domingo, 14 de diciembre de 2014

Mumbai - Goa y sentimientos a flor de piel



Seguimos bajando hacia el sur de India y arrastramos el cansancio de estos días tan movidos. Echamos de menos las “largas estancias” de Rihsikesh o McLeod donde nos familiarizamos con el lugar y nos sentimos como en casa. A eso añadimos que cada trayecto lo hacemos por la noche y supone dormir en el bus o en el tren, por lo que el cuerpo se resiente. Llegar a un lugar de playa, que en principio no estaba en nuestros planes nos sentará bien para descansar, aunque sea descansar de un viaje.

El destino, o mejor dicho, la inmensa cantidad de gente que está viajando en India, ha hecho que modifiquemos nuestra ruta en función del transporte disponible. No pensábamos ir Mumbai ni Goa, pero al final visitamos los dos. Y cuando digo inmensa cantidad de gente, no exagero. Para hacer el trayecto de Mumbai a Goa en tren había más de 20 trenes con miles de plazas en cada uno. Pues no sólo no había plazas para tres días vista, sino que había listas de espera de más de 100 personas en cada uno. Así que tuvimos que venir en un bus nocturno, que en principio le costaba 17h llegar y al final fueron 20h (3,5h para salir de Mumbai!!).

Mumbai

En Mumbai vimos la India más occidental, y la más inglesa con los autobuses de dos plantas y sus grandes edificios. Desde luego que me gustó más Delhi, con muchos más sitios que visitar. Pero es cierto que tampoco tuvimos tiempo de explorar Mumbai a fondo y nos quedamos únicamente en el barrio de Colaba. Estábamos tan cansados que ni tuvimos ganas de participar como extras en una peli de Bollywood. Habíamos leído que es habitual que te asalten en la calle ofreciéndote actuar a cambio de la comida y unas rupias. Nos lo ofrecieron 5 veces y hasta un día subió un representante a nuestra guest house, en busca de mochileros, presa fácil con bajo presupuesto. A mí me hubiese gustado ir y ver los escenarios, pero un día entero me parecía demasiado.
Big Ben de Mumbai.

Puerta de la India.


Hotel Taj Mahal Palace.



Estación Victoria.
Ver el mar, el Big Ben, el ambiente en los juzgados con sus abogados y jueces elegantes, la impresionante estación Vitoria, las iglesias, sinagogas o la puerta de India fueron algunos de nuestros entretenimientos. Si bien es cierto, que como dicen Antonio e Iván son mejores las ciudades pequeñas, donde entras más en contacto con las personas y la vida transcurre más plácidamente.

Sentir

Pero la sorpresa que nos tenía guardada Mumbai fue la visita fortuita a una pequeña galería de arte donde me cuenta Alex que los artistas tienen que esperar hasta dos años para exponer. Entramos porque era gratis y nos venía de camino. Había varias exposiciones, y de entre todas dos de ellas nos gustaron mucho. Una centrada en buda, sencilla y muy bonita; y otra, del pintor indio Manu Parekh que nos fascinó a los dos. Es de una serie dedicada a la ciudad e Varanasi, y aunque esa ciudad espiritual a nosotros no nos cautivó en nuestra visita (seguro que en este momento del viaje sería distinto), pude apreciar la esencia de la misma. Todo ese color, toda esa vida,…eso es India y entendí los sentimientos que había plasmado el autor en sus cuadros. Y me emocioné (sí, otra vez). Precisamente en la galería me recordó Alex la historia de Jose, un madrileño con el que coincidimos en el viaje a Túnez hace 8 años. Su mujer y él habían estado en India hacía años y nos contaron que les cambió tanto que él dejo su trabajo de empleado de banca y se hizo pintor. Ahora puedo entenderlo y no me resulta extraño.

Así que a esto nos ha ayudado India, a sentir! a tener los sentidos a flor de piel, a ser pacientes, a disfrutar de los pequeños detalles, de la naturaleza, a apreciar lo sencillo, a empatizar tanto con su gente que comprendamos su manera de vivir y en muchas ocasiones la consideremos mejor que la nuestra. Porque como dice Gema, a veces nos olvidamos de sentir. Y es cierto, a mí se me había olvidado sentir con las cosas sencillas; lo había relegado al  cajón de los asuntos pendientes. Y me ocupaba sintiendo sólo agobio, prisa, frío, calor… Sin embargo, olvidé sentir la emoción de ver la vida a mi alrededor. Y un viaje en bus de 20h como el de hoy, puede resultar una pesadez. Pero si durante ese tiempo puedes aprovechar a pensar, a sentir y ver cómo otras personas sienten, el tiempo se relativiza. O aprovechar el tiempo de espera de una hora hasta recoger las mochilas para sentarnos en una plaza viendo a los vendedores de helado discutir por su sitio, charlando con un vendedor de agua, contemplando a una niña  que nos ofrece un helado o disfrutando de la compañía de la gente, que como nosotros descansa a la sombra. Porque aquí no es raro hablar con un desconocido; no piensan que está loco si el compañero de bus entabla una conversación y no huyen del contacto personal cuando alguien solo busca unas palabras de entendimiento entre seres humanos. 

A mí me ha salido un poco caro llegar hasta aquí para sentir. Hay gente que lo hace en su día a día, en su entorno. Y son precisamente ese gente amable que admiro por lo en paz que viven y la buena sensación que transmiten. Yo tuve que dejar mi entorno para abstraerme de algunas preocupaciones, que ahora no lo parecen tanto y descubrir que hay vida más allá del reloj y de los siete días de la semana.

La burbuja en la piel de Sanje

Pero antes de seguir escribiendo sobre el lugar donde estamos, tengo que contar otra experiencia que acabamos de vivir, precisamente relacionado con lo anterior.

Después de cenar en un puesto callejero de Goa acompañado de una rica cerveza íbamos a cruzar la carretera para coger la moto y ha pasado a nuestro lado un señor que nos ha saludado. Ha dudado un momento y se ha parado preguntarnos de dónde éramos. Era de apariencia seria, con pantalón negro y camisa blanca, bigote y gafas. Se dirigía principalmente a Alex, y le ha preguntado a qué se dedicaba. Él es ingeniero civil pero se dedica al negocio familiar. Nos ha preguntado por qué estábamos en India, y entonces la conversación se ido tornando cada vez más personal. Al principio nos ha pedido varias veces disculpas por si estaba molestando. En absoluto. Nos ha dicho que justo hoy cumplía 48 años. Pensaba que Alex tenía 24 años  ; )  Y se ha puesto a explicarle sobre sus hijos, qué querían hacer con sus vidas y cómo le costó 8 días decirle a su hijo qué debía hacer; nos ha explicado sobre la obligación que tienen los hijos para con los padres según sus tradiciones (que incluso está legislado como nos contó Ira), el sacrificio de los padres, que luego él experimenta con sus hijos. “Sanye” (que así se llama) de vez en cuando hacía como que le entraba un escalofrío, acompañado de un “ssshh” y se emocionaba; dos veces nos hemos despedido pero seguía hablando y le ha dicho a Alex que no sabía por qué le contaba eso pero que se sentía muy comprensivo con él; nos ha hablado de lo que suponía casarse, de lo que estaba escrito en nosotros, en nuestro ADN y le ha dado a Alex dos consejos; que disfrute de la vida, que aunque decida tener hijos o no, nunca debe traicionar ni a su mujer ni a sus posibles hijos. Y como reflexión final nos ha dicho que la vida es como una burbuja en la piel para indicarnos lo efímero de la vida; ha dibujado como un círculo sobre su muñeca y con los dedos de la mano contraria ha tocado su burbuja imaginaria y la ha hecho desaparecer.

Durante la conversación le ha llamado su mujer dos veces por teléfono. Pero cuál ha sido nuestra sorpresa cuando nos damos cuenta que su mujer estaba esperando en el coche que había justo delante de nosotros y que a él nos lo hemos cruzado justo cuando iba a subir al coche por la puerta del conductor. Qué ha pasado para que se cruzase en ese momento y se parase a hablar con nosotros y qué ha visto en Alex para ponerse así de sentimental, no lo sabemos. Pero la casualidad nos ha vuelto a sorprender.

Al despedirnos cariñosamente de él, hemos visto cómo Sanje se metía en el coche y su mujer le ha soltado una bronca de tres cuartos de narices. Me ha dado pena y más en el día de su cumpleaños. ¿Qué habrá pensado esa mujer al vernos hablar durante casi media hora de esa manera? Suena extraño.

Goa

Estamos en un destino turístico tanto para occidentales como para indios. Aquí es donde más indias “occidentalizadas” hemos visto, con pantalones cortos, vaqueros,… mezclados con guiris que vienen a disfrutar de la playa, las fiestas, la buena comida y el alcohol barato; o simplemente en busca de tranquilidad, como parejas con niños y gente bastante mayor que parecen estar de retiro. 

Iglesia de SAn Antonio, dedicada a mi madre :)

Con el casco de Viaje a Daarjeeling, según Alex.

Disfrutando de la carretera.

La temeridad nos invade a todos en este sitio, donde alquilar una moto sin casco es la actividad más común. Recorrer las playas entre vegetación espesa y ver la vida cotidiana de sus habitantes resulta simplemente fascinante. Si lo acompañas de una comida todavía más sabrosa de la que llevamos probando por el país y una cerveza bien fría a un precio muy asequible, tenemos el plan perfecto de recuperación.




Las casas de colores vivos y las iglesias recuerdan a Portugal, si bien este lugar permaneció como colonia portuguesa hasta 1961, y aún se ven muchas referencias lusas, como la bandera de Portugal presidiendo el salón de un restaurante donde entramos a comprar agua o los nombres de los establecimientos: Fernandes, Pinto, Maria, Pereira,...

Nosotros ponemos rumbo a la tranquila playa de Cola. Antes paramos a repostar, donde una larga fila de motos espera  su turno. Vemos a una pareja de extranjeros de unos 65 años. Sonrió  a la mujer antes de que se suba a horcajadas en la moto. Le pregunto a Alex si también nosotros seremos así en unos años. Como nuestro vecino de la guest house, que seguro sopla más de 70 velas y el día que llegamos nos recibe con unos shorts vaqueros como única vestimenta. Si con eso no era suficiente, al salir abre la puerta de su habitación fucsia y nos lo cruzamos en calzoncillos. Así que temo la tercera vez  que lo vea, porque no sé qué le quedará por quitarse (nota: le veo una tercera vez con unas mallas ajustadas, menos mal).
Aquí cada uno viene a lo suyo, a su ritmo, y el tiempo transcurre sin prisas. 

Relax.

Playa Cola.

Meditación 
Entre las mesitas con luces al borde de la playa, las brasas con pescado fresco y los jóvenes jugando a fútbol, esperamos encontrar un momento de reflexión para meditar sobre nuestras vidas y nuestro futuro. En este país es una práctica habitual, incluso hay centros de meditación. Un buen hábito para mí todavía desconocido. Aunque tengo presente la recomendación de Elsa Punset que decía que había que dedicar todos los días al menos 10 minutos para pensar en lo que queríamos hacer con nuestra vida, para alcanzar nuestros objetivos y metas. Sobre todo ahora que se acerca el fin de año.

Playa Cola.

Playa Palolem, al lado de nuestra guest house.

Mientras descansamos preparamos el siguiente destino. Otro país, otra moneda, otras costumbres. Parece que viajar por Myanmar no va a ser fácil y coincidiendo en navidades nos va a resultar bastante caro. Dudamos en elegir Nueza Zelanda como siguiente destino, pero cambiamos de idea por dos razones; ahora allí es temporada alta y quería evitar un cambio cultural tan grande con India. Preferimos ir a Myanmar un país más tranquilo, donde asimilemos todas las emociones acumuladas y donde con suerte, celebremos con nuestra querida Joyce las navidades. 

Antes aún tendremos oportunidad de bajar más al sur hasta Kochi y comprobar las diferencias con el norte, que ya se aprecian un poco en la manera de ser de sus habitantes. Quizás no tan locuaces como en el norte, pero igualmente amables.

Nos quedan muchos sitios pendientes que visitar de la larga lista que elaboramos con Ira, por lo que sin duda, volveremos pronto a India.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Subrealismo en Ahmedabad

No pensaba dedicarle a Ahmedabad ni unas líneas, pero nos ocurrieron algunas cosas extrañas que merecen mención.
Llegamos a Ahmedabad de paso, porque no encontramos billetes de tren a Bombay y además el trayecto hubiese sido de 20h.
No esperábamos mucho de la ciudad, y las visitas que teníamos programadas nos desencantaron más. Empezamos con largo tour de madrugada en tuc-tuc para encontrar un hotel barato y decente. Cuesta un rato, pero al final lo conseguimos. Visitamos un templo jaimista que está en obras y un lago enorme (Kankaria lake) con un montón de atracciones, incluido zoo pero que no pudimos ver porque los lunes cierra.
Sin embargo India nunca deja de sorprendernos. Y si pensábamos que ya lo habíamos visto todo y éramos más indios que Gandhi, estábamos equivocados. 

Cuatro anécdotas subrealistas

UNA

La primera sorpresa del día fue presenciar una pelea de dos familias indias. No sabíamos qué pasaba, pero frente a un cajero empezaron a discutir un grupo de hombres y mujeres acaloradamente. De repente empiezan a zarandearse, a pegarse, a levantar los puños. Algunas mujeres intentan separar a los hombres. Una mujer bastante robusta tropieza y cae al suelo. Su compañero le ayuda a incorporarse para seguir gritando a sus contrarios. Alex y yo contemplamos la escena  alucinados. El resto de personas que pasa por allí también les presta atención, pero luego un hombre nos hace un gesto de “bah, no pasa nada”. No sé cómo acabaría el tema, pero la bronca fue monumental.

DOS
En el desayuno entramos a un café restaurante. Me llama la atención que en medio, entre las mesas, hay un tronco enorme de un árbol. Pienso que la normativa ambiental no les dejaría cortarlo, jeje. Leemos la extensa carta y pedimos. Observo a mi alrededor y empiezo a ver tumbas. No de manera figurada, de verdad. Están por todo el café distribuidas entre las mesas de los comensales. En realidad las mesas se sortean entre ellas. Incrédula lo consulto luego en google y es cierto.
El café se construyó en un cementerio musulmán donde descansan los familiares de un santo sufí del siglo XVI. Su dueño quiso respetar y mantener las tumbas, por eso cada mañana los camareros las limpian y les ponen flores.
Yo no me atreví a hacer fotos, pero ésta es una que se puede ver por internet junto a la noticia del café.
Tumbas en el café.


TRES

Por la tarde estamos en la habitación del hotel y Alex sale al pasillo. Un denso humo gris sube desde el piso de abajo y huele a quemado. Alex asustado me grita, “corre, vamos a salir que el hotel que se está quemando”. Sólo se me ocurre coger el ordenador y bajamos asustados a la planta de abajo donde está la recepción. Allí también hay mucho humo pero parecen tranquilos. Yo toso y Alex le intenta explicar al chico de recepción lo que ocurre. Suben arriba para que vea el humo, y mientras espero,  veo que abren una puerta a mi lado y el cuarto está literalmente en llamas. La cierran y siguen como si nada. Cuando baja Alex, descubrimos que para calentar el agua lo hacen con una fogata en el piso de abajo. No paaasa nada, parecen decirnos. Nosotros nos quedamos con cara de pardillos.


CUATRO

Por la noche, queremos ir a cenar a Manek chowk. Una zona donde se concentran multitud de chiringuitos para comer. Somos poco escrupulosos para comer y puedo decir que nuestro nivel de tolerancia con los puestos de comida es muy alto. A veces los que parecen más cutres son los que nos ofrecen la comida más sabrosa, jeje. Aunque lo que vemos en Ahmedabad sobrepasa nuestro nivel.

Para ilustrar el tema, entrada a una carnicería en Katmandú :)
Nos adentramos en una calle donde empiezo a notar un olor muy desagradable. Vemos “restaurantes” con las mesas en la calle y sus brasas para cocinar. Aquí son famosas unas brochetas de pollo adobado, que todo sea dicho, tienen buena pinta. Nosotros seguimos con nuestra dieta vegetariana, y con lo que vemos, nos reafirmamos en nuestro hábito. Entre restaurante y restaurante se distribuyen puestos de gallinas vivas, apiñadas en jaulas, con toda la mierda alrededor. El olor es nauseabundo. De verdad que he visto puestos de carne de revolverse las tripas, en Katmandú con restos de sangre fresca y plumas de despellejar al bicho, pero esta imagen me parece de lo más dantesco hasta ahora. 

Salimos escopeteados de allí, con pocas esperanzas de encontrar Manek chowk. Caminamos un poco más y llegamos al paaaaraaaííísoooo de la comida. Es domingo y hay muchísima gente. Los puestos itinerantes de comida se concentran alrededor de una plaza con mesas y sillas para sentarte. Nos comemos un sándwich al grill de cebolla y queso y una pizza. Y repetimos. Se me hace la boca agua de recordarlo :) De postre un helado artesano. Podríamos estar recorriendo cada puesto porque todos huele genial y cocinan sin parar, en cada puesto su especialidad. Por la mañana, es la zona de joyerías. Pero por la tarde a partir de las 20h y hasta la 1:30h la plaza se transforma y se llena del olor a comida deliciosa que borra de mi mente el callejón de las gallinas. Al día siguiente volvemos a las 19:30h y esperamos a que monten el puesto de Khrisna. El camarero que nos reconoce, nos prepara una mesa y el abuelete que se encarga de calentar el sándwich en una "sadwichera" de hierro fundido aviva el fuego a toda prisa. Resultado exquisito y buen sabor de boca antes de partir a Bombay.
Pizza con mogollón de queeeso.

Nuestro preferido. Sandwich al grill de queso y cebolla.

Maneck Chowk.

A parte de estas anécdotas, diré en favor de Ahmedabad que hemos podido pasear  tranquilos sin el agobio de los comerciantes. Es una ciudad muy poco turística y hasta regatear resulta sencillo. Nadie te da mal para venderte algo. Sólo los tuc.tucs se acercan a preguntarnos levantando la cabeza y si insistir.

Aquí la gente parece más tímida y humilde, y aún con todo, por la mañana, cuando dejamos el hotel a las 7:30 y emprendemos la primera caminata del día, las personas que duermen en la calle se despiertan sonriendo y nos saludan con un “hello”. 

También aquí coincidimos con una boda en la calle y se desata la locura. Todos los piden que les hagamos fotos y se ponen contentos al verse en el visor de la cámara. Y ya está, felices y a seguir bailando. Nos invitan a ir con ellos y se lo agradecemos, pero tenemos otros planes.


"Foto de mi nieta"

Foto, foto.

El novio posando.

Foto de mi niña la más guapa.


Otra curiosidad de la ciudad es que aquí hemos visto muchas motos con sidecar. Parecería normal si viésemos tres o cuatro, pero fueron muchos más. Algunos viejos y destartalados, alguno bien cuidado e incluso alguno en funcionamiento. También aquí Alex pudo hacerse foto (con permiso de su dueño) de una moto Royal Enfield que le han cautivado. Ésta, fabricada en Inglaterra.  
 
Alex en "su" Royal Enfield.

Ahmedabad, la ciudad de los sidecares.

Aprovechamos para comprar en un supermercado de un centro comercial; y para comprarme una caja de lentillas que me costó 42€ más barata que en España; y para arreglar la cremallera de la mochila de Alex. Para ello tuvimos que preguntar a varias personas hasta encontrar al  chico que se dedica específicamente a arreglar cremalleras. Sólo eso, pero lo hace con mucha destreza. Esto me encanta de India, siempre tienen solución para cualquier problema. Y hasta el hombrecillo del puestecillo más humilde tiene su tarjeta de trabajo para recomendarles. Como mola!

Así que al final la visita a Ahmedabad mereció la pena.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Por la región de Rajastán

Estos días hemos visitado varias ciudades de la región del Rajastán. Es famosa por ser una de las regiones más bonitas de India, y merecedora de esa fama. Hasta los nombres de las ciudades tienen encanto: Jaipur,  Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur…Antes siempre que oía Jaipur lo asociaba con una colección de mesitas y sillas de la Maison du Monde que me encantaba. Ahora me acordaré de la ciudad rosa, con el Palacio de los Vientos, el fuerte Amber, sus hombres con turbantes coloridos y sus mujeres con colgantes enormes en su nariz. 

Jaipur

Jantar Mantar, observatorio astronómico de Jaipur.

De rosa, en la ciudad rosa.

Fuerte Amber.

Palacio de los vientos.
Jaipur es una ciudad muy bonita, con un enorme mercado y plagada de turistas. Por eso los vendedores te asaltan cada tres por tres con frases “hola, hola coca-cola, mira, mira cachemira”. Con el fin de actualizarse, Alex les enseña “de puta madre para arriba”. Les sonreímos y comienza la charla de dónde sois, a dónde vais, etc etc. Wajid habla bastante español y nos hace una sesión de fotos en la fachada del Palacio de los Vientos. Tiene 23 años y regenta  una tienda en frente del Palacio; Después de retratarnos desde todas las perspectivas posibles nos invita a su tienda y nos enseña unos  anillos preciosos. No compramos; no importa; los recoge sin ninguna insistencia y seguimos hablando, de España, del trabajo, de la edad que tenemos. Coge mi mano ¿otra lectura?, no, es para adivinar mi edad, 28 años. No está mal, jeje. Nos dice que nos cuidamos bien y que en India la mujer cuando se casa se engorda mucho. Qué gracioso, le digo que también puede ser por los embarazos. Y hablamos de niños (parece que el tema es universal). Estas pequeñas charlas nos hacen sentirnos bien y acompañados.

Casa de Jaisalmer.

Decoración a la entrada de las casas.

Fuerte de Jaisalmer.
Jaisalmer

El siguiente destino es Jaisalmer. Una de las ciudades más bonitas y mejor conservadas para mi gusto. Con sus casas cuidadas, decoradas con pinturas y restauradas, manteniendo la tradición. Para llegar aquí cogimos el primer bus nocturno. Para mí que me mareo fue una gran sorpresa porque me resultó hasta cómodo. Nos metimos en nuestra cápsula que recuerda a las de Japón y pudimos dormir bastante bien.
Cubículo del bus para dormir.

Por la mañana el bus hace una parada y sube un chico para avisarnos que llegaremos a nuestro destino en 1 hora. Nos ofrece un alojamiento muy barato y nos dice que su hermano nos estará esperando. Cuando llegamos a Jaisalmer y ponemos un pie en el suelo, nos rodean unas veinte personas ofreciéndonos alojamiento. Uno nos recibe con un cartel de “Welcome Alex” y el resto empiezan a llamar “Alex, Alex”, “come, come, here”. Yo, todavía con legañas en los ojos y medio dormida les indico con los brazos “wait, wait” para tranquilizarse un poco. Al final nos vamos con el primero que nos ofreció el alojamiento y resulta una buena opción. Por la tarde contratamos en una agencia el tour por el desierto.


Al día siguiente amacenemos en Jaisalmer y al salir a la calle todo el mundo nos saluda. “Good morning, how are you?, hi!”; los niños que se acercan a pedir fotos, a darnos la mano o hablar con nosotros. Así sí se empieza bien el día. Después de comer nos recoge un jeep junto a una joven pareja de francés y americana y una pareja india recién casados. Nos acercan hasta el desierto y cuando llegamos allí nos esperan cuatro personas que se encargan de preparar todo. Habíamos ido en camello en Túnez, pero cuando veo la altura de éstos me entra un poco de miedo. No llego a subirme y cuando estoy a medias el camello se levanta y me caigo de una altura de casi 2 m. Alex se asusta bastante pero debo de tener 7 vidas como los gatos y todo queda en un dolor de espalda y costado que aún arrastro, pero parece que nada grave. Después del susto, uno de los indios me coge en brazos y me sube al camello. Yo me sujeto con todas mis fuerzas y trato de moverme lo menos posible. Paramos en un poblado donde nos recibe una familia y un grupo de niños que no paran de pedirnos fotos y chocolatinas. No nos acordamos de comprar y lo único que llevamos son nuestras medicinas tibetanas. Continuamos un poco más hasta unas dunas. Allí “acampamos” y cenamos todos juntos, junto al fuego. Después la pareja india se vuelve al hotel. Nos quedamos a dormir sólo Maggie y su novio francés, que trabajan juntos en Silicon Valley, y nosotros junto a Majur y el resto de camelleros.

Con los niños en el desierto.

En la duna.

El equipo.


Pensaba que iba a ver las estrellas y me decepciona ver que la luz de luna no deja verlas. Sin embargo, horas más tardes nos despertamos y vemos todo el cielo lleno de estrellas. Me recuerda a McLeod. Cruza una estrella fugaz que se ve con toda claridad. Pero el dolor del golpe y el sueño me impiden observar con tranquilidad.

Por la mañana desayunamos las dos parejas y una cabra que se come mitad del desayuno de Maggie. La vuelta en camello resulta un trayecto muy agradable, observando la tranquilidad del desierto y aprovechando un rato para pensar.

Por la noche cogemos un tren de madrugada a Jodhpur. Al subirnos, sólo estamos una pareja joven de indios y nosotros en todo el vagón. El chico nos dice que va a hablar con el revisor para poder dormir en una clase superior pagando 50 rupias más. El revisor accede y la clase AC 3 me parece un hotel de 5 estrellas!

Johpur

Johpur es la ciudad azul del Rajastán. Muchas de sus casas están pintadas de este color y también me parece una ciudad muy bonita y tranquila para quedarse. Nuestro alojamiento en una guest house limpia, y con una familia muy amable hacen de nuestra estancia aún más agradable. Muchas casitas y alojamientos tienen un restaurante en la azotea donde se pueden ver unas bonitas vistas del fuerte.
La visita al fuerte de Johpur es una de las que más me han gustado, gracias a lo bien conservado que tienen todo y a la audioguía en español donde un hombre con voz aterciopelada te cuenta la historia del fuerte y de su Maharajá.
Fuerte de Jodhpur.

Jodhpur, la ciudad azul.


Me encantan sus turbantes.

Clock Tower.

Alex llora de la emoción por las tortillas de la Omelete shop.

Seguimos los consejos de Miriam y nos tomamos una omelete en la plaza, riquísima! Con una combinación de especias, queso y patata de muerte. Nos queda pendiente el lassi, que lleva fama de ser el mejor de todos pero lo pospongo para el siguiente destino.

Udaipur
Nuestra última visita en Rajastán es Udaipur, la ciudad más romántica del Rajastán. Llegamos aquí nuevamente en bus. A diferencia del tren donde suben muchos vendedores a pasear por sus pasillos, en el bus se acercan y se asoman por la ventana. En una parada un vendedor de samosas me grita desde abajo. Le indico con la cabeza que no quiero y me enseña una foto de unas piernas de una mujer y me dice que tengo “nice legs”. Me entra la risa por lo absurdo de la situación. El hombre con un cesto de samosas al hombro sosteniendo la foto y riendo. Y es que aquí si enseñas la espalda y la tripa no pasa nada, pero un trozo de pierna les llama la atención. También en el caso de Alex.


En Udaipur coincidimos con Iván y Antonio, unos andaluces majísimos que llegan a la vez que nosotros y nos unimos para buscar alojamiento. Iván tiene una tienda de deporte y lleva las mismas zapatillas que nosotros. Ha corrido la 101km de Ronda, ahí es nada. Y su mujer es terceraen el campeonato de triatlón de España.
Quedamos con ellos a cenar y nos llevan a un sitio donde comemos el mejor thali del viaje. Los chicos se ponen finos y yo no puedo pasar de los dos rotis, a pesar de la insistencia del dueño para que coma más. Lo pasamos genial con Antonio e Iván, no sólo nos reímos un montón con ellos, también charlamos de la vida y me gusta su manera de pensar.
Después nos vamos a tomar un special lassi. El primero del viaje tiene que ser especial :) Los chicos como llevan el estómago lleno de comida ni lo notan. Yo al rato noto los efectos y tengo que dejar para más adelante escribir en el blog.
Degustando el mejor thali con Iván y Antonio.

Esperando el lassi.

En Udaipur hablamos con tanta gente que en dos ocasiones, nos volvemos a encontrarnos con alguno de ellos y nos preguntan si nos acordamos de ellos. Es un lugar muy tranquilo, con bonitas vistas en el que me hubiera gustado pasar algún día más. Con tantas caras, tantas charlas y apretones de manos se nos olvidan. “Soy el del tuc-tuc de esta mañana con los niños”. El otro es Brawar, con el que charlamos bastante rato y nos da sus datos de contacto por si queremos montarnos un negocio a medias con él.

Niños al cole en tuc-tuc.


Ahora vamos bajando hacia el sur. Estamos en Ahmedabad, una ciudad que no estaba en la lista pero a la única que el tren nos permitía venir. El tren que nos trajo es con diferencia el más viejo de todos, hasta ahora. Nuestros compañeros de viaje alucinaban con nosotros y no paran de hablarnos en hindi. Para quedarme con ellos, saco mi estuche de lentillas y me las quito delante de ellos. Uno se pensaba que era para los oídos. Nos enseñan orgullosos su carné de trabajadores para el gobierno y me piden una foto con ellos y el teléfono; para qué? 
Nuestros compañeros de tren. Según la lista tienen 35, 38, 42 y 50 años. No sabría decir quién es quién.

La obsesión en este país por las fotos es exagerada. Y sus poses estudiadas frente a la cámara, muy graciosas. Nos hacen fotos a nosotros, a nosotros con ellos, a mí con ellos, a ellos, ahora así, ahora asá. Tenemos la cámara llena de fotos de gente india.

Posado 1.


Posado 2. El hombre de la derecha pasa caminando y se apunta a la foto.

Hoy por fin hemos puesto fecha a nuestra salida de India. El día 19 de diciembre volaremos a Kuala Lumpur y estaremos tres días que esperamos compartir con Diane y Joyce. Y el día 22 volaremos a Myanmar.
Me da mucha pena marcharme, pero quedan muchos países por conocer y tenemos que seguir adelante, no arraigarnos : )
Los primeros días en India pensaba que nunca volvería; ahora estoy deseando volver, antes de marcharnos. Es un país que nos ha aportado tanto en todos los sentidos que será difícil dejarlo.