionamiento incorrecto de un chakra a medio o largo plazo producirá una enfermedad en el cuerpo físico (ya que la enfermedad no es más que un indicador como se vio en “la enfermedad”) y a corto plazo nos produce infelicidad. De manera que vale la pena saber qué son y cómo funcionan.”
Primero apunta lo que ha visto en relación a nuestro cuerpo; después qué alimentos necesitamos comer para mejorar; en relación a nuestras emociones, nos anota qué debemos hacer para controlarnos y por último qué necesitamos.

Nos comenta a cada uno por separado lo que ha visto, por si queremos hacerle más preguntas. Yo, una vez más, me quedo sorprendida por todo lo que me dice. En relación al cuerpo, todo lo que me dice es cierto y está en consonancia con lo que me dijo la doctora tibetana. Y en cuanto a las emociones, coincide con lo que me dijo Popo Gonchi y mi amiga Ira cuando nos leyeron la mano. Aprovecho a preguntarle un montón de preguntas que me asaltan mi cabeza. Lo que me dice me reconforta y emociona, porque es positivo, pero a la vez me desasosiega porque no puedo entender que pueda conocer tanto sobre mí. Incluso asuntos personales sobre mi forma de ser o de actuar. 

Lo que Alex habló con él no lo sé. Pero lo que nos anotó sí. Y me quedo otra vez preocupada porque le insiste en que debe cuidarse mucho, igual que le dijo Popo Gonchi.

Después a mi me da un masaje en la espalda, con crujido de cuello incluido como ya me ha hecho alguna vez la osteópata y después otro masaje a Alex y algo más que ni puedo compartir porque tampoco lo sé.
Después del masaje, sigo preguntándole todo lo que me viene a la cabeza y le insisto a Alex en que también lo haga. Le da fechas concretas a algunas preguntas, por lo que podemos comprobar en un tiempo si se cumple.
A pesar de que no creía en estos temas por ignorancia, no dejo de dar vueltas a todo lo que me ha contado. Ý eso que me insiste en que debo de pensar menos.
A la vuelta al hotel nos aborda un hombre ofreciéndonos un papel de extra en una película; nos pagarán el doble de lo que nos ofrecían en Mumbai. Al principio le decimos que sí, pero yo estoy tan agotada de la experiencia de hoy que cambiamos de opinión.

No tenemos billete de tren y las listas de esperan superan las 100 personas. Nos acordamos de nuestro amigo Dean  que nos dijo que si necesitábamos un billete de tren nos lo conseguía y le envío un sms pidiéndole ayuda.


Crisis de Rebeca en India

Al día siguiente abandonamos Mamallapuram para ir a Varkala. No hemos recibido noticias de Dean y le escribo para decirle que intentaremos coger un bus. Al momento me responde con otro sms y nos dice que nos ha llamado muchas veces pero no conectaba. Cierto, no podemos llamar ni recibir llamadas. Nos dejan un teléfono en el hotel y Alex habla con él. Le da las indicaciones a seguir.

El día sale nublado y comienza a llover. Cogemos el primer bus de Mamallapuram a Chennai, en el que nos toca ir de pie durante dos horas. Llegamos a la estación de Chennai y tenemos que coger otro tren para ir a la estación central. Dean nos dijo que hablásemos con su amigo Matthew pero no podemos llamar. Y sigue lloviendo a mares. Con las dos mochilas a cuestas cada uno decidimos coger un bus urbano para ir al lugar donde sale el bus nocturno. Subimos al bus completamente empapados, cansados y apretujados sujetando la mochila de un lado, agarrándonos de otra, moviendo los piececillos para encontrar un hueco en el suelo donde ponerlos. Así durante más de 30 minutos. Bajamos del bus y tenemos que coger un tuc tuc hasta la agencia del bus. Los conductores de tuc-tuc se resisten a llevarnos porque hay mucho tráfico y llueve mucho. Finalmente conseguimos que nos lleve uno y llegamos con las zapatillas encharcadas de agua, las mochilas mojadas, cansados y desanimados. Durante todo el tiempo que han durado los trayectos no he parado de dar vueltas a lo que le dijeron a Alex. Estoy muy preocupada y agotada mentalmente de tantas emociones. Por primera vez pienso que ha llegado la hora de dejar India y seguir adelante.

Por fin a las 20:30h subimos al bus y podemos secarnos y cambiarnos de ropa, a pesar de seguir sucios. Tras los lloros de rigor, hablo por whatsapp con Ira y le cuento la experiencia. Es muy inteligente y me fío de su conocimiento. Ella me explica que cree en los chakras pero que poca gente sabe leerlos bien y que ella lo entiende más desde un punto más científico. Le hago unas cuentas consultas y me dice que no me preocupe. 

Al final, podemos dormir un poco en el peor de los autobuses nocturnos que hemos ido. Le escribimos a Dean contándole nuestra odisea y le decimos que iremos a verle a Kochi. A las 15:30h y después de coger dos buses más y Alex a punto de vomitar, llegamos a Varkala, otra vez en el estado de Kerala: playa, palmeras, sol, humedad, exotismo! Aquí nos quedaremos 4 días y celebraremos Año Nuevo. Como nos aconsejan los padres, cogeremos unas vacaciones dentro del viaje. 
  

Varkala 
 

En estos días nos relajaremos y trataré de entender cómo encaja en mi mente occidental todo lo que nos ha pasado en estos meses. Porque como dice Punset, “desaprender lo aprendido es ahora mucho más importante que aprender cosas”. Quizás estuve 36 años equivocada, o solamente tengo que cambiar mi perspectiva, pero en todo caso ya no estoy triste, ni preocupada. Sólo agradecida de haber vivido tantas experiencias en estos meses y haber tenido la oportunidad de conocer otra cultura y otra manera de entender la vida.








Feliz 2015!!! Sólo puedo pedirle al nuevo año disponer de esos 31.536.000 segundos para disfrutarlos al máximo. Sería egoísta pedirle algo más después de todo lo que estamos viviendo. Así que mis mejores deseos para todos los que nos leeis.