Os dejamos un vídeo resumen de estos cinco meses de viaje, que hemos preparado para la Peña Zaragocista Ribera del Huerva y para la Federación de Peñas del Real Zaragoza.
sábado, 14 de marzo de 2015
jueves, 5 de marzo de 2015
Encantados de conocerte, Vietnam
Prólogo desde al autobús, 25h de trayecto
Dicen que cuando viajas a un país
debes integrarte en el mismo, y no pasar por él de puntillas como un mero
espectador que observa de lejos la otra cultura sin despegarse de sus
costumbres. Nosotros hoy nos hemos transformado en dos vietnamitas más que vuelven
a Saigon después de las fiestas del Año Nuevo y nos hemos embarcado en un viaje
en bus de 24 horas para recorrer los más de 1000km que separan Hué (ciudad
intermedia a la que llegamos tras 12 h
en bus) hasta Ho Chi Minh City. Para que la experiencia resulte más auténtica,
esta vez se trata de un bus sentado, sin wifi y sin baño. Todos los pasajeros
son vietnamitas excepto una pareja de nuevazelandeses muy majos (que tienen que
coger un vuelo mañana, como nosotros). Ya nos han anotado algún sitio recomendado
para cuando visitemos su país. Los últimos en llegar ocupan su lugar en el
pasillo, sobre unas esterillas. Así que
una vez más, siempre hay alguien en peor situación que nosotros.
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| Gente sentada en el pasillo del autobús. |
![]() |
| Con ánimo en el autobús. |
Hay mucho tráfico, vamos lentos,
la carretera a ratos está mal, el ruido
de la tele es ensordecedor y los
estómagos vietnamitas empiezan a resentirse. Bolsas de plástico!! Qué opciones
nos quedan? Enfado o resignación. Lo primero lo he experimentado por la mañana
cuando he leído la palabra seating (sentado) en el ticket. Y se me ha pasado
cuando un chico muy simpático ha pasado a nuestro lado mientras esperábamos el
bus se puesto a charlar con nosotros en un perfecto español. Es guía de inglés,
y le gusta mucho nuestro idioma.
Resignación es la opción que me
ha quedado cuando he subido al bus y he pensado que tenía todo un día por
delante para aprovecharlo, o desaprovecharlo. Y como no estamos para perder el
tiempo me he dedicado a observar a la gente, a pensar (a pesar de los consejos
de que no piense tanto); a terminar el libro de Osho que tenía pendiente desde
India, a meditar hasta quedarme dormida, a deleitarme con el verde de los
arrozales que nos acompañan en todo el trayecto y a empezar a escribir esta crónica.
De la mano de nuestra
querida Chai, en Sapa
Sapa se sitúa al noroeste del
país, en una zona de montaña conocida por sus terrazas de arrozales. A Sapa llegamos en un autobús “de lujo”,
tumbados y con wifi. Una vez más desconfié de los vietnamitas (pensaba que el
bus no llegaría hasta aquí y no nos dejarían quedarnos dentro durante unas
horas más durmiendo) y una vez me sorprendió que todo fuese bien, tal y como me
habían dicho.
| Arrozales de Sapa. |
Nada más bajar del autobús nos
abordó una jovencita de la etnia H’mong para ofrecernos alojamiento en su casa
y hacer un trekking con ella. Hay multitud de estas mujeres, fácilmente
reconocibles por su típico traje y porque todo el día andan detrás de algún
turista para intentar vender algo. Sin embargo, pese a que pueda parecer lo
contrario, son muy simpáticas y agradables. Suelen preguntar siempre lo mismo,
pero me gusta oírles con su envidiable acento inglés y sus risas. Alex dice que
me estoy volviendo una moñas y bajo la guardia, pero simplemente les decíamos
que queríamos hacer el trekking por nuestra cuenta y que no comprábamos nada.
Hay un total de unas seis etnias,
pero las mayoritarias son las H’Mong y las Dao Do. Así como las primeras me parecen
encantadoras, las segundas me dan un poco de miedo. Cuando se casan, les rapan
las cejas y el pelo en la parte delantera de la frente. Sé que son sólo
tonterías mías, pero confieso que me dan un poco de miedo, como si fuesen
extraterrestres.
| Mujer de la etnia Dao Do. |
| Jóvenes de la etnia H'Mong. |
| Niña H'Mong nos sonríe. |
El primer día visitamos uno de
los pueblos Cat-Cat. Hacía mucho calor y como no tenemos talento salimos a las
12h de la mañana.
Normalmente en Sapa suele hacer
más fresco, pero coincidió unos días de verdadero sol y calor.
Al día siguiente
hicimos el trekking más largo para visitar varios poblados y los paisajes de
arrozales.
Por el camino, fuimos declinando las ofertas de las
mujercicas que se iban acercando hasta que una de ellas, al llegar a un camino
nos indica por donde tenemos que seguir para evitar pagar “la entrada” al
poblado. Se llama Chai y tiene 50 años; se le ve muy ágil y con una fuerza de
una mujer que sustenta a toda su familia. Empiezo hablar con ella y simplemente
me dejo querer.
En el camino nos indica la mejor ruta para llegar a su poblado
y me va ayudando cuando el terreno se complica, nos cuida como nos cuidó
nuestro guía Prakash en Nepal, todo el tiempo pendiente de nosotros. Al principio
le decimos que no queremos comprar nada y que queremos caminar por nuestra
cuenta, pero al final dejamos que nos acompañe y le daremos algo por su ayuda y
porque me ha parecido muy maja.
La perdición de Chai y de muchos
habitantes de Sapa es el azúcar de caña. Están todo el rato comiendo trozos de
caña y Alex me dice que ese es el motivo por el que Chai sólo tiene un diente
en la parte de abajo. Nos da a probar y el azúcar nos sienta genial para
reponer fuerzas. Nos va explicando cosas acerca de la etnia, de los poblados, y
nosotros también le vamos preguntando dudas que nos surgen mientras andamos. Hace
muchísimo calor y llegamos a su casa cerca de la 1. En el camino ya le habíamos
dicho que iríamos a comer allí y luego nos volveríamos por la carretera. Allí nos recibe el marido de Chai y su hijo
pequeño. Nosotros nos sentamos a descansar pero Chai no para, prepara unas
ollas, las pone al fuego, cocina un trozo de carne….
Antes de empezar a comer, nos
sorprenden bendiciendo la mesa. Nos dicen que son cristianos. La comida,
deliciosa: arroz, con verduras, cerdo, tortilla que vamos cogiendo de cada
cuenco y añadiendo a nuestro plato. Chai nos insiste en que comamos más.
| Comiendo en casa de Chai con su familia. |
Llega la hora de marcharse y
Chai, con su última esperanza de que compremos algo saca de su cesto unos
bolsitos, telas, pulseras. Se lo agradecemos, pero le decimos que no compramos
nada y lo recoge en su cesto. Alex le da dinero en agradecimiento por su ayuda
en el camino y por la comida y en ese momento veo como Chai se emociona y se pone
a llorar mientras rebusca en su cesto unas pulseras y unos bolsitos para
regalarnos. Decide acompañarnos hasta la carretera no sin antes insistirnos en
que hace mucho calor y que cojamos una moto. Ella continúa su trabajo, esta vez
vendiendo caña de azúcar. ¿Cuándo terminará su jornada de trabajo? A las 14:30h con todo el calor la tarde
emprendemos el camino de vuelta de algo más de 12km, según nos indica los
pivotes de la carretera. Nos ha encantado conocer a Chai y nos ha encantado
Sapa.
El paisaje onírico de la Bahía del Halong
El siguiente destino fue la bahía
del Halong, pero esta vez el tiempo no acompañó y no pudimos disfrutar tanto de
esta maravilla de la naturaleza. Nada más bajar del autobús contratamos la
excursión en barco que incluía la visita a unas cuevas y a varias islas.
Otra vez dudé de que nos timaran, y otra vez fue todo perfecto. El paseo en
barco y el paisaje nos pareció muy bonito, con cierto aire onírico entre el
silencio y la niebla, pero quedó un poco deslucido por el tiempo que no nos permitió contemplar esa
belleza en su máximo esplendor. Un día soleado debe ser impresionante.
| Interior de las cuevas. |
| Alex con sus admiradores vietnamitas. |
| El día nublado y con niebla oculta parte de la belleza de este lugar. |
Precioso Ninh Binh
Y por último, antes de coger el
autobús rumbo al sur del país visitamos Ninh Binh. Nos dijo Miriam que no nos
lo perdiésemos y aunque nuevamente la lluvia nos acompañó y tuvimos poco tiempo
fue uno de los lugares que más nos gustó de Vietnam.
Alquilamos una moto y fuimos a
visitar primero el templo Chua Bai Dinh, el más grande de Vietnam y un lugar de
peregrinaje para los budistas. Fue sin duda el sitio donde más vietnamitas
juntos hemos visto y donde los únicos extranjeros éramos Alex y yo. Era
gracioso ver cómo se quedaban asombrados mirándonos, con la boca abierta.
Muchos de ellos quizás venían de zonas más rurales o menos turísticas donde no
están acostumbrados a ver a occidentales. Algunas mujeres se volvían locas
viendo a Alex y le pedían hacerse foto con él, o las más tímidas le hacían foto
con el móvil a distancia.
| Centenares de estatuas de budas en el templo de Bai Dinh, |
| Una de las múltiples admiradoras de Alex. |
| Paisaje de Ninh Binh, el Halong Bay terrestre. |
¿Desmontando mitos?
Vietnam ha sido uno de los países
que más me ha gustado hasta ahora y nos vamos de él con pena. Transcurrido el periodo de adaptación ya nos
sentíamos tan a gusto aquí que me da pereza cambiar de país. Ha sido un gran
descubrimiento, una grata sorpresa.
Respecto a las ideas
preconcebidas que llevábamos de Vietnam….
- No comimos perro, pero un día vimos un camión
que transportaba muchos de ellos en jaulas apretujados, pobrecicos.
No vimos cerdos vietnamitas de los pequeñitos.
- Sí, por la tarde pasean por la calle en pijama,
hemos visto alguna más atavidas hasta en picardías; les encanta el karaoke y
gritan muuucho.
- Sin embargo, a pesar de la fama que llevan , los
vietnamitas nos han tratado muy bien; hemos conocido gente muy amable, que nos
ha ayudado, que se han acercado a charlar con nosotros a reír con nosotros,
niños que venían alegres a saludarnos, jóvenes que nos sonreían o se acercaban
a hablarnos en inglés, abueletes simpáticos, mujeres que nos daban un achuchón,
hombres que nos advertían de que tuviésemos cuidado con la cámara … han sido
una parte importante del viaje que ha contribuido a hacerlo más agradable.
Y termino la crónica de Vietnam
desde Manila, otra ciudad que me ha afectado emocionalmente tanto o más que
Calcuta; quizás por eso hoy no puedo expresar con tanto ánimo o alegría cuánto
me ha gustado Vietnam.
domingo, 22 de febrero de 2015
Hoi-An, un paraíso para perderse
Estamos en Hanoi, en el ecuador
de nuestro viaje por Vietnam.
Vietnam es un país que me está
sorprendiendo: moderno, cómodo para viajar, con pueblos preciosos, naturaleza
asombrosa, limpio, lleno de Vespas para disfrute de Alex….y eso que aún nos queda por descubrir Sapa y la bahía del
Halong, los tesoros del país. Hasta los hombres me parecen los más atractivos
de todos los países que hemos visitado hasta el momento. No pensaba que este
país me iba a gustar tanto. Quizás porque no tenía puestas muchas esperanzas en
él o venía con el temor de ser timados constantemente, me he llevado una grata
sorpresa.
Estos días además ha coincidido
el Año Nuevo, y el país se paraliza. Esto ha condicionado nuestra ruta,
modificándola en función del transporte disponible, pero conseguimos lo que
queríamos, celebrar el Año Nuevo en el precioso pueblo de Hoi-An y descansar
allí tres días.
Hoi-An
Tras las dificultades para
encontrar autobús para llegar allí, y rememorando los largos trayectos en bus o
tren de India, pudimos alcanzar nuestro destino. A punto estuvimos de hace auto-stop
y dejar nuestra suerte a merced de los camioneros vietnamitas. Finalmente
siempre hay solución para todo, a veces sólo depende de tiempo y/o dinero.
| Nuestro próximo medio de transporte. |
Nuestros días en Hoi-An nos
devolvieron la tranquilidad que echaba de menos y ha sido el pueblo en el que
más a gusto me he sentido, donde la vida pasa más plácidamente y donde me
podría imaginar viviendo.
¿Qué hace tan bonito a Hoi-An?
En primer lugar, el centro de la
cuidad, con las casitas de madera de diferente arquitectura según sean de
influencia japonesa, china y francesa, exquisitamente conservadas ya que no
sufrieron los estragos de la guerra por un acuerdo entre ambas partes. Hoy en
día esas casitas se han convertido en tiendas donde se venden souvenirs y
artesanía típica, en preciosos cafés, o sastrerías pueden hacerte un precioso
vestido a medida, también típico de aquí.
La cuidad está bañada por el río
Thu Bon, y es posible dar un paseo en barca con música ambiente de una
guitarra, o simplemente sentarte a orillas del río a degustar sus platos
típicos y observar el ir y venir de los turistas fotografiando cada rincón de sus
maravillosos templos, pagodas y la sala
de asambleas. Lo peor que te puede pasar aquí, y nosotros lo sufrimos, fue
agotar la batería de la cámara de fotos, del ipad y del móvil. Todo me parecía
taaaan bonito.
El principal atractivo del lugar
es el puente cubierto japonés, que aparece en los billetes de 20.000 dongs y
que es el único en el mundo unido por un lado a una pagoda budista. Todo ello
le llevó a ser declarada en 1999 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Si lo anterior no fuera
suficiente para crear un ambiente mágico, todas las calles estaban decoradas
con farolillos, carteles, flores y decoración por el año nuevo chino. Precioooooso.
Lo curioso es que antes de
visitar el centro ya me pareció encantador este lugar. Nos alojamos en una
guesthouse con todas las comodidades de un hotel que estaba
en una zona tranquila. Entre sus callejuelas podías adentrarte en la vida
cotidiana de sus habitantes, ya que la entrada de sus casas está abierta de par
en par y lo primero que se ve es el salón, con una mesa y sillas perpendiculares
a la calle, sin ocultar nada.
| Entrada de una casa. |
| El salón de una casa, a la vista de todo el que pase por allí. |
Decidimos recorrer la cuidad a pie
puesto que las distancias eran cortas y nos permitía apreciar más de cerca cada
lugar. Empezamos la ruta por dos antiguos templos en una zona alejada del
centro y allí fue donde pudimos apreciar la amabilidad de los vietnamitas, que
se paraban a saludarnos, sonreírnos y los que sabían inglés, a charlar un rato
con nosotros.
¿Y cómo se recibe en Vietnam el año nuevo?
Ya comenté que es una de las
fiestas principales. Los vietnamitas celebran el Tet, que es el año nuevo
vietnamita y coincide con el año nuevo chino. Dura (casi) una semana y los días
previos vimos cómo los vietnamitas hacían compras, limpiaban las casas,
pintaban los templos y ponían todo en orden. La noche de año nuevo vimos el despliegue de fuegos artificiales
para dar la bienvenida al año de la cabra en Hoi-An, nos entretuvimos en las
ferias que montaron para la ocasión y vimos las actuaciones música y baile en
el escenario junto al río.
Las familias se reúnen y comen
pipas de calabaza, dulces de jengibre y cantan karaoke. Queman papeles en
improvisadas hogueras en la calle; los niños estrenan ropa, algunos con el
traje típico. Los mayores visten sus mejores galas, visitan los templos y
podemos ver alguna celebración en lacalle.
Continuamos nuestro viaje rumbo a
Hanoi, con una pequeña parada en Hué.
| Trajes tradicionales para los niños. |
| Con una chica que lleva el traje típico. |
Hué
Cuando pensábamos que en India
habíamos conocido todas las religiones, nos encontramos de bruces con el templo de la secta Cao Dai,
llamativo por su colorido, los dragones en sus columnas y el ojo divino como
símbolo principal. Leo en un cuadro en qué consiste esta peculiar religión que
cuenta entre sus santos con Víctor Hugo y Juana de Arco. Es una mezcla de
cristianismo, islamismo, budismo, confucionismo y taoísmo y aúna conceptos como
vegetarianismo, el ching y el chang y la reencarnación. Vamos, por si no te convence ninguna religión
en particular, aquí tienes todas reunidas. Al ser día de fiesta el templo está
vacío, pero un señor aparece a nuestro encuentro y nos invita a visitarlo con
tranquilidad.
| Unificación de todas las religiones. |
Llegamos a este templo de
casualidad, son las sorpresas que te depara el camino cuando vas sin guía.
Tiene sus pros y sus contras, pero empiezo a cogerle manía a la famosísima guía
que sitio que recomienda, sitio que coge fama y encarece. Nos ocurrió al
sentarnos a comer un bocadillo en un humilde restaurante, donde una mujer mayor
preparaba con calma una combinación interminable de ingredientes que iba
colocando en el pan, a su rtimo. Sólo estamos una pareja de chicas y nosotros.
De repente empezaron a llegar un montón de turistas, algunos buscando el lugar,
preguntando, otros bajaron directamente de un taxi que les paró en la puerta.
Qué extraño. En un momento el restaurante estaba a tope. El bocadillo
delicioso, pero ¿a qué se debe tanto jaleo? Por lo visto el lugar estaba
recomendado por la Lonely Planet. Arrrg!!
Hanoi
La capital de Vietnam me ha
gustado, pero si tuviese que elegir, prefiero Ho Chi Minh City, más cómoda,
menos cara y con más opciones de todo. Quizás también influye que hay muchos sitios
cerrados por la fiesta del Tet.
Por la mañana madrugamos y la
ciudad parece dormida. El cielo gris y un pequeño chirimiri no parecen ser
inconvenientes para un grupo de cuatro parejas que se han reunido a bailar. ¿Es
tango, y en francés? Entusiasmada me acerco a observarles. No es que bailen muy
allá, pero la pasión con la que bailan una de las parejas me encanta. La mujer
nos anima a bailar y nos dedica sus mejores poses mientras le grabo.
| Bailando junto a la estatua de Lenin. |
Visitamos los lugares de interés
de la ciudad, el lago, pagodas, la catedral de San José conocida como la
pequeña Nôtre Dame (en referencia a la Nôtre Dame de Saigón), el barrio
antiguo. Me llama la atención el mausoleo donde descansan los restos de Ho Chi
Minh, al que se accede tras varios controles de seguridad y siguiendo un ritmo
casi militar. Le observo mientras damos la vuelta a la fría sala donde se
expone y parece que se va a levantar en cualquier momento. Me entra la risa y me contengo antes de que los cuatro guardianes que custodian el cuerpo me detengan.
| Pagoda de un pilar. |
| Mausoleo de Ho Chi Minh, |
| La pagoda más antigua de la ciudad. |
| Puente en el lago. |
| Entrada al puente, |
| En el centro del lago. |
En las calles sigue
el ambiente festivo, niños con juguetes, familias, flores, y terrazas llenas de gente tomando un café o un té.
| Actuación en la calle. |
Mañana terminaremos de explorar
los alrededores de la ciudad y seguiremos nuestro viaje hacia el punto más al
norte que visitaremos, Sapa. Esperamos que el tiempo acompañe.
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