lunes, 25 de julio de 2022

India de nuevo. Cuarto viaje

Llevamos 19 días en India, sin embargo, bien podrían ser 2 meses o un año. Cuesta llevar la cuenta. No sé si es por la intensidad con que todos los sentidos quedan abordados desde que aterrizas, pero es como entrar en otro estado de espacio y tiempo que nada tiene que ver con las medidas de occidente. Siento que hay algunos conceptos de occidente que no encajan aquí y viceversa. No hay otra explicación.

Es nuestro cuarto viaje a India, sin embargo, para mí, parece el primero. Alex llevó mejor su periodo de adaptación y estaba más preparado para lidiar con el día a día de este país. A mí me ha costado mucho más. No recordaba cuánto al límite te pone el país, cuantísima paciencia se necesita y lo frustrante que puede llegar a ser incluso tomar decisiones tan simples como comprar un billete de tren, coger un taxi o tuk tuk. Hemos tenido que bajar mucho el ritmo para poder ir asimilando todo. 



 

El primer impacto

La llegada a Delhi fue brutal. Habían pasado casi siete años desde la última vez que pisamos Paharganh, el barrio mochilero al lado de la estación de tren y cerca del metro, que por su ubicación y cantidad de hoteles es muy práctico. Todo seguía igual, o peor. Ruido, olores, suciedad, más suciedad. Solo había un elemento nuevo, alguna persona con mascarilla. Muchos menos extranjeros y muchísimo calor. Asfixiante. Tanto que casi se nos hizo imposible movernos en los 3 escasos días que estuvimos allí. Nuestra amiga Ira nos escribió para que fuésemos a su casa, pero ya teníamos el hotel pagado, así que quedamos en vernos al volver a Delhi.

En 2019 habíamos viajado al estado de Sikkim, que forma parte de India desde 1975.  Allí la India es más descafeinada, más limpia, más tranquila, incluso con agricultura totalmente orgánica desde 2016. Fue difícil moverse en transporte, pero no convivir.

Esto era otra liga y había que actuar rápido para sobrevivir. 

 

Nos vamos al sur

Volamos directos hasta Coimbatore, en el estado de Tamil Nadu y a 2500 km de la capital. Todo es exagerado en India, hasta las distancias.

Teníamos el buen recuerdo del sur por su tranquilidad, su naturaleza, su deliciosa comida y su gente más agradable.



Mientras Zaragoza sufría una ola de calor, aquí la temperatura era mucho más confortable, fresco incluso por la noche. Eso nos hizo revivir.

La ciudad no tiene mucho atractivo, pero sí un interés concreto para nosotros. Visitar el ashram de Sadghuru, a unos 30 km. Conocido como Isha Foundation, es un complejo de yoga dirigido por voluntarios y que tiene como objetivo brindar bienestar físico, mental y espiritual para todos. Así lo definen en su web. La idea era quedarnos allí unos días, aunque tienes que hacer la petición de alojamiento y que te la concedan, y hacerlo con al menos 15 días de antelación ante tanta demanda.

El centro se encuentra rodeado de los ghats occidentales, una cordillera de montañas, que delimitan los estados de Kerala y Tamil Nadu. Es un lugar estratégico elegido por su energía y su entorno, con una extensa vegetación, miles de cocoteros, plantas. No en vano, el lema de la fundación es Save de Soil, salvar la tierra.

Nos acercamos un día a visitarlo y quedamos tan impresionados que nos propusimos volver para alojarnos unos días, aunque supusiese tener que irnos y volver para cuando el alojamiento estuviese disponible.

 





 

 

Visita a Kerala, Kochi

Es julio, y en esta época del año acechan los monzones por el este y oeste del país. Eso dificulta trazar una ruta clara y nosotros la vamos improvisando sobre la marcha. 

Queríamos visitar Munnar, una ciudad montañosa con campos de té y café.  Tuvimos que descartarlo cuando vimos que la temperatura era de 16ºC y lluvias; no estábamos equipados para ello. 

En su lugar fuimos a Kochi, que estaba conectado por tren desde Coimbatore. Allí pasaríamos unos días hasta poder volver al ashram. 

Era nuestra tercera visita a Kochi, en el estado de Kerala. En teoría también afectado por el monzón, pero se tradujo en lluvias por la mañana y por la noche que refrescaban el ambiente y se estaba muy bien.



Café en Kochi


Necesitábamos una pequeña burbuja para superar el choque de Delhi. 

En 2014, conocimos allí a nuestro amigo Dean, que estaba trabajando en la construcción del metro. Se terminó en 2017 y esta vez pudimos usarlo.

Nada más llegar a Kochi recibimos un correo de él que nos preguntaba por nuestro paradero. ¿Cómo pudo saber que estábamos allí cuando la red de trenes mueve 23 millones de pasajeros diarios? Cosas de India. Nos quedamos con la duda y decidimos no responderle después de un malentendido que tuvimos anteriormente. No era momento de añadir más sorpresas a nuestro viaje.

Alojados en Fort Kochi, destino de vacaciones de indios de clase media-rica, con cafés, comida de todo tipo. Fueron días de tranquilidad y adaptación.

 

Retiro en Isha Foundation

Tal como planeamos, aunque aquí los planes no siempre se cumplen, volvimos a Coimbatore para pasar cinco días en el ashram de Sadghuru.

Al llegar y hacer el registro, nos colocaron unas pulseritas de residentes. A partir de ese momento, la gente te saludaba con un namaskar, las manos juntas y una sonrisa o la mano tocando en el corazón. Éramos parte de ellos y nos diferenciaba de los visitantes.

Desde la carretera ya se atisba el enorme busto de 112 pies, como las 112 posturas de yoga, equivalente a 34 m de altura y con 500 toneladas de peso; la escultura busto más grande del mundo, dedicado a Adiyogui o Shiva, el primer yogui del mundo que apareció hace 15000 años, o eso es lo que cuentan. Impresionante. 




Existe otra parte donde están los templos a la que solo se puede acceder sin móviles si eres visitante y está prohibido hacer fotos. Allí se encuentran dos grandes piscinas, una para hombres y otra para mujeres donde puedes darte un baño para aumentar la receptividad espiritual y mejorar tu bienestar físico y psicológico. Yo no me bañé pero Alex sí lo hizo.







El lugar más especial es la Dhyanalinga, un espacio de meditación donde se encuentra un elipsoide de granito negro que se convierte en un almacén perenne de energía. Fue el lugar donde más fácil me resultó meditar y aunque no estaba muy predispuesta a ello, sí noté una gran energía. Un día acudimos a una sesión con música y fue espectacular. 

Además de tiendas, restaurantes y cajeros automáticos, existen otras instalaciones que lo convierten en un lugar con una paz increíble. Todo limpio, todo en calma. Pájaros cantando, dos pavos reales que pasean a sus anchas, un lago con flores de loto, unos porches que recuerdan a baños termales romanos. Muchas personas se quedan a vivir años y de todas las nacionalidades del mundo.  

lago


La zona de alojamiento sí que era de acceso exclusivo para los residentes. Existen diferentes bloques de habitaciones desde más sencillas como la nuestra, pero con todo lo necesario para tu estancia, hasta otras más lujosas, y dormitorios para los voluntarios. 




Te ofrecen dos comidas diarias comunitarias, a las que acudimos un par de veces. Todo un ritual que recuerda a las comidas de los templos sigh. Unos voluntarios te sirven la comida, otros organizan la sala, las esterillas del suelo, los platos. Antes de comer, se canta y se agradece por la comida; se come en silencio. Después lavas tu plato y tu vaso.

Algunas familias, acuden a pasar allí unos días de vacaciones. Los ves llegar con maletas enormes y carritos como los de los aeropuertos. Otros, van a estudiar yoga, a recibir algún tratamiento de salud, a mejorar sus conocimientos, a vivir en paz, a meditar. No he visto nunca tanta gente meditando al mismo tiempo, en cualquier esquina. Y si querías, podías asistir a diversas actividades que había durante todo el día. Clases de yoga cada media hora. 

Es un pequeño mundo, donde todo parece en consonancia. Nosotros salíamos de nuestro bloque por la mañana para ir a desayunar y parecía que comenzase un nuevo día en el Show de Truman, o el Show de yogui. 

Incluso para no nosotros que no íbamos con ninguna intención de practicar yoga, ni de involucrarnos demasiado, nos resultó tremendamente agradable. Nos llenó de energía y paz y dudamos en quedarnos más tiempo. 



El último día reservamos un taxi para nuestra salida. Al hacer la reserva nos preguntó el voluntario cuál era nuestro vuelo. Le dijimos que nos íbamos en tren. En ese momento pensé, ¿cuántos extranjeros vendrían exclusivamente a pasar un tiempo en este lugar y después volvían a su país? ¿Habrían estado en India? No. La India de verdad nos esperaba ahí fuera, con todos sus defectos e incomodidades, pero también con sus virtudes. Por fin estaba preparada para afrontarla de nuevo.  


 Desde la ventana del tren esperando a que el tren arranque.

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