Recibiendo y dando abrazos
Subiendo por la escalera a la
terraza del hotel para poner la ropa a secar, me viene a la mente las
canadienses que conocimos en Dubai y el abrazo que me dio una de ellas. “El
primer abrazo del viaje”, me dijo Alex. Lo recuerdo porque venimos de hablar
con popo Gonchi, del que también me he despedido con un abrazo. Pienso en los abrazos que he dado y he recibido
en este mes y medio largo, con personas que hemos ido conociendo por el camino.
Y qué bien me han sentado todos! Está claro que lo importante en este viaje no
son los monumentos ni las ciudades que visitamos, sino las personas con las que
interactuamos. A veces, brevemente, como el chico que ha comido a nuestro lado
en el restaurante y con el que ayer hablamos un rato en la montaña. O Claudia,
una mejicana que llevaba mis zapatillas, comentamos lo bien que van y que nos
da sus datos para contactar con ellas sin decidimos viajar a México. Un saludo
amable, unas palabras y el deseo de continuar un buen viaje y disfrutar. Otras
veces, tenemos la ocasión de conocer más a fondo a una determinada persona que
influye en nosotros y creemos que también nosotros en ella.
El rincón de las estrellas
El otro día fuimos a uno de
nuestros rincones preferidos donde “my friend” tiene un garito en el que vende
chai, bebidas y algo de comida. En frente junto a la carretera, la amiga de
Indi prepara los mejores momos de la zona, con una salsa de tomate triturado y
cebolla exqui-sita!. Hemos ido allí varias veces con Indi, que les conoce de
hace años. Nos dice que “my friend” antes había sido guía en el montaña. Me
sorprende lo dispuesto que es ese hombre, que no para. Nos recibe con un
apretón de manos y un medio abrazo. Al lado hay una caseta con mensajes de cuidado
al medio ambiente. Hacen campañas para limpiar y cuidar el monte y buscan
voluntarios, los “wastewarriors”. Y en esa caseta, “my friend” tiene un
cuartito donde se queda a dormir cuatro días a la semana. Un día por la noche
que vamos a ver las estrellas con Indi nos enseña su cuarto y nos cuenta que su
hijo se casa en diciembre; nos invita a la boda, pero no estaremos.
| Reflexionando sobre la vida. |
| Hasta se puede ver alguna estrella con la cámara. |
Al día siguiente volvemos Alex y
yo por la noche. Alex descarga una aplicación en el ipad para poder identificar
las constelaciones. Se ve todo tan claro! Desde aquí sientes cómo pertenecemos
al universo! Nos echamos cada uno en un banco
y viene de nuevo “my friend”. Le ayudamos con unas garrafas de agua.
Lleva unas cervezas y nos invita a su cuarto. Nos cuenta más sobre la boda, las
costumbres, los invitados, de todo lo
que tiene que preparar, está preocupado. Se pone triste. Supongo que para un
hombre tan humilde debe suponer un gran esfuerzo económico. Al despedirnos casi
no nos suelta la mano y después me da un abrazo que sostiene durante un largo
rato. Pobre hombre.
De vez en cuando, Grumer y Gusy también nos sacan a pasear. Como esta excursión hasta Triund Hills de 8horas que nos recordó a nuestros días en Nepal. Pero mereció la pena el esfuerzo.
Querido Popo Gonchi
Y seguimos conociendo gente
sorprendente. Esta vez a Popo Gonchi. Hemos ido a nuestro café preferido y estaban
todas las mesas ocupadas, así que la hemos compartido con él. Es japonés, y
hemos empezado a charlar sobre Japón, lo que nos gusta, nuestro viaje allí, la
comida. Pero poco a poco la conversación ha sido más profunda. Cada año visita un
par de veces McLeod Ganj porque su misión es ayudar a la población tibetana.
Nos habla de este pueblo y nos anima a conocerlo más a fondo. Pienso en Marina,
cuánto disfrutaría de esta conversación. Hablamos de las religiones, de la
espiritualidad. Dice que en occidente tenemos mucho conocimiento pero poca
práctica. Nos cuenta que hace diez años tuvo un derrame cerebral que superó. Y
nos explica cuál es su misión en la vida, su propósito. Nos pregunta por el
nuestro y no sé qué contestarle. Le digo que la finalidad del viaje es conocerlo.
Sigue contándonos sobre el pueblo tibetano, cómo ha evolucionado en los años
que lleva viniendo. También hablamos de los indios, de su cultura y manera de ver
la vida. Nos dice que le leyó la mano a un tibetano y le dijo que veía en su
futuro que se montaría un negocio. El tibetano le preguntó; qué era un negocio.
El futuro en nuestras manos
Entonces le extiendo mi mano para
que la lea. Nunca he creído mucho en ello, pero tengo curiosidad. Me acuerdo de
Mercedes, cuando nos leía las cartas en Nochevieja. Primero me describe cómo soy,
lo que he vivido; lo hace con tanto detalle y tanto acierto que me emociono y
tengo que aguantar las ganas de llorar. Después me habla de mi futuro, me
pregunta de nuevo cuál es mi propósito en la vida, con qué soñaba de pequeña.
Otra vez no puedo responderle. Me ha dejado totalmente impresionada. A
continuación coge la mano de Alex. Me asusto porque se sorprende mucho de lo
que ve. Trata de explicarnos, y nos aconseja.
Dice que su futuro está por definir y ve una línea indecisa. Que tengo que cuidarle mucho. De su propósito
en la vida le dice que tiene que reflexionar mucho y que puede que en este
viaje encuentre de repente la inspiración. Que entonces volvamos a España. Nos
dice que tenemos que hablar mucho entre nosotros sobre lo que queremos en el
futuro, y nos repite varias veces que somos “a lovely couple” y que estamos en
una edad muy buena.
Su misión en la vida es influir y
hacer feliz al menos a una persona en la vida, y lo ha conseguido con su mujer.
Alex le dice que también lo ha conseguido con nosotros, que nos ha llegado al
corazón con sus palabras. Es un hombre encantador y muy gracioso. En el rato
que estamos se reí a menudo. Nos dice que después de la experiencia en la que
casi muere, ahora se siente muy feliz. Nos hace reflexionar mucho y nos recomienda
que meditemos sobre la vida.
Este café también es su preferido
y viene todos los días, como nosotros. El camarero se sorprende porque no
paramos de hablar. De repente popo Gonchi mira el reloj y son las 12!! Habíamos
entrado a las 9:30, así que después de 2:30h de conversación nos despedimos de
él, y él se queda comiendo.
Salimos del café muy tocados
emocionalmente. Me siento como un péndulo que estaba en reposo y de repente
alguien golpea y desestabiliza. Sin embargo, el mensaje de popo Gonchi ha sido
positivo. Tenemos el futuro en nuestras manos y nos tenemos el uno al otro. Y
nos ve felices.
Visita a la clínica tibetana
Comemos en el restaurante japonés
y después paseamos un rato. Nos encontramos de nuevo con la monja budista y
esta vez no pierdo oportunidad de pedirle una foto para recordar su mirada. Me
dice que está cansada y hoy se ve más vieja. Es cierto que se le ve cansada,
pero sigue transmitiéndome tranquilidad. Va a visitar la clínica tibetana para
comprar unas cremas y nos recomienda visitar al médico para hacernos un chequeo
para el viaje, nos propone acompañarle y
lo hacemos. Pero la doctora nos dice que es mejor que volvamos a la mañana siguiente con la orina.
Por la tarde, cenamos con Indi y
le contamos nuestra experiencia con popo Gonchi y la monja. Le decimos que
tiene que conocer al japonés, seguro que si se encuentran tienen mucho de qué
hablar. Indi nos dice que antes de conocernos no le atraía para nada la cultura
japonesa. Pero con nosotros ha cambiado totalmente su opinión. Nos alegra.
| Esperando en la consulta. |
| Con mi amiga budista de la mirada relajante. |
En nuestro último día en McLeod Ganj vamos al médico.
Cogemos un cuadrado de madera donde está escrito el número y nos sentamos a esperar. Somos los segundos.
Empieza a venir gente, la mayoría mujeres tibetanas muy mayores con el traje
típico y algún monje también mayor. En teoría a las 9h empieza la consulta, pero
el personal llega un poco tarde y entran todos en una sala a rezar durante 15
minutos. Después la doctora entra en la consulta, se aclara la garganta, echa
un escupitajo y comienza a pasar lista.
Cuando entramos a la consulta, pasan
dos monjes mayores a pedir recetas. Me hace gracia la similitud con la
seguridad social. Le entregamos la orina a la doctora. Yo la he llevado en una
botella de agua de 1L y Alex en una de 2L. Nos reímos los tres al entregárselas.
Primero analiza visualmente la orina, agitando la botella y luego nos estudia a
través del pulso. Todo lo que nos dice es cierto. Tengo que cuidarme las
lumbares, algún problema de estómago, tensión baja y tengo que beber más agua
(por si no me lo repetía Alex bastantes veces). Nuevamente sorprendidos. Nos receta
unas pastillas tibetanas como tratamiento y prevención que saben a rayos y
culebras.
| Las pastillas tibetanas que saben a rayos. |
Aprendiendo a decir adiós
Por la tarde, nos despedimos de
Indi y cogemos un autobús a Pathankot; desde allí tomaremos un tren a Delhi.
Durante el camino estoy triste por la pena que me produce dejar McLeod Ganj y
despedirnos de Indi, con el que hemos compartido tantos momentos felices. Unos
días antes de iniciar el viaje, Miriam me envió el enlace de un artículo
con 10 consejos zen para viajar. Recuerdo uno de ellos: no te arraigues, “porque
(en el viaje) nos veremos obligados a despedirnos de forma cíclica, sólo para
hacer espacio para nuevas amistades”. Y llorando en el autobús trato de asumirlo.
Delante de nosotros viaja Leo, un chico francés que lleva 2 años trabajando en
Australia con la Working Holiday Visa y cuyo inglés me cuesta entender, a pesar
de su perfecto acento. Viaja solo y no pierde ocasión de hablar con todo el
mundo que se sienta a su lado en el bus. También con nosotros que estamos
detrás. Se me pasa un poco la tristeza y me doy cuenta que estamos cambiando.
Que ahora nos abrimos mucho más a la gente y es cuando más estamos disfrutando.
En una parada, Leo compra unas samosas (vade retro satanas!). No puedo ni
verlas desde el día que me sentaron mal. Me dice que él come comida callejera y
yo le cuento que comemos de todo, e incluso bebemos agua sin embotellar, pero
con las samosas no puedo.
Paramos en Pathankot donde cogeremos
el tren a Delhi. Nos despedimos de Leo que sale desde otra estación. La
estación de tren y el tren están extrañamente vacíos. Tratamos de dormir y me cuesta porque paso
mucho frío. Llegamos a Delhi y es como volver a India. Entre Rishikesh y
McLeod, habíamos estado alejados de la pura India. Hace más frío, me da la sensación
de que hay menos gente y la veo más limpia. Todo me resulta más amable, hasta
los conductores de tuc-tuc. Incluso negociar el precio del hotel nos resulta
más fácil.
Reencuentro
con Ira
Compramos unos pasteles para la noche,
que cenaremos con Ira y unos amigos. Nos recibe a las 19h en su casa. Y
charlamos con ella un rato hasta que llegan sus amigos, una pareja formada por
Ana (colombiana) y su marido Amit, que es de Delhi. Después se incorpora un compañero
de piso de Ira, que está preparando el mismo examen que Ira. Me encanta escuchar
a Ira cómo nos cuenta sobre la vida en India, cómo son las casas, cómo viven las
familias. Es tan inteligente y resulta tan interesante todo lo que nos cuenta
que ojalá pudiéramos pasar más tiempo con ella porque disfrutamos de su
charla.
Les contamos nuestra visita a la clínica
tibetana, de cómo realizaba el diagnóstico, y nuestro encuentro con el japonés.
Cómo nos leyó la mano y cuánto nos sorprendió. Ira me dice que ella también lee
la mano desde hace 17 años. Se la
extiendo y me dice casi exactamente lo mismo que el japonés. Pero en este caso,
tengo oportunidad de preguntarle en más detalle y me lo explica muy bien. Me
habla sobre mi manera de ser. Incluso me
dice que estos días he estado más sensible. Me deja sin palabras. Hablamos
sobre el futuro, cómo se construye sobre lo que ahora vivimos. Comentamos cómo el viaje nos está cambiando y que lo
mejor de viajar es la gente que te encuentras en el camino. Compartiendo mesa
con cinco personas que nos hemos conocido hace poco y en tan buena armonía me
siento afortunada por todo lo que el viaje nos está regalando.
Resultaría gracioso vernos, pues durante
la cena hablamos en inglés, español e hindi. Sobra decir que la cena es
exquisita. A Ira también le gusta cocinar y quedamos en que cuando acabe su
examen me pasará las recetas.
Ira está preparando uno de los
exámenes más difíciles del mundo. Lo tiene en 15 días y se puede decir que es
de todo. Nos enseña las decenas de libros y apuntes que tiene que estudiar:
economía, física, medio ambiente, leyes, nuevas tecnologías, los últimos
avances, y no sólo de India sino de todo el mundo! Me parece increíble que
pueda retener todo eso en su cabeza. Ojeo el libro de medio ambiente y el
temario es completísimo.
Nos despedimos deseando volver a
vernos y sus amigos nos acompañan hasta la estación de metro. Son las 11h de la
noche y sigue habiendo gente por el metro, por la calle. Cómo me gusta India.
Al día siguiente vamos a Jaipur. En el
desayuno me como una pancake de chocolate a la salud de Miriam, como le
prometí. Coincidimos con unos argentinos que llevan también tiempo viajando. Nos
damos los datos de contacto y nos dicen que les llamemos cuando vayamos por
allí. Es increíble la cantidad de viajeros que nos cruzamos, y todos de larga
duración. El mundo parece pequeño. Ahora es cuando más estamos disfrutando de
India, del viaje, de la vida. Nos damos cuenta que no sabemos en qué día
vivimos, no nos regimos por un calendario, sólo a la hora de reservar el tren.
Porque cada día es especial y lleno de sorpresas.
Viaje
en tren a Jaipur
El tren a Jaipur dura 6h, que
finalmente son 7:30h. Sale a las 17:35h y se presenta como un viaje largo y
aburrido. Pero nada más lejos de la realidad.
Durante el viaje pasan los Hare
Krihsna vendiendo libros, el de las botellas de agua, el del té, uno con
caramelos, otro con una caja de helados, otro que vende un revoltillo de
lentejas secas a modo de snack, el de la sopa de tomate, otro con thali
empaquetado (nuestra cena). Y se repiten en cada estación, gritando el nombre
de lo que venden por los pasillos del tren.
Compartimos asiento con un matrimonio con
un niño que tendrá un añico, pero es más majo y gracioso que me entretengo
jugando con él. Otro chico que está en la litera de en frente empieza a hablar
con Alex y le recomienda sitios para visitar en India. El niño de los asientos
contiguos ve a Alex con el ipad y se sienta a observar. Alex le saluda y él le
hace un saludo militar. Le hago un cisne
y casco guerrero de origami. Y orgulloso va a enseñárselo a sus padres. Tenemos
a todos nuestros vecinos observando.
De repente me acuerdo de las camisetas de
la Federación de Peñas del Real Zaragoza, que le vendría bien de talla a este
niño. Le pregunto tres veces pero no logro entender su nombre. Alex le pone la
camiseta y se pone tan feliz que va corriendo a decírselo a sus padres. Luego
vuelve de nuevo y nos dice “thank you”. Sobre
las 22h el niño pequeño se duerme con su padre y yo subo a la litera de arriba
a descansar. Hablo desde el móvil con Joyce en Kuala Lumpur, Jose en Chile y
Harjeet en India. Y oigo cómo Alex y el marido hablan sin parar sobre miles de
cosas. Me dan ganas de bajar de lo interesante que parece.
A la 1h de la mañana llegamos a la
estación. En las escaleras nos acorralan varios conductores de tuc-tuc.
Hablamos con un par de chicos jóvenes y les decimos la zona que queremos y un
hotel barato. Nos reímos por el camino y nos quedamos en el primer hotel. Qué diferencia
con la experiencia de Lucknow. Pero está claro que los que hemos cambiado somos
nosotros y ahora empatizamos con todo el mundo.
Antes de irnos, ya estamos
echando de menos India.
AY majos que envidia...gema
ResponderEliminarSí Gema, que contentos estamos de haber tomado la decisión de hacer este viaje. A ver cuándo te animas ;)
EliminarBuffffff, me ha encantado. Se ve una evolución hasta en las fotos. Cada vez más personas! me encantan, así les pongo cara a las historias...
ResponderEliminarBuenísima entrada, en serio, me divierte, me hace pensar, me abre la mente...también me da envidia ;-)
Y todo contandolo de forma natural, sin artificios ni exageraciones.
Un besazo
Me hubiera encantado ver el momento orina y.botellaca de dos litros. Madre mía!!
Andres & mitificador
Gracias Andrés y Mitificador. Qué ilusión nos hace leer tu comentario y saber que te llega todo lo que contamos. Sí la verdad que hemos cambiado mucho en nuestra manera de viajar desde que empezamos. Ahora estamos disfrutando el doble.
EliminarJajaja, sí lo de la botella fue muy bueno.
Muchos besos. A la vuelta prometemos cenas viajeras con todo lo que aprendamos.
si os mando una foto de mi mano, me la leerá alguien?
ResponderEliminarestrellaSao
No sé si encontraremos a alguien tan especial como Popo Gonchi o Ira, pero mándanos la foto que se vea bien y yo la tendré a mano por si se presenta la oportunidad :)
EliminarHola chicos!!
ResponderEliminarQue pasada leer todo lo que estáis viviendo. Experiencias alucinantes!! me alegro de que os vaya tan bien. He de reconocer que he estado un poco perezoseta a la hora de leer ( y la de veces que tu prima Sandra me preguntaba si te había leído, jajaja), pero hoy me he puesto a ello y me ha encantado lo he que leído. Gracias por compartir vuestras experiencias con el resto. A seguir disfrutando del viaje chicos!! Besicos.
Hola Vane! gracias por leernos y nos alegra que te guste. Sí, aquí cada día te sorprendes con algo nuevo y estamos disfrutando mucho, mucho, Un besico.
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