Japoneses
Recuerdo que Aoki nos decía que parecíamos japoneses, y no le daba vergüenza presentarnos en algunos eventos sociales porque confiaba en nuestra buena fe. Como cuando nos llevó a dar el pésame a casa de un amigo suyo cuya madre había fallecido. Teniendo en cuenta la rigidez social y un momento tan delicado, fue todo un reto tener delante el cuerpo de la señora y actuar de acuerdo a los rituales religiosos.
Y esa es nuestra premisa. Actuar de manera cauta, educada, complaciente, respetando al máximo a los demás y haciendo lo que ellos hacen. Nos limita el idioma, pero lo suplimos con nuestro deseo e interés de hacer lo correcto, sin molestar. Y aún así, a veces sin querer, cometemos errores.
Convivencia
Es una delicia ver cómo conviven.
Son la mejor versión de ellos mismos y son envidiables, nada les limita en su esfuerzo por conseguir sus metas, ni siquiera la edad. No hay mucho espacio para la improvisación y el azar.
Es la excursión a Asahidake, el monte más alto de Hokkaido, coincidimos con personas muy mayores para semejante azaña, subir el monte a 2291m en un recorrido bastante exigente. Van poquito a poquito pero sin parar hasta llegar a la cima. Equipados perfectamente en un recorrido que yo calificaría de nivel medio alto. Y lo hacen.
Monte Asahidake.
Todo funciona como tiene que funcionar. Tonterías como que un trozo de celo pega perfectamente y luego no hay manera de despegarlo. El plástico film (del que se sienten muy orgullosos) es genial. Lo caliente es muy caliente y lo frío muy frío.
Pasamos con el coche al lado de una empresa de Suzuki, y los trabajadores, con su uniforme perfecto o su traje están en la calle recogiendo la basura de los alrededores; en una cafetería, una madre se agacha para recoger con un trapo las migas que su bebé ha tirado al suelo. En muchas cafeterías hay una bayeta para que tú mismo puedas limpiar la mesa (me viene a la cabeza la actitud española que sería si pago encima voy a limpiarlo).
Todo es muy amable, con un punto naïf que enamora. En cada zona tienen una mascota especial relacionada con el producto estrella del lugar, una patata, un grano de arroz, un oso, un pulpo. Todo es atractivo a la vista. Me pregunto qué sentirá un japonés cuando salga fuera y vea el desorden que existe. ¿Le resultará divertido por unos días esa pérdida de comodidad?
Osito de la zona de Tomamae, donde vivía Aoki y vallas de obra cerca del ferry con dibujo de delfín.
El silencio
La educación.
Estamos acostumbrados a hacer una flexión con la cabeza para saludar, pedir disculpas o agradecer a todo el mundo, acompañado de una sonrisa o una mirada amable. Por permitir el paso al cruzar la calle, por si te cruza por delante, prácticamente en cada interacción humana y siempre acompañado de arigato gozaimasu.
Cafetería en Tomakomai
La seguridad.
La seguridad es infinita, y personalmente entiendo, que los japoneses no quieran que vengan extranjeros aquí. Han conseguido este punto de armonía que nadie de fuera debería alterarlo.
Vemos a muchos en la camper que duermen con las ventanillas bajadas, o dejan a mano sus pertenencias, las zapatillas fuera de la camper con la seguridad de que nadie te las va a robar.
También me encanta lo extremos que son. Los que fuman, fuman mucho. Los que beben, beben mucho. Los que son moteros, van con todo el equipo perfecto. Adoptan su papel y lo ejectuan con la máxima excelencia.
Y no sigo alabando las virtudes japonesas porque realmente me daría para escribir un libro.
Hokkaido
Mucho más de lo que podría imaginar. Si hablaba de la naturaleza que habíamos observado en la isla de Honshu, en Hokkaido se multiplica. Realmente me siento afortunada de poder haberla vivido y tengo que agradecerle a Alex el esfuerzo de conducir hasta allí y de elegir cada parada. Pasar estos días en Hokkaido y poder haber hecho excursiones estando en contacto con la naturaleza ha sido muy sanador. Sentir la belleza, la calma de las plantas, los animales, el mar. Creo que nunca experimenté de cerca una naturaleza tan viva y tan pura como esta. En algunos momentos nos sentíamos casi extasiados por lo que registraban nuestras pupilas y todo el recorrido en coche era bello.
Con Aoki tuvimos la suerte de conocer prácticamente toda la costa oeste de Hokkaido desde su pueblo Kotanbetsu hasta el punto más al norte, Wakkanai. No tiene precio todo lo que nos enseñó y nos llevó a visitar. También conocíamos Sapporo porque de allí es nuestra amiga Kasumi y pudimos explorarlo con ella y su familia. Esta vez hemos ido también por la costa oeste conduciendo en paralelo al mar, hemos visitado varios parques naturales, algunas ciudades más grandes con dos lugares que especialmente me encantaron. La bodega de sake Otokoyama en Asahikawa, con su museo, su historia, su cata de sake gratuita, su manantial de agua purísima al que la gente acude para llenar las garrafas. Es un sake que nosotros vendíamos y conocerlo personalmente me ha hecho mucha ilusión. Y la destilería de whisky Nikka en Yoichi. Un pueblo precioso, un museo alucinante y la vida de su fundador Masataka Taketsuru, admirable y muy inspiradora.
A veces, muchas veces, pienso si esta vida tan poco ortodoxa que llevamos está bien. Si no sería mejor seguir el camino habitual, si no nos estaremos equivocando, si no es muy tarde para seguir dando tumbos, si no somos muy mayores. Otras veces, cuando descubro a personas que llevan vidas diferentes, o cuando vemos a los campistas de aquí, a los moteros, con esos estilos de vida tan auténticos, pienso, quizás no estamos tan locos. Nos preguntamos con Alex qué haremos a la vuelta, qué podemos hacer con todo esto que estamos atesorando y son muchas las dudas. Pero quién sabe hasta cuándo viviremos o estaremos en este mundo.
Y es en estos momentos de viaje, apoyada en una barandilla contemplando el reflejo de una montaña, cuando de manera recurrente también me viene a la cabeza el sentimiento de que si muriese ahora mismo, no me importaría. Estaría feliz por haber disfrutado y vivido como he vivido.
Llegada a Kotanbetsu. Nuestra meta.
El 18 de abril de 2021 falleció nuestro amigo Aoki san.
Nunca podé agradecerle lo suficiente lo que hizo por nosotros y lo que significó su existencia para mí.
Cuando ya estaba enfermo, nos mandábamos mensajes por Facebook y sus fotos anticipaban que estaba peor de lo que él me decía.
Pudimos mostrarle el resultado de Espacio Toho, la flecha de Kotanbetsu en la pared. Unos días antes de morir me llamó por videollamada. Pero teníamos mucho trabajo en la tienda y no pude cogerlo. Después ya no respondió a mis mensajes. Le iba preguntando a un amigo suyo que me dijo que estaba en el hospital y días más tarde falleció.
Sentí tantísimo no haberme podido despedirme de él. Que sabíamos que en cuanto se levantasen las restricciones de la pandamia y fuésemos a Japón iríamos a visitar su tumba.
Sé que no está allí, pero era una manera de mostrarle nuestro respeto a él, a su familia y a su pueblo.
Sus restos estaban en un templo budista dentro de una especie de capilla con muchos armaritos. Al entrar, Alex se dirigió directamente a uno de esos armaritos que resultó ser el de Aoki, como si le hubiese avisado. Le hicimos una ofrenda y le dimos las gracias por todo.
Fuimos a varios sitios en los que habíamos estado con Aoki y recordamos el tiempo que pasamos juntos.
Aprovechamos a cenar con Ayaka Niki, su marido y su hija. Contarnos sobre nuestra vida.
Esa noche, de camino a nuestra área de servicio nos encontramos 4 zorros y un ciervo por la noche. Alex quería ver un oso pero no tuvimos la “suerte”. Hoy me acaba de escribir Ayaka para decirme que han visto dos días seguidos al oso en el pueblo, también eran habituales en muchos de los lugares naturales que visitamos.
También nos reencontramos con nuestra amiga Kasumi. Fuimos a cenar a un sitio de sopa de curri que estaba espectacular. Y a la vuelta, le llevamos en la camper a su casa. Ella y Alex delante y yo detrás agachada, junto a la nevera, ocultándome para que la koban no nos parase y multase.
Reflexión
Un día escuché que vivir fuera de tu país un año, suponía 4 años de vida por todos los cambios que vivías. Si a eso le sumas que nuestro día a día es un cambio constante de entorno, la intensidad con la que estamos viviendo es tan grande que el concepto de tiempo pierde todo su sentido. Nos da la impresión de que ya han pasado varios meses desde que estamos aquí y tan solo han sido 20 días desde que comenzamos la ruta con la camper.
Apunto los lugares y los gastos en una pequeña libreta. Tomo fotos, vídeos. He tenido que comprar un cuaderno más grande para poder tomar notas de lo que nos pasa cada día. Es tanta la información que un día que pasa sin escribir supone muchos datos perdidos, pero una pequeña anotación me ayuda a enlazar todo. Así que aquí escribo sin orden y sin sentido. Solo pensamientos que me vienen en el momento de escribir, para no perderlos.
Seguimos ruta por Aomori.
































































